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Sevilla espera a Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 23 de septiembre de 2018 a las 5:00

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Pablo Casado no ha pisado Sevilla como presidente del PP. La última vez que estuvo en la capital de Andalucía fue para hacer campaña en las primarias, cuando convocó un acto en la sede regional del partido. Aquel día fue recogido en la estación de Santa Justa por la presidenta provincial, Virginia Pérez. Desde su triunfo en el congreso extraordinario, Casado ha estado en Almería, Córdoba, Málaga y Algeciras. El caso es que el casadismo en Andalucía no existe de momento. Está pendiente de fundación. Y tendrá que constituirse, necesariamente, por medio de los conversos repentinos al casadismo (antiguos partidarios de Cospedal) o de neocasadistas procedentes del sorayismo que arrasó en las primarias.

El PP andaluz apoyó masivamente a Soraya Saénz de Santamaría, con Juan Manuel Moreno Bonilla y Javier Arenas como principales referencias. Los cospedalistas se pasaron al bando de Casado tras la derrota en las primarias por una cuestión de pura supervivencia. Ironías del destino, Casado se estrenará en unas elecciones en la región donde, en el inicio de su carrera a la presidencia, no contó con partidarios de peso.

El partido en Andalucía es un manojo de nervios y tensiones desde el congreso extraordinario. Esto se explica porque casi nadie puede presumir de ser al cien por cien del lider, pero todo el mundo se ve en la tesitura (incluido un histórico como Arenas) de mover ficha para estar en las listas electorales o asegurar su futuro. De entre los escasos casadistas andaluces con algún grado de relevancia están Esperanza Oña, vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, pero relegada a un puesto de Defensora del Afiliado en el nuevo organigrama de Génova; el alcalde de Vejer de la Frontera, José Ortiz, elevado a secretario del Grupo Popular en el Senado y que es el único que parece aspirar a poner en marcha el casadismo andaluz; algunos diputados autonómicos como Teresa Ruiz-Sillero o Guillermo García Longoria, el presidente del PP de San Fernando, José Loaiza o el portavoz del PP en la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite. Para encontrar más casadistas ‘pata negra’ habría que descender ya a alcaldes de municipios menores.

Cómo será el casadismo andaluz dependerá mucho del resultado de las elecciones autonómicas, donde Ciudadanos apostará muy fuerte con Albert Rivera e Inés Arrimadas muy presentes durante toda la campaña. Los antiguos sorayistas aspiran, al menos, a que Moreno Bonilla salve los muebles con un resultado digno. Eso les bastaría para mantenerse vivos políticamente. Si el malagueño se pega un trastazo en las urnas, como sería perder la condición de segunda fuerza política, todo indica que esa misma noche tendrá que tomar una decisión en firme. De hecho, muchos de los movimientos internos en el PP andaluz trabajan ahora misma con este pronóstico. Los cospedalistas barajan la figura del ex alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, como relevo para la presidencia del partido. El ex secretario de Estado del Ministerio del Interior, que ahora mismo carece de cargo institucional, forma parte del comité ejecutivo del PP, que tiene 97 miembros.

La clave será si Nieto es integrado en la lista autonómica por Córdoba para que se garantice un puesto en el hemiciclo de las Cinco Llagas. Nieto está muy vinculado a Juan Ignacio Zoido, presidente del Comité Electoral al que Casado deja sentarse en los maitines de los lunes, pero que no forma parte del denominado Comité de Dirección. De hecho, este comité (que es el que de verdad pilota la gran nave del partido) está formado por sólo cinco miembros (el presidente, el secretario general y los tres portavoces parlamentarios), pues Casado ha dejado técnicamente fuera hasta a los vicesecretarios generales.

Los hasta ahora sorayistas tendrían que buscar un nuevo rostro si Moreno Bonilla cosecha un fracaso sonado, y es entonces cuando podría entrar en juego el perfil de Fátima Báñez, ex ministra de Empleo que ha decidido seguir en política tras la marcha de Sáenz de Santamaría, su gran mentora y amiga personal.

En este proceso de cambio obligado del PP andaluz, nunca hay que olvidar la figura de Javier Arenas. Es evidente que la renovación del partido no puede pasar por su imagen, pero también lo es que se moverá (se mueve, nunca deja de moverse) para tener su sitio. Se trata de una combinación difícil, una operación que quedará ligada igualmente al resultado de las autonómicas. Arenas es actualmente senador por designación del Parlamento, donde el PP cuenta con cuatro actas. Nadie descarta que pueda perder alguna si sufre un revés electoral, por lo que la búsqueda de huecos sería más difícil.

En Sevilla, el candidato del PP a la Alcaldía, Beltrán Pérez, mantiene una relación fluida con Javier Maroto, vicesecretario general, por medio de su asesor electoral, Rafael Laza, jefe de gabinete del político de Vitoria. Pérez también recupera el contacto con Juan Ignacio Zoido, ex alcalde de Sevilla. Los nuevos tiempos obligan a retomar relaciones por el bien de la marca del partido.

Y el cospedalista José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, se llevó este septiembre a la feria de su localidad al alcalde de Vejer de la Frontera, todo un guiño del sevillano a quien pretende ser heraldo del casadismo andaluz. El PP solo tiene siete alcaldías en la provincia de Sevilla, donde curiosamente hubo uno que ejerció de casadista desde el principio: Ricardo Sánchez, de Mairena del Alcor. Sánchez fue por decisión de Moreno Bonilla el presidente del polémico Congreso del PP de Sevilla, pero cuando llegaron las primarias nacionales se desmarcó de la directriz del aparato regional y fue por libre al apoyar a Casado.

 

La arenga del PP a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, JAVIER ARENAS

ESTA semana hubo cónclave del PP sevillano. Junta Directiva Provincial se llama. El curso ha comenzado sin la asistencia del responsable de seguridad. El PP mejora, ya no se intuye un grado de tensión que haga necesaria la presencia de ese señor corpulento que ha evitado más de una gresca. Arenas estuvo. En su ausencia o presencia (según conveniencia) estaba el morbo. Yestuvo, esta vez en primera fila junto al veterano Felipe Rodríguez Melgarejo. Habló Arenas al final para felicitar a la presidenta Virginia Pérez por su discurso, el mejor desde que es presidenta. Lástima que la reunión fuera a puerta cerrada. Y habló Melgarejo que, como siempre, abogó por un PP sin complejos en asuntos como TVE, la exhumación de Franco, etcétera. Se percibió, apuntábamos, un cambio en el discurso de la presidenta, que no hizo ya ninguna referencia a asuntos internos. La presidenta preparó una intervención netamente política, una suerte de arenga dirigida a la militancia del PP en clave nacional. Parece el inicio, esta vez sí, de un tiempo nuevo en la formación sevillana tras tiempos convulsos. Tal vez Virginia Pérez quiere seguir el mensaje de Casado en el congreso extraordinario de julio, cuando recién investido como presidente proclamó en el plenario del Hotel Marriot: “¡Ya no vamos a perder ni un minuto más en hablar de nosotros!”. Y la presidenta parece que se ha tomado la labor con entusiasmo al emplear un tono más político, más crítico, más duro, más directo y más irónico. Se dirigió a la junta de pie, ante el atril, “algo que sé que no es habitual”, dijo ella misma.

En el congreso extraordinario, como era obligado, no se pudieron debatir ponencias, razón por la que la presidenta se felicitó de que el nuevo PP de Casado haya convocado para diciembre una convención nacional: “Estaremos el 1 y 2 de diciembre donde toque estar. Allí estará el PP de Sevilla. Se nos están complicando las cosas como españoles. No es que se nos estén complicando las cosas políticamente a nosotros, individualmente o como dirección política”. Pérez cargó contra directamente contra el presidente Pedro Sánchez y sus socios de investidura: “Hicieron una moción de censura contra España, contra todos los españoles”. Reconoció que aún no habían pasado los cien primeros días de Sánchez en la presidencia: “Pero estamos en casa, aquí me voy a permitir criticar lo que quiera criticar. Sánchez es un presidente legítimo por la Constitución, pero ilegítimo porque no lo ha votado nadie. Me preocupa enormemente ver lo que han hecho en 95 días con tres semanas de vacaciones. ¡A Dios gracias que han sido tres semanas de vacaciones! Yo espero que este hombre, aunque sea ateo, coja las vacaciones de Navidad, Semana Santa y todo lo que le den”. Censuró el estilo de gobierno de un presidente en minoría:“¡Ancha es Castilla con los decretos! Pretende modificar las atribuciones del Senado. ‘Tengo una varita que se llama decreto y ¡pam!’. Pero es que va a más, es que este señor –dijo– al que no lo votó nadie porque tiene 84 diputados, se levanta un buen día y se plantea conseguir los votos de Podemos. Ya está. ‘¡Vamos a sacar a Franco del Valle de los Caídos!’ ¿Modificando la Ley de Memoria Histórica? No, por decreto. ¿Qué es la Transición, por Dios, teniendo una herramienta como el decreto en la mano?”.

