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Zoido prepara la lista del ‘alumbrao’

Carlos Navarro Antolín | 8 de abril de 2015 a las 12:30

Juan Ignacio Zoido informa sobre el Plan de Pago a Proveedores.
LA noche del alumbrao. Lunes 20 de abril. Es el tope que tiene Juan Ignacio Zoido para presentar la lista con la que pretenderá revalidar la Alcaldía. El alcalde ya tiene en mente el equipo. Sólo le queda cumplir con el trámite de poner la composición en conocimiento del aparato provincial y regional. Cuanto más tarde, menos opción habrá de cambios, sobre todo si se tiene en cuenta que el batacazo del PPregional obliga a las estructuras provinciales a buscar asideros en los ayuntamientos para tantos caídos en la enésima decepción autonómica del centro-derecha andaluz. Respecto a los 20 concejales logrados en 2011, se dan por seguro cinco bajas: Juan Bueno, que ha pasado al Parlamento, y los concejales Javier Landa, Evelia Rincón, José Luis García y Juan García Camacho, para los que habrá destinos de gestión en caso de que se repita en el gobierno.

El PP baraja como puestos de salida hasta el número 16, cifra en la que queda fijada la mayoría absoluta tras quedar la Corporación reducida de 33 a 31 concejales por efecto de la bajada de los 700.000 habitantes en el padrón.

Alguna quiniela realizada en el seno del grupo municipal apunta a un fichaje masculino entre los cinco primeros puestos, pero hay que recordar que a Zoido no le ha ido bien con la incorporación estelar del catedrático Landa como número dos hace cuatro años. La lista será muy de la casa, sobre todo para no desanimar a una militancia que Zoido necesitará a pleno rendimiento en la campaña electoral, ya que se tiene claro que el riesgo de perder la Alcaldía de Sevilla existe en las encuestas y se percibe en ciertos ambientes, pese a que el alcalde se haya dado baños de popularidad esta Semana Santa. Los independientes no sólo no captan votos, sino que pueden provocar la desidia de quienes llevan años en el tajo.

Con Zoido liderando la candidatura, se da por hecho que Asunción Fley, la edil de Hacienda que ha saneado las cuentas, será la número dos. La clave está en conocer quién será la otra mujer que debe figurar entre los cinco primeros puestos. Dentro del grupo se tiene claro que ese puesto es para María del Mar Sánchez Estrella, delegada de Cultura, que fue la número 3 en 2011 y con la que el alcalde tiene amistad personal. Pero no falta quien apunta a que el verdadero deseo de Zoido sería ofrecer ese lugar preferente a María Dolores de Pablo-Blanco. El alcalde está muy satisfecho con su gestión al frente de los asuntos sociales. Y Sánchez Estrella le ha generado algún que otro quebradero de cabeza en Cultura, sobre todo porque la delegada ha cometido demasiadas veces el error de evidenciar sus desencuentros con Benito Navarrete, el asesor estrella de Zoido en materia cultural que ha proporcionado al alcalde los principales éxitos con exposiciones e iniciativas de altura. Ocurre que es probable que Zoido, experto en tratar de quedar bien con todo el mundo, no se atreva a hacer un feo a Sánchez Estrella. No se olvide que Zoido tiene fobia por los cambios y ninguna afición a las crisis de gobierno. Uno de los períodos litúrgicos de la política que más le aterra es el de la confección de las listas.

Además de Asunción Fley, entre los favoritos para esta nueva etapa están Gregorio Serrano, que tendría opciones de mejorar el puesto número diez de 2011, y Curro Pérez, que ha estado orillado en el distrito Triana y en la difusa portavocía del gobierno, cuando se esperaba que ocupara la parcela de Urbanismo. Pérez es clave para Zoido en tiempos de zozobra electoral, dado su elevado perfil político. Si Zoido revalida la Alcaldía, se da por hecho que volará más alto en el nuevo gobierno. De hecho, para su sustitución al frente del distrito Triana se baraja muy seriamente la incorporación a la lista de Manuel Alés, actual director del distrito y profundo conocedor del arrabal.

Otro que debe mejorar posición es Rafael Belmonte, que fue en el puesto 21, al que se encomendó la papeleta de poner orden en Bellavista tras el resultado fallido de Pía Halcón como delegada de distrito, que tuvo que ser trasladada a Nervión, un distrito más cómodo para ella por ser más afín al PP. Halcón goza de muy buena relación personal con el alcalde.

