Archivos para el tag ‘Sillas’

Gadafi en el Laredo

Carlos Navarro Antolín | 3 de enero de 2016 a las 5:00

laredo1
SI la calle era de Fraga, la Plaza de San Francisco es de Robles. Esta plaza es como el salón de su casa. Ríanse del Salón de Écija, que es como llaman los astigitanos a la zona cero de su vida urbana. La Plaza de San Francisco es el salón de Robles. Y en su salón hace uno lo que quiere: cambia los muebles, tira tabiques, levanta paneles, coloca estufas nuevas, pone y quita la alfombra, combina los distintos tipos de sillas. ¿O no? La arquitecta Lola Robador, que tan brillantemente contribuye a la restauración del Ayuntamiento, explicaba esta semana los valores del edificio, su historia, los detalles recuperados, su relación con el entorno. Y hubo varios oyentes que nos quedamos con las ganas de que diera detalles de la jaima de Robles, la que montó la otra noche en el antiguo Laredo, en la misma noche de Nochebuena, de una Nochebuena sin misa del gallo tras la cena pero cargada de gallitos. Si usted quería cenar en la Plaza de San Francisco a unas horas tan señañadas después de oír el mensaje del Rey en el Palacio Real, disponía de una jaima como la que Gadafi se hacía montar en La Boticaria, calentita, calentita, a mesa y mantel, con camareros y con la intimidad parcial asegurada, esa que permite ver sin ser visto.

¿No colocan los manteros de Tetuán y Velázquez un chivato en la esquina que avisa con un silbido de que llegan los señores de la Policía Nacional o los muchachos de la Policía Local? Pues Robles debe tener su silbador la mar de bien adiestrado, que avisa que ya se han ido los inspectores de Urbanismo a cenar el pavo trufado. Vamos, que llevan cenando y haciendo la vista gorda desde que Monteseirín era alcalde, pues Alfredo le aplicó a la perfección eso de al amigo todo, al enemigo nada y al indiferente la legislación vigente.

–¿Y Zoido no hizo nada, oiga?
–Era más de La Raza, aunque al final del mandato les mandó la carta de desahucio. ¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Sevilla debe ser la única capital de España en que los inspectores de la vía pública no trabajan por las tardes ni los fines de semana.
–¿Me lo repite?

Cuando más ruido urbano se genera, del que pone de los nervios a los vecinos, es precisamente cuando no hay inspectores. Los turnos de descanso los carga el diablo. Se sortea un fin de semana en Rota entre quienes vean a un inspector de veladores pasar por el centro en hora punta, en prime time de turistas con los pies por lo alto en un asiento, pidiendo platos cargados de zanahorias ralladas con riachuelos de vinagre de Módena.

La ordenanza reguladora de las terrazas de veladores, aprobada con carácter definitivo en el Pleno de abril de 2013, cuando gobernaba la ciudad el gobierno planito del PP, establece bien claro:“En ningún tipo de instalación, ya sea enrollable a fachada o aislada de la misma, se podrá disponer de elementos verticales que puedan hacer de cortavientos en todo su perímetro”.

–Oiga, eso va por la jaima de Gadafi, que diga de Robles. Y de elementos verticales no sé, pero de elementos a secas le puedo hablar de unos pocos.

Uno se pone a buscar las disposiciones adicionales, cláusulas, excepciones o anotaciones marginales, y no termina de encontrar que Robles tenga privilegios, que los tiene, porque los tuvo con Monteseirín (cual tabernero del régimen), los tuvo con Zoido y se ve que los mantiene con Espadas. Y los 31 concejales de la corporación municipal pasando cada día por la plaza. Son todos miopes, todos.

Si Chávez es un pajarito que se aparece a Maduro, Gadafi cualquier día aparece en la jaima de Robles para recibir a Aznar, que ya se sabe el poco reparo que tuvo el ex presidente español en entrevistarse en aquel hotel alcalareño con un líder tan democrático y amigo de los consensos como el libio.

Lo más chic de la hostelería no son las placas que generan calor a bajo precio en lugar de las estufas que chupan butano, ni los cubos recogebasura de los veladores, ni que te presten con gentileza una manta para el frío como en Madrid, ni que el camarero anote la comanda en el ipad. Lo más chic es que el metre pregunte a los señores:“¿Comerán en la barra, en mesa interior o prefieren la jaima?”

