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Virginia Pérez irá de número uno por Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2018 a las 6:00

PABLO CASADO INAUGURA LA NUEVA SEDE DEL PP PROVINCIAL DE SEVILLA

Cambio de roles con importantes consecuencias porque los puestos son limitados. No caben todos. Los movimientos, los nervios y la tensión ya son patentes de cara a unas listas que serán oficiales el 24 de octubre. La presidenta del PP de Sevilla será la número por Sevilla a las elecciones al Parlamento de Andalucía del 2 de diciembre. Virginia Pérez Galindo (Sevilla, 1979) liderará una candidatura en la que se da por hecho que el PP obtendrá cuatro actas de diputados de los 18 posibles por la circunscripción. Nadie podrá negarle a Pérez el puesto a riesgo de abrir una herida de imprevisibles efectos. El PP, por lo tanto, tendrá un nuevo portavoz en la Diputación Provincial tras los comicios andaluces. Se tratará de Juan de la Rosa, secretario general del PP de Sevilla que, aunque procede del bando perdedor del congreso provincial, tiene plena sintonía con la actual presidenta.

Los cuatro diputados del PP por Sevilla en la actualidad son Juan Bueno, ex presidente provincial; Patricia del Pozo, vicepresidenta del Parlamento y destacada arenista; la arquitecto y ex concejal Alicia Martínez y el veterano Jaime Raynaud. Este último es el único de los citados que formó parte del grupo que alcanzó el control del partido a raíz del polémico congreso provincial. Raynaud es, de hecho, el director de la campaña de Beltrán Pérez para las elecciones municipales de mayo de 2019. De momento no se ha pronunciado sobre sus intenciones de futuro: si desea repetir o continuar en el Parlamento. Es uno de los diputados que mejor controla los temas urbanísticos y de reordenación del territorio. Se da también por hecho que en los puestos de salida irá Toni Martín, uno de los escasos sevillanos que prestó su apoyó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla a su llegada a la presidencia del PP andaluz. Martín ha sido senador autonómico por un breve período de tiempo hasta que tuvo que cederle su acta al gaditano Antonio Sanz tras la moción de censura que desalojó al PP del Gobierno de la Nación de forma traumática. Sanz pasó de delegado del Gobierno en Andalucía a senador en la Cámara Baja junto a su gran mentor, Javier Arenas.

Virginia Pérez procede de las Nuevas Generaciones del partido. Abogada de profesión y concejal en Gines, desde 2008 es diputada provincial. Y desde 2015 ejerce de portavoz.

Sevilla espera a Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 23 de septiembre de 2018 a las 5:00

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Pablo Casado no ha pisado Sevilla como presidente del PP. La última vez que estuvo en la capital de Andalucía fue para hacer campaña en las primarias, cuando convocó un acto en la sede regional del partido. Aquel día fue recogido en la estación de Santa Justa por la presidenta provincial, Virginia Pérez. Desde su triunfo en el congreso extraordinario, Casado ha estado en Almería, Córdoba, Málaga y Algeciras. El caso es que el casadismo en Andalucía no existe de momento. Está pendiente de fundación. Y tendrá que constituirse, necesariamente, por medio de los conversos repentinos al casadismo (antiguos partidarios de Cospedal) o de neocasadistas procedentes del sorayismo que arrasó en las primarias.

El PP andaluz apoyó masivamente a Soraya Saénz de Santamaría, con Juan Manuel Moreno Bonilla y Javier Arenas como principales referencias. Los cospedalistas se pasaron al bando de Casado tras la derrota en las primarias por una cuestión de pura supervivencia. Ironías del destino, Casado se estrenará en unas elecciones en la región donde, en el inicio de su carrera a la presidencia, no contó con partidarios de peso.

El partido en Andalucía es un manojo de nervios y tensiones desde el congreso extraordinario. Esto se explica porque casi nadie puede presumir de ser al cien por cien del lider, pero todo el mundo se ve en la tesitura (incluido un histórico como Arenas) de mover ficha para estar en las listas electorales o asegurar su futuro. De entre los escasos casadistas andaluces con algún grado de relevancia están Esperanza Oña, vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, pero relegada a un puesto de Defensora del Afiliado en el nuevo organigrama de Génova; el alcalde de Vejer de la Frontera, José Ortiz, elevado a secretario del Grupo Popular en el Senado y que es el único que parece aspirar a poner en marcha el casadismo andaluz; algunos diputados autonómicos como Teresa Ruiz-Sillero o Guillermo García Longoria, el presidente del PP de San Fernando, José Loaiza o el portavoz del PP en la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite. Para encontrar más casadistas ‘pata negra’ habría que descender ya a alcaldes de municipios menores.

Cómo será el casadismo andaluz dependerá mucho del resultado de las elecciones autonómicas, donde Ciudadanos apostará muy fuerte con Albert Rivera e Inés Arrimadas muy presentes durante toda la campaña. Los antiguos sorayistas aspiran, al menos, a que Moreno Bonilla salve los muebles con un resultado digno. Eso les bastaría para mantenerse vivos políticamente. Si el malagueño se pega un trastazo en las urnas, como sería perder la condición de segunda fuerza política, todo indica que esa misma noche tendrá que tomar una decisión en firme. De hecho, muchos de los movimientos internos en el PP andaluz trabajan ahora misma con este pronóstico. Los cospedalistas barajan la figura del ex alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, como relevo para la presidencia del partido. El ex secretario de Estado del Ministerio del Interior, que ahora mismo carece de cargo institucional, forma parte del comité ejecutivo del PP, que tiene 97 miembros.

La clave será si Nieto es integrado en la lista autonómica por Córdoba para que se garantice un puesto en el hemiciclo de las Cinco Llagas. Nieto está muy vinculado a Juan Ignacio Zoido, presidente del Comité Electoral al que Casado deja sentarse en los maitines de los lunes, pero que no forma parte del denominado Comité de Dirección. De hecho, este comité (que es el que de verdad pilota la gran nave del partido) está formado por sólo cinco miembros (el presidente, el secretario general y los tres portavoces parlamentarios), pues Casado ha dejado técnicamente fuera hasta a los vicesecretarios generales.

Los hasta ahora sorayistas tendrían que buscar un nuevo rostro si Moreno Bonilla cosecha un fracaso sonado, y es entonces cuando podría entrar en juego el perfil de Fátima Báñez, ex ministra de Empleo que ha decidido seguir en política tras la marcha de Sáenz de Santamaría, su gran mentora y amiga personal.