Se da por supuesto que entre los cinco primeros repetirá Maximiliano Vílchez. Y en puestos de salida irán Beltrán Pérez, Ignacio Flores y Jaime Ruiz. El orden será más clave que nunca, sobre todo si no se gobierna. En tal caso habrá desbandada segura, sobre todo porque muchos concejales no tendrán sueldo por aplicación de la ley de reforma local impulsada por Rajoy. Si se repite, el poder es la pomada que alivia cualquier escozor.
Hogar Virgen de los Reyes. Zoido y Dolores De Pablo-Blanco asisten a la entrega de premios del Día del Mayor.

Sevillanos con las mañanas libres

Carlos Navarro Antolín | 27 de enero de 2015 a las 18:42

Iglesia de la Anunciación Presentación de la restauración del Nazareno de la Hermandad del Valle
En Sevilla hace muchísimo tiempo que se aplican fórmulas de conciliación de la vida laboral y personal, medidas de flexibilización del horario de trabajo sin necesidad de reivindicaciones sindicales ni de mesas de diálogo social. No hay más que ver cómo se llena un acto a media mañana para comprobar la cantidad de gente que se puede escapar de su trabajo, o la cantidad de gente que directamente no tiene currelo. Se vio la semana pasada. La Junta de Andalucía convocó a los medios para presentar la restauración del Nazareno de la Hermandad del Valle. Estaban llenos, poblados, los bancos de asistentes deseando hacer sus propias fotos. ¿De dónde sale tanta gente a las once de la mañana de un miércoles? ¿No hay clientes que atender, informes que realizar o portes que cumplir? Entre los escapados y los parados, había más gente que funcionarios y asesores de la Diputación en desayunos interminables en la Puerta de la Carne, que ya es decir gente. La gente concilia que da gusto, de forma espontánea, dando rienda al tópico de lo naturales que somos en el sur. “Ahora vengo que voy a un mandao”. Y lo mismo se van al funeral de la Duquesa de Alba, a la salida de la carreta de Triana que a la iglesia de la Anunciación a ver a don Luciano Alonso junto al Nazareno con la Cruz al Hombro, que don Luciano lo mismo restaura Cristos que reclama su parte en la Mezquita-Catedral de Córdoba, ora con Dios, ora con el Cabildo cordobés. ¿Cuánto dura un mandao en Sevilla? ¿Como se calcula la duración de una escapadita? Pues con el mismo criterio que se calcula la cantidad de una tapa o de una media ración. Cuestiones de echarle una proporción, que dijo aquel. Los puestos de trabajo se quedan en plan sede vacante, a la espera del retorno de Domínguez, Antúnez o Fernández. Como dijo el filósofo al término del funeral de las once: “Ea, pues ya hemos echado la mañana. O nos tomamos algo o me voy a mi casa, porque ya no voy a volver al despacho”. Así, con la mayor soltura.

Las tardes libres han dado paso a las mañanas flexibles, última modalidad de la turboconciliación. Está el mangón de horas de trabajo para fotografiar Cristos como está el mangón de desayunos profesionales. La crisis convirtió las comidas en desayunos y evolucionó la especie, que para eso es inteligente: los desayunos profesionales se llenaron de profesionales del desayuno con una característica clave, que son tíos que pueden llegar a su trabajo a media mañana, al igual que el mangón de horas se puede dar el piro a media mañana sin ningún problema. Luego hay otra modalidad, que es el desocupado de las tardes, venga a libar ginebra en las puertas de los bares. ¿No tienen nada que hacer tantas criaturas ociosas un martes por la tarde? Cuando alguien le diga en Sevilla que no tiene tiempo para nada, ya sabe que está dándole ojana. La gente saca tiempo para lo que quiere: la clave es que haya un Cristo que fotografiar o un cruasán que llevarse al vientre. Al final, tiene guasa, don Luciano es el que de verdad estaba trabajando. “¿Ha vuelto ya Antúnez de sus recados? Hace hora y media que se marchó…”

