Archivos para el tag ‘Sevilla’

Atocha, el observatorio de las despedidas de soltero que vienen a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 17 de junio de 2018 a las 5:00

despedidas2

PASEAR por el centro los fines de semana es un verdadero ejercicio de convivencia. La ciudad está tomada por quienes en muchos casos no la tienen como suya. Algo que no se siente como propio no se puede querer. Como algo que no se conoce bien no se puede apreciar a fondo. Se llama turistización al fenómeno de la llegada masiva de visitantes de bajo coste que generan serios problemas a los vecinos de una ciudad. Somos una Venecia sin canales, pero con mucho aspirante a gondolero. Mejor que aludir al bajo coste cabría destacar que se trata más bien de visitantes de escasa formación, de muy poca inquietud y de un nivel cultural cortito (con sifón). Turistas de escaso nivel adquisitivo ha habido siempre y nunca se emplearon términos peyorativos. Todo lo más se aludía a los mochileros que aguardaban colas interminables en el entorno de los monumentos.

En los años noventa arreció el problema de la movida nocturna en el barrio de San Lorenzo. La preciosa plaza era tomada por jóvenes en aquellos primeros tiempos de la botellona y al cobijo de algunos bares efímeros. Hay quienes no olvidan la imagen de los orines entrando en la basílica del Gran Poder. Sí, aquellos jóvenes ebrios se comportaban como hoolingans y hacían sus necesidades en la puerta del templo. La Policía Local intervino un fin de semana con especial celo. Identificó a decenas de los meones. Se supo con precisión quiénes usaban la puerta de la iglesia como urinario. Cuando el informe llegó a la primera autoridad municipal, se convino que era mejor no dar muchas pistas. No se trataba de gamberros del extrarradio, ni de jóvenes desarraigados, ni de canis, ateos beligerantes o miembros de bandas extremistas. Eran niños de familias bien, de esas que son “de toda la vida” de Sevilla, criados en ambientes “de orden”, con unos apellidos tan largos que llamaban la atención en el listado.

El pasado fin de semana, en la planta alta de la estación de Atocha se podía ver una suerte de embarque del ganado que levantaba su particular polvareda de mal gusto. Las hordas de las despedidas de soltero con dirección a Sevilla habían comenzado la fiesta en el punto de origen. Y tenían acceso a la sala Club porque viajaban en Preferente. No eran una ni dos despedidas. Formaban un ejército de horteras bebiendo latas de cerveza caliente empapada con dulces. Eran jóvenes de Madrid, con un notable poder adquisitivo según la información que obligaban a oír a los sufridos testigos de la escena. Estaban dispuestos a vivir unas horas “en el Sur” haciendo el indio, comportándose como gansos. “Esto es lo que va para Sevilla cada viernes. No se sorprenda”, sentenció un fino observador, absorto al ver cómo la turba mezclaba el fermentado con los cortadillos de cidra. La planta alta de la estación de Atocha es cada viernes una suerte de dehesa donde pastan los gamberros, un Observatorio de las Despedidas de Soltero donde un buen veedor ya intuye cuáles son los ejemplares que darán mejor juego en las plazas sevillanas. De la sala Club del AVE a la Plaza del Salvador y después a vivaquear de bar en bar hasta acabar derrotados en un velador, atendidos por un camarero todavía más derrotado que ellos. Hartos unos, harto el otro, penosa estampa que se repite todos los fines de semana. Salen del chiquero del AVE los viernes con todas las energías hasta acabar tirados el domingo por la mañana por Mateos Gago, la Plaza de la Pescadería o cualquier cafetería franquiciada, apenados quizás por el cansancio y por esa sensación del que sabe que, en el fondo, ha hecho el carajote. No se trata de forofos cerveceros ni de gente sin oportunidad de recibir una formación. Se trata de niñatos con acceso a la sala VIP que con su comportamiento de cafres acabaron por echar a viajeros respetuosos que disfrutaban de un café, recargaban el teléfono móvil o tomaban agua mientras leían un periódico. Los mismos cafres que ya acceden a los hoteles de cinco estrellas.

Con el turismo ocurre como con la educación. No porque las partidas presupuestarias sean más altas se garantizan mejores resultados académicos. No por abrir más hoteles de cinco estrellas se asegura una ciudad un turismo de alto nivel cultural que, por ejemplo, valore los negocios con sello local y el conocimiento de la cultura e historia de un sitio. La degradación de la convivencia urbana se aprecia en las bodas, en las playas, en los viajes, en las fiestas… Tenemos probablemente los turistas que nos merecemos. Mejor exhibir las postales, mejor no enseñar la lista de quienes se orinaban en las puertas del templo. Pensemos eso: que son desgraciados pendientes de ser romanizados, pese a que hablaban a voces sobre el nuevo restaurante del barrio de Salamanca. En ocasiones veo despedidas de soltero que viajan en alta velocidad con derecho a merienda servida por azafata. Pronuncian una eses perfectas, sus voces tronantes los delatan. El mal gusto los iguala a todos.