En este proceso de cambio obligado del PP andaluz, nunca hay que olvidar la figura de Javier Arenas. Es evidente que la renovación del partido no puede pasar por su imagen, pero también lo es que se moverá (se mueve, nunca deja de moverse) para tener su sitio. Se trata de una combinación difícil, una operación que quedará ligada igualmente al resultado de las autonómicas. Arenas es actualmente senador por designación del Parlamento, donde el PP cuenta con cuatro actas. Nadie descarta que pueda perder alguna si sufre un revés electoral, por lo que la búsqueda de huecos sería más difícil.

En Sevilla, el candidato del PP a la Alcaldía, Beltrán Pérez, mantiene una relación fluida con Javier Maroto, vicesecretario general, por medio de su asesor electoral, Rafael Laza, jefe de gabinete del político de Vitoria. Pérez también recupera el contacto con Juan Ignacio Zoido, ex alcalde de Sevilla. Los nuevos tiempos obligan a retomar relaciones por el bien de la marca del partido.

Y el cospedalista José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, se llevó este septiembre a la feria de su localidad al alcalde de Vejer de la Frontera, todo un guiño del sevillano a quien pretende ser heraldo del casadismo andaluz. El PP solo tiene siete alcaldías en la provincia de Sevilla, donde curiosamente hubo uno que ejerció de casadista desde el principio: Ricardo Sánchez, de Mairena del Alcor. Sánchez fue por decisión de Moreno Bonilla el presidente del polémico Congreso del PP de Sevilla, pero cuando llegaron las primarias nacionales se desmarcó de la directriz del aparato regional y fue por libre al apoyar a Casado.

 

La arenga del PP a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, JAVIER ARENAS

ESTA semana hubo cónclave del PP sevillano. Junta Directiva Provincial se llama. El curso ha comenzado sin la asistencia del responsable de seguridad. El PP mejora, ya no se intuye un grado de tensión que haga necesaria la presencia de ese señor corpulento que ha evitado más de una gresca. Arenas estuvo. En su ausencia o presencia (según conveniencia) estaba el morbo. Yestuvo, esta vez en primera fila junto al veterano Felipe Rodríguez Melgarejo. Habló Arenas al final para felicitar a la presidenta Virginia Pérez por su discurso, el mejor desde que es presidenta. Lástima que la reunión fuera a puerta cerrada. Y habló Melgarejo que, como siempre, abogó por un PP sin complejos en asuntos como TVE, la exhumación de Franco, etcétera. Se percibió, apuntábamos, un cambio en el discurso de la presidenta, que no hizo ya ninguna referencia a asuntos internos. La presidenta preparó una intervención netamente política, una suerte de arenga dirigida a la militancia del PP en clave nacional. Parece el inicio, esta vez sí, de un tiempo nuevo en la formación sevillana tras tiempos convulsos. Tal vez Virginia Pérez quiere seguir el mensaje de Casado en el congreso extraordinario de julio, cuando recién investido como presidente proclamó en el plenario del Hotel Marriot: “¡Ya no vamos a perder ni un minuto más en hablar de nosotros!”. Y la presidenta parece que se ha tomado la labor con entusiasmo al emplear un tono más político, más crítico, más duro, más directo y más irónico. Se dirigió a la junta de pie, ante el atril, “algo que sé que no es habitual”, dijo ella misma.

En el congreso extraordinario, como era obligado, no se pudieron debatir ponencias, razón por la que la presidenta se felicitó de que el nuevo PP de Casado haya convocado para diciembre una convención nacional: “Estaremos el 1 y 2 de diciembre donde toque estar. Allí estará el PP de Sevilla. Se nos están complicando las cosas como españoles. No es que se nos estén complicando las cosas políticamente a nosotros, individualmente o como dirección política”. Pérez cargó contra directamente contra el presidente Pedro Sánchez y sus socios de investidura: “Hicieron una moción de censura contra España, contra todos los españoles”. Reconoció que aún no habían pasado los cien primeros días de Sánchez en la presidencia: “Pero estamos en casa, aquí me voy a permitir criticar lo que quiera criticar. Sánchez es un presidente legítimo por la Constitución, pero ilegítimo porque no lo ha votado nadie. Me preocupa enormemente ver lo que han hecho en 95 días con tres semanas de vacaciones. ¡A Dios gracias que han sido tres semanas de vacaciones! Yo espero que este hombre, aunque sea ateo, coja las vacaciones de Navidad, Semana Santa y todo lo que le den”. Censuró el estilo de gobierno de un presidente en minoría:“¡Ancha es Castilla con los decretos! Pretende modificar las atribuciones del Senado. ‘Tengo una varita que se llama decreto y ¡pam!’. Pero es que va a más, es que este señor –dijo– al que no lo votó nadie porque tiene 84 diputados, se levanta un buen día y se plantea conseguir los votos de Podemos. Ya está. ‘¡Vamos a sacar a Franco del Valle de los Caídos!’ ¿Modificando la Ley de Memoria Histórica? No, por decreto. ¿Qué es la Transición, por Dios, teniendo una herramienta como el decreto en la mano?”.

La mayor parte del discurso fue de asuntos de política nacional. Un cambio de táctica por elevación. “Mirad, yo nací en democracia y no soy precisamente muy joven. Yo nací con una Constitución. Que venga este señor a decir que por decreto, por urgente necesidad, hay que abrir una tumba… Este señor, con todos mis respetos, se lo tiene que hacer mirar. Es lamentable y preocupante. Sí, es preocupante porque tiene la varita del decreto. Este señor decide cambiar el Código Civil por decreto para que se le pueda quitar la patria potestad a un padre con un informe de los servicios sociales. ¡Yo no veo a nadie salir a la calle, ni siquiera a nosotros, no nos oigo!. Me gustaría oírnos ahora por lo menos una cuarta parte de lo críticos que fuimos con nosotros mismos. La situación lo requiere, no estamos hablando de ninguna tontería. Estamos hablando de la Transición, de nuestra democracia, de nuestro Congreso, de nuestro Senado, de nuestras casas, de nuestros hijos.. ¿Dónde estaría un presidente del Gobierno del PP con 84 diputados si anunciara, solamente anunciara, alguna de estas medidas?”.

La presidenta del PP sevillano también se refirió a la fuerte polémica del huido Puigdemont y el juez Llarena. “¿Tú qué tipo de presidente eres?”, preguntó retóricamente a Pedro Sánchez. “Y sigo sin oírnos, quiero oírnos porque nos tendrán que escuchar. Quiero un presidente del Gobierno que se ponga de pie y que diga que a mi Justicia, la de mi país, no la juzga nadie. Pero a nosotros… No nos oigo”.

Repartió estopa también a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio: “Sale una señora diciendo que le han metido un gol con un sindicato de prostitutas… ¡Y tampoco nos oigo! Y eso ha pasado hace cuatro días. Esto es para pensarlo, es muy serio lo que está pasando con el gobierno de nuestro país. Por decreto hacemos una purga en RTVE y no pasa nada. A este paso van a echar al bedel de TVE porque votó a la UCD. Cuando uno es de izquierdas es inmune, no pasa nada. ¡Y yo sigo sin oírnos! Quiero que eso cambie”.