Botellines de luto en San Jacinto

Carlos Navarro Antolín | 10 de febrero de 2014 a las 19:39

Foto de La Sureña en calle San Jacinto que ha echado el cierre. Puede que no tenga ya ni rótulos. Es el local que está junto a la confitería Filella.
El low cost es un recurso y una forma de novelería al fin. El low cost tiene sus precursores como tiene quienes han ido soplando su burbuja hasta romperla. Un día se puso de moda entre los aspirantes a señoritos lucir las chaquetas con los botones dorados, bien dorados, pero con algún agujero en el codo, así como quien no quería la cosa, en plan huy alguien me habrá tirado la ceniza en lo alto y se me ha quedado un agujerito la mar de chic. Estaba bien vista una suerte de desaliño en quienes eran tenidos como potentados en el banco. Ese descuido vestía tanto o más que las iniciales en las camisas, que se han visto en el pecho y se han visto en los puños. Aquellas chaquetas con brillo en las hombreras y en las mangas de tanto usarlas se siguen apreciando hoy en los miembros de algunas instituciones de rancio abolengo, donde no se ve bien llevar el terno en perfecto estado de revista, sino ejercer una especie de ostentación de la austeridad, que existir existe como existe el folklore de ruán en la Semana Santa. Asiste uno a un entierro a la Santa Caridad y corre el riesgo de marcharse por la calle Temprado con un ojo saltado por algunos de esos botones de americanas que se agarran como pueden al ojal por el efecto de vientres emergentes. Es sorprendente cómo luce esa estrechez de americana en quien mantiene el terno de varias temporadas aun teniendo posibles para las nuevas medidas, una estrechez auténtica, sacada de manual, y no esa estrechez de diseño de las prendas de Álvaro Moreno, que se empeña en ponernos a todos entallados como si fuéramos Beltrán Pérez en un Pleno del Ayuntamiento, como rehileteros a punto de salir al encuentro del burel. Parece que alguien toca el cornetín y ordena que hay que ir apretados en tiempos de apreturas, como hay que escribir con ampulosidad en tiempos de cuaresma. Y en los bares, también las apreturas, para que todo vaya en perfecta armonía. Sevilla se ha trufado de establecimientos low cost y del estilo del low cost. Las firmas hosterelas de toda la vida sacan ofertas para comer a mesa y mantel por 24 euros, como ha hecho Enrique Becerra este último fin de semana de galernas, rebautizadas como ciclogénesis explosivas. Pero todo se acaba, como se acaban hasta los Plenos del Ayuntamiento aunque parezcan una tortura interminable. Y ya ha caído la primera Sureña, ya ha estallado el primer símbolo de esa burbuja hostelera en la que cualquiera podía montar un bar, con lo peor del estilo de las hamburgueserías, atendiendo al cliente delante de un teclado y cobrando por adelantado, como si de la carrera oficial de Semana Santa se tratara, y muy poco bueno aprendido de los que saben de verdad el noble oficio de la hostelería. La Sureña de la calle San Jacinto no ha durado ni un semestre de IBI, dicen que porque la clientela de Triana ha rechazado la principal característica de este tipo de negocio: el despersonalizado cubo de botellines. A lo mejor no han gustado en el arrabal esos uniformes de gondoleros con tirantes… El caso es que abrió en agosto y ha caído en la primera subida del puerto de montaña de un enero de estrecheces. También dicen que la estrategia consiste en echar el cerrojazo a las primeras de cambio si no se cumplen las expectativas. El low cost de diseño pincha en Triana, donde en cambio se llenan los bares de toda la vida, algunos no precisamente baratos. Quien le dio un año de vida a la burbuja hostelera comienza a entonar el yo ya lo avisé, que es el himno de los enteraos. La Sureña de San Jacinto se acabó como se acabó Ecovol. Unos vienen y otros van, los pajaritos fritos de Ruperto siempre están. En Sevilla sólo triunfan los pájaros.

