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Las grietas del zoidismo

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2015 a las 5:00

Pleno extraordinario en el Salón Colón.
La orquesta seguía tocando mientras el barco era engullido por el agua con una parsimonia macabra, con la velocidad de un rito inmisericorde. La música era la banda sonora de la tragedia. Era tan grande la nave, tan infinitamente colosal, que nadie podía imaginar un final de tragedia. El gobierno de Juan Ignacio Zoido es como la orquesta (municipal) del Titanic estos días de primavera tardía. Los músicos siguen representando un papel, fieles al guión teatral de la política. Los veinte concejales saben que van directos a un naufragio incierto, donde ahora resulta imposible otear una nave de salvamento. Hacen su papel. Aparentan que pueden gobernar cuando la despensa de las opciones está hueca. Un alcalde sin mácula, honrado y con don de gentes, ha estrellado la nave del gobierno contra el iceberg de la descoordinación, la falta de un método de trabajo cotidiano y la ausencia de un número dos que fijara las directrices políticas mientras él hacía lo mejor que sabe hacer:el candidato imbatible.

Premonición. Javier Arenas retiró a Jaime Raynaud de la carrera por la Alcaldía la tarde del Jueves de Corpus de 2006. A los pocos día se anunció que Juan Ignacio Zoido era el candidato para los comicios de 2007. Un asesor cualificado del PP clavó el veredicto en el andén del Ayuntamiento: “Raynaud es el peor candidato, pero sería el mejor alcalde. Y Zoido es el mejor candidato, pero será el peor alcalde”. ¿Por qué se derrumba a las primeras de cambio un gobierno con 20 concejales y cerca de 170.000 votos? Un veterano del PP de Córdoba advirtió en la reciente sesión de la ejecutiva regional que no se puede culpar de las debacles electorales a las políticas de Rajoy. No le falta razón. Pese a las medidas impopulares del Gobierno de España, el PP ha obtenido el 24-M un total de 2.768 mayorías absolutas. En la provincia de Sevilla tiene cuatro: Tomares, Carmona, Pilas y Herrera. Zoido habría acusado el castigo propinado al inquilino de la Moncloa, pero también el efecto de una gestión sin brillo, carente de logros materiales y que se ha centrado excesivamente en la recuperación económica de un Ayuntamiento que heredó sin capacidad de crédito y con algunas empresas en estado de coma por falta de liquidez.

Excesivo poder. El que ha tenido la delegada de Hacienda, Asunción Fley. No son pocos los concejales del gobierno que coinciden en que Zoido ha asignado un papel fortísimo a esta independiente, que se ha regido siempre por criterios técnicos y nunca por objetivos políticos. La Hacienda local no ha hecho política, se ha limitado a cuadrar los números, dejando a los concejales sin margen de maniobra. Zoido jamás ha consentido una crítica hacia Fley, que ha sido del grupo de sus intocables junto a Dolores de Pablo-Blanco, la delegada de los asuntos sociales. Pruebas del poder de Fley son la libertad de la que ha gozado para la designación de algunos de sus colaboradores más importantes: Lorenzo Cabanillas, director general de Gobierno Interior, conocido por sus vinculaciones con el anarquismo, y Eduardo León, gerente de Recaudación que ya lo era con el gobierno de PSOE e IU. Un dato más: Zoido consintió que Fley disparara el sueldo de Teresa Ojeda, directora general de Hacienda, cuando asumió también las competencias de personal, por lo que el salario pasó a ser de cien mil euros en un contexto de crisis internacional y de fuertes recortes en el Ayuntamiento. Al alcalde le llovieron las críticas públicas del PSOE. En el PP se refieren desde entonces a esta directora general como La bien pagá. Pero si Fley decide, todos deben callar. La cola de espera de los concejales del gobierno para ser atendidos por Teresa Ojeda, era como la de quienes aún conservan la esperanza de almorzar un día con Javier Arenas. Zoido no ha sabido convencer a Fley de que, en ocasiones, convenía sacrificar ciertas medidas de austeridad para obtener liquidez con la que cumplir ciertas promesas políticas. O simplemente para no tocarle las narices a los cinco mil trabajadores del Ayuntamiento, a los que se ha dejado sin las productividades. Las cuentas han cuadrado a costa del enojo de los funcionarios, de no haber nadie por las tardes en muchas dependencias municipales, de carecer de inspectores para los veladores los fines de semana y, por supuesto, a costa de ochocientas vacantes que han terminado por ser el tiro en el pie: “Si te dan unas tijeras, todos sabemos cortar. La clave es usarlas sin provocar heridas”. La crítica de algunos colaboradores directos de la Alcaldía se dirige también hacia Madrid: “Lo que dice Montoro no debe ser tomado como palabra de Dios. Se podía haber hecho una resistencia mayor. Siempre hay márgenes”.

