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SOS: No hay papel higiénico en el Ayuntamiento

Carlos Navarro Antolín | 22 de noviembre de 2010 a las 14:22

papel
Ya lo dijo hace unos años un alto directivo municipal procedente de la empresa privada: “Esto del Ayuntamiento es horroroso. He tenido que firmar hasta seis papeles y esperar más de una semana para conseguir un paquete de folios”. Cabe preguntarse cuántas circulares hay que tramitar para que simplemente haya rollos de papel higiénico en los aseos municipales, tanto de la planta alta como de la planta baja. Enseña el lenguaje figurado que en tiempos de crisis alguien se enriquece vendiendo pañuelos mientras todos lloran. Pues cuando falta el papel higiénico en las dependencias municipales, el pañuelo de papel se cotiza a precio de oro (del tesoro del carambolo). Que se lo pregunten a los concejales del gobierno y de la oposición, que la falta de papel a todos iguala. Salían los señores capitulares del pleno del pasado viernes y no había un maldito papel con el que secarse las manos, por no poner otros ejemplos fácilmente imaginables. Hoy lunes ya no quedan ni los cartones desnudos de papel. Si falta papel higiénico en la sede noble del Ayuntamiento, qué no ocurrirá en esos distritos tan alejados de los oropeles del centro. ¿Hay rollos de papel el registro central de la calle Pajaritos? ¿Y en las empresas municipales? ¿Y en las propias oficinas de Gobierno Interior en Méndez Núñez? ¿Y en Mercasevilla? Ojú. ¿Se imaginan que en Mercasevilla ya no quedara ni papel para secar las lágrimas o limpiarse eso en lo que usted y yo estamos pensando? Qué buen titular saldría…Es hora de que la sociedad civil se movilice, que cada ciudadano lleve un rollo de papel higiénico a la Plaza Nueva en un adelanto del espíritu navideño. Un sevillano, un rollo. Y no se olviden de las criaturitas de la oposición que anidan en el palomar de la planta alta. Ellos también existen.

El desayuno es algo muy serio

Carlos Navarro Antolín | 15 de noviembre de 2010 a las 15:05

suceso1La sociedad debe estar enferma cuando el personal es capaz de seguir desayunando a pesar de que a su misma vera alguien esté comprando la papeleta de sitio para el último tramo del paso de la Canina. Ha ocurrido esta misma mañana en un bar del centro de la ciudad. Poco antes de las 11: 45 horas se desploma en la barra de una cafetería un cliente de poco más de 70 años. Los camareros, descompuestos, localizan a un médico a voces. Acuden también un sanitario de una consulta cercana, el mismo director del Cecop en persona y, algunos minutos después, dos ambulancias del 061 con el correspondiente corrillo habitual de curiosos, viandantes y morbosos que acuden al sonido de las sirenas. Los cuerpos cortados, los camareros con los rostros pálidos, el sube y baja de las manos del masaje cardíaco golpeando las entrañas de los testigos… Una escena que supone un mazazo para la conciencia. ‘No sabéis cuándo ni cómo’. La botella bocabajo del suero, los monitores improvisados junto al frigorífico de los helados, la pastilla de urgencia debajo de la lengua, más masajes cardiacos, el bar convertido en una suerte de UVI … Y un señor que no perdona el rito de su café y su tostada, que echa una mirada a su alrededor, paga su desayuno y se marcha sorteando los botiquines y la bombona de oxígeno que estaban el suelo, todo lo cual sin el más mínimo interés por cuanto acontece. Llega la Policía Local, desaloja el establecimiento y le llama la atención a un hombre que se asoma por la ventana para interesarse por la evolución del paciente. “Oiga, ¿no le parece que ya está bien?” Curiosamente, la agente acaba de reñir al primer médico que lo atendió. El médico se marcha cabizbajo, no entiende nada. Localizan a la hija del hombre caído: “Su padre está en parada. Sí, sí… Está en parada”. A las 12:20 se produce un gran alivio: “¡Recupera pulso, recupera pulso!” Ocurrió en el centro. Hoy mismo. Hace un rato. Uno se jugaba la vida, mientras otro se tomaba su tostada sentado en un taburete. La sociedad debe estar enferma. Que llamen a un médico, pero que no le riñan, por favor.