Refirió la presencia de Casado en Algeciras el pasado verano: ““He oído a Pablo Casado hablar de inmigración. Lo hemos tenido en Andalucía. Hemos conseguido que pongan otro centro de acogida de menores en otro municipio donde gobernamos. Han desaparecido 80 chavales, no sabemos dónde están estos chiquillos, que vienen a buscar un futuro mejor, no vienen de vacaciones. Alguien tendría que explicarlo. Se nos tiene que oír cuando lleguen las elecciones tenemos que ganar por nuestros hijos”.

No hubo alusiones ya a los problemas de convivencia generados por el congreso provincial. Tampoco asistieron muchos de los cospedalianos que se pasaron al bando de Casado. Ni los diputados Zoido y Tarno, ni el senador Sanz, alcalde de Tomares. Éste último gozó en la feria de su pueblo de la compañía del alcalde de Vejer, José Ortiz, hoy secretario del Grupo Popular en el Senado. Ortiz es de los escasos casadistas pata negra del mapa andaluz. El caso es que por un motivo u otro tanto en Sevilla como en Andalucía, el casadismo está pendiente de fundación. Todavía no tiene su particular foto de la tortilla. Unos no lo apoyaron nunca, otros lo apoyaron en segunda instancia por conveniencia que rima con supervivencia. ¿De quién fiarse en el Sur, Pablo?

Las conexiones andaluzas con Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 24 de julio de 2018 a las 5:00

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AVE de regreso a Sevilla en la tarde del sábado. El tren va cargado de militantes andaluces del PP, todos sorayistas. Han perdido. Entre ellos hay sevillanos. También hay compromisarios del Puerto de Santa María, San Fernando y Valverde del Camino. Hablan o, mejor dicho, largan sin saber que el periodista escucha. Conversan entre ellos y también por el teléfono móvil. “¡Yo he votado a Soraya, pues claro! Pero Casado ya es mi presidente. Y que venga rápido a Valverde a por unos botos, ¡porque sin botos de Valverde no se puede ser presidente del Gobierno!”. Huele a destilado combinado con refresco de naranja.  Los de Cádiz están apesadumbrados, lucen pulseras del partido. “Al final han hecho lo que critican, un pacto de perdedores para que no gobierne la ganadora”.

Tarde noche de ese mismo sábado. Arranca la Velá de Santa Ana de Triana. El equipo de Casado, con inteligencia, hace llegar al PP de  Sevilla mensajes de tranquilidad. Van dirigidos a la estructura provincial. Se reciben con agrado porque los rumores sobre un posible intento de derribar la candidatura de Beltrán Pérez habían comenzado. Todo indica que eran fruto de euforias mal digeridas. Ninguna candidatura peligra. 

Mañana del lunes. Pablo Casado es entrevistado por Carlos Herrera. El nuevo presidente confirma la candidatura de Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional del partido, para las próximas autonómicas. Moreno ha estado claramente a favor de la candidatura de Sáenz de Santamaría, pero también conoce a Casado desde hace años. Ambos estuvieron en sus respectivas bodas. En la misma entrevista radiofónica, el nuevo líder nacional del PP añade ya su cuota al aludir a la necesidad de contar con dirigentes que hasta no hace mucho tiempo han sabido ganar elecciones y han gobernado con eficacia. Tanto el PP regional como los aparatos provinciales entienden el mensaje con rapidez. Con Soraya de presidenta hubieran tenido libertad absoluta para confeccionar las listas electorales, pero ahora toca aceptar las inclusiones que vengan sugeridas (impuestas)  del nuevo aparato de la calle Génova. El caso más llamativo en clave andaluza es el de Juan Ignacio Zoido, que ya cuenta, como mínimo, con un asiento en el comité ejecutivo nacional. Zoido ha sido la cuota cospedaliana andaluza en el equipo de Casado. El ex alcalde de Sevilla bien puede ser ese perfil de dirigente al que alude Casado: ha ganado elecciones con contundencia hasta no hace mucho tiempo. 

Con Zoido habrá que contar para las listas electorales, eso se da por hecho en el aparato regional y provincial. Él se ha asegurado su puesto al Congreso de los Diputados, distinto es que su influencia pueda ir más allá de garantizarse la continuidad de propio escaño en Madrid.

Y no hay que olvidar que Casado también se refiere a la ex alcaldesa de Fuengirola, Esperanza Oña, que sonó muchas veces, más por fuera que dentro del partido, como posible candidata a la Junta. Todo se prepará por si Moreno se da el trastazo en las autonómicas. Y ojo al ex ministro Margallo, ya en el comité de Casado, que el domingo ya proclamaba en televisión que no se podía prescindir de perfiles como el de la andaluza Fátima Báñez. 

Soraya no ha ganado. Pero lo peor para el PP regional y para el PP de Sevilla hubiera sido la victoria de María Dolores de Cospedal, que ni siquiera pisó la capital durante los días de campaña de las primarias, ni en el período de la segunda vuelta. El PP andaluz, el sevillano y el de varias provincias más han apoyado a Sáenz de Santamaría, pero no han mostrado animadversión contra Casado. 

Un compromisario sevillano se lamentaba en la tarde del sábado, mientras el AVE se detenía en Ciudad Real: “No hemos ganado porque, sencillamente, la guerra nos cogió en un bando y no en otro. Somos de Sevilla. Y Sevilla apoyó oficialmente a Soraya”.

En Sevilla hay calma tras unos primeros momentos de zozobra que provocaron espantás repentinas sin esperar a la lectura oficial del resultado. Hay muy buena relación con Javier Maroto, uno de los grandes casadianos de Génova. Sevilla fue la primera provincia en acoger su Ruta Social. El jefe de gabinete del político vasco, Rafael Laza, es el gurú de Beltrán Pérez, su asesor electoral, el creador de sus lemas de pre-campaña, el conocido como Panoramix del ‘palomar’. La presidenta provincial, Virginia Pérez, fue personalmente a recoger a Casado a la estación del AVE cuando el hoy presidente vino a hacer campaña en un acto en la sede regional. Ambos se comunican directamente por teléfono. Se respetan. Y en la provincia de Sevilla, por cierto, hay un pueblo que en las primarias apostó con claridad por Casado: Mairena del Alcor. A título particular hay un sevillano del centro y militante por el distrito de Los Remedios que está muy bien colocado con respecto a Pablo Casado. Se trata de David Antequera, del equipo de Adolfo Suárez Illana cuando el hijo del gigante de la Transición se presentó a las elecciones de Castilla La Mancha en 2003. Antequera entró en el plenario del congreso junto a Casado en la tarde del viernes. No era por casualidad. 