La mayor parte del discurso fue de asuntos de política nacional. Un cambio de táctica por elevación. “Mirad, yo nací en democracia y no soy precisamente muy joven. Yo nací con una Constitución. Que venga este señor a decir que por decreto, por urgente necesidad, hay que abrir una tumba… Este señor, con todos mis respetos, se lo tiene que hacer mirar. Es lamentable y preocupante. Sí, es preocupante porque tiene la varita del decreto. Este señor decide cambiar el Código Civil por decreto para que se le pueda quitar la patria potestad a un padre con un informe de los servicios sociales. ¡Yo no veo a nadie salir a la calle, ni siquiera a nosotros, no nos oigo!. Me gustaría oírnos ahora por lo menos una cuarta parte de lo críticos que fuimos con nosotros mismos. La situación lo requiere, no estamos hablando de ninguna tontería. Estamos hablando de la Transición, de nuestra democracia, de nuestro Congreso, de nuestro Senado, de nuestras casas, de nuestros hijos.. ¿Dónde estaría un presidente del Gobierno del PP con 84 diputados si anunciara, solamente anunciara, alguna de estas medidas?”.

La presidenta del PP sevillano también se refirió a la fuerte polémica del huido Puigdemont y el juez Llarena. “¿Tú qué tipo de presidente eres?”, preguntó retóricamente a Pedro Sánchez. “Y sigo sin oírnos, quiero oírnos porque nos tendrán que escuchar. Quiero un presidente del Gobierno que se ponga de pie y que diga que a mi Justicia, la de mi país, no la juzga nadie. Pero a nosotros… No nos oigo”.

Repartió estopa también a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio: “Sale una señora diciendo que le han metido un gol con un sindicato de prostitutas… ¡Y tampoco nos oigo! Y eso ha pasado hace cuatro días. Esto es para pensarlo, es muy serio lo que está pasando con el gobierno de nuestro país. Por decreto hacemos una purga en RTVE y no pasa nada. A este paso van a echar al bedel de TVE porque votó a la UCD. Cuando uno es de izquierdas es inmune, no pasa nada. ¡Y yo sigo sin oírnos! Quiero que eso cambie”.

Refirió la presencia de Casado en Algeciras el pasado verano: ““He oído a Pablo Casado hablar de inmigración. Lo hemos tenido en Andalucía. Hemos conseguido que pongan otro centro de acogida de menores en otro municipio donde gobernamos. Han desaparecido 80 chavales, no sabemos dónde están estos chiquillos, que vienen a buscar un futuro mejor, no vienen de vacaciones. Alguien tendría que explicarlo. Se nos tiene que oír cuando lleguen las elecciones tenemos que ganar por nuestros hijos”.

No hubo alusiones ya a los problemas de convivencia generados por el congreso provincial. Tampoco asistieron muchos de los cospedalianos que se pasaron al bando de Casado. Ni los diputados Zoido y Tarno, ni el senador Sanz, alcalde de Tomares. Éste último gozó en la feria de su pueblo de la compañía del alcalde de Vejer, José Ortiz, hoy secretario del Grupo Popular en el Senado. Ortiz es de los escasos casadistas pata negra del mapa andaluz. El caso es que por un motivo u otro tanto en Sevilla como en Andalucía, el casadismo está pendiente de fundación. Todavía no tiene su particular foto de la tortilla. Unos no lo apoyaron nunca, otros lo apoyaron en segunda instancia por conveniencia que rima con supervivencia. ¿De quién fiarse en el Sur, Pablo?

Javier Arenas, un superviviente en peligro

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2018 a las 5:00

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“Yo me conformo ya con sentirme cómodo cuando llegue a la sede del partido”, confesó en un encuentro celebrado solo días antes de la moción de censura repentina que echó a Rajoy de la Moncloa. Javier Arenas no es ningún anciano. Cumplirá 61 años en diciembre en una España con una esperanza de vida por encima de los 80. Su virtud, o su lastre, es que lleva cuarenta años en la actividad política, de los que treinta y cinco los ha pasado en cargos públicos. Nadie en Andalucía se ha mantenido tantos años en activo en puestos tan distintos y preferentes. En una trayectoria tan dilatada le ha dado tiempo a cosechar grandes amistades tanto como a crearse un buen ramillete de enemigos, críticos y desafectos. Porque entre sus adversarios hay grados. Ha ejercido el poder con todas sus consecuencias: ha colocado a tanta gente como frustraciones ha provocado en quienes no fueron premiados con un puesto, y ha movido a su antojo a un buen número de peones, muchos de los cuales después se han rebelado tratando de darle por un político amortizado. Arenas lo ha sido casi todo en política. Suma tanto tiempo en el machito por dos razones fundamentales: posee cualidades brillantes (oratoria, intuición, astucia, capacidad de persuasión) y sabe sufrir cuando llega la hora. En la actual coyuntura, el lince de Olvera se encuentra ante la enésima adversidad. Pablo Casado, el nuevo líder de la derecha española, decidió dejarle sin cargos añadidos. El todopoderoso Arenas condenado a ser un senador raso. Pero en cuestión de horas, Arenas logró el asidero de la portavocía adjunta en el Senado, un punto de apoyo, testimonial si cabe si se aprecia su colosal currículum, pero una agarradera en la práctica para ir saliendo del paso y ganar tiempo para, quién sabe, reinventarse otra vez, asumir un nuevo rol.

Arenas se conforma de momento con esa portavocía adjunta, un tendido de Sol en el coso de la política para un político que ha disfrutado muchas veces del alivio de la sombra acomodado en las mullidas almohadillas del poder.

Nadie lleva tantos años en activo como Arenas. Ni Felipe ni Guerra. Ni Rojas-Marcos, que lo quiso fichar en su día para las filas andalucistas. Ni Soledad Becerril, ni por supuesto Chaves, Griñán o Zarrías, tres socialistas que penan en el banquillo por el caso de los ERE.

Arenas ha sobrevivido a varias crisis. Ahora ha quedado relegado tras perder Soraya Sáenz de Santamaría la batalla por la presidencia nacional del PP. Arenas se encuentra ante el precipicio, una situación que, no obstante, no es nueva en su trayectoria.

En 1986 era un prometedor edil democristiano por la denominada Coalición Popular en el Ayuntamiento de Sevilla cuando sufrió su primer golpe. Quedó descabalgado de la portavocía del grupo municipal al escindirse la AP de Manuel Fraga del PDP de Óscar Alzaga. Fue defenestrado pese a su ya considerable tirón mediático. En 1987 se presentó como cabeza de lista a las municipales por el PDP y obtuvo menos de 5.000 votos. No sacó ni su acta de concejal tras una campaña basada en el lema ‘Es capaz’, plasmado en unos carteles donde se veía a Arenas ante una batería de micrófonos. Tras este segundo tropiezo se dedicó a sus labores de parlamentario andaluz y a las de un despacho de abogados que fundó con Javier Alés y Luis Miguel Martín Rubio en una habitación del edificio María Luisa Park. Posteriormente se unieron Carlos Rosado y Juancho Fernández Trueba. El joven Arenas, que aún no tenía los 30 años cumplidos, aquel dirigente prometedor y mediático, conoció muy pronto las hieles de la política.

