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Las doce uvas de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2014 a las 5:00

zoido contraluz
Primera uva. El 24 de mayo, domingo de Pentecostés, Sevilla eligirá una nueva corporación municipal, pero en esta ocasión de sólo 31 concejales en lugar de 33. La revisión anual del padrón ha dejado la ciudad por debajo de los 700.000 habitantes, aquel listón psicológico por el que Rojas-Marcos luchó hasta el punto de hacer de este objetivo uno de los estandartes de su gestión, además de la reforma urbanística de la Buhaira, la horripilante losa de pizarra del entorno de la Catedral y el megalómano estadio de la Cartuja. Pese a la leve bajada en el número de vecinos (el padrón queda fijado en 696.676 habitantes), la ciudad no perderá ni un euro de transferencias del Estado, que es la gran ubre para la cuentas del Ayuntamiento junto con los ingresos directos por el IBI. Para que menguaran los fondos del Estado, Sevilla tendría que bajar de los 75.000 habitantes. Y eso no se ha producido ni en los tiempos de epidemias con salidas extraordinarias del Cristo de San Agustín.

Segunda uva. Juan Espadas se mueve entre la necesidad de ser fiel a su perfil de gestor y hombre serio, y la conveniencia de torpedear la imagen de un alcalde sin mácula que le recuerda la herencia recibida cada vez que los socialistas se crecen un mínimo. Espadas sigue haciendo una oposición palmariamente blanda, de guante limpio, sin denuncias aceradas. Cuando golpea al gobierno lo hace como en una pelea entre hermanos adolescentes. Los puyazos son siempre puntazos, nunca hacen sangre. Basten dos ejemplos. Dice que no culpa al gobierno de la bajada de los habitantes, “sólo” de no haber hecho nada por paliarla. Y si el Grupo Socialista denuncia que el marido de la edil de Asuntos Sociales es colocado como gerente en la fundación privada del Banco de Alimentos, comienza por conceder dos semanas al gobierno para que se explique con la justificación de que se apuesta por una “oposición responsable”. El último “ataque” de Espadas ha sido reiterar que el alcalde es “plano” y que su gestión es “plana”. La verdad es que lo es casi tanto como el estilo de la oposición. La proyección de Zoido en la calle arrolla a la de Espadas, sólo resta saber si lo suficiente como para que el PP obtenga los 16 concejales que darán la mayoría absoluta en 2015.

Tercera uva. Los cinco meses que quedan son terreno de fácil abono para el alcalde. Tras el éxito callejero de la Navidad, Zoido tendrá la cuaresma, la Semana Santa y la Feria para desplegar la cola de pavo real. No hay grandes cintas que cortar ni primeras piedras que colocar. Más vale que no anuncie grandes proyectos en lo que queda de mandato, porque el último, el Paseo del Arte en la Avenida Juan Carlos I, se ha ido ya tres veces al traste después de quedarse descafeinado al perder el atractivo de las piscinas sobre la lámina del río. Estamos ante el final del mandato de la miseria, aunque alguno ha habido en el gobierno que ha intentado “hacer cosas”, creyendo todavía que los políticos están obligados a dejar huella, marca o impronta, cuando la actual coyuntura sólo requiere de poner orden, pagar facturas y garantizar los servicios esenciales.

Cuarta uva. Los símbolos materiales del mandato que acaba son los bares y los veladores, multiplicados en una parábola perfecta; y la Navidad como gran atractivo callejero, descubierta por Zoido para Sevilla como una gran toma de las calles del centro bajo un alumbrado laico. Una deuda por encima de los 700 millones hace inviable que el actual alcalde pueda presumir como hasta hace pocos años lo hacía Monteseirín de obras faraónicas (las setas o el tranvía) o grandes reformas (peatonalización de la Avenida o pasos subterráneos). Zoido a duras penas puede vender el retorno del acceso de los autobuses a la Encarnación o la eliminación de las catenarias del Archivo y la calle San Fernando. El símbolo inmaterial, por otro lado, es el saneamiento de las cuentas por obra y gracia de la delegada de Hacienda, Asunción Fley, que ha conseguido que los bancos vuelvan a sentarse a negociar con el Ayuntamiento y sean claves para liberar a Sevilla del Plan de Ajuste de Montoro, suscrito para pagar a la larga lista de proveedores acumulada desde los primeros años de Monteseirín. El electorado deberá valorar si esa gestión inmaterial, que es la que de verdad da fuste al gobierno, es merecedora de una nueva confianza por cuatro años más.

