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La noche más encanallada

Carlos Navarro Antolín | 5 de abril de 2015 a las 5:00

Madrugá Peleas y gente corriendo en la calle Cuna y Encarnación.
NI hermosa, ni mágica. Inhóspita y bravucona. La Madrugada es la noche más encanallada del año, una Nochevieja con pasos en la calle que disparan el riesgo de incidentes y de difusión de los efectos. Ha quedado demostrado que la herida abierta en el año 2000 sigue sangrando, por mucho que algunas autoridades y opinadores traten de restar inmportancia a lo ocurrido este año. La Madrugada está muy tocada, como lo está el resto de la Semana Santa, decadente y cochambrosa pese a que juguemos a idealizarla para seguir manteniendo un sueño de consumo interno. Las calles del Domingo de Ramos, no nos engañemos más, son un canto al mal gusto y a la chabacanería. Y muchísimas calles de la Madrugada son directamente de trasera de discoteca. Uno no sale de nazareno para echarse contra la pared de forma repentina ante la inminencia de una fuerza misteriora que arrolla todo lo que hay por delante. Uno no sale de nazareno para proteger con sus brazos. colocados en cruz. a acólitos de diez años. Uno no sale de nazareno para ver deshacerse un cortejo que no han deshecho cinco siglos, ni para ver a un guardia civil echarse la mano al arma reglamentaria, ni para saber qué contestar a la mujer que pregunta dónde está su marido que va delante del paso, ni para hacer las últimas calles del recorrido con el pánico apretando más que el cinturón de esparto y con la actitud vigilante propia de un guardaespaldas, ni para regresar con cirios y cruces rotas, ver un antifaz perdido y dos cruces que sobran porque dos hermanos se han marchado comidos por la angustia.

Esta Madrugada tiene poco que ver con el vino de taberna auténtica de Núñez de Herrera. Esta Madrugada ha pasado del griterío de callejón y el laterío arrastrado a patadas de los años ochenta, a una actualidad de reyertas, alcohol destilado consumido a mansalva y agresiones contra los motivos que de verdad fundamentan la que era la noche más hermosa de la ciudad.

Nada de la sociedad de cada tiempo es ajeno al mundo de las cofradías. Ni la degradación de los cargos públicos, ni el incivismo de cualquier noche de fin de semana. La Madrugada ha dado ya tres avisos: 2000, 2009 y 2015. La ciudad ha rozado demasiadas veces ya la posibilidad de sufrir incidentes de gravedad. Es evidente que este año han fallado con estrépito las previsiones y las prevenciones, lo cual reconoció ayer el propio alcalde, Juan Ignacio Zoido, que instará a Sacyr para que en 2016 no se celebren botellonas en las setas. Lo que ocurrió la pasada Madrugada, según la versión oficial de las autoridades, se debió a una pelea de jóvenes. Dicho así, en bruto, podría ser algo casual. Pero conviene analizar el contexto. Ocurrió en la Plaza de la Encarnación, donde distintos grupos de jóvenes hacían botellona desde varias horas antes. La Encarnación parece que es la nueva zona cero de los conflictos de la Madrugada, como lo fue la Plaza de la Gavidia en los años noventa. ¿No se tuvo en cuenta el tipo de público que toma las escalinatas de las ‘setas’ cada Semana Santa desde hace ya varios años? ¿Nadie evalúa los riesgos que entraña que haya cientos de jóvenes cargándose de alcohol durante varias horas cuando hay miles de personas en el centro, seis cofradías, medios de comunicación nacionales y extranjeros y dos antecedentes sobre los riesgos de una noche como la Madrugada?

La Madrugada tiene dos ejes bien definidos de potenciales conflictos, como explican expertos en seguridad. El primero comprende el Puente de Triana, Reyes Católicos, San Pablo, Plaza de la Magdalena y su conexión con la Campana por las calles O´Donnell y Rioja, con algunas bifurcaciones a derecha e izquierda en su inicio por las calles Zaragoza y Santas Patronas, así como con Gravina, Julio César, Marqués de Paradas y Arjona con Radio Sevilla. El segundo eje comprende las calles Imagen, Encarnación, Laraña, Martín Villa y la Campana, con bifurcación hacia la derecha con Orfila, Lasso de la Vega, Plaza del Duque y la Campana, o hacia la izquierda por Cuna buscando la Plaza del Salvador, Puente y Pellón y el entorno de la Alfalfa.