En 1989 fue reclutado para las filas del nuevo PP en una reunión celebrada en casa del macareno y concejal Manuel García, en la calle San Luis. Allí estaban de testigos dos jóvenes de Nuevas Generaciones, Juan Luis Muriel y Jaime Bretón, y el diputado nacional Juan Carlos Guerra Zunzunegui, muy vinculado a importantes empresas periodísticas. Al bautismo, pues, no le faltaban padrinos de peso. Todos le reconocían una enorme capacidad de liderazgo.

Tras la caída de Antonio Hernández Mancha y el ascenso de José María Aznar a la presidencia nacional del PP en el célebre congreso celebrado en Sevilla en 1990, éste tuvo claro quién sería su hombre para sustituir a Gabino Puche en Andalucía. Aznar siempre apostó por Arenas. Lo impulsó desde el principio. Arenas fue candidato a la presidencia de la Junta dos veces en una primera etapa: 1993 y 1996. En la primera le arrebató la mayoría absoluta al PSOE (dio lugar a la conocida como legislatura de la ‘pinza’ en la que el PP se alió con la IU de Luis Carlos Rejón para bloquear al gobierno) y en la segunda se quedó con 40 diputados y Chaves ya pudo gobernar con el PA con toda comodidad. En aquel tiempo cometió un error al dejarse fotografiar mientras el betunero del Hotel Palace daba lustre a sus zapatos. Aquella imagen le costó para siempre la injusta etiqueta de señorito andaluz. A Arenas se le podrán reprochar muchas cosas, pero no la de ser un  señorito.

En cualquier caso nunca dos derrotas fueron tan rentabilizadas en política. A Aznar le valió el aumento de votos que el PP obtenía en Andalucía para llegar a la Moncloa en 1996. El objetivo principal estaba cumplido. A Arenas no se le exigía entonces ganar las elecciones andaluzas. Su esfuerzo fue premiado con un largo período de sucesivos cargos de indudable peso: varias veces ministro, secretario general y vicepresidente del Gobierno. Dejó Andalucía, donde dicen que podía haber llegado a presidente al tercer intento, para protagonizar sus ocho años de mayor brillo personal.

Los atentados del 11-M de 2004 desalojaron al PP del Gobierno contra todo pronóstico. Arenas tuvo que regresar a la aventura regional. Cesó así la etapa de Teófila Martínez como presidenta del PP andaluz, vigilada siempre por el principal vicario de Arenas, Antonio Sanz. La verdad es que Arenas nunca dejó de tutelar el partido desde sus altos despachos en la capital. En esos momentos difíciles, el lince de Olvera demostró su enorme facilidad para pasar del Falcon presidencial al monovolumen de la sede regional del PP, de pasear por los jardines de la Moncloa a patearse los pueblos más perdidos de Andalucía. Una evolución parecida a la de ahora: de vicesecretario general en Génova y secretario general del grupo popular en el Senado, a mero portavoz adjunto en la Cámara Alta. Ahora no le alumbra más que la tenue luz de una velita de promesa después de haber disfrutado de todo un cirio pascual.
En su segunda etapa andaluza fue otras dos veces candidato a la presidencia de la Junta: 2008 y 2012. 2008, además, fue un año clave en lo orgánico. Su apoyo a Mariano Rajoy en el congreso de Valencia fue fundamental para que el gallego no fuera descabalgado de la presidencia del partido. Rajoy lo premió con una vicesecretaría general, aunque nunca lo hizo ministro. Algunos creen que por cautela en caso de que el sevillano resultara imputado a cuenta de las investigaciones judiciales del caso Bárcenas, en el que Arenas declaró como testigo en 2013.

En las autonómicas de 2008 obtuvo 47 diputados, pero Chaves recuperó la mayoría absoluta. En 2012, ¡qué amarga victoria!, ganó por primera vez las elecciones, con 50 diputados, pero quedó orillado del gobierno. Ha sido el golpe más duro de toda su carrera política. Sus más allegados se empeñaron entonces en dar por concluida su carrera política. Era el cuarto intento de alcanzar la Junta, esta vez lastrado por las medidas impopulares tomadas por Rajoy desde noviembre de 2011 para salvar a España del rescate económico. Las elecciones andaluzas fueron en marzo. Arenas tuvo al peor enemigo en casa en esos cuatro primeros meses del Ejecutivo de Rajoy, donde no había viernes sin el Consejo de Ministros recortando el estado del bienestar de todos los españoles.

Arenas desde entonces se conforma con influir en la sombra, con asistir desde una segunda fila a los acontecimientos. Ganó el congreso provincial de Sevilla en 2017 impulsando decisivamente a algunos de sus ‘nietos’, Beltrán Pérez y Virginia Pérez entre ellos, contra sus antiguos ‘hijos’, caso de  Juan Ignacio Zoido, José Luis Sanz, Juan Bueno o Ricardo Tarno. Hay una escena de la novela El Abuelode Pérez Galdos,  magistralmente llevada al cine por José Luis Garci, que retrata el momento en que todos los deudos del Conde de Albrit intentan confinarlo de buenas maneras en un monasterio con la excusa de proporcionarle comodidad en sus años de ancianidad. ¡Qué derroche de tacto! Cuando el viejo noble se da cuenta del ardid, comienza a protestar, les reprocha la conducta y, uno a uno, les recuerda cuánto hizo por sacarlos adelante. Arenas podría hoy afirmar mirando a la cara de sus antiguos pelotas: “A ti te coloqué en Madrid y te ayudé a acabar Derecho”, “A ti te coloqué a tu familiar en el Ayuntamiento del pueblo”, “A ti te firmé la carta de recomendación”, “A ti te hice delegado del Gobierno”.

Uno de sus grandes amigos auguraba en las vísperas de las votaciones del último congreso en Madrid que Arenas tenía interiorizado que su etapa política concluía con la marcha de Rajoy. Pero Soraya Sáenz de Santamaría lo citó entre sus colaboradores si se alzaba con la presidencia, y es cierto que el plenario del Hotel Marriot Auditorium recibió con aplausos su nombre.

Ganó Pablo Casado, el joven vicesecretario que siempre se ha referido en privado al político andaluz como “el maestro Arenas”, con el que ha almorzado casi todos los lunes tras los ‘maitines’. Pero la aviesa Cospedal se cobró su apoyo y Arenas fue descabalgado. Cospedal se ha afanado hasta el último minuto de su secretaría general en tratar de derribar a Arenas, para lo cual ha ido reclutando en los últimos años a aquellos que en tiempos fueron dóciles peones del lince de Olvera. Aquellos que se peleaban por jugar al pádel con Arenas, reservarle mesa en el Espigón, reunirse con él en Antares, estar a su lado en los cafés en Oriza, recogerle en Santa Justa cuando regresaba de Madrid para pedirle algún favor en el trayecto del coche… Y ahora no terminan de organizar su funeral después de llevar escribiendo su obituario político desde aquella noche electoral de 2012 en la que decenas de bandejas de canapés quedaron intactas.

A Arenas quizás le quede ahora la contemplación de pequeñas satisfacciones superadas ya las ilusiones por ser presidente del Congreso o del Senado. Es presidente de honor del PP andaluz, lo que le reviste de autoridad moral para pedir ser diputado o senador. Su ilusión sería ver de alcalde de Sevilla a Beltrán Pérez, o tal vez el aumento de alcaldías del PP en la provincia… Esas cuotas de poder que le permitan sentirse recibido con calor en el partido y en las instituciones (¡cómo le gusta regresar a los salones del Ayuntamiento sevillano!) y ser requerido por una nueva hornada de dirigentes que le pidan consejo.