No sabemos dónde está la cubierta de la final de la Davis, pero mira que si la jaima de Nochebuena fuera la de Gadafi… Y Lola Robador venga a explicar el plateresco y el renacentista, venga a dar detalles de los arcos y las decoraciones recuperados. Y ni pío de la jaima, que es el nuevo valor añadido en esta Nochebuena sin inspectores, sin Dios, y sin curas queriendo decir la misa a las doce de la noche. La Navidad de Espadas trae la jaima como nueva atracción, oiga, en todo un ejemplo de colaboración pública y privada. Qué calladito se lo tenía Antonio Muñoz, delegado de Hábitat Urbano y de Jaimas Consentidas, que en la nueva oferta de Sevilla en Navidad (tan laica, laiquísima, como Susana dijo que era roja, rojísima) se puede cenar en una jaima en plena Plaza de San Francisco en la noche más familiar para el orbe cristiano. Y en Nochevieja, por cierto, hubo reptición de la jugada.

Cuando media España pleiteaba con los cuñados, Robles colocaba otra pica en su plaza. La calle era de Fraga, menos la Plaza de San Francisco de Sevilla, que es de Robles. Tiene que estar su nombre puesto hasta en el Registro de la Propiedad. Unos alcaldes vienen y otros se van, Robles siempre está. Yo estoy por pedir mesa en la jaima estos días de Pascuas y esperar a ver si llega antes un inspector de Urbanismo o la cruz de guía de una cofradía pirata. Tanto quebrarse las autoridades municipales la cabeza para que el personal no se cuele en el tranvía, y resulta que les montan una jaima a los pies del Salón Colón, donde se sientan sus 31 señorías a tirarse pelotas de papel, y nadie dice ni mú. Estarían todos en misa. Del gallo.
laredo2

El negocio perfecto

Carlos Navarro Antolín | 12 de febrero de 2015 a las 5:00

10/03/08//preparativos carrera oficial//foto jaime martinez
El remedio, la solución de urgencia, la salida a la falta de recursos, quién lo diría, se acabó convirtiendo en el negocio soñado por todo empresario. El alcalde Luis Uruñuela, apoyado por el PSOE y el PCE, se encontró en 1979 un Ayuntamiento tieso e incapaz de mantener las subvenciones directas a las cofradías. Por eso optó por la cesión de la explotación de la carrera oficial al Consejo de Hermandades. Traspasó el problema al Consejo, al que dio la caña de pescar en lugar del pescado ya servido y limpio de espinas. Algunas mentes preclaras vieron una suerte de desprecio del gobierno tripartito para con las hermandades, asociaciones de la Iglesia, pero el paso de los años ha demostrado que la carrera oficial es el gran maná de las cofradías, lo que permite su subsistencia y el desarrollo de las tareas de caridad.

El Consejo de Cofradías confió en primera instancia la gestión de la carrera a cuatro silleros (que eran cuatro empresarios denominados los patas negras)para después dejársela en exclusividad a uno sólo de ellos –no sin polémicas y pleitos de por medio– que se integraba en la empresa de servicios Arcasur. Y de esta empresa se llegó al modelo actual, en el que el Consejo asume la gestión directa sin mayores intermediarios.

La carrera oficial es el negocio soñado por cualquier empresario. Se desarrolla en la vía pública con el apoyo absoluto del Ayuntamiento. Por el uso de esta vía pública se abonan a la Gerencia de Urbanismo unas tasas mínimas, en torno a los 12.000 euros. Todos los años hay una demanda de asientos que permitiría casi duplicar el público del recorrido, incluso en tiempos de vacas flacas. El Consejo sabe que el personal hace lo imposible por no perder el palco o la silla. La prueba es que no paran de subir los precios (un año el aumento fue del 10%) y no lo deja de hacer también la demanda.

El Consejo cobra el cien por cien de las tarifas a finales de enero, pese a que la actividad que genera el negocio se produce dos o tres meses después, y no se devuelve nada de lo cobrado en caso de lluvia o de cualquier otro tipo de suspensión de la actividad (por no llamarle espectáculo, que es lo que hizo el propio Consejo cuando gestionó ante Hacienda una modalidad de IVA rebajado). ¿Es o no el negocio redondo con el que sueña todo empresario? Y no se olvide que la carrera oficial terminó quedando exenta de tributos tras unas polémicas inspecciones fiscales.

El total de la recaudación roza los cuatro millones de euros, a repartir entre los gastos que genera la organización de la propia carrera oficial, las hermandades (fundamentalmente en función del número de pasos) y el propio Consejo de Cofradías para su organización interna.