A raíz de los sucesos del año 2000 se creó una mesa de coordinación denominada el CECOP con resultados satisfactorios. De 2001 a 2008 no hubo que lamentar incidentes. Se abordó la cuestión de la licencia y el plan de emergencias de la Carrera Oficial. Y se obligó a cada templo a tener su propio plan de emergencia. El problema es hoy otro. Comienza por los recorridos y horarios de la Madrugada, y por actualizar y revisar el segundo círculo en torno a la carrera oficial, que coincide con los dos ejes descritos, donde se han producido los hechos, donde se gesta la botellona, el embrión del conflicto juvenil que deriva en constantes peleas y comportamientos incívicos.

Podemos seguir manteniendo los sueños de esmeraldas y oro, de líricos contrastes, de fervores y ripios. Podemos seguir reduciendo la importancia de los hechos bajo el pretexto de no erosionar la marca de la ciudad (estúpida expresión para acallar los hechos) y bajo las sesudas teorías sobre la necesidad de no tener altura de miras. A la Semana Santa no se le protege silenciando los hechos. Es una fiesta muy hermosa que ha sido transmitida de generación en generación gracias al esmero, el mimo y el tacto de quienes hoy ya no están entre nosotros.

Uno no sale de nazareno para acabar arrollado contra la pared. Esta Madrugada es la noche más canalla del año. No nos engañemos. A los hijos de la cochambre les importan muy poco los siglos, los ripios y los fervores. Son piratas que no paran de beber y van sumando conquistas.
cuna cortejo

Colegio de Abogados: el posgallardismo

Carlos Navarro Antolín | 1 de julio de 2014 a las 13:01

entrevista Decano colegio abogados Jose Joaquin Gallardo
Hay entidades de la ciudad que son como cofradías sin santos, con sus juntas de gobierno, sus ritos, sus elecciones con varias candidaturas, sus problemas con los censos y el voto por correo, sus familiares, parientes y afectos colocados, sus mentideros, sus filtreos con el poder establecido en el Ayuntamiento o en la Junta de Andalucía, sus intentos por perpetuarse en el sillón y, cómo no, su chaqué en el Santo Entierro de las vanidades, ese cortejo que lleva por delante a la Canina y por detrás los tiros largos, que es como empezar a ver la película por el final. Hay entidades que tienen miles de miembros como miles de hermanos tienen algunas de las hermandades de mayor relumbrón, esas que también han expuesto a sus sagradísimas imágenes en situaciones embarazosas, con sus devotísimos titulares rodeados también de batas blancas, bisturíes y profesionales de la restauración, pero contra las que no ha habido lo que hay que tener para meterse. Al puritanismo militante se le ha ido estos días la fuerza en arrearle a Los Panaderos, que es lo fácil, y en no tener memoria de antes de ayer por la mañana cuando se trata de tocarle los costados a las grandes so pena de no ser invitados a las bajadas. Algunos criticones se merecen un tequiyá del tamaño de su cobardía, tan grande como la campana de San Cristóbal.
Pues entre esas entidades que hay en la ciudad que son como cofradías está el Colegio de Abogados, con su entrega del bastón a la Concepción en la mañana del Jueves Santo, sus balcones engalanados en los días grandes, su boletín con la tira de fotos de su decano y oficiales de junta y con todos esos perejiles de solemnidades y cromos en la prensa. Los hay estos días convencidos de que José Joaquín Gallardo se despide del decanato después del verano, que por eso el alcalde le ha colgado la medalla de Sevilla el pasado 30 de mayo. ¿Que cuanto lleva Gallardo de decano? La tira. Perdón, la toga. Los hay que hemos conocido tres Papas, cinco presidentes de la Junta de Andalucía, dos reyes y dos arzobispos, pero un sólo decano del Colegio de Abogados de Sevilla. Gallardo es al Colegio de Abogados lo que Tomás Pérez al Silencio: cuarenta años de hermano mayor. Más tiempo en el sillón que Gallardo sólo debe llevar Ángel María Villar en la Federación Española de Fútbol.

-¿Quién fue decano de los abogados de Sevilla antes que Gallardo?
-Eso es tan antiguo que no viene ni en google, sabe usted.