Tampoco hay que olvidar al concejal sevillano Alberto Díaz, mano derecha de Zoido y con hilo directo con Cospedal, que ha logrado sitio en la Junta Directiva Nacional de Casado. 

La noche de las vísperas de las votaciones, el PP sevillano convocó una cena en la Taberna O’donnell a la que acudieron miembros de todas las corrientes. Estuvo Ricardo Sánchez, alcalde casadiano de Mairena del Alcor; el compromisario de Los Palacios, también de Casado, y el de Utrera, que apoyaba a Cospedal y viró a Casado. La presidenta, al término de la cena, brindó para que saliese quien saliese elegido el sábado, ganara “el PP de España” y prometió que el PP de Sevilla “cerraría filas” con el elegido. 

Es cierto que hubo ausencias (ni Arenas ni Zoido acudieron) pero también fue una nueva demostración de que la formación en Sevilla ya hizo los deberes de integración tras el polémico congreso provincial de hace ya más de un año. Es esta circunstancia la que hace que Sevilla genere respeto. Ahora mismo es una provincia que, pese a las fuertes divisiones exhibidas en su congreso, se ha comportado como un bloque compacto en las primarias. 

 

Arenas sale del burladero y apoya a Soraya en las primarias del PP

Carlos Navarro Antolín | 2 de julio de 2018 a las 12:55

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FUE en Almería, la primera vez fue en Almería, ay Javié. Como la sevillana de Salmarina, célebre por la película de Saura para el 92, pero cambiando el topónimo y el ay chiquilla por el incombustible Arenas. El lince de la política andaluza estaba agazapado en su particular coto de cara a las primarias. Sabíamos de sus movimientos porque está fichado como buen lince protegido, pero no se dejaba ver. ¿Dónde está Arenas?, preguntaba la militancia con cierto morbo mientras veía cómo los ex ministros iban tomando posiciones en favor de los candidatos. Pero de Javié nadie decía nada. Todos callaban. Silencio, se pregunta por Arenas. Pues está con cualquiera, decían, menos con Cospedal. Y estará por encima de todo con quien resulte ganador. Después del fiasco de Feijóo se daba por hecho que Javié estaría con Soraya, aunque también sin perder la interlocución con Pablo Casado, que ya se sabe la capacidad del andaluz de conectar con los jóvenes, sobre todo si le recuerdan a su dilecto Beltrán Pérez. Pero no había ni una foto, ni un tuit que levantara acta de las preferencias de Arenas. Veíamos al fiel escudero Antonio Sanz, vicario general del arenismo en Andalucía, arropando a la ex vicepresidenta por las calles de Málaga junto a Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) y un Elías Bendodo peregrinando en botines. Pero nada de Javié, convertido durante unos días en una especie de ausente de oro como, de hecho, estuvo en el período previo al polémico congreso del PP de Sevilla. Nunca se le vio apoyando a Virginia Pérez de forma expresa, aunque todos sabíamos por el humo (cigarro rubio) dónde estaba el fuego…

A la presidenta provincial, por cierto, la hemos visto naturalmente con Soraya, pero también con Cospedal en Tomares (Me colé en una fiesta) y con Pablo Casado en la sede regional.

La ausencia de Javié ha sido una constante en estas primarias hasta el pasado domingo. Fue en Almería, ¿dónde iba a ser tratándose de Arenas? La primera vez fue en la Almería dorada. No en Sevilla, a la que Arenas tiene más jindama que un torero a los autobuses que van para Cádiz: Los Amarillos. O hasta más miedo que la propia Cospedal, que para su acto sevillano prefirió Tomares a la propia capital. Qué tendrá Tomares, qué tendrá el turrón.

Arenas apretó los dientes el domingo, salió del burladero y aplaudió a Soraya en Almería. Lo hizo a cazadora abierta, que es el grado máximo de apoyo en el código particular de Javié, mucho más importante que el apretón de mejillas o el medio abrazo, que es el que se da solo con los antebrazos.

Pues ya sabemos con quién está Javié. Por fin. La verdad se nos ha revelado como una luz cegadora. Dicen que las ocho provincias andaluzas están divididas de cara a las primarias. Pero en realidad son nueve. Arenas es la novena provincia andaluza en el mapa del PP, como en tiempos de la España de la UCD era Murcia. Fue en Almería, la primera vez… Ay, Javié.

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Sevillanos con Feijoó

Carlos Navarro Antolín | 10 de junio de 2018 a las 5:00

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LA noche del 7 de abril, sábado de convención del PPnacional en Sevilla, los telediarios se habían centrado en el morbo de la presencia de Cristina Cifuentes en la primera fila del salón del hotel Renacimiento de la Isla de la Cartuja. Nadie presagiaba que la madrileña tenía los días contados. Ella… y Rajoy. El presidente decidió cenar aquel día arropado por las principales figuras. Lógico. Se convocó a un selecto grupo en la primera planta del restaurante Robles, el de toda la vida de Placentines. Se habilitó el reservado Carmen, ubicado al fondo del salón principal, a la izquierda según se sale de la escalera. La verdad es que eran demasiados los citados para el espacio elegido, pero no se supo el número exacto de comensales hasta el último minuto. Alguien iba ampliando la lista a cada momento. Arenas siempre cuida a los suyos, máxime en momentos delicados, y los hace partícipes de las glorias si está en su mano poder hacerlo. La cifra fue paulatinamente subiendo a lo largo de la tarde. La alineación final fue Rajoy, Cospedal, Zoido, el propio Arenas, Moreno Bonilla, Virginia Pérez, Beltrán Pérez… Casi todos con sus respectivos acompañantes. Arenas colocó en la cena a sus dos protegidos en Sevilla: Beltrán y Virginia. Ocurrió que los chicos de Sevilla habían organizado una cuchipanda en el Arenal a la que se había invitado reiteradamente al presidente Alberto Núñez Feijoó, ya considerado el delfín oficial en el tardo-rajoismo. Pero también sucedió que los Pérez no supieron hasta última hora que estaban convocados a la cena con el presidente. Conclusión: o dejaban plantado al presidente del Gobierno, o dejaban plantado a Feijoó después de lo que le habían insistido para que honrara la velada hispalense. Cuando los camareros de Robles retiraron el plato principal (¡Qué amable siempre el de la Sierra Norte!), la presidenta Virginia Pérez hizo lo que casi nadie se hubiera atrevido a hacer en España: anunciarle al que era el presidente del Ejecutivo y del partido que, sintiéndolo mucho, debía levantarse de la mesa y abandonar tan agradable y privilegiado encuentro. “Presidente, yo voy a ser políticamente incorrecta porque estoy sufriendo mucho”. Y Rajoy –largo como el C-2 los días de Feria– le aplaudió el mero anuncio de la incorrección política, así como lamentó que estuviera padeciendo una suerte de Stabat Mater dolorosa… La presidenta provincial le explicó que tenía a Feijoó con cincuenta militantes de Sevilla esperándola en un restaurante . Esa base social –que dirían algunos– es la que llevó a Pérez a la presidencia del partido en el congreso en que se enfrentó a las fuerzas oficialistas apoyadas por el ministro Zoido. Aquel momento tuvo que ser parecido a lo del canónigo que le cantaba al prelado las verdades del barquero. Un día se le acercó el sacristán con ganas de agradar: “Don José, es usted el único que le dice la verdad al obispo”. Y el cura zanjó la conversación para frenar de cuajo el peloteo: “No, lo que soy es el único canónigo que queda por oposición. Todos son digitales. Digitales viene de dedo, y el dedo es el del obispo, ¿me ha entendido?”.

