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Más vía crucis, por favor

Carlos Navarro Antolín | 16 de febrero de 2016 a las 18:13

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Pongan una Exposición Universal en el horizonte y verán cómo engorda el cochino de los presupuestos del Estado para la ciudad, por mucho que después las provincias hermanas nos recuerden al oído aquello que fuimos y que no volveremos a ser, que Sevilla sigue pagando aquellos fastos en las cuentas que se hacen en Madrid y en las de San Telmo. Pongamos una ley antitabaco en la ciudad del buen tiempo, sin invierno y sin gripe, que se multiplicarán los veladores como adosados del Aljarafe en tiempos de constructores sentados en las barreras de los toros antes de sentarse en el banquillo de los mangantes. Tanto nos hartamos de rendir culto al PGOU como la Biblia del urbanismo que las mesas y sillas han acabado multiplicándose como panes y peces. Pongamos alcaldes buscadores de consenso en vez de cumplidores de la ordenanza, que las normativas no se aplicarán por aquello de no crear agravios, por el complejo de no parecer autoritarios, por el culto a la equidistancia en todas las situaciones por mucho que haya incumplidores flagrantes y perjudicados evidentes. Pongamos vía crucis, muchos vía crucis, y se producirá el milagro de contemplar una calle desnuda, aseada, limpia, libre de las ataduras de camiones de carga y descarga, de eso que tan feamente se llama mobiliario de la hostelería. Estaba Juan Espadas frotando la lámpara a ver si sale el mago Cabrera y le ofrece tres deseos para pedirle que acabe con el tsunami de veladores, cuando llegó el vía crucis general de las hermandades y la Policía Local dejó Mateos Gago como usted siempre la había soñado. Esto es lo que Monteseirín, en el cursi lenguaje de los políticos, de todos y todas, hubiera llamado la Mateos Gago de las personas, la calle ganada para el peatón, el espacio habitable y otras gaitas verbales en el código de los que llaman soluciones habitacionales a los pisos pequeños, y batería de medidas implementables para la mejora de la regulación de la movilidad rodada al intento por conseguir que los semáforos funcionen como tienen que funcionar. Llega el vía crucis y en Mateos Gago sólo queda Alvarito Peregil pidiendo que no se corra por los pasillos de una taberna que es tan pequeña que el tonto de la política llamaría solución hostelera en vez de bar; sólo queda el egipcio que no hace mucho tiempo traía por la calle de la Amargura (dos pasos) a los vecinos, y sólo se ve el humo sacro que despide la Fresquita. Los días de vía crucis no hay más obstáculo en Mateos Gago que la zanahoria rallada que echan de guarnición en las tapas que ahora se llaman platos (¡Fuego!).

Tanto reunir la Mesa de la Movilidad para buscar soluciones y hacer el paripé del diálogo y la búsqueda del consenso cuando resulta que la solución la teníamos en casa: un vía crucis. Basta con un vía crucis de los de media entrada de público para que la calle se vea tan libre de obstáculos que parezcan los tiempos en que el arzobispo salía en carroza y no había más que la mitad de las cofradías que hay hoy. Por eso, cuantas más cofradías, mejor. Y hay que legalizar las cofradías piratas con urgencia. Que se ponga el señor vicario a trabajar, que hace tiempo que no lo vemos con eso de que está tapado por si lo hacen obispo auxiliar. Todas las hermandades a sacar vía crucis por el centro todo el año, incluidas las de la provincia. Saquemos tantos vía crucis que nos tomen por locos. Pongamos vía crucis, muchos vía crucis, para que Mateos Gago se parezca a una calle y no a las Urgencias del Macarena en hora punta.
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La confesión del edil arrepentido

Carlos Navarro Antolín | 15 de febrero de 2016 a las 12:24

Entrevista con el delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabre
Un alcalde que promete ser conocido por su capacidad para generar empleo nunca será desmentido por el secretario municipal. Cuanto más generales, imprecisas y vagas son las promesas, menor es la posibilidad de que un informe jurídico las eche por tierra, porque nadie somete vaguedades e imposibles metafísicos a la consideración de un fedatario. Los dictámenese se emiten sobre hechos concretos, contratos por escritos o consultas específicas. El debate sobre las naderías y los esloganes será político con su correspondiente eco periodístico, pero nunca jurídico. Zoido no podía ser jamás el alcalde del empleo sencillamente porque no tenía competencias directas para generar puestos de trabajo. Carecía de los instrumentos indispensables, más allá de la posibilidad de firmar algunos convenios de promoción para jóvenes, talleres subvencionados conjuntamente con la Junta de Andalucía y poco más.