Pues ya hay movimientos serios en la abogacía sevillana para forjar la candidatura del posgallardismo. El elegido por un sector de la abogacía es Tomás Gamero, al que animan a visitar esos despachos alejados del casco antiguo donde está el voto que bien agitado tiene capacidad para poner y quitar decanos. Es como el voto de las hermandades de la sección de gloria, que si dicen que no jaman a uno para presidente del Consejo, tengan por seguro que ese uno se come lo que dijimos del tamaño de un castoreño. Gamero tiene sus gameristas empeñados en darle un giro al colegio y tiene su particular equipo de Arriolos especializado en elecciones colegiales en otras capitales de España. Y Gamero dice que el día del festejo estará en el patio de cuadrillas para hacer el paseíllo electoral se presente quien se presente, tanto si Gallardo cambia de opinión durante agosto, como si su delfín Óscar Cisneros intenta dar el salto. Porque en esto de los colegios también hay coadjutores con derecho a sucesión. El caso es que si Gallardo realmente se va, para muchos se habrá acabado eso que ahora se da en llamar un ciclo. Y los tontos del ciclo, que llevan un mes en reproducción incontrolada, podrán decir que se ha acabado un ídem en el Colegio de Abogados de Sevilla, como en la monarquía parlamentaria o en la selección española. Yo, como Santo Tomás, creo que aún podemos conocer otro Papa, otro Rey y hasta otro presidente de la Federación Española de Fútbol antes de dejar de oír esa pregunta que Gallardo hace cuando le suena el teléfono móvil: “¿Eres compañero?” Y así reciben un trato personalizado los siete mil abogados en ejercicio. ¿O por qué cree que alguien arrasa en las urnas cada vez que se presenta?

El primer gran silencio

Carlos Navarro Antolín | 20 de febrero de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 18/02/2014.
El manijero no asistió. La expresión del Estado es el vacío. Y la del poder es la ausencia. La liturgia se cumple escrupulosamente aunque falte el sumo sacerdote. Hasta en el primer recibimiento del PP sevillano al nuevo líder del aparato andaluz hubo mucho de ceremonia eclesiástica. José Luis Sanz, Juan Bueno y Eloy Carmona aguardaron pacientemente a las puertas del Hotel NH Convenciones la llegada de Juan Manuel Moreno Bonilla. Parecían tres canónigos laicos en la Puerta de los Palos (sin segundas) dispuestos a besar el nuevo y pastoral anillo. Menudos berrinches se pillan algunos prelados si no hay nadie que aguarde su llegada. Ha habido broncas célebres.

Moreno Bonilla llegó un cuarto de hora tarde. Será otra expresión del poder: la tardanza, hacerse esperar, hacerse de rogar. Pero el que no llegó fue el manijero. Su dedo estaba en el ambiente. Se nota, se siente. Era como el ojo que no ves, pero es ojo porque te ve. Sólo el elegido por el dedo se atrevió a nombrarle, como cuando en misa se pide por el ordinario del lugar. Juan Manuel, que tiene nombre de revolucionario de la Semana Santa, pronunció las palabras: “Mi reconocimiento a Javier Arenas”. Sólo él se atrevió. Yse llevó un silencio maestrante, marca de la afilada casa sevillana cuando pone por delante el carro de la nieve. Ni Juan Ignacio Zoido ni Juan Bueno mentaron a su padre político. Esta vez no hubo ni un Javié para la crónica, a pesar de que ambos dirigentes sevillanos cumplieron fielmente con la letanía de agradecimientos de rigor. A Arenas le dio su sitio un político de Málaga, la ciudad que nunca le dio dolores de cabeza, la misma que sí se los ha dado a Zoido.

José Luis Sanz, secretario general del PP andaluz que tenía todos los avales para ser presidente regional, se llevó el abrazo más intenso de Moreno Bonilla, los aplausos más largos, las referencias más cariñosas, los achuchones y pellizcos de mejilla más sentidos. Tenía rostro de Viernes Santo en una junta directiva provincial en la que muchos tenían cara de sapo. El sapo es un animal íntimamente ligado a la política. Algunos tragan sapos como aquellos hipopótamos del divertido juego del tragabolas que se hartaron de echar los reyes magos a los niños de la generación de los 70.