Despedidas1

Ataque de odio contra Manuel Lombo

Carlos Navarro Antolín | 11 de junio de 2018 a las 13:17

Presentacion del concierto de Manuel Lombo en la catedral.
Al cantante Manuel Lombo, que no ha matado a nadie, le han arreado estopa en esas puertas traseras de aseo de instituto que son las redes sociales. ¿Por qué atacan a Lombo pública y cobardemente? No por su voz, ni por las letras de sus composiciones, ni por su capacidad para la interpretación en los escenarios, ni por un calendario de actuaciones más o menos perfilado a juicio de la crítica especializada de su sector. No, a Lombo lo han puesto a parir por odio. El odio es el motor que mantiene a media España viva. Viva… y envenenada. El odio descansa en dos pedestales: el complejo y la envidia. A Lombo le han dicho este fin de semana en letra gorda que es “taurino y cantantucho de copla mala”, le han referido que está “en contra del aborto” y le han rematado con un tiro de gracia: “Eres simplemente patético”. Después, en una segunda oleada de ataques lo han puesto de “asesino”, de tener una “mente atrasada” y, he aquí donde aparece ya el pelaje más profundo, le han referido a su hermano sacerdote, que trabaja con toda discreción en asuntos jurídicos en la curia. Las víboras que se amparan en el anonimato y se envuelven en la noble bandera del feminismo exhibieron en ese momento su verdadera piel demoníaca. Nunca recordarán, por ejemplo, que un sacerdote fue el que cayó asesinado hace dos años en la calle Carrión Mejías por el ex marido de su sobrina. El tipo iba directo a Triana a segar la vida de la que había sido su mujer cuando el cura, que estaba informado por ella del calvario que estaba sufriendo, pagó con su vida retener a aquella bestia todo el tiempo que pudo. No pudo matarla a ella, pero acabó con su protector. Nadie guardó un minuto de silencio por este señor que se enfrentó en la vía pública a aquel individuo poseído por el mal. Nunca mereció un nunca más, ni un tuit de agradecimiento o memoria, ni una velita en el pavimento donde su sangre quedó derramado. Claro: era varón y sacerdote. Lo tenía todo en la sociedad de hoy…

A Lombo le refieren ahora ser hermano de un cura cuando ya no queda otro argumento, cuando se han acabado los celofanes rosas, los esloganes y las manifestaciones, cuando por fin aparece la verdadera razón de ser de estos seres: odiar, envidiar, exterminar al prójimo, vengarse, vomitar la bilis que revuelve sus entrañas, asumir como papagayos la doctrina perversa de la ideología de género. No son capaces de analizar su evolución de promesa del flamenco a firme realidad, ni su falta de complejos para ser joven y apostar por el género de la copla. ¡A quién se le ocurre cantar copla! Se trata únicamente de acabar con Lombo por taurino y defensor de la vida, consiste en acabar con el diferente, con el que está fuera del pensamiento lanar. Siga usted cantando, señor Lombo, nunca suelte el micrófono. Es la mejor respuesta a los ataques de este fin de semana. A cantar, a cantar. Algunos papagayos, hartos de tragar, se acaban convirtiendo en lobos ávidos de carnaza por la árida estepa de las redes sociales.

Sevillanos con Feijoó

Carlos Navarro Antolín | 10 de junio de 2018 a las 5:00

cajanegra1

LA noche del 7 de abril, sábado de convención del PPnacional en Sevilla, los telediarios se habían centrado en el morbo de la presencia de Cristina Cifuentes en la primera fila del salón del hotel Renacimiento de la Isla de la Cartuja. Nadie presagiaba que la madrileña tenía los días contados. Ella… y Rajoy. El presidente decidió cenar aquel día arropado por las principales figuras. Lógico. Se convocó a un selecto grupo en la primera planta del restaurante Robles, el de toda la vida de Placentines. Se habilitó el reservado Carmen, ubicado al fondo del salón principal, a la izquierda según se sale de la escalera. La verdad es que eran demasiados los citados para el espacio elegido, pero no se supo el número exacto de comensales hasta el último minuto. Alguien iba ampliando la lista a cada momento. Arenas siempre cuida a los suyos, máxime en momentos delicados, y los hace partícipes de las glorias si está en su mano poder hacerlo. La cifra fue paulatinamente subiendo a lo largo de la tarde. La alineación final fue Rajoy, Cospedal, Zoido, el propio Arenas, Moreno Bonilla, Virginia Pérez, Beltrán Pérez… Casi todos con sus respectivos acompañantes. Arenas colocó en la cena a sus dos protegidos en Sevilla: Beltrán y Virginia. Ocurrió que los chicos de Sevilla habían organizado una cuchipanda en el Arenal a la que se había invitado reiteradamente al presidente Alberto Núñez Feijoó, ya considerado el delfín oficial en el tardo-rajoismo. Pero también sucedió que los Pérez no supieron hasta última hora que estaban convocados a la cena con el presidente. Conclusión: o dejaban plantado al presidente del Gobierno, o dejaban plantado a Feijoó después de lo que le habían insistido para que honrara la velada hispalense. Cuando los camareros de Robles retiraron el plato principal (¡Qué amable siempre el de la Sierra Norte!), la presidenta Virginia Pérez hizo lo que casi nadie se hubiera atrevido a hacer en España: anunciarle al que era el presidente del Ejecutivo y del partido que, sintiéndolo mucho, debía levantarse de la mesa y abandonar tan agradable y privilegiado encuentro. “Presidente, yo voy a ser políticamente incorrecta porque estoy sufriendo mucho”. Y Rajoy –largo como el C-2 los días de Feria– le aplaudió el mero anuncio de la incorrección política, así como lamentó que estuviera padeciendo una suerte de Stabat Mater dolorosa… La presidenta provincial le explicó que tenía a Feijoó con cincuenta militantes de Sevilla esperándola en un restaurante . Esa base social –que dirían algunos– es la que llevó a Pérez a la presidencia del partido en el congreso en que se enfrentó a las fuerzas oficialistas apoyadas por el ministro Zoido. Aquel momento tuvo que ser parecido a lo del canónigo que le cantaba al prelado las verdades del barquero. Un día se le acercó el sacristán con ganas de agradar: “Don José, es usted el único que le dice la verdad al obispo”. Y el cura zanjó la conversación para frenar de cuajo el peloteo: “No, lo que soy es el único canónigo que queda por oposición. Todos son digitales. Digitales viene de dedo, y el dedo es el del obispo, ¿me ha entendido?”.

Se fueron los Pérez sin elegir postre. Se marcharon con el otro gallego. Se perdieron las copas de balón. DonMariano pidió un poquito de Cardhu “con un trozo de hielo”. Javié, el mismo destilado escocés, pero sin hielo. Todos pudieron sentarse con más holgura al quedar cuatro plazas libres. Acabada la cena, el presidente del Gobierno acudió a despedirse de la familia Robles para agradecer las atenciones. Les pidió que no le trataran de don ante numerosos testigos expectantes por la presencia de escoltas y toda esa farfolla que acompaña al poder. A Rajoy le dieron ánimos para su tarea. ¡Menudo presagio! Y él respondió: “¡Estamos luchando contra los malos! Chichichí. ¡Muchas gracias por todo!”.