A no pocos cofrades de reconocido prestigio chirría que se califique la carrera oficial de la Semana Santa como negocio. Pero lo es. Las cofradías lo generan con la coartada perfecta de establecer un orden de paso. Aquella solución de Uruñuela, mal vista por los sectores más inmovilistas de la ciudad que acusaban al tripartito como el gobierno del Frente Popular, supuso poner en manos del Consejo de Cofradías la gran gallina de los huevos de oro.

Menos buzones y más… con los veladores

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2012 a las 21:41


El reverendo Maximiliano, delegado de Urbanismo, pondrá un buzón para recoger los chivatazos ciudadanos sobre los abusos de los hosteleros con los veladores, una suerte de tribunal de la inquisición donde usted puede delatar, por ejemplo, al tío que tiene cuatro veladores por metro cuadrado en Álvarez Quintero.

-¿Pero a ese va a ser capaz de meterle mano la brigada antiveladores de Don Maximiliano?
-Sí, hombre, sí…
-Eso tengo que yo verlo.

Pues como en esta ciudad pirra tela eso de largar del vecino y mirar tras los visillos, al delegado de Urbanismo se le va a saturar el buzón. Que lo del buzón está muy bien, que eso fomenta la participación ciudadana, da imagen de transparencia y otras milongas de las estrategias políticas, pero que digo yo que aquí se podría intervenir de oficio por algo tan antiguo como la notoriedad. ¿De verdad que hace falta que le digamos al reverendo Maxi donde están los casos de abusos en las terrazas de veladores? Por Mateos Gago hay que cruzar en helicóptero contando las paellas de plástico y las pizarritas con colores fluorescentes, por Albareda con machete como en una selva con olor a frito, lo de Santa María la Blanca es un caso flagrante de colmatación del espacio público, los veladores se han reproducido como las cucarachas hasta por Arfe y lo de Argote de Molina es sencillamente de…

-De poca vergüenza.
-Eso.

Lo de la carretilla de la brigada antiveladores de Don Maxi llevándose las mesas sin licencia tengo que verlo con estos ojos. Será pesimismo, pero a mí me parece que ciertos espacios públicos los perdimos en favor de las mesas como perdimos un día el Laredo y asistimos a un funeral apócrifo sin esquela. Así que menos buzones y más… eso, con los veladores.

Una silla, un voto

Carlos Navarro Antolín | 10 de febrero de 2011 a las 19:17

sillas_arenas

En una sociedad acostumbrada a vivir a ritmo de scoop no sorprende en absoluto que se adelante todo. Nos venden mantecados en octubre o biquinis en abril. Vemos el cartel de la Semana Santa antes de que se presente (ojú, la de consejeros con vocación de inspector Gadget que hay en San Gregorio), los trajes de flamenca en los escaparates con el humo de las castañas y a los políticos a velocidad de campaña electoral cuando queda un año para los comicios. Todo se adelanta. Sufrimos una anticipación continua. Y, claro, de acuerdo con estos tiempos en que vivimos vertiginosamente, con un cohete justo donde usted está pensando, so pecador, hoy se ha reunido en el Salón Colón la mesa de coordinación de la seguridad para las fiestas de la primavera. ¡Pero si estamos a 10 de febrero! Claro, pero se trata de dar imagen de frenética actividad. Usted haga como el que escribe, usted haga como el que pinta, usted haga como el que piensa, usted haga como… Por algo los expertos en la materia dicen que en cuestiones de seguridad lo importante es aparentar, conseguir que en la masa cunda la sensación de que todo está bajo control. Usted haga como el que coordina, como el que controla todo…Y estábamos en esas, coordinando que es gerundio, cuando el alcalde se ha despachado con que esta Semana Santa habrá sillas en zonas distintas a la carrera oficial, asientos especialmente instalados para minusválidos. Un pajarito (o pajarraco) nos sopla que la idea era del candidato Juan Espadas (PSOE), al que por cierto le encanta ver la Semana Santa en unas sillas de la calle Sierpes. Desde aquí le alabamos el gusto con 0’0 de ojana. Y Alfredo (como le gusta que le llamen) le habría pisado la propuesta al candidato. La discusión sobre quién debía vender el tema y sacarle rédito político se la dejamos al Gran Lucre, que para eso está en su despacho de la planta alta del Ayuntamiento con sus estrategias mediáticas y no mediáticas. Aquí lo que importa ahora es abrir la caja negra de esta interesante propuesta y sacar la identidad de quién tiene el copyrihgt de la idea de las sillas de la carrera oficial apócrifa: Rafael Pérez, director del Centro de Coordinación Operativa del Ayuntamiento. No pierdan de vista su nombre. Una silla, un voto. Seguiremos comentando…