Se fueron los Pérez sin elegir postre. Se marcharon con el otro gallego. Se perdieron las copas de balón. DonMariano pidió un poquito de Cardhu “con un trozo de hielo”. Javié, el mismo destilado escocés, pero sin hielo. Todos pudieron sentarse con más holgura al quedar cuatro plazas libres. Acabada la cena, el presidente del Gobierno acudió a despedirse de la familia Robles para agradecer las atenciones. Les pidió que no le trataran de don ante numerosos testigos expectantes por la presencia de escoltas y toda esa farfolla que acompaña al poder. A Rajoy le dieron ánimos para su tarea. ¡Menudo presagio! Y él respondió: “¡Estamos luchando contra los malos! Chichichí. ¡Muchas gracias por todo!”.

A esa hora, el aparato provincial del PP de Sevilla alzaba una copa de tinto en honor del delfín Feijoó, una cita donde la mayoría de los presentes eran y son destacados arenistas que exhibieron innumerables fotos con el líder gallego. Ya se sabe que cuando dos o más del PP de Sevilla se reúnen, Arenas siempre está presente por medio de alguno de sus vicarios. O vicarias. Nada de lo que allí ocurría era ajeno para Javié, que se había quedado con Rajoy hasta el final.

La noche del 7 de abril quedó claro que el aparato provincial no está con Cospedal como futura presidenta del partido. No está con la preferida de Zoido. La mayoría de los compromisarios votarán a Feijoó si se presenta contra otro candidato. El presidente gallego, por cierto, está entusiasmado con la película del congreso provincial que enfrentó a dos candidaturas como nunca había ocurrido en la historia del partido en Sevilla.

La moción de censura ha reforzado el significado de cuanto ocurrió aquella noche: el movimiento de gallego a gallego. De Rajoy a Feijoó. Un movimiento escenificado en la mudanza de Robles a El Copo. Del reservado, donde se hizo cierto silencio al marcharse los Pérez, al salón donde se jaleaba al líder autonómico que cuenta con mayoría absoluta en su tierra y que tiene a raya a Ciudadanos. ¿Quién puede presumir hoy de estas dos vitolas en el PP?

La única incógnita por despejar es la situación particular de Arenas en el nuevo orden que resulte del congreso nacional. Cómo quedará el eterno embajador del PP andaluz y sevillano en Madrid. Algunos en la sede regional pretenden privarle de esa condición, hartos de su sombra alargada, de su capacidad para el regate, de su habilidad para poner el intermitente a la izquierda y girar a la derecha. Arenas, en realidad, puede apoyar a cualquier sucesor de Mariano Rajoy –se lleva bien con la inmensa mayoría– siempre que vea asegurada su continuidad y, por supuesto, siempre que no sea Cospedal. Su preferencia es Feijoó, pero podría entenderse, por ejemplo, con Soraya Sáenz de Santamaría, aunque ya se sabe que la ex vicepresidenta carece de peso orgánico. Aunque haya aprobado una oposición. Como el canónigo.

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La caída de Rajoy beneficia al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2018 a las 5:00

PREMIO CLAVERO AREVALO A SOLEDAD BECERRIL

EN el aparato del PP de Sevilla se esfuerzan estos días en poner rostro de recibir el pésame. Ay, qué malita cara parece que tienen las criaturas. Asisten al funeral de la pérdida del Gobierno de España, pero en el fondo respiran con cierto alivio. El núcleo duro se concentró el viernes en el despacho de la presidenta provincial, Virginia Pérez, para asistir en directo al adiós de Rajoy. Sí, claro que hubo comentarios sobre la “injusticia” de la situación y se oyeron lamentos varios, pero, en el fondo, el enemigo interno (Cospedal y Zoido con sus cuadrillas de leales) ha quedado como los vampiros tras ingerir verbena: muy debilitado. Es cierto que la mayoría de la gente, los votantes que hacen la ciudad día a día, difícilmente entenderán que en el PP sevillano haya quienes celebran en privado que Zoido ya no sea ministro del Interior, o que Cospedal tenga que dejar el Ministerio de Defensa y recluirse en una secretaría general en la que a ver cómo se entiende ahora con Martínez Maíllo. Zoido y Cospedal asistirán a la confección de las listas electorales sin plaza ya en la bancada azul. Y eso libera de presión a los manijeros, a la camarlenga y a todos los que se la jugaron en el polémico congreso provincial a cara de perro. Guau.

La pérdida de la Moncloa beneficia al aparato del partido en Sevilla, aunque nadie vaya a reconocer esta ventaja repentina que se ha obtenido por la mudanza sorpresiva que a estas horas se ultima en Madrid. Todo ha ocurrido tan pronto que no ha habido ni un instante para digerir la situación.

Estos tiempos de amargura en Madrid despejan el horizonte de la estructura provincial del PP y, nunca se olvide, puede ser rentabilizada por la oposición municipal que lidera Beltrán Pérez. El entendimiento del PSOE de Pedro Sánchez con los separatistas catalanes, el nacionalismo vasco y la extrema izquierda con casoplón en Galapagar, le pueden servir al portavoz del PP para armar un discurso contra la imagen moderada del alcalde Juan Espadas. El alcalde, ya se sabe, encaja mejor en la socialdemocracia de Felipe y Guerra, que en el actual partido del puño y la rosa, ávido poder y que vende su alma al diablo (¡Sí se puede!) con tal de alcanzar la Moncloa.

El PP sevillano se ha conjurado para cerrar las puertas a los que retornan en el AVE para quedarse en Sevilla. La memoria es prima hermana de la política cuando se trata de servir platos fríos. Toda mudanza es una fuente generadora de estrés en el ser humano, tan animal de costumbre, tan miedoso al cambio que, nunca se olvide, puede resistir cuarenta años con los mismos gobiernos. Fíjense, por ejemplo, qué poco amigos de las mudanzas son los andaluces. De Franco al PSOE. Hasta tal punto que el apellido del dictador le suena a muchos jóvenes a calle por la que pasan cofradías.