A esa hora, el aparato provincial del PP de Sevilla alzaba una copa de tinto en honor del delfín Feijoó, una cita donde la mayoría de los presentes eran y son destacados arenistas que exhibieron innumerables fotos con el líder gallego. Ya se sabe que cuando dos o más del PP de Sevilla se reúnen, Arenas siempre está presente por medio de alguno de sus vicarios. O vicarias. Nada de lo que allí ocurría era ajeno para Javié, que se había quedado con Rajoy hasta el final.

La noche del 7 de abril quedó claro que el aparato provincial no está con Cospedal como futura presidenta del partido. No está con la preferida de Zoido. La mayoría de los compromisarios votarán a Feijoó si se presenta contra otro candidato. El presidente gallego, por cierto, está entusiasmado con la película del congreso provincial que enfrentó a dos candidaturas como nunca había ocurrido en la historia del partido en Sevilla.

La moción de censura ha reforzado el significado de cuanto ocurrió aquella noche: el movimiento de gallego a gallego. De Rajoy a Feijoó. Un movimiento escenificado en la mudanza de Robles a El Copo. Del reservado, donde se hizo cierto silencio al marcharse los Pérez, al salón donde se jaleaba al líder autonómico que cuenta con mayoría absoluta en su tierra y que tiene a raya a Ciudadanos. ¿Quién puede presumir hoy de estas dos vitolas en el PP?

La única incógnita por despejar es la situación particular de Arenas en el nuevo orden que resulte del congreso nacional. Cómo quedará el eterno embajador del PP andaluz y sevillano en Madrid. Algunos en la sede regional pretenden privarle de esa condición, hartos de su sombra alargada, de su capacidad para el regate, de su habilidad para poner el intermitente a la izquierda y girar a la derecha. Arenas, en realidad, puede apoyar a cualquier sucesor de Mariano Rajoy –se lleva bien con la inmensa mayoría– siempre que vea asegurada su continuidad y, por supuesto, siempre que no sea Cospedal. Su preferencia es Feijoó, pero podría entenderse, por ejemplo, con Soraya Sáenz de Santamaría, aunque ya se sabe que la ex vicepresidenta carece de peso orgánico. Aunque haya aprobado una oposición. Como el canónigo.

cajanegra2

Las jarras de agua colectivas en los bares de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 7 de junio de 2018 a las 18:52

pic-20090809074619S6668P5.jpg
De los bares desaparecieron un buen día los búcaros, como desaparecieron las alfombras de serrín, los carteles que prohibían el cante y los cubiletes donde se ofrecían palillos. Sin búcaros perdimos el sabor del agua enfriada por el barro de Lebrija y tuvimos que empezar a suplicar agua al camarero como Ben-Hur al centurión. La cara de pestiño que ponen muchos camareros cuando se les pide agua es digna de estudio por algún departamento universitario con escasa carga lectiva y mucha agenda de viajecitos y otras tareas de ocio camufladas como labores de investigación. También dan para un estudio las fórmulas que inventan algunos dueños de bares para evitar que sus empleados pierdan tiempo en servir agua. Agilizar se llama. Dan asco esas jarras a disposición de la distinguida clientela (por las que hilan) en lo alto de la barra, con sus vasos de plástico también dispuestos al manoseo de cualquiera, sobre todo en esas cafeterías próximas a organismos públicos donde se sigue al pie de la letra la sevillana del Tiempo detente, porque se para el reloj para muchos funcionarios, empleados públicos y eventuales que echan la mañana de charleta con los vasos y los platos sucios por delante. En Sevilla se desayuna despacito, como el buen toreo. Igual que se asiste a los funerales despacito, muy despacito, de tal forma que algunos no acuden a dar el pésame, sino a echar la mañana en el tanatorio. Hay verdaderos especialistas en la materia. No hay cosa más peligrosa, por ejemplo, que un funeral a las once y media. Se oye en cuantito el cura imparte la bendición: “¿Las doce y cuarto? Ya no merece la pena pasar por el despacho”. Las jarras de uso colectivo, decíamos, son una verdadera porquería, mire usted. La modernidad y la higiene por decreto llegaron a los palillos, cada uno en su funda de papel para que usted se escarbe los piños con total garantía. Pero con el agua hemos involucionado, oiga. Cualquiera manipula la jarra de plástico como cualquiera vuelve a poner el vaso usado donde solo debiera haber vasos limpios, ¿o no? En este país nos dan libertad, muchísima libertad, naturalmente de forma interesada, para una tarea tan expuesta como repostar el coche. Nos obligan a manipular el combustible sin ser expertos y a contribuir así a la amortización de puestos de trabajo. Recuerdo un empleado de estación de servicio que improvisaba tertulias sobre artículos periodísticos mientras llenaba el depósito. Y al cerrarme con toda diligencia la puertecilla del depósito siempre expresaba un deseo: “A ver si un día me presenta a Francisco Correal”. Eche usted gasolina en la estación de servicio de Las Cabezas de San Juan (Bueno) con sus propias manitas y ya verá como le huelen todavía a gasoil cuando entre en Sevilla por los Bermejales. Pues también nos dan barra libre con las jarras del agua en esos desayunódromos que son las innumerables cafeterías de una ciudad que, oh paradojas, carece de un gran café. Es la cultura del sírvase usted mismo, que trata al cliente como consumidor puro y duro. Quién nos iba a decir que echaríamos de menos los pestiños faciales y el comentario malaje de turno del camarero hartito de servir agua: “¿Hemos comido bacalao, jefe?”.