La pirotecnia de elogios de saldo de unos y otros no impidió que aquello tuviera más que nunca los tintes de representación pactada, congelada y forzada a la que acostumbra ya una política cuya frescura sigue secuestrada por los aparatos de los partidos. En clave local, bastaría decir que la puesta de largo hispalense del candidato malagueño fue una verdadera exaltación de la ojana. Moreno Bonilla dejó varias perlas facilonas: “Voy a mimar a Sevilla”, “Zoido es el mejor alcalde de España”, “Voy a ser presidente de la Junta, es imposible no serlo cuando se tienen los mejores militantes”. Y una licencia: “Todavía no soy candidato oficial y ya me han eslomao a palos”.
El alcalde reiteró su pasión por la ciudad de las pasiones. Yesta vez tuvo palabras de especial agradecimiento con Alberto Díaz, su jefe de gabinete, uno de sus acompañantes perpetuos desde 2006, el hombre de la agenda, del capote y del teléfono. Alguien de la bulla preguntó: “No veo a Alberto, ¿está sonriendo?” Y se oyó: “Aquí sólo sonríe hoy el de Málaga”.

Sanz se marchó muy rápido. Zoido también. Tal vez se fueran eslomaos. En el hotel se improvisó el besamanos de los chicos de las Nuevas Generaciones, de antiguos dirigentes provinciales del partido que presentaron sus viejas credenciales al nuevo líder, de concejales que gozan de conexión directa con Moreno Bonilla de años atrás. Alguien resabiado tiró de la manida alusión a la noria como la atracción que define la actual política con todo rigor: “Yo me he visto arriba y he sufrido la bajada”. Tal no vez comiera suficientes sapos. Por eso el dedo señaló a otro. El dedo que nunca se ve. Como el silencio. Sólo se perciben. Habrá que buscar el viejo tragabolas en el trastero.
SEVILLA, 18/02/2014.

El abuelo que abraza la cruz

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2013 a las 13:34

Una iglesia de bancos vacíos, cirios encendidos e imágenes a la espera de plegarias. Unas capillas y lápidas que hablan. Un atrio consagrado a la santería en el encanto de un día laborable. La única música que se oye es el chirrido de algunas suelas. Las únicas miradas, las de los nazarenos de madera de siempre, antifaz levantado y símbolos exhibidos. Todo pasó. No queda nada de aquellos días. Huele a iglesia. Hay un eco mundano de grandes almacenes. No hay carey, ni plata, ni azahar, ni lirios, ni trono dorado ni catedral con costaleros, ni pitos, ni olor a esparto. Como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera existido, como si todo hubiera sido un sueño que envejece repentino para dejar un recuerdo confuso. Como si los querubines nunca hubieran brincado en su dorado, como si las borlas nunca hubieran tintineado de su plata, como si el oro nunca hubiera vestido su cuerpo dulce ni hubiera enaltecido su tierna mirada. El Nazareno abraza su cruz a las horas en que media ciudad trabaja y la otra media busca la azada para trabajar la tierra. El abuelo siempre exhibe en el pecho la foto de su nieta desaparecida como los nazarenos llevan prendidas en el corazón las cinco cruces. El abuelo reza en soledad sentado en ese lugar del templo al que el Nazareno siempre dirige sus grandes ojos. Ironías del destino o destino en toda su dureza, cada uno abraza su particular cruz. Los dos tienen dulce, limpio y sereno el semblante. Frente a frente, dos hombres que se comprenden. Dos hombres con la dignidad entera, alta la vista, erguido el cuello y siempre al frente la mirada. Ocurrió hoy en Sevilla. Pudo ser cualquier día. Pero fue hoy, hace un rato, cuando el abuelo de Marta del Castillo ha estado de verdad, pero de verdad, ante el tribunal supremo contra el que no cabe recurso, donde las togas no bailan ni caben mentiras ni montajes. Sucedió en silencio, con el mundo exterior metido en sus particulares ruidos, en sus luchas estériles y en sus penas cotidianas. En aquel lugar de muros gordos y techos altos, dos hombres se hablaban. Uno abrazaba la cruz antigua de madera lisa. Y el otro, la cruz de quien sólo aspira a enterrar a una nieta. Lo que allí se dijeron, allí se queda. Silencio, se reza.