Es tenido por muchos como el político andaluz más inteligente en la historia de la democracia. Hay quienes lo tienen por un trilero o un consumado engatusador. En cualquier caso ha creado escuela, es imitado hasta en su discurso y en sus gestos. Es el padre de la derecha andaluza. Hasta ahora se ha levantado después de cada traspiés. Ahora el ex vicepresidente del Gobierno quiere simplemente sentirse cómodo. Su vida es la política, no el despacho de abogados. Aznar apadrinó a un hijo suyo en la Macarena. Aznar ha vuelto a pisar la sede de Génova tras la victoria de Casado. Aznar ha logrado sentirse cómodo, otra vez, en Génova. La política no tiene memoria, sólo entiende de alianzas coyunturales. Y en esos tejemanejes, Arenas ha demostrado ser todo un druida. Y lo más difícil: un druida de larga trayectoria que sabe más por viejo… que por druida. Todo el día inventando pócimas para sobrevivir y estar cómodo. Todos los que lo quieren enterrar son deudos suyos cuando Arenas no tiene ni  la edad en la que Churchill fue Primer Ministro por primera vez. Javier Arenas, un niño de 60 años, un maestro del regate corto, todavía no ha dicho su última palabra, porque lo ha sido todo, lo ha vivido todo y nada es capaz de sorprenderle. Si estuviéramos en una cultura anglosajona, este andaluz tendría la agenda cargada de conferencias bien remuneradas y daría clases en varias universidades privadas sobre la vocación perenne, la habilidad para reinventarse, la capacidad para crear un partido hegemónico (una estructura fuerte sin riesgo de guerras cainitas) que represente a la derecha andaluza. Pero en esta tierra priman la envidia y el betunero. Quizás sus dos principales defectos hayan sido rodearse de demasiados mediocres y tenerle un respeto excesivo a una ciudad como Sevilla. El druida se enfrenta ahora al enésimo reto: hallar la pócima que le salve de un nuevo precipicio.

Las conexiones andaluzas con Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 24 de julio de 2018 a las 5:00

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AVE de regreso a Sevilla en la tarde del sábado. El tren va cargado de militantes andaluces del PP, todos sorayistas. Han perdido. Entre ellos hay sevillanos. También hay compromisarios del Puerto de Santa María, San Fernando y Valverde del Camino. Hablan o, mejor dicho, largan sin saber que el periodista escucha. Conversan entre ellos y también por el teléfono móvil. “¡Yo he votado a Soraya, pues claro! Pero Casado ya es mi presidente. Y que venga rápido a Valverde a por unos botos, ¡porque sin botos de Valverde no se puede ser presidente del Gobierno!”. Huele a destilado combinado con refresco de naranja.  Los de Cádiz están apesadumbrados, lucen pulseras del partido. “Al final han hecho lo que critican, un pacto de perdedores para que no gobierne la ganadora”.

Tarde noche de ese mismo sábado. Arranca la Velá de Santa Ana de Triana. El equipo de Casado, con inteligencia, hace llegar al PP de  Sevilla mensajes de tranquilidad. Van dirigidos a la estructura provincial. Se reciben con agrado porque los rumores sobre un posible intento de derribar la candidatura de Beltrán Pérez habían comenzado. Todo indica que eran fruto de euforias mal digeridas. Ninguna candidatura peligra. 

Mañana del lunes. Pablo Casado es entrevistado por Carlos Herrera. El nuevo presidente confirma la candidatura de Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional del partido, para las próximas autonómicas. Moreno ha estado claramente a favor de la candidatura de Sáenz de Santamaría, pero también conoce a Casado desde hace años. Ambos estuvieron en sus respectivas bodas. En la misma entrevista radiofónica, el nuevo líder nacional del PP añade ya su cuota al aludir a la necesidad de contar con dirigentes que hasta no hace mucho tiempo han sabido ganar elecciones y han gobernado con eficacia. Tanto el PP regional como los aparatos provinciales entienden el mensaje con rapidez. Con Soraya de presidenta hubieran tenido libertad absoluta para confeccionar las listas electorales, pero ahora toca aceptar las inclusiones que vengan sugeridas (impuestas)  del nuevo aparato de la calle Génova. El caso más llamativo en clave andaluza es el de Juan Ignacio Zoido, que ya cuenta, como mínimo, con un asiento en el comité ejecutivo nacional. Zoido ha sido la cuota cospedaliana andaluza en el equipo de Casado. El ex alcalde de Sevilla bien puede ser ese perfil de dirigente al que alude Casado: ha ganado elecciones con contundencia hasta no hace mucho tiempo. 

Con Zoido habrá que contar para las listas electorales, eso se da por hecho en el aparato regional y provincial. Él se ha asegurado su puesto al Congreso de los Diputados, distinto es que su influencia pueda ir más allá de garantizarse la continuidad de propio escaño en Madrid.

Y no hay que olvidar que Casado también se refiere a la ex alcaldesa de Fuengirola, Esperanza Oña, que sonó muchas veces, más por fuera que dentro del partido, como posible candidata a la Junta. Todo se prepará por si Moreno se da el trastazo en las autonómicas. Y ojo al ex ministro Margallo, ya en el comité de Casado, que el domingo ya proclamaba en televisión que no se podía prescindir de perfiles como el de la andaluza Fátima Báñez. 

Soraya no ha ganado. Pero lo peor para el PP regional y para el PP de Sevilla hubiera sido la victoria de María Dolores de Cospedal, que ni siquiera pisó la capital durante los días de campaña de las primarias, ni en el período de la segunda vuelta. El PP andaluz, el sevillano y el de varias provincias más han apoyado a Sáenz de Santamaría, pero no han mostrado animadversión contra Casado. 

Un compromisario sevillano se lamentaba en la tarde del sábado, mientras el AVE se detenía en Ciudad Real: “No hemos ganado porque, sencillamente, la guerra nos cogió en un bando y no en otro. Somos de Sevilla. Y Sevilla apoyó oficialmente a Soraya”.

En Sevilla hay calma tras unos primeros momentos de zozobra que provocaron espantás repentinas sin esperar a la lectura oficial del resultado. Hay muy buena relación con Javier Maroto, uno de los grandes casadianos de Génova. Sevilla fue la primera provincia en acoger su Ruta Social. El jefe de gabinete del político vasco, Rafael Laza, es el gurú de Beltrán Pérez, su asesor electoral, el creador de sus lemas de pre-campaña, el conocido como Panoramix del ‘palomar’. La presidenta provincial, Virginia Pérez, fue personalmente a recoger a Casado a la estación del AVE cuando el hoy presidente vino a hacer campaña en un acto en la sede regional. Ambos se comunican directamente por teléfono. Se respetan. Y en la provincia de Sevilla, por cierto, hay un pueblo que en las primarias apostó con claridad por Casado: Mairena del Alcor. A título particular hay un sevillano del centro y militante por el distrito de Los Remedios que está muy bien colocado con respecto a Pablo Casado. Se trata de David Antequera, del equipo de Adolfo Suárez Illana cuando el hijo del gigante de la Transición se presentó a las elecciones de Castilla La Mancha en 2003. Antequera entró en el plenario del congreso junto a Casado en la tarde del viernes. No era por casualidad. 

Tampoco hay que olvidar al concejal sevillano Alberto Díaz, mano derecha de Zoido y con hilo directo con Cospedal, que ha logrado sitio en la Junta Directiva Nacional de Casado. 

La noche de las vísperas de las votaciones, el PP sevillano convocó una cena en la Taberna O’donnell a la que acudieron miembros de todas las corrientes. Estuvo Ricardo Sánchez, alcalde casadiano de Mairena del Alcor; el compromisario de Los Palacios, también de Casado, y el de Utrera, que apoyaba a Cospedal y viró a Casado. La presidenta, al término de la cena, brindó para que saliese quien saliese elegido el sábado, ganara “el PP de España” y prometió que el PP de Sevilla “cerraría filas” con el elegido. 

Es cierto que hubo ausencias (ni Arenas ni Zoido acudieron) pero también fue una nueva demostración de que la formación en Sevilla ya hizo los deberes de integración tras el polémico congreso provincial de hace ya más de un año. Es esta circunstancia la que hace que Sevilla genere respeto. Ahora mismo es una provincia que, pese a las fuertes divisiones exhibidas en su congreso, se ha comportado como un bloque compacto en las primarias. 