Celis, el cirineo andaluz se queda fuera del Gobierno

Carlos Navarro Antolín | 5 de junio de 2018 a las 16:56

PEDRO SÁNCHEZ VISITA LA FERIA DE ABRIL DE SEVILLA
Una de las escasas referencias andaluzas del sanchismo en tiempos de guerra interna en el PSOE se ha quedado fuera del Gobierno. Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (Sevilla, 1970) era a priori la apuesta más firme de los socialistas sevillanos para estar en el consejo de ministros. Celis se la ha jugado estos últimos años por Pedro Sánchez pese a estar en un territorio tan adverso como Andalucía, fortín controlado por Susana Díaz. El ex concejal del Ayuntamiento de Sevilla siempre ha mostrado una inercia natural contra los aparatos del partido, contra el poder establecido, una tendencia reiterada a la rebeldía de muros hacia adentro, pero, al mismo tiempo, se ha cuidado a la hora de no señalar en exceso sus ambiciones políticas. Pudo ser candidato a la Alcaldía, pero no terminó de dar el paso al frente. Pudo ser ministro, pero se ha quedado fuera, al menos de esta primera hornada. Siempre quedan los premios de aproximación, dicho sea en terminología del Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado, como son las delegaciones del Gobierno. El paso al frente que Celis dio por Pedro Sánchez en la Andalucía donde reina Susana fue en su día un gesto valiente, reconocido como insólito por ese círculo de íntimos que tiene a este Alfonso encumbrado como un gran estratega político. Celis se ha pasado buena parte de su vida pública midiendo, calculando, tasando riesgos y, eso sí, posicionándose al mismo tiempo en contra del que mandaba en el partido. Ha sido un protestón, pero con cabeza. Por eso llamó la atención su firme apoyo a un candidato sin trayectoria política, una adhesión que se plasmó con nitidez y descaro en la Feria de Sevilla de 2016. Alfonso fue el único socialista sevillano que acudió a recoger al secretario general cuando el coche de Sánchez aparcó junto a la portada. Ningún cargo institucional, ni ningún cargo orgánico del PSOE, fueron a darle la bienvenida a Pedro Sánchez en su entrada (discreta) en aquella Feria. Sólo estuvo aquel militante que se pasó años siendo Alfonsito (Pepe Caballos dixit) y que ahora es Celis, el sevillano militante de la agrupación Nervión-San Pablo que se ha quedado fuera del consejo de ministros que preside un Sánchez que llegó un día a la Feria sin plan y se encontró con todo un cirineo. Celis metió a Susana en el PSOE cuando eran jovenzuelos de la misma pandilla. Y Celis dio la cara por Pedro cuando casi nadie la daba en Andalucía. Y los que la daban en España cabían en un cabify.
ALFONSO RODRIGUEZ GOMEZ DE CELIS

La primera cerveza con Sergio Rodrigo Torrijos

Carlos Navarro Antolín | 4 de junio de 2018 a las 19:17

13.07.00 CERVEZA FOTO JAIME MARTINEZ

LAS primeras veces se anclan en la memoria, son hitos en una trayectoria, muescas de recuerdos que jalonan una vida. No hay segunda oportunidad para una primera vez, pero hay toda una vida para recordar esas primeras veces. La muerte de alguien es el momento idóneo para desenrollar esa alfombra de recuerdos que pisaremos asidos a la memoria y que nos conducirá al palacio efímero de las evocaciones más variopintas. Se ha muerto Sergio Rodrigo Torrijos, el encargado durante veinte años del bar del Instituto de Enseñanza Secundaria Nervión, el hombre que sirvió la primera cerveza a muchos sevillanos que hoy tienen cuarenta y tantos años, el profesional que hizo más agradables los viernes a alumnos y profesores, discípulos y maestros, personal de administración y limpieza, en esos tiempos en que no existían las estupideces de género ni las imposiciones de lo políticamente correcto.

El grosor de las ruedas de chorizo de los bocadillos de Sergio servía al profesor Buenaventura Pinillos para explicar conceptos de su disciplina de Física. Hoy no se sirven fermentados en los centros de enseñanza, pero fuera de ellos, ay qué risa, corren los destilados como las ratas por la ribera del río. Cuando se instauró la ley seca en los centros de enseñanza desparecieron los tiradores de la Cruzcampo, pero quedaron algunos botellines en la reserva. Algún profesor se tomó alguno ya servido en el vaso de tubo, junto al que Sergio colocaba un botellín vacío de cerveza sin alcohol para disimular. Con la muerte de Sergio desaparece un sevillista cabal, fino y con retranca que cada lunes colocaba en el platillo del café de profesores como Rafael Lozano tantos sobres de azúcar como goles le hubieran metido al Betis. Comunicación no verbal se llama. Eso era sutileza y gracia y no las tonterías con la que hoy te martillean por el teléfono móvil. Veo hoy a Sergio sirviendo el café con esa seriedad auténtica, exenta de imposturas, a profesores como Lola Arias, Ana Prieto, Ángel Álvarez, Manoli Ramírez, Victoria Fernández Luceño, Lola Alfageme…

Con el paso de los años conocí y traté al concejal Antonio Rodrigo Torrijos, hermano de Sergio. Antonio es poseedor de la doble condición de comunista (por carné) y conservador (según algunos de sus socios de gobierno socialistas). Ambos hermanos sevillistas, exquisitos en el trato y buenos conversadores. La primera vez que probé la cerveza me la sirvió un señor apellidado Rodrigo Torrijos. No me entusiasmó nada la bebida. Tardé muchos años en probarla de nuevo. La primera vez que cubrí un Pleno del Ayuntamiento intervino otro señor apellidado Rodrigo Torrijos. Los plenos sí me gustaron, aunque terminaron siendo más repetitivos que la carta de ajuste. En ambas experiencias percibí la amargura: la de la cerveza y la de la política. Aunque quiero creer que Antonio sabe, en el fondo, que después de toda amargura siempre viene la Esperanza.