El PPde Sevilla sufre la cuaresma en el altar, pero sonríe en la sacristía. Queda un año para las elecciones municipales, un tiempo de regeneración si en Madrid se hacen medianamente bien las cosas, o un período para mandar el partido definitivamente al pudridero si se hacen mal. Si el recambio de Rajoy es Alberto Núñez Feijoó, el PP sevillano está la mar de bien colocado. Basta recordar que el presidente gallego compartió velada con la delegación sevillana en la última gran convención, la celebrada en la capital de Andalucía con Cristina Cifuentes todavía de protagonista. Aquel día Feijoó fue agasajado por los chicos de Arenas. Y la apuesta de Virginia Pérez, presidenta provincial, no ofreció dudas. La camarlenga se levantó de la cena formal con Rajoy, abandonó el reservado de Robles antes de los postres y se fue al bar El Copo para estar con Feijoó, con el que se había citado antes de saber que debía acudir a sentarse a mesa y mantel con el presidente del Gobierno. Hay que reconocer que casi nadie sería capaz de dejar a un jefe del Ejecutivo y del partido en plena cena para irse con un presidente autonómico con vitola de delfín. Pero lo hizo.

La mudanza en la Moncloa, qué curiosidad, coincide con la del PP de Sevilla. De la calle Rioja a Luis Montoto. En un radio muy reducido coincidirán las sedes del PP, PSOE y Ciudadanos. Una de las últimas vivencias en la sede pepera de la calle Rioja ha sido, precisamente, el seguimiento melancólico del adiós de Rajoy.

El ejército de Zoido está desarmado y Espadas tendrá que aguantar en los Plenos las acusaciones sobre el entendimiento de su partido con Podemos y los esbirros de Puigdemont. Y quién sabe si como alcalde tendrá que verse con ministros o delegados del Gobierno nada amigos de La Que Manda en el PSOE andaluz. Hay que destacar que Espadas ha sabido valerse de los votos de Participa Sevilla e Izquierda Unida y gobernar después alejado de sus formas. Ya quisiera el presidente Sánchez pode seguir esa senda.

El PP de Sevilla también sonríe en privado porque Ciudadanos tendrá que justificar su apoyo al PSOE de Espadas en esta nueva coyuntura. E incluso en un futuro, la formación naranja lo tendrá más complicado si el alcalde no lanza un mensaje claro ante decisiones del presidente Sánchez que comprometan la cohesión territorial de España. Ciudadanos ha sido hasta ahora inflexible en su discurso sobre la unidad de la nación. Y Sánchez ya se ha mostrado dispuesto a sentarse con el nuevo presidente catalán, ese tipo del lazo amarillo y las continuas alusiones a los “presos políticos”. Peligro.

Todos estos factores entrarán en juego en clave local. Mientras, el PP necesita regenerarse. La pérdida de la Moncloa favorece a Beltrán Pérez porque debilita a sus enemigos internos y hasta puede ser un tiempo para la recuperación de unas siglas castigadas por la corrupción. Pero cuanto más tarde esa regeneración, más complicado lo tendrá.

El papel de Arenas también será importante. Si el de Olvera se sitúa bien en el previsiblemente nuevo organigrama del PP en España, los populares sevillanos seguirán teniendo alguien en Madrid al que se le ponen al teléfono todos los dirigentes del partido. Arenas acudió ayer al comité de campaña, una asistencia más que simbólica en tiempos delicados por mucho que llegara a última hora. Si los gatos tienen siete vidas, los linces como Arenas pueden aspirar a la vida eterna. Los cambios en el PP habrán de ser en la estructura nacional. La andaluza, de momento, no experimentará ninguno al ser los comicios autonómicos los primeros en el calendario. Un debate distinto será el de los muy previsibles movimientos internos en la sede regional si Moreno Bonilla sufre un resultado estrepitoso.

Arenas ayudará a Rajoy a diseñar la sucesión, como lo ayudó decisivamente en el congreso de Valencia de 2007. Y desde su puesto de vicesecretario general intentará conservar la influencia en Sevilla a la espera de las autonómicas y municipales. Mientras tanto seguirá yendo de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Madrid, porque la política es un tren AVE de ida y vuelta en el que unas veces se viaja en turista y otras en preferente, pero que siempre, siempre, está en movimiento. En los funerales es menester no sonreír. Y después beber vino.

El coraje de la artillera Virginia Pérez, presidenta del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2018 a las 5:00

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EL PP de Sevilla parece afectado por el picudo rojo, pero tan rojo, rojísimo, que se parece cada día más al PSOE sevillano de toda la vida, ese PSOE de familias enfrentadas, de agrupaciones rebeldes (”Hay que ser de Bellavista antes que socialistas”), de cuando los congresos a cara de perro, esos días en los que siempre había alguien que apuntaba: “Colócate al lado de Bernardo Bueno, es la mejor forma de asegurarte que estarás con los ganadores. No se te olvide, siempre junto a Bernardo”. En el PP nunca había críticos, ni enfrentamientos entre agrupaciones, ni mucho menos esos pleitos salpicaban el ámbito institucional, como cuando Carmelo Gómez, ay Carmelo, se quedó con la brocha pintando muros altos y Monteseirín le quitó la escalera de la Delegación de Hacienda. Adiós, Carmelo, adiós. En el PP existía siempre el ordeno y mando de Arenas. Y poco más, salvo alguna escaramuza aislada en aquel congreso de principios de siglo que ganó Tarno (Ricardo) contra Miguel Ángel Arauz , y que se solucionó haciendo senador a Arauz en esos tiempos en los que se guardaba pleitesía absoluta al líder Arenas.

El año que lleva vivido el PP de Sevilla marca un pico pronunciado en la gráfica de la convivencia interna. La gran novedad es que la actual presidenta, Virginia Pérez, está echándole redaños al asunto, muestra un coraje inusual y tiene el apoyo de un amplísimo sector de las bases con un poder orgánico que se asienta cada día. Pérez no procede de familia alguna, más bien al contrario: está enfrentada a familias que se resisten a dejar de ser principalísimas en el partido. Siendo como es, su principal rival es ella misma.