 

El último ‘chichichí’ de Rajoy

Carlos Navarro Antolín | 20 de julio de 2018 a las 19:54

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Los compromisarios de la derecha política española se mezclan en el vestíbulo del colosal hotel Marriot con las azafatas de las líneas áreas de la compañía Fly Emirates. Turbantes rojos combinados con tonos azules. Manifestantes de la plataforma ‘Hazte Oír’ protagonizan una performancea las puertas del hotel cuando todavía no hay mucha animación. Lo ya sabido: sus miembros están con Pablo Casado y demonizan la figura de Soraya. Emplean pancartas, caretas y demás parafernalia. Los andaluces desembarcan. Los mejores momentos ocurren cuando Gabriel Amat, situado estratégicamente junto al acceso principal del hotel, va recibiendo a quienes se acercan a su sofá. Se levanta y explica la que todo el mundo considera que ha sido su sorpresiva posición política: primero al apoyar a Cospedal y después a Casado. El almeriense tiene ganas de explicar sus razones en privado, pero por el momento parece que nadie alcanza a comprenderlas. La vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, Patricia del Pozo, es de las que charla con Amat en profundidad. A la vista de todos. El presidente del PP almeriense, presidente de la Diputación Provincial y alcalde de Roquetas tiene a todo el peperío andaluz perplejo después de años de fidelidad a Javier Arenas. El sevillano Arenas llegó a ser cabeza de lista en más de una ocasión por la provincia más oriental de Andalucía. ¿Qué será de Arenas, por cierto, tras este congreso? “Ha ligado su carrera a Rajoy, huelo que se va”, dice un destacado militante andaluz en privado.

La noche anterior fue larga. Se nota en la cadencia de los compromisarios a la hora de llegar al hotel para recoger las credenciales. Lo más comentado es la estrategia de comunicación de los candidatos en el último día de campaña: las imágenes difundidas sobre los almuerzos. Soraya y su gente, en una mesa sin mantel, con cajas de pizzas y refrescos, como hinchas de salón antes de un partido. Todos los comentarios coinciden en que Arenas jamás ha probado la pizza, pero en la foto se le veía muy implicado. Casado y varios ex ministros ofrecieron una imagen más formal al elegir el simbólico restaurante Arahy, donde Rajoy vivió su última tarde como presidente.

Soraya Sáenz de Santamaría fue la primera gran protagonista en acceder al plenario del congreso. Compromisarias de Cudillero (Asturias) venden lotería de Navidad terminada en 83. Juan Ignacio Zoido, ex ministro del Interior, compra un décimo. Al igual que el ex alcalde de Almería, Luis Rodríguez-Comendador. Ambos vienen de tomarse juntos una copita de Ribera del Duero. Celia Villalobos cruza el hotel como un ciclón. El aparato provincial del PP sevillano almuerza en un salón marcado por la estética de grandes murales de jugadores de hockey y baloncesto americanos. Llegan, por fin, los compromisarios de Madrid. Los de Murcia. Y los de Castilla la Mancha…

gruposevilla

Soraya tarda en descender las escalinatas del plenario. Se hace ‘selfies’ con todos. Va arropada por andaluces como Antonio Sanz, vicario de Arenas, la onubense Báñez y el presidente regional Moreno Bonilla. “Aquí hay mucho poder”, afirma una voz femenina. “No te equivoques, todo este tinglado es porque se ha perdido el poder”, replica una voz masculina. Arenas se quita y se pone las gafas de pasta. Casado llega minutos después entre vítores, arropado por Adolfo Suárez Illana, las andaluzas Esperanza Oña y Teresa Jiménez Becerril, la catalana Andrea Levy. Más ‘selfies’. Más sonrisas. La música suena a niveles estridentes cuando aparece Mariano Rajoy acompañado por Cospedal y Maíllo. “Chichichí, hola, hola, ¿qué tal?”. El ex presidente del Gobierno tiene un saludo especial hacia el ex delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Milló, el hombre que representa la aplicación del artículo 155. “Luego saludamos al catalán, pobrecito”, se oye entre el público. El canal interno de televisión ofrece en directo el saludo de Soraya y Rajoy, calculadamente frío en el gesto, pero cálido en la mirada. Hay complicidad. Del saludo del todavía presidente del partido con Pablo Casado no se ofrecen imágenes.

Casado y Soraya se sientan separados solamente por la presidenta del Congreso de los Diputados, la gallega Ana Pastor. El canal interno se recrea una y otra vez en el rostro emocionado de María Dolores de Cospedal mientras suena la Marcha Real, anunciada como “himno nacional” por el presidente del comité organizador del congreso, Luis de Grandes. Rajoy está acompañado por su mujer, una de las grandes desconocidas para los españoles, siempre con un perfil más que discreto y, ayer, con el rostro muy serio. Rajoy se lleva la primera gran ovación cuando Grandes proclama con entusiasmo: “¡Nos duele en el alma que te vayas!”. El auditorio truena. Todos en pie, menos Rajoy y su esposa. “¡Yo no quitaré tu retrato de mi mesa de trabajo!”. Más aplausos, más emociones, más liturgia de emociones y sentimientos para el consumo interno. Un congreso, en definitiva, es también un ajuste de emociones, además de ser un ajuste de cuentas. Ana Pastor proclama proclama a Rajoy como el mejor presidente. Rajoy llora y mira a su mujer, a quien se le cae una lágrima por la mejilla derecha.

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“Esta noche pronto a dormir, ¿eh? Que mañana el día es intenso”, susurra un veterano compromisario al oído de un miembro de Nuevas Generaciones. Cospedal, entera de blanco, termina su largo discurso. Hay militantes que se quedan sentados y no aplauden, como es el caso de muchos del aparato provincial sevillano. No la jaman. No pisó la capital de Andalucía en la campaña de las primarias. Se oye una maldad con acento andaluz: “Esta señora tenía su discurso hecho por si pasaba el corte de las primarias. Y le ha dado salida como hace mi madre con las albóndigas que sobran”. Un conocido socialista andaluz envía un mensaje en el que ruega que gane Casado: “Es mucho más batible que Soraya. Y en las fotos se parece a Rivera”. Rajoy se emociona por enésima vez, pero sin perder el tipo. “¿Presidente, un selfie?”. “Chichichí”.

La gran ventaja del PP de Sevilla en las primarias

Carlos Navarro Antolín | 8 de julio de 2018 a las 6:00

PP

LA máquina estaba perfectamente engrasada. Es la ventaja de quienes hicieron su revolución particular, que cuando llega una crisis que no es particular, sino que afecta a todas las estructuras, a algunos les pilla con el cuerpo preparado, el ánimo entrenado y la lección aprendida. La pérdida de la Moncloa dejó al PP en estado de conmoción y, al mismo tiempo, con la obligación de efectuar un relevo exprés en los despachos de la sede la calle Génova. El PP de Sevilla llevaba un año de resaca pública (y publicada) por el congreso provincial que sacudió su vida interna y que supuso la renovación de sus cargos en una operación no exenta de traumas. En el mapa nacional del PP, Sevilla ha sido el campo de batalla de dos líderes nacionales: Arenas y Cospedal. Siempre ha ganado Arenas. Entonces y ahora. Ya lo dijo alguien con sentido del humor esta semana: “El PP no está preparado para ganar un congreso sin Arenas”.

Andalucía ha sido fundamental para Soraya Sáenz de Santamaría, los telediarios nacionales así lo han reflejado, pero Sevilla ha sido especialmente clave. La circunscripción sevillana ha sido la que más votos ha dado a la ex vicepresidenta del Gobierno: 1.688. Más del doble de los sufragios conseguidos por María Dolores de Cospedal. Es más, Sevilla ha sido la provincia de España donde más diferencia de votos ha habido entre Sáenz de Santamaría y Pablo Casado: un total de 1465 votos. Y todas estas cifras, tan contundentes e incontestables, han sido generadas por una estructura de partido que venía de vivir una fortísima crisis interna a todos los niveles: desde el superior, con la rivalidad entre Arenas y Cospedal, hasta al nivel intermedio, con la refriega entre Virginia Pérez y Beltrán Pérez y los componentes de la denominada mesa de camilla que ha controlado el PP en los últimos lustros, a la que se sentaban Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno.