La caída de Rajoy beneficia al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2018 a las 5:00

PREMIO CLAVERO AREVALO A SOLEDAD BECERRIL

EN el aparato del PP de Sevilla se esfuerzan estos días en poner rostro de recibir el pésame. Ay, qué malita cara parece que tienen las criaturas. Asisten al funeral de la pérdida del Gobierno de España, pero en el fondo respiran con cierto alivio. El núcleo duro se concentró el viernes en el despacho de la presidenta provincial, Virginia Pérez, para asistir en directo al adiós de Rajoy. Sí, claro que hubo comentarios sobre la “injusticia” de la situación y se oyeron lamentos varios, pero, en el fondo, el enemigo interno (Cospedal y Zoido con sus cuadrillas de leales) ha quedado como los vampiros tras ingerir verbena: muy debilitado. Es cierto que la mayoría de la gente, los votantes que hacen la ciudad día a día, difícilmente entenderán que en el PP sevillano haya quienes celebran en privado que Zoido ya no sea ministro del Interior, o que Cospedal tenga que dejar el Ministerio de Defensa y recluirse en una secretaría general en la que a ver cómo se entiende ahora con Martínez Maíllo. Zoido y Cospedal asistirán a la confección de las listas electorales sin plaza ya en la bancada azul. Y eso libera de presión a los manijeros, a la camarlenga y a todos los que se la jugaron en el polémico congreso provincial a cara de perro. Guau.

La pérdida de la Moncloa beneficia al aparato del partido en Sevilla, aunque nadie vaya a reconocer esta ventaja repentina que se ha obtenido por la mudanza sorpresiva que a estas horas se ultima en Madrid. Todo ha ocurrido tan pronto que no ha habido ni un instante para digerir la situación.

Estos tiempos de amargura en Madrid despejan el horizonte de la estructura provincial del PP y, nunca se olvide, puede ser rentabilizada por la oposición municipal que lidera Beltrán Pérez. El entendimiento del PSOE de Pedro Sánchez con los separatistas catalanes, el nacionalismo vasco y la extrema izquierda con casoplón en Galapagar, le pueden servir al portavoz del PP para armar un discurso contra la imagen moderada del alcalde Juan Espadas. El alcalde, ya se sabe, encaja mejor en la socialdemocracia de Felipe y Guerra, que en el actual partido del puño y la rosa, ávido poder y que vende su alma al diablo (¡Sí se puede!) con tal de alcanzar la Moncloa.

El PP sevillano se ha conjurado para cerrar las puertas a los que retornan en el AVE para quedarse en Sevilla. La memoria es prima hermana de la política cuando se trata de servir platos fríos. Toda mudanza es una fuente generadora de estrés en el ser humano, tan animal de costumbre, tan miedoso al cambio que, nunca se olvide, puede resistir cuarenta años con los mismos gobiernos. Fíjense, por ejemplo, qué poco amigos de las mudanzas son los andaluces. De Franco al PSOE. Hasta tal punto que el apellido del dictador le suena a muchos jóvenes a calle por la que pasan cofradías.

El PPde Sevilla sufre la cuaresma en el altar, pero sonríe en la sacristía. Queda un año para las elecciones municipales, un tiempo de regeneración si en Madrid se hacen medianamente bien las cosas, o un período para mandar el partido definitivamente al pudridero si se hacen mal. Si el recambio de Rajoy es Alberto Núñez Feijoó, el PP sevillano está la mar de bien colocado. Basta recordar que el presidente gallego compartió velada con la delegación sevillana en la última gran convención, la celebrada en la capital de Andalucía con Cristina Cifuentes todavía de protagonista. Aquel día Feijoó fue agasajado por los chicos de Arenas. Y la apuesta de Virginia Pérez, presidenta provincial, no ofreció dudas. La camarlenga se levantó de la cena formal con Rajoy, abandonó el reservado de Robles antes de los postres y se fue al bar El Copo para estar con Feijoó, con el que se había citado antes de saber que debía acudir a sentarse a mesa y mantel con el presidente del Gobierno. Hay que reconocer que casi nadie sería capaz de dejar a un jefe del Ejecutivo y del partido en plena cena para irse con un presidente autonómico con vitola de delfín. Pero lo hizo.

La mudanza en la Moncloa, qué curiosidad, coincide con la del PP de Sevilla. De la calle Rioja a Luis Montoto. En un radio muy reducido coincidirán las sedes del PP, PSOE y Ciudadanos. Una de las últimas vivencias en la sede pepera de la calle Rioja ha sido, precisamente, el seguimiento melancólico del adiós de Rajoy.

El ejército de Zoido está desarmado y Espadas tendrá que aguantar en los Plenos las acusaciones sobre el entendimiento de su partido con Podemos y los esbirros de Puigdemont. Y quién sabe si como alcalde tendrá que verse con ministros o delegados del Gobierno nada amigos de La Que Manda en el PSOE andaluz. Hay que destacar que Espadas ha sabido valerse de los votos de Participa Sevilla e Izquierda Unida y gobernar después alejado de sus formas. Ya quisiera el presidente Sánchez pode seguir esa senda.

El PP de Sevilla también sonríe en privado porque Ciudadanos tendrá que justificar su apoyo al PSOE de Espadas en esta nueva coyuntura. E incluso en un futuro, la formación naranja lo tendrá más complicado si el alcalde no lanza un mensaje claro ante decisiones del presidente Sánchez que comprometan la cohesión territorial de España. Ciudadanos ha sido hasta ahora inflexible en su discurso sobre la unidad de la nación. Y Sánchez ya se ha mostrado dispuesto a sentarse con el nuevo presidente catalán, ese tipo del lazo amarillo y las continuas alusiones a los “presos políticos”. Peligro.

Todos estos factores entrarán en juego en clave local. Mientras, el PP necesita regenerarse. La pérdida de la Moncloa favorece a Beltrán Pérez porque debilita a sus enemigos internos y hasta puede ser un tiempo para la recuperación de unas siglas castigadas por la corrupción. Pero cuanto más tarde esa regeneración, más complicado lo tendrá.

El papel de Arenas también será importante. Si el de Olvera se sitúa bien en el previsiblemente nuevo organigrama del PP en España, los populares sevillanos seguirán teniendo alguien en Madrid al que se le ponen al teléfono todos los dirigentes del partido. Arenas acudió ayer al comité de campaña, una asistencia más que simbólica en tiempos delicados por mucho que llegara a última hora. Si los gatos tienen siete vidas, los linces como Arenas pueden aspirar a la vida eterna. Los cambios en el PP habrán de ser en la estructura nacional. La andaluza, de momento, no experimentará ninguno al ser los comicios autonómicos los primeros en el calendario. Un debate distinto será el de los muy previsibles movimientos internos en la sede regional si Moreno Bonilla sufre un resultado estrepitoso.