Quinta uva. Las talas de árboles en Almirante Lobo o la calle Virgen de la Sierra, junto al Prado de San Sebastián, han puesto en jaque la micropolítica de Zoido, basada en la atención cotidiana de las pequeñas necesidades que, sumadas en el día a día, hacen posible el funcionamiento de la ciudad. La paz social reina en Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos en transferencias municipales. El alcalde salió reforzado de la huelga de nueve días de Lipasam en el inicio de 2013. Emvisesa es un páramo a la que se mantiene al ralentí, terminando promociones del mandato anterior y sin ninguna nueva en el horizonte. Y Emasesa buscará en 2015 financiación extra mediante la emisión de bonos sin que por el momento nadie se atreva a afrontar una privatización de la considerada joya de la corona de las empresas municipales.

Sexta uva. Los próximos meses son de revuelo en el seno de los partidos. Después de las fiestas comenzará la guerra interna por la confección de las listas electorales. Hay menos actas a repartir (sólo 31) y, además, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local contempla que haya concejales sin sueldo. En el caso de Sevilla, la ley permitirá la dedicación exclusiva a 22 (al ser una ciudad con población entre 501.000 y 701.000 habitantes), por lo que nueve ediles no tendrán retribución salarial en el Ayuntamiento. Las tensiones se presumen máximas. Juan Ignacio Zoido tiene especial aversión a los períodos de formación de las listas. Odia los cambios tanto como dar malas noticias o tener que decir que no. Su figura es indiscutible en el PP por el momento, por lo que el aparato le dará un margen amplio para hacer un equipo en el que serán muchos los que repitan y muy pocos los cambios. Entre las bajas, se da por segura la de Javier Landa, como adelantó este periódico el 23 de marzo. En el PSOE es poco probable que Juan Espadas goce de tanto margen de maniobra como disfrutó en 2011, cuando apostó por unos independientes (Eugenio Suárez Palomares y Mercedes de Pablos) que acabaron por abandonar el barco tras el peor resultado de los socialistas (sólo 11 concejales) en el otrora fortín sevillano. Las once agrupaciones del PSOE sevillano reclamarán sus cuotas. De lo contrario habrá otra vez brazos caídos. El portavoz adjunto, Antonio Muñoz, se da como fijo en la lista. Está por ver el futuro del otro portavoz adjunto, Alberto Moriña, y de concejales polémicas como Adela Castaño. El susanista Joaquín Díaz dejará la corporación por razón de edad.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Espadas, analiza el plan de ajuste municipal.
Séptima uva. Como era previsible, el alcalde ha comenzado a recuperar viejos hábitos en cuanto intuye el intrigante sonido del tam-tam electoral. Perdido ya en la papelera de reciclaje su título de presidente del PP andaluz, Zoido concede de nuevo parcelas de influencia a sus hombres más vehementes y aficionados a las estrategias, como es el caso del portavoz del gobierno y delegado del distrito Triana, Curro Pérez, que en 2007 fue el jefe oficial de la campaña en la que el PP logró 15 concejales. Pérez acepta con resignación que está considerado un hombre de trincheras (oposición) más que de gestión de los tiempos de paz (gobierno). Ahora viene su período litúrgico preferido y, por lo tanto, le tocará revestirse para las mil y una celebraciones próximas. Si Zoido repite en la Alcaldía, Pérez querrá la parcela de urbanismo, aquella en la que se forjó como eficaz opositor entre 2007 y 2011 y que, al final, acabó recayendo en Maximiliano Vílchez (hombre de paz y no de mítines) cuando se alcanzó el gobierno.

Octava uva. ¿Yquién será el número dos de la lista de Zoido en 2015? El concejal más afín al alcalde sigue siendo Gregorio Serrano, aunque ahora ande inteligentemente tapado. Darle ese puesto a Serrano sería un acto de reconocimiento para un mandato en el que está saturado de competencias (Empleo, Economía, Turismo y Fiestas Mayores) por efecto de la aplicación de un organigrama de gobierno de grandes áreas inspirado en el que puso en marcha Ruiz Gallardón en Madrid. A Serrano le ha sobrado el área de Empleo, se ha tragado los sapos de disolver Sevilla Global y la Televisión Local, y ha tenido que bailar con la más fea, Mercasevilla, lo que le ha costado amenazas personales en la fachada de su casa. Si el PP repite en el gobierno, todo indica que Serrano se ha merecido un mandato algo más amable. Distinto es el baile de números, la obligada paridad y lo que apriete el partido. Recuérdese que Serrano no es hombre de partido. En eso es como el alcalde. Son dos ejemplos de políticos concebidos y nacidos para la gestión municipal.