El PP de Sevilla le ha sacado un enorme rédito a aquellos días tensos del congreso provincial. Tenía la maquinaria interna a punto cuando se ha producido la gran sacudida del desalojo de Rajoy de la Moncloa y se ha activado el congreso extraordinario con unas primarias inéditas en la historia del partido. Sevilla ha demostrado jugar con la ventaja de la experiencia. La capacidad de movilización en favor de Soraya Sáenz de Santamaría deja muy reforzada a la combativa presidenta Virginia Pérez, que supo primero virar rápida y hábilmente desde un apoyo expreso a Feijóo hasta una apuesta decidida por Soraya. Además, tuvo el gesto de acudir como presidenta provincial a los actos electorales tanto de Cospedal en Tomares, como de Pablo Casado en la sede regional de la calle San Fernando.

La jornada del jueves deja otras muchas claves de interés para comprender la transformación de las estructuras del PP sevillano. La figura de Zoido queda muy diluida en Sevilla, con independencia de que acuerdos de última hora puedan salvarle de alguna forma con la asignación de algún papel en la estructura del partido en Madrid. Cospedal debió oler esa pérdida de influencia del ex alcalde cuando su único acto electoral en la circunscripción sevillana lo hizo en Tomares. La secretaria general no pisó la capital pese a contar con el apoyo del ex alcalde. No se atrevió. El escrutinio le ha dado la razón. Resultó llamativo que en su distrito de Nervión, pese a su implicación personal, Zoido no ha podido sacar adelante a sus candidatos como compromisarios (uno era el ex presidente del partido, Juan Bueno, y la otra Alicia Martínez, parlamentaria andaluza) frente a un veterano concejal (Jaime Ruiz) y la nueva presidenta del distrito (Inmaculada Gallardo) que trabaja en el grupo municipal que lidera Beltrán Pérez.

En el distrito de Triana, el trabajo discreto y eficaz de Rafael Belmonte y Mario Muñoz Seca (muy alejados del estereotipo tradicional del trianero) ha dejado fuera de órbita en poco menos de año y medio a una figura clave del zoidismo como Curro Pérez, que hasta hace pocos días era nada menos que el jefe de gabinete del ministro del Interior. El resultado para los partidarios de Zoido ha sido un espanto en Triana, donde han sido vencidos por más del triple de l os votos. En el distrito de los Remedios, tan solo Eloy Carmona ha conseguido su condición de compromisario y queda como solitario símbolo del zoidismo.
No ha habido oposición al aparato provincial en el Casco Antiguo, Cerro-Amate, Macarena, Norte o la Palmera-Bellavista (donde Luis Miguel Ruiz, beltranista acérrimo, controla el distrito). En los distritos Sur y San Pablo aumenta la distancia de los ahora oficialistas con respecto a los componentes del anterior equipo de gobierno. Los chicos de Nuevas Generaciones se comportaron como siempre: alineados con Virginia y Beltrán Pérez. En el Este, Francisco Ibáñez, beltranista desde primera hora fue el único candidato.

Los líderes del movimiento manijero, el que se hizo con las riendas del partido en el congreso provincial, movilizaron como nunca a sus votantes llevándolos hasta las mesas electorales. Los escasos referentes del zoidismo (localizados en municipios como Tomares, Mairena del Aljarafe y Espartinas) no lograron meter una cantidad de votos importante para Cospedal. Llamativos han sido los casos de Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas, donde las filas del partido parecen pacificadas a tenor de los resultados. Una cuestión distinta es que el PP haya cogido fuerza como para obtener buenos resultados en unas elecciones. No se debe confundir la interpretación de estos comicios internos con el mayor o menor músculo que tenga el partido en cada municipio de cara a unos comicios donde deberá batirse con otras formaciones. El PP tiene en Dos Hermanas, por ejemplo, las mismas posibilidades de ganar la liga que la Agrupación Deportiva de Ceuta de jugar la Champions.

Javier Arenas y Virginia Pérez votan en la sede del PP-A (calle San

 

En el PP sevillano se cumple desde el jueves el aforismo de Gramsci: “Toda fuerza emergente tiende a hacerse hegemónica”. Una victoria definitiva del sorayismo el 20 de julio facilitará el poder absoluto del aparato actual del partido. Y un mandato de Pablo Casado le otorgará, como mínimo, plena independencia . “Respetaré la autonomía provincial y regional”, proclamó en su reciente discurso de campaña en la sede regional en Sevilla.

El error de Zoido y los partidarios sevillanos de Cospedal ha sido, quizás, utilizar las estrategias antiguas en tiempos nuevos. En fútbol ya no ganan siempre los alemanes, pero en política suelen seguir ganando los aparatos. Los liderazgos de hoy exigen ser renovados cada día, como el mismo Rey Juan Carlos decía que debía ganarse el puesto cada día. El caso de Arenas confirma esta teoría: ha demostrado una tremenda habilidad para bajarse del falcon de ministro y subirse a la furgoneta del PP andaluz; para no dejar de actualizarse, ni de aprenderse los nombres de los nuevos miembros de Nuevas Generaciones de Sevilla que no habían nacido cuando él ya estaba en la pomada. Se ha empleado con tal intensidad que nadie ha logrado echarle. Su caso ya es digno de estudio. ¿Qué personaje de la política andaluza y sevillana suma tantos años seguidos en puestos de influencia?

La gran derrotada de las primarias es Cospedal, tanto en toda España como en Sevilla. Resulta sorprendente que toda una secretaria general no haya tenido el apoyo de ninguno de los lugartenientes de Rajoy. Arenas y Ayllón han estado con Soraya, mientras que Maroto y Levy han apoyado a Casado. Cospedal no ha sabido tejerse una red de apoyos pese al enorme poder interno que ha ostentado durante años. Sus aliados en Sevilla parece que han sacado más de ella de lo que ellos le han aportado. El único que ahora depende de sí mismo es el senador José Luis Sanz, al que le basta con revalidar la Alcaldía de Tomares, pues el poder territorial es el mejor aval en la política. Todos los demás quedan en tenguerengue, a la espera de componendas en la formación de una nueva ejecutiva. El PP de Sevilla ha quedado pacificado. Los ganadores lo han demostrado casi con la crueldad que es marca de esta tierra.

Política de avión, política ‘low cost’

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2018 a las 23:55

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Los aviones y los perros dan caché. Los gurús que asesoran a los políticos en la era del pensamiento ligero los tienen como símbolos de altura y de fidelidad, respectivamente. Los aviones y los perros (guau) son marcas blancas a las que los políticos quieren vincularse. Aviones y perros se suman estos días a una lista donde hace tiempo que están los mercados y los niños, que representan el pueblo y la inocencia, también respectivamente. Antes no viajaba cualquiera en avión, pero desde que existen las líneas de bajo coste se trata de un medio de transporte socializado, que diría Juan Espadas. El avión se ha democratizado todo lo que no lo ha hecho el coche oficial. A un avión sube ya cualquiera, la clave no está en subir, sino en cómo se aparece subido. Cuando el alcalde Zoido regresó de San Petesburgo, ciudad a la que viajó para defender la Torre Sevilla ante la Unesco, su gabinete montó un tinglado en el aeropuerto de San Pablo para hacer de la necesidad virtud y vender su gestión para salvar el rascacielos, pese a que había prometido tirar la torre cuando era líder de la oposición. Se tragó el sapo y se lo anotó como un éxito en la barra con la tiza del ustedes me la deben. A los periodistas se les invitó a fotografiar la llegada de Zoido a Sevilla. Se retransmitió la bajada del alcalde del avión. La clave no era el sapo, la clave era el avión. Ese día nació el Air Force ‘Juan’.

Pedro Sánchez se fotografía en sus primeros días en la Moncloa con su mascota, en chándal haciendo deporte por los jardines y, por supuesto, en el avión. En la aeronave, por cierto, aparece luciendo una de esas gafas de encendedor de paso de palio que venden los negros en la playa.

Siendo ya ministro del Interior, Zoido exhibió en las redes sociales un viaje a Sevilla para entregar unas condecoraciones a su gente. La de medallas que Zoido le ha dado a  los suyos en año y medio de ministro… Para que luego digan que el PP tiene complejos. Hasta el último día ha estado intentado colocar medallas. En aquel viaje, cómo no, se hizo fotografiar en el Falcon reservado a los ministros. Está visto que el avión luce mucho a derecha y a izquierda. Ni una foto en el despacho, todos trabajando en el avión. Ahora se entiende cómo ha acabado Rajoy. Nos hemos hartado de verlo en chándal con ese andar acelerado cardiosaludable que dejaba ver una piel blanca de primer día de playa y un rostro fatigado de señor oficinista que se pone a hacer deporte el primer día de sus 30 días de vacaciones.