Arenas ayudará a Rajoy a diseñar la sucesión, como lo ayudó decisivamente en el congreso de Valencia de 2007. Y desde su puesto de vicesecretario general intentará conservar la influencia en Sevilla a la espera de las autonómicas y municipales. Mientras tanto seguirá yendo de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Madrid, porque la política es un tren AVE de ida y vuelta en el que unas veces se viaja en turista y otras en preferente, pero que siempre, siempre, está en movimiento. En los funerales es menester no sonreír. Y después beber vino.

El coraje de la artillera Virginia Pérez, presidenta del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2018 a las 5:00

dibujo rosell.jpg

EL PP de Sevilla parece afectado por el picudo rojo, pero tan rojo, rojísimo, que se parece cada día más al PSOE sevillano de toda la vida, ese PSOE de familias enfrentadas, de agrupaciones rebeldes (”Hay que ser de Bellavista antes que socialistas”), de cuando los congresos a cara de perro, esos días en los que siempre había alguien que apuntaba: “Colócate al lado de Bernardo Bueno, es la mejor forma de asegurarte que estarás con los ganadores. No se te olvide, siempre junto a Bernardo”. En el PP nunca había críticos, ni enfrentamientos entre agrupaciones, ni mucho menos esos pleitos salpicaban el ámbito institucional, como cuando Carmelo Gómez, ay Carmelo, se quedó con la brocha pintando muros altos y Monteseirín le quitó la escalera de la Delegación de Hacienda. Adiós, Carmelo, adiós. En el PP existía siempre el ordeno y mando de Arenas. Y poco más, salvo alguna escaramuza aislada en aquel congreso de principios de siglo que ganó Tarno (Ricardo) contra Miguel Ángel Arauz , y que se solucionó haciendo senador a Arauz en esos tiempos en los que se guardaba pleitesía absoluta al líder Arenas.

El año que lleva vivido el PP de Sevilla marca un pico pronunciado en la gráfica de la convivencia interna. La gran novedad es que la actual presidenta, Virginia Pérez, está echándole redaños al asunto, muestra un coraje inusual y tiene el apoyo de un amplísimo sector de las bases con un poder orgánico que se asienta cada día. Pérez no procede de familia alguna, más bien al contrario: está enfrentada a familias que se resisten a dejar de ser principalísimas en el partido. Siendo como es, su principal rival es ella misma.

El PP de Sevilla está sufriendo la crisis propia de un cambio de casa reinante. El antiguo régimen se resiste a abandonar sus posiciones y el nuevo régimen no ve la hora de confeccionar unas listas en las que quede reflejado el resultado del congreso: unos han ganado y otros han perdido. Pero la pérdida más dolorosa, la que provoca mayor angustia, es la de perder el medio de vida cuando se ha hecho de la política la única vía de subsistencia. Las opciones de paz entre los dos regímenes son escasas, nulas, inexistentes. Virginia Pérez, a lo Agustina de Aragón de la derecha sevillana, está dispuesta a fajarse como artillera frente a la evidente presión –un asedio en toda regla– que ejercen los perdedores del congreso. El PP de Sevilla tendría que estar rearmándose en torno al candidato de la capital, Beltrán Pérez, para hacer frente a Ciudadanos, que subirá en las urnas en 2019 y que sería su socio natural en un gobierno de coalición. Pero los enfrentamientos internos tiene a unos pensando en cómo atacar los cimientos del partido para provocar la imposición de una gestora, y a otros preparando el cañón para defender la fortaleza.

Este PP de Sevilla es irreconocible porque desde hace un año no dejan de pasar cosas insólitas, empezando por la pérdida de la Alcaldía (60.000 votos menos en sólo cuatro años), la celebración de un congreso donde ganan los críticos y la irrupción de la figura de una presidenta enérgica que, por el momento, mantiene una relación fluida con el que los ha criado, enseñado y forjado a casi todos: Arenas. El enfrentamiento de la presidenta, nadie se engañe nunca, es contra el círculo que rodea al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. El equipo del ministro quiere recuperar el control del partido como sea. Y la presidenta, lo ha dicho en un comité ejecutivo extraordinario, está dispuesta a usar el cañón. Como Agustina. En el PP de Sevilla no existe hoy la aburrida y añorada paz de otros tiempos, cuando el dedo de Javié iba señalando quién debía ocupar la presidencia cada cuatro años. Y todos, absolutamente todos los de entonces, asentían, le llevaban la maleta, aguantaban las broncas y complacían sus deseos. El antiguo régimen se ha encontrado ahora con un grupo de treintañeros y cuarentañeros que fueron compañeros de aulas y rivales universitarios de la presidenta andaluza (¿verdad Susana Díaz?) y que han tomado la decisión de no querer ser devorados como los hijos de Saturno por unos padres que llevaban dos generaciones a la sombra.

Hoy hay un rostro nuevo, el de la presidenta Virginia Pérez, que además goza de la ventaja del momento político y social actual, muy favorable hacia el perfil de la mujer luchadora. Tendrá una trayectoria garantizada mientras no meta la pata y, por supuesto, se coloque bien para evitar el impacto del retroceso de todo cañón tras un disparo. Bernardo Bueno, por cierto, está hoy de alcaide del Alcázar. Dentro de una fortaleza que solo abandona para pasar las vacaciones en La Antilla.