A Anselma la buscan en el BOP

Carlos Navarro Antolín | 14 de enero de 2014 a las 13:10

anselma
Hubo un alcalde socialista de Sevilla al que no le podían notificar los tributos municipales impagados y mandaron localizarle a través de las páginas del Boletín Oficial de la Provincia. Por ahí nos enteramos de que su nombre de pila era compuesto: Alfredo Luis. Hubo también un secretario general del PP al que no lo localizaban para reclamarle los sellos impagados de una antigua moto y hubo que localizarle a través del BOP. Por ahí nos enteramos de que Javié había sido un chico con moto en sus tiempos de político prometedor. La lectura del BOP es altamente recomendable en una ciudad como Sevilla que lleva a gala lo de la presencia o ausencia según conveniencia. Es tremenda la de gente que hay en Sevilla a la que no es posible hacerle llegar una mera notificación. Gente que está todo el día de viaje, como todo el día reunido. Gente que que sólo acude a su casa a pernoctar, gente ocupadísima, gente ilocalizable hasta por el teléfono móvil. Gente que maneja con toda soltura el código que dicta cuál es la llamada a la que hay que responder, cuál es el recibí que no hay que firmar y a quien no se debe abrir la puerta bajo ningún concepto. Gente como el que aparcaba el coche en lo alto de la acera y respondió con desahogo a la advertencia del amigo: “Ya la grúa lo recoge y me lo aparca”. Pues esto igual, ya el BOP me avisará. Mucho más glamour que estar imputado es ya estar requerido en el BOP, donde hay media Avenida de la Palmera debiendo el IBI, lo cual se entiende por lo carísimo que tiene ser la contribución urbana en la Palmera, oiga. Gente desahogada como el famoso egipcio de la calle Mateos Gago que negó el otro día la entrada de los inspectores de Urbanismo para revisar las obras de la finca colindante. Ahora sabemos por el BOP, esa fuente de información tan indiscreta como aquellas célebres porteras de Alfonso Guerra, que el Ayuntamiento no localiza a Anselma para notificarle la orden de clausura de su conocido establecimiento de la calle Pagés del Corro, número 49 (ver página 17 del BOP de 9 de enero de 2014). Pues claro, si no lo localizaban en su día ni a Alfredo Luis ni a Javié, a pesar de que estaban todos los días en los periódicos y en las televisiones, ¿a cuento de qué iba a trincar ahora la todopoderosa maquinaria municipal a la mismísima Anselma para darle carta en mano, multazo de mil euros y cerrojazo en la puerta? ¿Acaso Anselma es menos importante que aquellos dos barandas? Pues ahora le cierran el bar por carecer de licencia para tener actuaciones. Dicen que todo viene a cuento de un cruce de denuncias por competencia desleal entre bares y tablaos. A Zoido no le se le pone flamenca ni Anselma. A ver dónde metemos ahora a tanto guiri de autobús deseando consumir Triana por un tubo. A ver a dónde llevamos a los ministros para el ‘typical’ Sevilla. Porque en el BOP ya hay demasiada gente. ¿En Anselma ponían melva?
Fotos de Casa Anselma, cerrado por orden del Ayto. c/ Pagés del Corro, 49.