Novena uva. ¿Y Fley? Si Zoido es alcalde cuatro años más, la todopoderosa concejal Asunción Fley habrá demostrado que con la Hacienda local se hace política; que la austeridad, la montaña rusa de subidas y bajadas estratégicas en los impuestos y el saneamiento de las arcas tienen réditos electorales, justo lo contrario de lo que pregonan los halcones y los vivaqueadores de lunes a viernes en las sedes de los partidos. Su influencia será todavía más incontestable de lo que hoy ya lo es. Nunca se olvide que a su cargo tiene a una directora general que cobra por encima de los 100.000 euros por asumir una nueva parcela de gestión (recursos humanos) a la mitad del mandato. Esta directora general es conocida en el PP como la “bien pagá”. Con lo escrupuloso que es Zoido para los asuntos del pecunio público, nadie osó contestarle a Fley su teoría por la que quien asume mas competencias, debe estar más remunerado, pese a que media España está trabajando más y cobrando menos en el mejor de los casos. La teoría de Fley es de una lógica aplastante, pero difícilmente digerible con el campo poblado de vacas flacas y con muchas gargantas conformándose con las gotas que dejan caer las cañerías de unos grifos cerrados.

Décima uva. El otro gran hombre de Zoido es el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, que recibió la parcela tradicionalmente más codiciada por los partidos políticos, pero en el peor momento. Es el primer delegado de Urbanismo del PP desde la instauración de la democracia. Y también es el más tieso por encontrarse una Gerencia de Urbanismo sumida en números rojos y desangrándose por el bajonazo en los ingresos por licencias, la inexistencia de convenios urbanísticos y la carencia de intereses financieros. A Vílchez le ha tocado pasar de una Gerencia navegando en la opulencia a una Gerencia en la que se exige que las fotocopias se hagan por las dos caras para ahorrar papel. Al igual que Fley, no es un político al uso. Revalidar el gobierno supondría el aval más sólido a su labor.

Undécima uva. El miedo está en la armería electoral del PP. Nadie duda de que Zoido venteará los riesgos de un Ayuntamiento en manos de un PSOE debilitado y tutelado por fuerzas políticas con programas electorales inciertos. Ya lo hizo en 2011, cuando repitió machaconamente que votar el PSOE era hacerlo al líder de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, hoy fuera del Ayuntamiento y con la baja en el partido por los frentes judiciales que acumula. Falta un cuarto de hora para que el PP trate de vincular la figura de Espadas a la de Podemos o Ganemos. Zoido venderá que Sevilla sólo tiene dos salidas: o ser Grecia, o ser Roma. O un conjunto de fuerzas de convivencia incierta, o una única fuerza sólida.

Duodécima uva. Izquierda Unida está concentrada en su particular debate: ser galgo o podenco, seguir siendo IU o mutar hacia otra fórmula de nuevo cuño. El partido cierra el año con dos plenos consecutivos en los que la estampa de su bancada ha sido desoladora: la concejal Josefa Medrano asumiendo en soledad las mociones por la dimisión del segundo portavoz en lo que va de mandato. Con el paso del tiempo, a Zoido le salió bien su estrategia de erosionar directamente al partido que hacía las veces de muleta del PSOE en el poder. Su reto actual es demostrar que ha conseguido ese voto de la inercia por el cual en Sevilla se perpetúan en el sillón algunos decanos de colegios profesionales, algunos presidentes de colectivos profesionales y hasta algunos hermanos mayores. Si aquel voto prestado de 2011 evoluciona a un voto de inercia, la marca Zoido gozará de buena salud.