El ultimátum de la presidenta del PP de Sevilla al enemigo interno

Carlos Navarro Antolín | 17 de mayo de 2018 a las 5:00

Virginia Pérez y Beltrán Pérez ofrecen una rueda de prensa Beltrán nuevo candidato

La documentación comprometida ya ha pasado por el notario. Está protocolizada. La presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, remató la sesión: “No se pueden consentir este tipo de actuaciones. No voy a consentirle a nadie que nos mate, nos humille, nos insulte, ni nos arrastre”. La presidenta se ha hartado y tiene claro quién trata de remover los cimientos del PP sevillano. Virginia Pérez ha lanzado un ultimátum a sus enemigos internos. En su última intervención a puerta cerrada no cita a los destinatarios de su invectiva, pero todos saben hacia quiénes va dirigido el torpedo. O, mejor dicho, el anuncio de torpedo. “Quien nada debe, nada teme”, advirtió ante un auditorio expectante en la sede regional de la calle San Fernando. La camarlenga, que preside el PP de Sevilla desde hace un año, convocó un comité ejecutivo extraordinario para dejar clara su posición en las polémicas internas que sacuden la vida doméstica del partido desde que venció en el polémico congreso provincial. Los enemigos –esos seres que siempre habitan en el interior, nunca mejor dicho– son el bando que fundamentalmente componen Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior; el diputado Ricardo Tarno y los ex presidentes provinciales José Luis Sanz y Juan Bueno, los cuatro componentes de la conocida como mesa camilla del antiguo régimen del PP sevillano, todos ellos auspiciados por María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general del PP. Naturalmente ninguno de ellos reconoce abiertamente estar en contra de Virginia Pérez, más bien al contrario. La política es así, una interpretación continua de papeles, una asunción de roles temporales, una ficción maquillada de autenticidad.

Los enemigos de la presidenta son duros. Especialmente duros. Interior es un ministerio poderoso. Pérez tiene el control del aparato provincial, que no es poco, pues su papel es decisivo en la composición de las listas electorales, y los apoyos de Javier Arenas, vicesecretario general, y del candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. Arenas está henchido de gloria desde que ganó el congreso provincial, lo que equivalió –nunca se olvide– a ganárselo nada menos que a la secretaria general del partido y a un ministro.

En el comité ejecutivo extraordinario, la presidenta recibió un largo aplauso de la militancia tras un informe rutinario de gestión al que siguió el verdadero motivo de la convocatoria de la sesión: un aviso directo a la curia que trata de alargar el tardozoidismo. Fueron llamativas las ausencias en la sesión de todos los miembros de esa mesa camilla, como si intuyeran que el único punto del orden del día iba, efectivamente, dirigido contra ellos.

El tenso comité ejecutivo ya tuvo un precedente en diciembre de 2015 con ocasión de una junta directiva provincial. Virginia Pérez admitió en aquella ocasión que no admitiría un PP sevillano marcado por los personalismos. Entonces era solamente coordinadora general, un puesto que se conoció popularmente como el de camarlenga. Fue un aviso directo a Zoido y sus muchachos, que entonces todavía penaban la pérdida de la Alcaldía. Virginia jugó fuerte. Se veía ya de presidenta, como así fue tras la guerra del congreso provincial que venció por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que acompañaron a San Fernando en su entrada triunfal en Sevilla, por eso 24 son los nazarenos con cera verde que anteceden al Cristo de la Vera-Cruz. El otro día, en el seno de un comité ejecutivo extraordinario, lanzó el segundo aviso a los componentes del antiguo régimen del partido de la gaviota. La guerra interna no ha cesado, las aguas bajan muy revueltas por el arroyo pepero. Se aproxima la formación de las listas electorales. Los puestos de salida se cotizan muy caros, carísimos, porque la guadaña naranja diezmará las opciones del hasta ahora partido hegemónico de la derecha española. El modo de vida de muchos dirigentes –no nos engañemos– está en juego porque saben que Virginia y sus partidarios no van a perdonar algunos ataques. La paz ya no es posible. La situación es muy delicada, como admitió el veterano Jaime Raynaud. El antiguo régimen, la mesa de camilla tensa todo lo que puede esa situación con dos objetivos: que Virginia Pérez o cualquiera de sus más fervientes partidarios, sufran algún resbalón, cometan algún desliz, incurran en alguna desaplicación, que diría Vicente Cantatore y, de esa forma, que Cospedal tenga argumentos para instar a la formación de una gestora. Con la gestora sería más controlable la constitución de las listas electorales a las autonómicas y municipales.

VIRGINA PEREZ PP

No hubo una sola voz que de forma enérgica se posicionara en contra del discurso de la presidenta, acaso el más duro nunca oído en un comité ejecutivo del PP, un partido que nunca en su historia había vivido una división interna de este calibre. Aunque, todo sea dicho, en los comités y juntas directivas provinciales que se han vivido a lo largo del año no han sido significativas las intervenciones críticas, como tampoco han sido ajustadas las votaciones sobre diversos asuntos. Pérez ha ido ganando de largo todas las votaciones. La batalla se ha centrado en tratar por todos los medios de reavivar el polémico escrutinio del congreso provincial y determinados movimientos en Dos Hermanas. Las denuncias presentadas ante el juzgado y la Policía por un militante fueron archivadas. Oficialmente no hay nada, pero las escaramuzas se han sucedido, tratando se sembrar dudas sobre supuestas compras de votos y otras maniobras por el momento no probadas. El discurso de la presidenta fue muy duro en varios momentos de la sesión, celebrada a puerta cerrada: “No voy a consentir que nadie, y nadie es nadie, por muy cargo público que sea, trace estrategias que perjudiquen al PP. ¡A nadie! Ni a diputados, ni a senadores, ni a concejales, ni a parlamentarios. ¡A nadie es a nadie! Al que se le atragante la democracia que se lo haga mirar. No doy un paso atrás. Y os pido que no dudéis nunca, nunca, de la integridad de esta dirección que ha actuado siempre con responsabilidad y que se conduce con tan rectitud que hasta se ha ido al notario para protocolizar algunas cuestiones. Que nada ni nadie nos entretengan de nuestra tarea, que son las elecciones. Vamos a seguir con la cabeza muy alta”. Entre las adhesiones que recibió la presidenta figuró la del veterano Jaime Raynaud, diputado autonómico y director de la campaña del PP en Sevilla capital, que dio todo su apoyo a las acciones que apruebe el comité ejecutivo para normalizar la vida interna: “No pensaba nunca que tuviera que intervenir en un órgano como éste, pero tengo que hacerlo en un día triste y amargo. No pensaba que esto llegara nunca a producirse, pero se ha producido. La presidenta ha hecho un relato dramático, verdaderamente dramático, de los hechos acaecidos con el PP y con algunos de sus militantes en los tribunales. Los hechos son como son y la realidad es tozuda. Hoy lamentablemente tengo que pedir al comité ejecuitivo y a la presidenta que, con la misma dureza, si me permitís la expresión, se emprendan todas las acciones judiciales necesarias, se usen todas las armas legales contra todos los que han manchado el nombre del PP de Sevilla. Esto ha pasado de la legítima divergencia, de la discrepancia, de la disparidad de criterios que se suelen resolver con diálogo en un espacio como éste, de las opiniones distintas, de la elegancia, del saber perder cuando se pierde y del saber ganar cuando se gana, a otro estadio muy distinto, a una situación abiertamente incontrolable desde el punto de vista político. Hemos pasado a un nivel distinto. Hablo exclusivamente en mi nombre. Que se llegue hasta donde se tenga que llegar. Contad siempre con mi respaldo. El comité ejecutivo tiene todo mi apoyo, lo digo públicamente”. 