Trilogía de novelería sevillana

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2013 a las 5:00

BARES EN EL MERCADO DE TRIANA
En Sevilla nos da por una cantinela y no paramos hasta que nos aburrimos de la música y tiramos la corneta por el retrete, vocablo en desuso donde los haya. Cuanto mayor es la crisis, mayor es la afición por los productos gourmet. Cuanto más intensa era la decadencia del Imperio, más altas las estatuas de los romanos. Será por eso que Sevilla tiene mucha Roma dentro. En el mercado de Triana hay ya tal oferta de productos gourmet, con gintonería incluida, que no ha hecho ninguna falta que se abra el mercado pijo de la Lonja del Barranco, del que Zoido espera un canon anual de 230.000 euros del ala, que no es lo mismo el ala que la chistera cuando se habla de tocados. Puesto a puesto, Triana tiene ya su mercado gourmet con todos sus avíos, que parece aquello el de San Miguel de Madrid en el que inspiró Monteseirín en uno de sus viajes a la capital. La espera para coger mesa un sábado a mediodía en el mercado del arrabal es de órdago. Triana ha inventado el gourmet popular, sin cánones que apoquinar, sin pliegos de condiciones, sin maniobras forzadas para cambiar los usos urbanísticos de la parcela, sin pronunciamiento de la Comisión Provincial de Patrimonio.
El mercado gourmet de Triana ha nacido y nadie sabe cómo ha sido. O sí. Ha sido espontáneamente, como espontáneamente monta la gente su carrera oficial con las sillas de los chinos en Semana Santa en Tetuán, en Velázquez y en la Plaza Nueva. Pues igual. Y venga a comer el personal raciones de sushi y ostras a la vera del Pasmo. La novelería es la mano negra de Adam Smith que mueve las modas en Sevilla, está claro. A los productos del gourmet le han seguido las alfombritas de césped artificial en las entradas de bares y restaurantes. No hay establecimiento que se precie que no tenga sus veladores (inclinación reverencial de cabeza) sobre un entarimado verde como si de un campo de golf se tratara, ya sea en comercios del Hotel Inglaterra, en Muñoz y Pabón, en Candilejo, en Adriano, en Álvarez Quintero… La marea verde de las alfombritas se expande a la velocidad a la que un día lo hicieron los adosados del Aljarafe, en silencio, como mancha de aceite virgen extra, sin ruido. En la ciudad de las sequías y los canales almohades para transportar el agua, colocamos lonas y más lonas de césped artificial encima de los adoquines, del granito y de las losas de Tarifa, como si Sevilla fuera una ciudad de lluvia norteña, de verdes cántabros con paisajes de vacas tudancas y sabor a anchoas de Santoña. Un verde que enseguida se llena de porquería, colillas y otras suciedades, pero que cumple el objetivo de dar lustre al local si se mira de lejos. Será por aquello de que a ciertas alturas las pisadas de bueyes parecen molduras. Mantengamos la esperanza de que un día florezcan los árboles para dar sombra de verdad en la Avenida y en la calle San Fernando.
Y la tercera moda son las tiendas que venden cigarrillos de vapor para dejar el fumeque. Las tienen ya en las calles Velázquez, donde estaba el originario Palacio del Fumador, sublime contradicción o ironía del destino; en Alcaicería y en Puente y Pekín, perdón Puente y Pellón queríamos decir. En los años ochenta florecían las boutiques promovidas por señoras de buena sociedad, señoras de tardes en la Nova Roma del té que perdimos para hacer de aquel símbolo hostelero del barrio de Los Remedios un negocio franquiciado de botellines. Y con el siglo ya entrado lo que se abren son muchos chinos, muchos bares y muchos comercios de cigarrillos de vapor con las indemnizaciones de los despidos. Hasta hay chinos de complementos para el móvil que también ofrecen el falso cigarro para espantar la ansiedad. Lo del vapor sí que tiene tirón en Sevilla, la ciudad donde los mil y un proyectos que un día nos vendieron se evaporaron en el horizonte azulado como el globo perdido de un niño en la tarde del 5 de enero. Pero sin ilusión.
CESPED EN LA ENTREDA DE BARES

La plataforma Salvemos Triana y Despeñaperros

Carlos Navarro Antolín | 1 de octubre de 2012 a las 13:46


Pusieron la guarrería de la losa de pizarra junto a las gradas bajas de la Catedral. Se partieron las losetas, se arreglaron y se volvieron a fragmentar. Se colaba la meada de los caballos por las rajas de la piedra y lo que no son las meadas. Aparecieron, oh casualidad, losas de Tarifa en el chalé de un constructor. Y no salió ninguna plataforma Salvemos la Catedral. Y la Catedral es patrimonio de la humanidad. Colocaron las farolas-ducha y los bancos de Ikea en la Puerta Jerez. Levantaron la fuente de tanatorio en los Jardines del Cristina. Y nadie constituyó una plataforma Salvemos la Puerta de Jerez, con la de gente que pasa cada día por la Puerta de Jerez. Porque por la Puerta de Jerez pasan cuatro o cinco personas cada día por lo menos, sabe usted. Convirtieron la Parroquia de San Vicente en una sucursal de Hoteles NH, todo lo cual subvencionado por la Junta. Y nadie dijo esta boca es mía, sería porque era cosa de la Iglesia. Ojú, la Iglesia, ¡salgan corriendo que los curas nos reprimen y nos tiran de las orejas! Será que al PSOE de entonces no le interesaba enfrentarse a los curas, pues todavía no tenía encuestas en las que perdía el voto… por la izquierda. Fue desapareciendo el caserío del XVII y del XVIII del casco antiguo y emergiendo el minimalismo, los materiales que se oxidan en diez minutos y, cómo no, esos grises de cuarto de baño de parador de turismo posmoderno. Pero como eran casas privadas, nadie dijo nada. Joaquín Egea, voz en el desierto de la sociedad civil, era el único que clamaba por esa arquitectura civil sevillana a la que hicieron un catálogo que son los ojos que ven y, por tanto, el corazón que sufre. Ese catálogo hace las veces de lista de los caídos por la piqueta y por sus promotores. Florecieron los remontes, los áticos retranqueados y los aumentos de volumetría. Silencio en la Gerencia de Urbanismo, silencio de moqueta y caracola. Y silencio en la comisión de patrimonio, silencio en Castelar. Al menos en la prensa siempre han estado atentos Antonio Burgos, Carlos Colón, Paco Robles o Javier Rubio. Pero nadie constituyó una plataforma Salvemos el Casco Antiguo de la Piqueta que tuviera la suficiente fuerza como para crear una conciencia verdaderamente salvadora. Total, eran edificios de terratenientes, porque todo el que tiene un casa es un terrateniente, ¿verdad? Y ahora, oh casualidad, ahora sí nace una plataforma para combatir la instalación de un azulejo en la zapata de Triana. Bravo por la plataforma, bravo por esa sociedad civil. Pero esto tiene tufo a lo de la locomotora y Despeñaperros. Al azulejito dando y con el resto callando.