Embargos. Se lo preguntan varios concejales. ¿Por qué se ejecutaron cientos de órdenes de embargo contra las cuentas de los sevillanos en los días previos a las elecciones? Unos aseguran que los programas informáticos de la Hacienda local no entienden de estrategias electorales, otros ven en esta acción una prueba más de la ausencia de una política fiscal que hubiera pospuesto los embargos hasta después de la cita con las urnas. Y, desde luego, que no se hubiera puesto tanto empeño a lo largo de todo el mandato en cobrar deudas antiguas.

40 votos al día. Son los que ha perdido Zoido estos cuatro años. Todos los sufragios perdidos no se pueden deber a la gestión de Rajoy. A este alcalde le ha faltado un número dos, un vicealcalde o concejal de Presidencia que se dedicara a la gestión pura y dura mientras él seguía entregado a la calle, consagrado al cultivo de las relaciones con los vecinos, dedicado a estar próximo a los sevillanos. Cuando más ha acusado la falta de esa figura ha sido tras caer sobre sus hombros las cruces de la presidencia de la FEMP y la del PP regional. El gobierno ha estado desorganizado, sin un método de trabajo, sin un esquema de organización similar al de una gran empresa donde los directivos rinden cuentas y se hace un seguimiento de los objetivos de trabajo. La mastodóntica estructura del Ayuntamiento ha estado en manos de funcionarios sin criterio político, o con políticos sin margen de acción porque todas las ofrendas se han depositado en el altar de la Hacienda local. Y Hacienda jamás reporta votos. Gallardón tenía la figura de Manuel Cobo. Yel Ayuntamiento de Barcelona cuenta con un gerente. En Sevilla todo se ha apostado a la figura de Zoido, que ha vivido al día, entregado a una agenda que otros confeccionaban y que hace cinco meses que dejó de incluir cada lunes por la mañana la reunión de los concejales del Grupo Popular para fijar los objetivos políticos de la semana. Zoido ha seguido un modelo radial de relaciones con sus concejales, de tal forma que unos no podían saber cuáles eran las necesidades de otros porque nunca había puestas en común. La carencia de una estructura piramidal de gobierno, operativa y con un calendario de sesiones establecido, ha sido clave. La brecha entre los delegados de distrito y los tenientes de alcalde ha sido excesiva. Este defecto no se ha apreciado, por ejemplo, en algunas empresas municipales, como Tussam y Lipasam, donde los objetivos se han cumplido con mérito. Sólo durante unos meses funcionó un grupo de trabajo en el que se integraban los delegados de Urbanismo y Hacienda, el portavoz del Grupo Popular, el vicepresidente de las empresas municipales y el jefe de gabinete de la Alcaldía. Pero este intento por sistematizar el trabajo duró poco.

Urbanismo. La Gerencia ha sido el motor gripado del gobierno. Maximiliano Vílchez ha estado más preocupado por no meter la pata que por sacar adelante proyectos. Ha ejercido un urbanismo tan honrado como pusilánime, tan silencioso como infructuoso. Los escándalos de los años de Monteseirín han provocado un gobierno acomplejado. La coyuntura económica no ha ayudado, pero tampoco ha habido ni imaginación ni impulso político para colocar, por ejemplo, un simple azulejo en Triana, o para instalar unos toldos en la Avenida. Con el PGOU se ha seguido la política del metisaca: primero se anuncia una comisión de sabios para su revisión y después se renuncia a ella. Ni comisión, ni sabios, ni listos, ni tontos, ni el PGOU revisado. El gerente de Urbanismo no se ha comprometido con la causa zoidista en ningún momento, como tampoco lo ha hecho el de Emvisesa, todo lo contrario que los de Tussam y Lipasam. Torreglosa vive una luna de miel con el sindicato de conductores. Yhasta los más críticos con Paco Pepe han perdonado sus pecados veniales y han terminado por reconocer su capacidad de trabajo y su dominio del sector de la limpieza.