En la jornada de reflexión de las municipales de 2015, Zoido se hizo fotografiar en las barquitas de la Plaza de España. Y la embarcación acabó varada en la ingrata playa de la oposición. Un naufragio del que todavía hay quienes se están quitando las algas. Pero Zoido no lo ha hecho hasta ahora con un perro. Si Cospedal gana las primarias y se alza con la secretaría general, quizás lo acabemos viendo con el can en algún despacho de Madrid. O con las gafas de sol. Pero seguro que para las lentes y las monturas tiene mejor gusto que Sánchez y usa unas gafas mejores. De más altos vuelos. Aquí da igual que se tengan solamente 84 diputados. Lo importante es la foto, el tuit, el impacto. No hacer pensar mucho al personal. De la camisa blanca a las gafas de encendedor. Las gafas son para despistar. Como el avión de Zoido cuando la torre. ¿La torre? Visiten el restaurante de la planta 34. A Monteseirín le gusta mucho. Y Ciudadanos dice ahora que es el último alcalde que ha tenido modelo de ciudad.

Sevillanos con Feijoó

Carlos Navarro Antolín | 10 de junio de 2018 a las 5:00

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LA noche del 7 de abril, sábado de convención del PPnacional en Sevilla, los telediarios se habían centrado en el morbo de la presencia de Cristina Cifuentes en la primera fila del salón del hotel Renacimiento de la Isla de la Cartuja. Nadie presagiaba que la madrileña tenía los días contados. Ella… y Rajoy. El presidente decidió cenar aquel día arropado por las principales figuras. Lógico. Se convocó a un selecto grupo en la primera planta del restaurante Robles, el de toda la vida de Placentines. Se habilitó el reservado Carmen, ubicado al fondo del salón principal, a la izquierda según se sale de la escalera. La verdad es que eran demasiados los citados para el espacio elegido, pero no se supo el número exacto de comensales hasta el último minuto. Alguien iba ampliando la lista a cada momento. Arenas siempre cuida a los suyos, máxime en momentos delicados, y los hace partícipes de las glorias si está en su mano poder hacerlo. La cifra fue paulatinamente subiendo a lo largo de la tarde. La alineación final fue Rajoy, Cospedal, Zoido, el propio Arenas, Moreno Bonilla, Virginia Pérez, Beltrán Pérez… Casi todos con sus respectivos acompañantes. Arenas colocó en la cena a sus dos protegidos en Sevilla: Beltrán y Virginia. Ocurrió que los chicos de Sevilla habían organizado una cuchipanda en el Arenal a la que se había invitado reiteradamente al presidente Alberto Núñez Feijoó, ya considerado el delfín oficial en el tardo-rajoismo. Pero también sucedió que los Pérez no supieron hasta última hora que estaban convocados a la cena con el presidente. Conclusión: o dejaban plantado al presidente del Gobierno, o dejaban plantado a Feijoó después de lo que le habían insistido para que honrara la velada hispalense. Cuando los camareros de Robles retiraron el plato principal (¡Qué amable siempre el de la Sierra Norte!), la presidenta Virginia Pérez hizo lo que casi nadie se hubiera atrevido a hacer en España: anunciarle al que era el presidente del Ejecutivo y del partido que, sintiéndolo mucho, debía levantarse de la mesa y abandonar tan agradable y privilegiado encuentro. “Presidente, yo voy a ser políticamente incorrecta porque estoy sufriendo mucho”. Y Rajoy –largo como el C-2 los días de Feria– le aplaudió el mero anuncio de la incorrección política, así como lamentó que estuviera padeciendo una suerte de Stabat Mater dolorosa… La presidenta provincial le explicó que tenía a Feijoó con cincuenta militantes de Sevilla esperándola en un restaurante . Esa base social –que dirían algunos– es la que llevó a Pérez a la presidencia del partido en el congreso en que se enfrentó a las fuerzas oficialistas apoyadas por el ministro Zoido. Aquel momento tuvo que ser parecido a lo del canónigo que le cantaba al prelado las verdades del barquero. Un día se le acercó el sacristán con ganas de agradar: “Don José, es usted el único que le dice la verdad al obispo”. Y el cura zanjó la conversación para frenar de cuajo el peloteo: “No, lo que soy es el único canónigo que queda por oposición. Todos son digitales. Digitales viene de dedo, y el dedo es el del obispo, ¿me ha entendido?”.

Se fueron los Pérez sin elegir postre. Se marcharon con el otro gallego. Se perdieron las copas de balón. DonMariano pidió un poquito de Cardhu “con un trozo de hielo”. Javié, el mismo destilado escocés, pero sin hielo. Todos pudieron sentarse con más holgura al quedar cuatro plazas libres. Acabada la cena, el presidente del Gobierno acudió a despedirse de la familia Robles para agradecer las atenciones. Les pidió que no le trataran de don ante numerosos testigos expectantes por la presencia de escoltas y toda esa farfolla que acompaña al poder. A Rajoy le dieron ánimos para su tarea. ¡Menudo presagio! Y él respondió: “¡Estamos luchando contra los malos! Chichichí. ¡Muchas gracias por todo!”.

A esa hora, el aparato provincial del PP de Sevilla alzaba una copa de tinto en honor del delfín Feijoó, una cita donde la mayoría de los presentes eran y son destacados arenistas que exhibieron innumerables fotos con el líder gallego. Ya se sabe que cuando dos o más del PP de Sevilla se reúnen, Arenas siempre está presente por medio de alguno de sus vicarios. O vicarias. Nada de lo que allí ocurría era ajeno para Javié, que se había quedado con Rajoy hasta el final.

La noche del 7 de abril quedó claro que el aparato provincial no está con Cospedal como futura presidenta del partido. No está con la preferida de Zoido. La mayoría de los compromisarios votarán a Feijoó si se presenta contra otro candidato. El presidente gallego, por cierto, está entusiasmado con la película del congreso provincial que enfrentó a dos candidaturas como nunca había ocurrido en la historia del partido en Sevilla.

La moción de censura ha reforzado el significado de cuanto ocurrió aquella noche: el movimiento de gallego a gallego. De Rajoy a Feijoó. Un movimiento escenificado en la mudanza de Robles a El Copo. Del reservado, donde se hizo cierto silencio al marcharse los Pérez, al salón donde se jaleaba al líder autonómico que cuenta con mayoría absoluta en su tierra y que tiene a raya a Ciudadanos. ¿Quién puede presumir hoy de estas dos vitolas en el PP?

La única incógnita por despejar es la situación particular de Arenas en el nuevo orden que resulte del congreso nacional. Cómo quedará el eterno embajador del PP andaluz y sevillano en Madrid. Algunos en la sede regional pretenden privarle de esa condición, hartos de su sombra alargada, de su capacidad para el regate, de su habilidad para poner el intermitente a la izquierda y girar a la derecha. Arenas, en realidad, puede apoyar a cualquier sucesor de Mariano Rajoy –se lleva bien con la inmensa mayoría– siempre que vea asegurada su continuidad y, por supuesto, siempre que no sea Cospedal. Su preferencia es Feijoó, pero podría entenderse, por ejemplo, con Soraya Sáenz de Santamaría, aunque ya se sabe que la ex vicepresidenta carece de peso orgánico. Aunque haya aprobado una oposición. Como el canónigo.