Los tontos del malecón

Carlos Navarro Antolín | 14 de septiembre de 2012 a las 9:34


Lo del azulejo de la zapata de Triana es como la música de los coches locos. Un suplicio. Lo de oír y leer las referencias al malecón de Triana recuerda a la estúpida moda de rebautizar al Salvador como iglesia colegial. La cofradía de noveleros repetía lo de la colegial con una propiedad que nos dejaba como al Guerra: pasmaos. De pronto ya no era el Salvador, dicho así de toda la vida, sino la colegial del Salvador. Y venga colegial del Salvador en las notas de prensa y en las informaciones. Como si aquí habláramos así: “Oye, ¿nos tomamos una cervecita en la bodeguita junto a la colegial del Salvador?” Pues ahora ha salido lo del malecón. Malecón para arriba, malecón para abajo. Al tonto de la colegial le ha sucedido el tonto del malecón. Malecón que suena a ron y negritos más que a pavías, barquillos y avellanas verdes. Tanto se escribe lo del malecón que en la calle ha terminado por cuajar. Ponga el oído en el Altozano cualquier mañana: “Pepe, tenemos que ir a la nueva cervería low cost que han abierto en Betis justo a la altura del malecón”. ¿A que sí? Hartito estamos de oirlo. Tururú. Cada sevillano tiene un malecón en su interior. Y yo sin saberlo. La zapata donde de toda la vida se han expedido los carnés de trianero cuando se cumplía con la escatológica tradición resulta que es el malecón. ¿No hay una plataforma de salvadores de Triana? Pues que nos salven de tanta estulticia, porque lo único claro es que esto está lleno de…malecones. ¡Han cantado bingo! Que nos salve ya esa plataforma, por favor, como ya hubo uno que salvó a España durante cuarenta años. Sálvennos y dejen ya tranquilo al concejal Curro Pérez, que me lo tienen por la calle de la amargura, calle con veladores y ciclistas desahogados, por supuesto. Malecón, malecón…el último.

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Los azulejos de la debilidad

Carlos Navarro Antolín | 20 de junio de 2012 a las 13:56

Si usted quiere hacer obras en su casa, tiene clara la mejora que busca y dispone del dinero y de la paciencia para realizarlas (tengas obras y las acabes), no tiene más que tirar para adelante. Si usted gobierna con 20 concejales más el apoyo de un delegado digital, cree necesario colocar unos azulejos en Triana con fines turísticos, tiene la convicción lo suficientemente madura como para anunciarlo en una rueda de prensa y dispone del dinero necesario, no tiene más que tirar para adelante. Pero, ay, si resulta que a la más mínima protesta da marcha atrás y apela de pronto al “consenso” y a la “necesidad de abrir un diálogo”, corre los riesgos de dar sensación de debilidad, de no tener criterio o de no haber hecho bien las cosas desde el principio, pues cabe preguntarse por qué no se abrió ese “proceso de diálogo” como paso previo. Monteseirín nunca se planteó parar la obra de las setas y abrir un proceso de diálogo cuando arreciaban las críticas por la cuestión estética y por el derroche de dinero en ese cateto cuerno de la abundancia de la Encarnación. No tuvo complejos ni antes, ni durante, ni después. Y gobernaba en coalición. Cuando se abre un proceso de diálogo, la cosa tiene toda la pinta del “creemos una comisión para no solucionar el problema y echarlo a dormir.” Política de siesta, se llama. A la mínima voz de ¡zape!, el gato del gobierno se escurre por la gatera. Por unos meros azulejos que no son precisamente feos y que, además, tienen el efecto disuasorio de las pintadas. Anda que si las setas hubieran sido al menos la mitad de estéticas que estos azulejos…