El PP de Sevilla está sufriendo la crisis propia de un cambio de casa reinante. El antiguo régimen se resiste a abandonar sus posiciones y el nuevo régimen no ve la hora de confeccionar unas listas en las que quede reflejado el resultado del congreso: unos han ganado y otros han perdido. Pero la pérdida más dolorosa, la que provoca mayor angustia, es la de perder el medio de vida cuando se ha hecho de la política la única vía de subsistencia. Las opciones de paz entre los dos regímenes son escasas, nulas, inexistentes. Virginia Pérez, a lo Agustina de Aragón de la derecha sevillana, está dispuesta a fajarse como artillera frente a la evidente presión –un asedio en toda regla– que ejercen los perdedores del congreso. El PP de Sevilla tendría que estar rearmándose en torno al candidato de la capital, Beltrán Pérez, para hacer frente a Ciudadanos, que subirá en las urnas en 2019 y que sería su socio natural en un gobierno de coalición. Pero los enfrentamientos internos tiene a unos pensando en cómo atacar los cimientos del partido para provocar la imposición de una gestora, y a otros preparando el cañón para defender la fortaleza.

Este PP de Sevilla es irreconocible porque desde hace un año no dejan de pasar cosas insólitas, empezando por la pérdida de la Alcaldía (60.000 votos menos en sólo cuatro años), la celebración de un congreso donde ganan los críticos y la irrupción de la figura de una presidenta enérgica que, por el momento, mantiene una relación fluida con el que los ha criado, enseñado y forjado a casi todos: Arenas. El enfrentamiento de la presidenta, nadie se engañe nunca, es contra el círculo que rodea al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. El equipo del ministro quiere recuperar el control del partido como sea. Y la presidenta, lo ha dicho en un comité ejecutivo extraordinario, está dispuesta a usar el cañón. Como Agustina. En el PP de Sevilla no existe hoy la aburrida y añorada paz de otros tiempos, cuando el dedo de Javié iba señalando quién debía ocupar la presidencia cada cuatro años. Y todos, absolutamente todos los de entonces, asentían, le llevaban la maleta, aguantaban las broncas y complacían sus deseos. El antiguo régimen se ha encontrado ahora con un grupo de treintañeros y cuarentañeros que fueron compañeros de aulas y rivales universitarios de la presidenta andaluza (¿verdad Susana Díaz?) y que han tomado la decisión de no querer ser devorados como los hijos de Saturno por unos padres que llevaban dos generaciones a la sombra.

Hoy hay un rostro nuevo, el de la presidenta Virginia Pérez, que además goza de la ventaja del momento político y social actual, muy favorable hacia el perfil de la mujer luchadora. Tendrá una trayectoria garantizada mientras no meta la pata y, por supuesto, se coloque bien para evitar el impacto del retroceso de todo cañón tras un disparo. Bernardo Bueno, por cierto, está hoy de alcaide del Alcázar. Dentro de una fortaleza que solo abandona para pasar las vacaciones en La Antilla.

El ultimátum de la presidenta del PP de Sevilla al enemigo interno

Carlos Navarro Antolín | 17 de mayo de 2018 a las 5:00

Virginia Pérez y Beltrán Pérez ofrecen una rueda de prensa Beltrán nuevo candidato

La documentación comprometida ya ha pasado por el notario. Está protocolizada. La presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, remató la sesión: “No se pueden consentir este tipo de actuaciones. No voy a consentirle a nadie que nos mate, nos humille, nos insulte, ni nos arrastre”. La presidenta se ha hartado y tiene claro quién trata de remover los cimientos del PP sevillano. Virginia Pérez ha lanzado un ultimátum a sus enemigos internos. En su última intervención a puerta cerrada no cita a los destinatarios de su invectiva, pero todos saben hacia quiénes va dirigido el torpedo. O, mejor dicho, el anuncio de torpedo. “Quien nada debe, nada teme”, advirtió ante un auditorio expectante en la sede regional de la calle San Fernando. La camarlenga, que preside el PP de Sevilla desde hace un año, convocó un comité ejecutivo extraordinario para dejar clara su posición en las polémicas internas que sacuden la vida doméstica del partido desde que venció en el polémico congreso provincial. Los enemigos –esos seres que siempre habitan en el interior, nunca mejor dicho– son el bando que fundamentalmente componen Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior; el diputado Ricardo Tarno y los ex presidentes provinciales José Luis Sanz y Juan Bueno, los cuatro componentes de la conocida como mesa camilla del antiguo régimen del PP sevillano, todos ellos auspiciados por María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general del PP. Naturalmente ninguno de ellos reconoce abiertamente estar en contra de Virginia Pérez, más bien al contrario. La política es así, una interpretación continua de papeles, una asunción de roles temporales, una ficción maquillada de autenticidad.

Los enemigos de la presidenta son duros. Especialmente duros. Interior es un ministerio poderoso. Pérez tiene el control del aparato provincial, que no es poco, pues su papel es decisivo en la composición de las listas electorales, y los apoyos de Javier Arenas, vicesecretario general, y del candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. Arenas está henchido de gloria desde que ganó el congreso provincial, lo que equivalió –nunca se olvide– a ganárselo nada menos que a la secretaria general del partido y a un ministro.

En el comité ejecutivo extraordinario, la presidenta recibió un largo aplauso de la militancia tras un informe rutinario de gestión al que siguió el verdadero motivo de la convocatoria de la sesión: un aviso directo a la curia que trata de alargar el tardozoidismo. Fueron llamativas las ausencias en la sesión de todos los miembros de esa mesa camilla, como si intuyeran que el único punto del orden del día iba, efectivamente, dirigido contra ellos.

El tenso comité ejecutivo ya tuvo un precedente en diciembre de 2015 con ocasión de una junta directiva provincial. Virginia Pérez admitió en aquella ocasión que no admitiría un PP sevillano marcado por los personalismos. Entonces era solamente coordinadora general, un puesto que se conoció popularmente como el de camarlenga. Fue un aviso directo a Zoido y sus muchachos, que entonces todavía penaban la pérdida de la Alcaldía. Virginia jugó fuerte. Se veía ya de presidenta, como así fue tras la guerra del congreso provincial que venció por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que acompañaron a San Fernando en su entrada triunfal en Sevilla, por eso 24 son los nazarenos con cera verde que anteceden al Cristo de la Vera-Cruz. El otro día, en el seno de un comité ejecutivo extraordinario, lanzó el segundo aviso a los componentes del antiguo régimen del partido de la gaviota. La guerra interna no ha cesado, las aguas bajan muy revueltas por el arroyo pepero. Se aproxima la formación de las listas electorales. Los puestos de salida se cotizan muy caros, carísimos, porque la guadaña naranja diezmará las opciones del hasta ahora partido hegemónico de la derecha española. El modo de vida de muchos dirigentes –no nos engañemos– está en juego porque saben que Virginia y sus partidarios no van a perdonar algunos ataques. La paz ya no es posible. La situación es muy delicada, como admitió el veterano Jaime Raynaud. El antiguo régimen, la mesa de camilla tensa todo lo que puede esa situación con dos objetivos: que Virginia Pérez o cualquiera de sus más fervientes partidarios, sufran algún resbalón, cometan algún desliz, incurran en alguna desaplicación, que diría Vicente Cantatore y, de esa forma, que Cospedal tenga argumentos para instar a la formación de una gestora. Con la gestora sería más controlable la constitución de las listas electorales a las autonómicas y municipales.