Cuando falla el oráculo del ‘palomar’

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2013 a las 20:05


El 26 de mayo de 2011 era jueves en el calendario. Y un desangelado Juan Espadas, que venía de registrar los peores resultados de un partido que ganaba en Sevilla poniendo a una cabra de cabeza de lista (el impagable Guerra dixit), mordió la esclavina de su capote hecho jirones por las cornadas del PP de Zoido, salió al ruedo y proclamó sobre sus concejales: “La candidatura está absolutamente comprometida con el proyecto, ya sea en el gobierno y en la oposición. Me lo han ratificado todos los miembros. Aquí no hay huidas ni proyectos personales, sino un equipo político”. Espadas se revistió así de pitonisa con un oráculo que pretendía acallar los rumores de decenas de militantes doblemente descontentos esos días, tanto por una lista electoral que excluyó a los secretarios generales de las once agrupaciones como por el posterior batacazo electoral. Nueves meses después se marchó Eugenio Suárez Palomares, número tres de la lista, magistrado y abogado que no necesitaba de la política ni para vivir ni para tener coche con chófer, harto quizás de un grupo municipal mortecino, con concejales con los pies pesados como el ejército de Napoleón en la nieve rusa y con un portavoz obligado a estar ausente dos días a la semana por su responsabilidad como senador. Ahora se marcha la número dos, Mercedes de Pablos, símbolo de la elogiada apuesta por los independientes que hizo Juan Espadas. Hagan las cuentas: no están ya ni la dos, ni la tres. Dos dimisiones previsibles una vez que en las elecciones municipales no sólo perdió el PSOE un ayuntamiento más, sino el mayor bastión del poder municipal en el sur de España. Los concejales de la oposición socialista abandonan el palomar como en su día se fueron los del PP en 1999 cuando Rojas-Marcos entregó la Alcaldía a Monteseirín en un despacho de la calle Castelar. Nada nuevo bajo el sol. La oposición quema, el sueldo es de 30.000 euros (frente a los 50.000 del gobierno) y los codazos internos por arañar titulares en la prensa y copar los buenos temas están a la orden del día. El que se lo puede permitir ni siquiera cobra del Ayuntamiento, sino de su trabajo particular para no perder poder adquisitivo, y en cuanto puede coge carretera y manta. Ya ni siquiera hay dietas por la asistencia a los consejos de administración, que contribuían a pequeñas alegrías en una nómina paupérrima, y los periodistas están más pendientes de las acciones de gobierno que de lo que se cuece en la oposición. El oráculo falló. A Espadas ya se le han ido dos concejales, como también se le han ido dos asesores. Habrá que tirarse al campo y recuperar a la cabra.

Suárez Palomares, con chófer propio y pancarta propia

Carlos Navarro Antolín | 8 de febrero de 2012 a las 6:00

Suárez Palomares tiene un despacho de abogados con doce profesionales a su cargo. Un chófer propio lo ha estado llevando en un vehículo negro de gran cilindrada hasta la Plaza Nueva cada día que ha acudido al palomar, donde era evidente que no estaba su reino, sino un grupo municipal poco cohesionado, melancólico y que demasiada tarea tiene ya con enterarse de qué trata la película de este Ayuntamiento y asistir al mismo tiempo a la caída libre del partido. Palomares llegó para gobernar. Como estrella de un equipo que Espadas confeccionó sin contar con los secretarios de las once agrupaciones socialistas. Todos alabaron la decisión de prescindir de las cuotas orgánicas y preferir a un ramillete de ciudadanos cualificados. Palomares ha sido a Espadas lo que aquel Manuel Pizarro a Rajoy en 2008. Como Zoido arrolló en las urnas, Palomares se quedó a tiempo parcial en el Ayuntamiento dando pie a las apuestas sobre el tiempo que aguantaría cuando hay poco pan, muchas bocas y tela de codazos por los escasos metros cuadrados de despachos. Espadas estaba ayer en el Senado. Lo despidió públicamente por Twitter. La concejal Mercedes de Pablos dijo que la dimisión se debe a una incompatibilidad entre su labor como concejal y su actividad privada. Pero se sabe que el despacho de Palomares rueda solo. El gobierno del PP cantó las virtudes políticas de este jurista con tal generosidad de epítetos que parecía una exaltación de la ojana. Y el caso es que Palomares quiso remachar motu proprio que hace un mes que se posicionó junto a Rubalcaba. Espadas, por cierto, se hizo una foto el jueves tras una pancarta: Sevilla con Chacón. ¿Casualidad o causalidad? Los independientes sirven para el gobierno, nunca para la oposición. Palomares se pudo ir antes. Pero lo hizo ayer. Su pancarta era otra: Palomares con Rubalcaba. Y el chófer lo recogió y se lo llevó de la Plaza Nueva. En ella se quedó Espadas. Y la ojana del gobierno.