 

El Cecop manda más que los hoteles

Carlos Navarro Antolín | 11 de mayo de 2018 a las 9:04

Ambiente de feria 2018 Jueves

LAS tensiones internas son habituales en todos los gobiernos. Absolutamente en todos. Se miran de reojo Cospedal y Santamaría en los maitines de Génova, como pugnan dos canónigos por el favor del arzobispo. Luchas de poder, ego, influencias. Nada nuevo bajo el sol… del paseo Marqués de Contadero. Tremendo sol, por cierto. Un sol embotellado (Tío Pepe) en el agua recalentada de las mochilas de los turistas. En el escuálido gobierno de Espadas no se pierden de vista Antonio Muñoz y Juan Carlos Cabrera: la Sevilla cultureta y la Sevilla del centro, el traje desestructurado y el terno clásico de Dustin, el sevillano de la Alameda y el sevillano del Rinconcillo, el aficionado a las cofradías de tapadillo y el cofrade público y comprometido. Qué listo este Espadas que tiene corceles para las diferentes carreras, qué largo este alcalde que emplea diferentes cañas de pescar según el caladero, qué hábil que lo mismo se pasea con el pintor Luis Gordillo y Antonio Muñoz por los palcos que se presenta por sorpresa en la cruz de mayo de Los Estudiantes. Se puede ser sevillano al estilo de Muñoz, como se puede serlo al estilo de Cabrera.

Muñoz, ay mi dilecto Antonio, quería una Feria que arrancara inmediatamente después de la Semana Santa, con el primero de mayo incrustado en plena celebracion de farolillos. Es cierto que defendió su propuesta sin acritud, como diría Felipe González. Sin escándalos. Cabrera, en cambio, apostó siempre por un periodo de dos semanas entre la entrada del Resucitado y la inauguración del alumbrado. Dos planteamientos legítimos en la Sevilla dual. Dos formas de concebir la realidad, dos visiones distintas de la ciudad. Muñoz mira por los hoteleros, sector pujante en un turismo cambiante. Cabrera cuida de los técnicos de sus delegaciones: Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores.

El alcalde se ha basado en el informe del Cecop para dejar finalmente esas dos semanas de seguridad entre las fiestas mayores. La seguridad es hoy un valor incontestable, una carta insuperable si se echa en el tapete donde se juega la organización de cualquier fenómeno de masas. Con la seguridad ocurre hoy como con la igualdad. Da igual el enfoque. Nadie osa discutir ningún argumento que se base en una u otra bandera.

Si el alumbrado se celebrara el sábado posterior al Domingo de Resurrección, el dispositivo de Feria se debería montar el jueves anterior, lo que hubiera supuesto contar con sólo tres días de margen entre las dos fiestas: solamente el lunes, martes y miércoles para montar los estacionamientos (la letanía del P-1, P-2, P-3…), los carriles de Asunción, las placas de tráfico, la inspección de las casetas y los cacharritos, las cámaras de seguridad, etcétera. No se olvide que los técnicos que montan y desmontan la Semana Santa son los mismos que trabajan en la Feria. Las cámaras son las mismas: hay que mudarlas del Salvador a Joselito el Gallo, del Postigo a Pascual Márquez. No había tiempo material por mucho que Rojas-Marcos proclamara en el 92 que Sevilla puede con todo cuando aquel año se sucedieron la Semana Santa, la Feria y la inauguración de la Exposición Universal. La ciudad de hace 25 años no es la de hoy. El modelo ha cambiado tanto que aquellos patrones no sirven. Esta sociedad se ha vuelto garantista, calculadora, previsora, alarmista y acomodaticia. Queremos la máxima seguridad y el máximo impacto económico. La Feria íntegra en mayo garantiza lo primero. La Feria de formato largo está concebida para lo segundo. La Feria de 2019 es previa a las elecciones municipales, por lo que, cómo no, ha ganado la seguridad. En política vencen los aparatos. Yen las fiestas mayores siempre gana el Cecop. Espadas ya ha contentado bastante a los hoteles con la Feria ampliada. Es hora de no arriesgar. De darle la razón a Cabrera.

¿Usted mismo no prefiere unos días de desahogo entre una fiesta y otra? Las cuentas corrientes y el estómago lo agradecen. Sobre todo con tanto formato largo por todas partes. A Espadas le arrean por estirar la Feria de Sevilla al estilo de Málaga, pero hace tiempo que la Semana Santa también fue artificialmente alargada y nos la hemos tragado sin rechistar como si fuera una insípida tortilla francesa a la que sigue de postre una pera. O su masculino: un pero. Agradezcamos su decisión al alcalde. Con seis días entre Semana Santa y Feria, algunos hubiéramos confundido ciertas cofradías con el Ratón Vacilón.