VIRGINA PEREZ PP

No hubo una sola voz que de forma enérgica se posicionara en contra del discurso de la presidenta, acaso el más duro nunca oído en un comité ejecutivo del PP, un partido que nunca en su historia había vivido una división interna de este calibre. Aunque, todo sea dicho, en los comités y juntas directivas provinciales que se han vivido a lo largo del año no han sido significativas las intervenciones críticas, como tampoco han sido ajustadas las votaciones sobre diversos asuntos. Pérez ha ido ganando de largo todas las votaciones. La batalla se ha centrado en tratar por todos los medios de reavivar el polémico escrutinio del congreso provincial y determinados movimientos en Dos Hermanas. Las denuncias presentadas ante el juzgado y la Policía por un militante fueron archivadas. Oficialmente no hay nada, pero las escaramuzas se han sucedido, tratando se sembrar dudas sobre supuestas compras de votos y otras maniobras por el momento no probadas. El discurso de la presidenta fue muy duro en varios momentos de la sesión, celebrada a puerta cerrada: “No voy a consentir que nadie, y nadie es nadie, por muy cargo público que sea, trace estrategias que perjudiquen al PP. ¡A nadie! Ni a diputados, ni a senadores, ni a concejales, ni a parlamentarios. ¡A nadie es a nadie! Al que se le atragante la democracia que se lo haga mirar. No doy un paso atrás. Y os pido que no dudéis nunca, nunca, de la integridad de esta dirección que ha actuado siempre con responsabilidad y que se conduce con tan rectitud que hasta se ha ido al notario para protocolizar algunas cuestiones. Que nada ni nadie nos entretengan de nuestra tarea, que son las elecciones. Vamos a seguir con la cabeza muy alta”. Entre las adhesiones que recibió la presidenta figuró la del veterano Jaime Raynaud, diputado autonómico y director de la campaña del PP en Sevilla capital, que dio todo su apoyo a las acciones que apruebe el comité ejecutivo para normalizar la vida interna: “No pensaba nunca que tuviera que intervenir en un órgano como éste, pero tengo que hacerlo en un día triste y amargo. No pensaba que esto llegara nunca a producirse, pero se ha producido. La presidenta ha hecho un relato dramático, verdaderamente dramático, de los hechos acaecidos con el PP y con algunos de sus militantes en los tribunales. Los hechos son como son y la realidad es tozuda. Hoy lamentablemente tengo que pedir al comité ejecuitivo y a la presidenta que, con la misma dureza, si me permitís la expresión, se emprendan todas las acciones judiciales necesarias, se usen todas las armas legales contra todos los que han manchado el nombre del PP de Sevilla. Esto ha pasado de la legítima divergencia, de la discrepancia, de la disparidad de criterios que se suelen resolver con diálogo en un espacio como éste, de las opiniones distintas, de la elegancia, del saber perder cuando se pierde y del saber ganar cuando se gana, a otro estadio muy distinto, a una situación abiertamente incontrolable desde el punto de vista político. Hemos pasado a un nivel distinto. Hablo exclusivamente en mi nombre. Que se llegue hasta donde se tenga que llegar. Contad siempre con mi respaldo. El comité ejecutivo tiene todo mi apoyo, lo digo públicamente”. 

 

Sevilla no deja solo a Feijóo

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2018 a las 5:00

PPcaja

Robles

DICEN que la gente que acude a los actos sin acompañante es mucho más de fiar que quienes siempre necesitan del calor almibarado de un séquito o saber de antemano con quién serán sentados a la mesa. La tarde del sábado terminaban las sesiones de la convención nacional del PP –en ese hotel de la Cartuja al que te lleva un taxi y te cuesta un ojo de la cara– cuando las distintas delegaciones organizaban sus cenas. Una vez que Cifuentes se cargó la convención y procuró que la delegación madrileña hiciera todo el ruido posible para parecer que el plenario cerraba filas en torno a su figura, el morbo estaba en conocer las afinidades de mesa y mantel: el quién con quién y dónde. Esa noche estaba convocada la cena de la delegación de Sevilla en el Asador Salas, el sitio favorito de socialistas como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, hoy en la ejecutiva federal del guapo Sánchez.

El presidente gallego Alberto Núñez Feijóo estaba aparentemente sin compañía para esa noche cuando recibió numerosas ofertas de la militancia acreditada de Sevilla. Los Zidane (Arenas) y Pavones (Beltranes) del PP sevillano lo invitaron a su cena. En Sevilla encanta eso de agasajar al de fuera si se le ve despistado (casi tanto como se disfruta dándole la espalda al que se quiere colar). Sevilla, habitualmente cruel, no dejó sólo a Feijóo, como no dejó en soledad al rey sabio. Los peperos locales tejieron la madeja y se lo llevaron de parranda. Ocurrió –qué cosas– que el presidente Rajoy tampoco quería cenar solo y organizó su propia velada. Y a última hora se llevó a ella a algunos de los que habían citado a Feijóo en el asador. El poder es así, rompe las agendas de cualquiera en un minuto. El gallego llegó al asador del Arenal y no estaba la plana mayor que le había convocado: se habían tenido que ir con el presidente. En el asador faltaban las varas, pero estaban todos los tramos de cirios y penitentes de la cofradía. Y el gallego, considerado por el arenismo como el futuro del PP en España, disfrutó con la compaña y con la ensaladilla servida en bolas (uf), el revuelto de champiñones, los chocos bien separados para que parecieran más y esos platos de carne que incluye todo menú que se precie para que no falten las proteínas. A los postres en el asador sí llegaron ya la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. El aparato sevillano, por fin, se movió de gallego a gallego. Hubo gran foto de familia (sin tortilla) que algunos ven como reveladora del futuro.

Rajoy, mientras, no se quedó solo en Robles. Compartió su litúrgico dedo de escocés (con agua y su cubito de hielo) en compañía, entre otros (y otras), de Juan Manuel Moreno Bonilla, Cospedal, Zoido y Arenas. Javié estuvo con Rajoy hasta el final, como estuvo en Valencia en aquel congreso donde el registrador casi se queda con la brocha en la mano cuando la Aguirre le quería birlar la escalera. Arenas no lo dejó solo. Y eso que Rajoy nunca lo ha hecho ministro. Y ganó el congreso del PP de Sevilla por 24 votos, como 24 fueron los caballeros que entraron con San Fernando en la ciudad, el hijo del rey sabio. La historia no se repite, es la misma. A río revuelto, ganancia de la hostelería.