Primera lección de campaña. La realidad no puede dar al traste con un buen titular político. Y Zoido no permitió que su titular se estropeara. Movió la bolita con habilidad de trilero al colocarla en el cubilete del empleo. Llegó a alcalde y resultó que la bolita, ay, estaba en el cubilete de la herencia recibida, la crisis económica y la derrota de Javié en las autonómicas tras dejar vacía la silla del debate, por lo que el alcalde sevillano quedó condenado a no tener amigos en la Junta. ¡Malditos rojos que se quedan a vivir en San Telmo! Zoido, como buen jurista, se agarró a la cláusula rebus sic stantibus para justificar que no podría ser el prometido alcalde del empleo porque las circunstancias habían cambiado sustancialmente. A los ciudadanos se les quedó la cara del que se mete a hacer obras en su casa y sufre un vía crucis cada vez que el jefe de los albañiles le saca el capítulo de los temidos adicionales porque el techo del baño está anegado y hay una viga justo por donde se quería ampliar el salón.

Espadas cargó en la campaña contra la zona azul, sabedor del fregado gratuito en el que se había metido Juan Bueno, la cara amable del PPsevillano que fue delegado de Seguridad y Movilidad, pero que en cuestiones de Policía se movió bien poco, temeroso de recibir la picadura de la bicha del sindicato policial. El socialista prometió de forma machacona reducir las plazas de aparcamiento de pago, apretando la puya contra la derecha recaudatoria y reglamentista que había concebido un modelo de zona azul para ponerse las botas (y trotar por la verde pradera de Pineda). El candidato Espadas adquirió su compromiso por escrito, de tal forma que la medida 336 del programa electoral dice lo siguiente:“Suspenderemos la ampliación de la zona aprobada en el mandato 2011-2015 hasta la formulación de nuevos estudios de movilidad que determinen dónde se instalarán zonas de estacionamiento regulado en superficie y de qué forma, para resolver problemas de estacionamiento y nunca con un fin exclusivamente recaudatorio. En todo caso se promoverán los títulos específicos para trabajadores, comerciantes y estudiantes de la Universidad”. Pero el dictamen del secretario del Ayuntamiento, que ha analizado el contrato de adjudiación del negocio, impide seguir con la supresión de plazas porque el cupo del 10% previsto para esta posibilidad ya está agotado. El alcalde queda atado de manos no por la temida izquierda radical, sino por el blindaje que el gobierno de Zoido concedió a Aussa y que, al parecer, los socialistas han ignorado hasta hace cinco minutos, pese a llevar ocho meses en el gobierno de la ciudad.

Esta semana se celebró la denominada Mesa de la Movilidad. La afición de los políticos de todos los colores por la carpintería es notoria. Para cada problema se constituye una mesa. La Mesa de la Movilidad, la Mesa de la Movida, la Mesa del Empleo, la Mesa de la Igualdad… Cuando en Sevilla sería mucho más preciso hablar de veladores que de mesas. Pues se reunió a puerta cerrada el Velador de la Movilidad con el concejal Juan Carlos Cabrera al frente. Yallí, en la Logia del Ayuntamiento, estaban los representantes de los grupos políticos, asociaciones vecinales, sindicales, etcétera. Y Cabrera tuvo que hacer de Rey emérito tras ser pillado de cacería, una suerte de “no volverá a pasar”. El concejal, sin prensa por delante, entonó el mea culpa: “Yo no conocía el contrato de la zona azul”. Contó que lo pidió estando en la oposición, pero no se lo dieron. Una lider vecinal le reprochó no haber sido más prudente en las promesas, ingenua ella que ignora que la política de hoy es tan pastueña como condicionada por el márketing. Pillado con el elefante recién abatido, Cabrera no puso resistencia, que para eso estamos en días de conversión:“Uno tiene que asumir los errores. No teníamos el contrato. Lo digo abiertamente. Sí, fue un error no prever que el contrato estaba blindado”. Cabrera incluso precisó que el blindaje era tan “incongruente” que ni siquiera había margen en el hipotético caso de que se quisieran tomar medidas para beneficiar a la empresa adjudicataria de la gestión y explotación: Aussa.

Un par de representantes de plataformas invitadas afearon el primer gran incumplimiento de Espadas: la imposibilidad de reducir la zona azul. Una interviniente se dirigó al concejal con cierta acritud:“Me temía lo que has dicho, me temía que todo al final quedara en nada. El programa electoral decía una cosa y ahora… No creo que sea cierto al cien por cien que no se tuviese acceso al contrato, porque algunos sí tuvimos acceso por otros medios”. Cabrera interrumpió con firmeza: “Yo no tuve acceso”. La representante de la plataforma continuó:“Ha sido una irresponsabilidad por parte del PSOE que se hiciera esa promesa. Se afirmó tajantemente una cosa que no se podía cumplir, porque estaba claro que este contrato iba a estar blindado. Pasado este capítulo, tiene que haber una decisión política valiente, al menos con la misma valentía con la que se hizo la promesa. Yhay que llevar ese contrato al juzgado aunque nos pasemos años de tribunales”. Otro representante recordó que Espadas había seguido prometiendo la reducción de la zona azul aun llevando ya varios meses al frente del gobierno.