Miedo a decir no. Al alcalde le cuesta un mundo decidir un cambio, y afrontar un problema tanto como dar nones a una petición. Tiene la escuela de Rajoy: orilla los conflictos como si fueran a arreglarse por efecto de alguna fuerza desconocida. Yen ocasiones hasta le ha ido bien, pero en otras ha provocado el efecto contrario. Cualquier vecino que lo ha abordado sabe que su respuesta siempre es complaciente y se remata con una indicación a su jefe de gabinete:“Alberto, toma nota del número de este señor, que vamos a atender su solicitud”. Generaba así la ilusión del vecino, que al día siguiente estaba telefoneando a la Plaza Nueva en demanda del cumplimiento de la promesa. La ilusión se tornaba en frustración en no pocas ocasiones. Pongamos otro ejemplo. Al confeccionar la nueva lista electoral, no ha sabido prescindir de su número dos, Javier Landa, al que había retirado funciones y había mandado avisos por medio de la prensa para provocar su marcha voluntaria. Landa ha sido feliz en el Alcázar, pero ha generado problemas y antipatías hasta el punto de ser declarado persona non grata por una entidad tan poco sospechosa de beligerancia como el Curso de Temas Sevillanos.

Demoras. El gobierno tardó en echar andar. El efecto de los 20 concejales subió en un pedestal a más de uno y de dos, tanto como tenía escondidos y un punto avergonzados a los miembros de la oposición. “Tardamos en coger el teléfono a mucha gente”, admite ahora un estrecho colaborador de Zoido. Ha habido empresarios esperando meses una cita con el alcalde, mientras se multiplicaban las fotos de su asistencia a esos canapés donde se concentra siempre la misma Sevilla, donde sólo varía el adulado, nunca el adulador.

Modelo. A Zoido le chirría la teoría sobre la necesidad de tener un modelo de ciudad. Quizás tenga razón en que se ha abusado de ella en otros tiempos para vender fuegos de artificio, pero no es menos cierto que este Ayuntamiento no ha tenido un plan estratégico definido, ni las delegaciones han seguido un plan director. En general, se ha actuado a salto de mata. Una prueba del caos es que el alcalde se enteró por la prensa de la implantación de la zona azul.

Interventor. Casi todos los concejales se quejan de las trabas impuestas por la Intervención General a muchos gastos. Demonizan incluso la figura del interventor y del viceinterventor como funcionarios implacables. Bien es verdad que también hay quienes consideran lógico el papel de ambos cuando tantos interventores y funcionarios están haciendo el paseíllo por los juzgados de toda España. La coyuntura no está para interpretaciones de la ley según el viento político que sople.

Deportes y Cultura. La coca-cola ya ha perdido el gas. El concejal, no sin antes escrutar por enésima vez la dependencia, se refiere a dos parcelas de poder específicas. “En Deportes se ha hecho una gestión profesional impecable. Pero el proceso de transición de las juntas rectoras se ha vendido mal. No se ha presentado como una solución y se ha terminado percibiendo como una imposición. No se ha conseguido que los nuevos adjudicatarios den la cara. Yen Cultura se ha hecho muy bien, pero las diferencias entre María del Mar y Benito Navarrete se han evidenciado demasiadas veces. Estos dos egos debían haber sido coordinados por alguien para evitar ciertos numeritos”.

Despedida. “Zoido es un tipo extraordinario, pero muchas veces ha sido el padre de familia numerosa que llega a casa harto de trabajar y no está para que los niños le cuenten problemas. Y en un gobierno hay que afrontar muchos problemas cada minuto”.