Cabrera tuvo que echar mano del capote. Dijo que el deseo de Juan Espadas no era ni es del derogar la zona azul, sino tomar medidas de forma consensuada: “Nosotros apostamos por la zona azul en sitios de determinada concurrencia porque haya comercios o sedes administrativas, pero haciéndolo por medio del diálogo, la prueba es la existencia de esta Mesa de la Movilidad”. Volvió a justificar el primer gran incumplimiento del gobierno:“Doctores tiene la Iglesia y nuestro doctor es el secretario”. Entonces tasó el coste de romper el contrato: seis millones de euros. Y volvió a apoyarse en la piedra llorosa, cual García de Vinuesa, del tráfico hispalense:“Lamento estos cambios. Pero hay que tomar decisiones bajo criterios de responsabilidad, aunque no nos guste”. Cabrera se pareció a Rajoy en su primer año de gobierno, pero sin plasma y con el toro tobillero de la Madrugada esperando en el chiquero.

Zoido se libró del dictamen en contra por perderse en generalidades. Espadas se pega el primer patinazo con firma del secretario, al que el PP ponía verde en privado. Está claro que el éxito es del fedatario municipal, Luis Enrique Flores, al que todos los políticos siempre ven como del contrario. El único que no acaba negro con la zona azul es Juan Bueno. Escrito está: sed temerosos de Dios… Ydel sindicato de la Policía Local. Ángel y demonios. Tiempo de cuaresma. Cabrera, arrepiéntete, que son seis millones y no merece la pena.

El doble tumor de la Catedral

Carlos Navarro Antolín | 2 de mayo de 2015 a las 5:00

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Real Madrid
Maltratada por dentro y por fuera. Tiene el interior aquejado por el colesterol de las vallas. La gente se molesta con los cazafirmas que pueblan las calles y que obligan a ir dando nones. En la Catedral es peor. En la Catedral hay que dar explicaciones. Hay que ir convenciendo a las azafatas de la clausura –que son esas trabajadoras de abrigo largo tipo Doctor Chivago en los fríos de enero– para que descorran la cinta y te permitan el paso porque uno va a misa, uno va a unas bodas de plata en la Capilla Real, o uno quiere simplemente verle la cara a La Cieguecita, ¿pasa algo? Entrar en la Catedral tiene mucho de videojuego con fases en las que hay que superar distintos obstáculos. Cualquier templo de Sevilla resulta mucho más cómodo que una Catedral tan conservada con primor, como consagrada al turismo de pago con obsesión, con agentes de seguridad que responden al prototipo del cancerbero, aquel perro mitológico de tres cabezas que guardaba las puertas del… infierno. Alguno he visto que experimenta un verdadero placer en el rostro cuando no deja pasar a unos fieles. Se tienen bien aprendido el espíritu de la compañía: el turista paga, el fiel no.

La pobre Catedral tiene ese tumor interno de vallas que hace metástasis con el estilo agreste que incomoda al fiel que no pasa por taquilla. Ytiene un tumor externo que ataca su estética de Mercadante. Cerraron al tráfico la Avenida con la coartada de preservar su fachada principal de la contaminación. La piedra se ennegrecía por efecto de los escapes de los autobuses de Tussam. Por la Avenida ya no pasan los autobuses, pero hay que ver la cantidad de cosas que pasan que no son peatones. La piedra ya no se ennegrece. Ahora es la Avenida la que cada mañana aparece más afeada y se ha sumado al cinturón de mal gusto que rodea el monumento más importante de la ciudad. Un cinturón que aún puede seguir ahogando más la belleza gótica de un edificio aún más bello cuando llueve. Frente a la Puerta de San Miguel chirrían cada noche –horror de los horrores– las terribles luces azules del comercio chino de complementos para el móvil. Y muy cerca, una heladería con estruendo interior de luces verdes que parece una tortuga. Nuevos negocios, nuevas agresiones. Mateos Gago es la Benidorm de Sevilla, ciudad de veladores. Placentines huele a pizzas y comida marroquí. Y la Avenida es una cochambre a cuyo lado hasta las urgencias del Macarena son un ejemplo de orden.

Ni las comisiones provinciales de patrimonio, ni las locales. Ni los delegados de Urbanismo, ni los planes especiales, ni nada por el estilo. Tienen la misma utilidad que el regalo de recuerdo que los novios dan a sus invitados. Como dijo Arenas tras cinco intentos para ser presidente de la Junta: “Tó pa ná, tó pa ná”. El chino le da al botón cada noche y aquello es el alumbrado de la portada del Nacimiento. Ni un club de alterne de carretera llama tanto la atención. Y se quejaban de los autobuses de Tussam. Tan bellos ellos, con ese color cítrico de fruta del Patio de los Naranjos. Lo dicho: tó pa ná.
Real Madrid