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La caída de Rajoy beneficia al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2018 a las 5:00

PREMIO CLAVERO AREVALO A SOLEDAD BECERRIL

EN el aparato del PP de Sevilla se esfuerzan estos días en poner rostro de recibir el pésame. Ay, qué malita cara parece que tienen las criaturas. Asisten al funeral de la pérdida del Gobierno de España, pero en el fondo respiran con cierto alivio. El núcleo duro se concentró el viernes en el despacho de la presidenta provincial, Virginia Pérez, para asistir en directo al adiós de Rajoy. Sí, claro que hubo comentarios sobre la “injusticia” de la situación y se oyeron lamentos varios, pero, en el fondo, el enemigo interno (Cospedal y Zoido con sus cuadrillas de leales) ha quedado como los vampiros tras ingerir verbena: muy debilitado. Es cierto que la mayoría de la gente, los votantes que hacen la ciudad día a día, difícilmente entenderán que en el PP sevillano haya quienes celebran en privado que Zoido ya no sea ministro del Interior, o que Cospedal tenga que dejar el Ministerio de Defensa y recluirse en una secretaría general en la que a ver cómo se entiende ahora con Martínez Maíllo. Zoido y Cospedal asistirán a la confección de las listas electorales sin plaza ya en la bancada azul. Y eso libera de presión a los manijeros, a la camarlenga y a todos los que se la jugaron en el polémico congreso provincial a cara de perro. Guau.

La pérdida de la Moncloa beneficia al aparato del partido en Sevilla, aunque nadie vaya a reconocer esta ventaja repentina que se ha obtenido por la mudanza sorpresiva que a estas horas se ultima en Madrid. Todo ha ocurrido tan pronto que no ha habido ni un instante para digerir la situación.

Estos tiempos de amargura en Madrid despejan el horizonte de la estructura provincial del PP y, nunca se olvide, puede ser rentabilizada por la oposición municipal que lidera Beltrán Pérez. El entendimiento del PSOE de Pedro Sánchez con los separatistas catalanes, el nacionalismo vasco y la extrema izquierda con casoplón en Galapagar, le pueden servir al portavoz del PP para armar un discurso contra la imagen moderada del alcalde Juan Espadas. El alcalde, ya se sabe, encaja mejor en la socialdemocracia de Felipe y Guerra, que en el actual partido del puño y la rosa, ávido poder y que vende su alma al diablo (¡Sí se puede!) con tal de alcanzar la Moncloa.

El PP sevillano se ha conjurado para cerrar las puertas a los que retornan en el AVE para quedarse en Sevilla. La memoria es prima hermana de la política cuando se trata de servir platos fríos. Toda mudanza es una fuente generadora de estrés en el ser humano, tan animal de costumbre, tan miedoso al cambio que, nunca se olvide, puede resistir cuarenta años con los mismos gobiernos. Fíjense, por ejemplo, qué poco amigos de las mudanzas son los andaluces. De Franco al PSOE. Hasta tal punto que el apellido del dictador le suena a muchos jóvenes a calle por la que pasan cofradías.

El PPde Sevilla sufre la cuaresma en el altar, pero sonríe en la sacristía. Queda un año para las elecciones municipales, un tiempo de regeneración si en Madrid se hacen medianamente bien las cosas, o un período para mandar el partido definitivamente al pudridero si se hacen mal. Si el recambio de Rajoy es Alberto Núñez Feijoó, el PP sevillano está la mar de bien colocado. Basta recordar que el presidente gallego compartió velada con la delegación sevillana en la última gran convención, la celebrada en la capital de Andalucía con Cristina Cifuentes todavía de protagonista. Aquel día Feijoó fue agasajado por los chicos de Arenas. Y la apuesta de Virginia Pérez, presidenta provincial, no ofreció dudas. La camarlenga se levantó de la cena formal con Rajoy, abandonó el reservado de Robles antes de los postres y se fue al bar El Copo para estar con Feijoó, con el que se había citado antes de saber que debía acudir a sentarse a mesa y mantel con el presidente del Gobierno. Hay que reconocer que casi nadie sería capaz de dejar a un jefe del Ejecutivo y del partido en plena cena para irse con un presidente autonómico con vitola de delfín. Pero lo hizo.

La mudanza en la Moncloa, qué curiosidad, coincide con la del PP de Sevilla. De la calle Rioja a Luis Montoto. En un radio muy reducido coincidirán las sedes del PP, PSOE y Ciudadanos. Una de las últimas vivencias en la sede pepera de la calle Rioja ha sido, precisamente, el seguimiento melancólico del adiós de Rajoy.

El ejército de Zoido está desarmado y Espadas tendrá que aguantar en los Plenos las acusaciones sobre el entendimiento de su partido con Podemos y los esbirros de Puigdemont. Y quién sabe si como alcalde tendrá que verse con ministros o delegados del Gobierno nada amigos de La Que Manda en el PSOE andaluz. Hay que destacar que Espadas ha sabido valerse de los votos de Participa Sevilla e Izquierda Unida y gobernar después alejado de sus formas. Ya quisiera el presidente Sánchez pode seguir esa senda.

El PP de Sevilla también sonríe en privado porque Ciudadanos tendrá que justificar su apoyo al PSOE de Espadas en esta nueva coyuntura. E incluso en un futuro, la formación naranja lo tendrá más complicado si el alcalde no lanza un mensaje claro ante decisiones del presidente Sánchez que comprometan la cohesión territorial de España. Ciudadanos ha sido hasta ahora inflexible en su discurso sobre la unidad de la nación. Y Sánchez ya se ha mostrado dispuesto a sentarse con el nuevo presidente catalán, ese tipo del lazo amarillo y las continuas alusiones a los “presos políticos”. Peligro.

Todos estos factores entrarán en juego en clave local. Mientras, el PP necesita regenerarse. La pérdida de la Moncloa favorece a Beltrán Pérez porque debilita a sus enemigos internos y hasta puede ser un tiempo para la recuperación de unas siglas castigadas por la corrupción. Pero cuanto más tarde esa regeneración, más complicado lo tendrá.

El papel de Arenas también será importante. Si el de Olvera se sitúa bien en el previsiblemente nuevo organigrama del PP en España, los populares sevillanos seguirán teniendo alguien en Madrid al que se le ponen al teléfono todos los dirigentes del partido. Arenas acudió ayer al comité de campaña, una asistencia más que simbólica en tiempos delicados por mucho que llegara a última hora. Si los gatos tienen siete vidas, los linces como Arenas pueden aspirar a la vida eterna. Los cambios en el PP habrán de ser en la estructura nacional. La andaluza, de momento, no experimentará ninguno al ser los comicios autonómicos los primeros en el calendario. Un debate distinto será el de los muy previsibles movimientos internos en la sede regional si Moreno Bonilla sufre un resultado estrepitoso.

Arenas ayudará a Rajoy a diseñar la sucesión, como lo ayudó decisivamente en el congreso de Valencia de 2007. Y desde su puesto de vicesecretario general intentará conservar la influencia en Sevilla a la espera de las autonómicas y municipales. Mientras tanto seguirá yendo de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Madrid, porque la política es un tren AVE de ida y vuelta en el que unas veces se viaja en turista y otras en preferente, pero que siempre, siempre, está en movimiento. En los funerales es menester no sonreír. Y después beber vino.

El coraje de la artillera Virginia Pérez, presidenta del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2018 a las 5:00

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EL PP de Sevilla parece afectado por el picudo rojo, pero tan rojo, rojísimo, que se parece cada día más al PSOE sevillano de toda la vida, ese PSOE de familias enfrentadas, de agrupaciones rebeldes (”Hay que ser de Bellavista antes que socialistas”), de cuando los congresos a cara de perro, esos días en los que siempre había alguien que apuntaba: “Colócate al lado de Bernardo Bueno, es la mejor forma de asegurarte que estarás con los ganadores. No se te olvide, siempre junto a Bernardo”. En el PP nunca había críticos, ni enfrentamientos entre agrupaciones, ni mucho menos esos pleitos salpicaban el ámbito institucional, como cuando Carmelo Gómez, ay Carmelo, se quedó con la brocha pintando muros altos y Monteseirín le quitó la escalera de la Delegación de Hacienda. Adiós, Carmelo, adiós. En el PP existía siempre el ordeno y mando de Arenas. Y poco más, salvo alguna escaramuza aislada en aquel congreso de principios de siglo que ganó Tarno (Ricardo) contra Miguel Ángel Arauz , y que se solucionó haciendo senador a Arauz en esos tiempos en los que se guardaba pleitesía absoluta al líder Arenas.

El año que lleva vivido el PP de Sevilla marca un pico pronunciado en la gráfica de la convivencia interna. La gran novedad es que la actual presidenta, Virginia Pérez, está echándole redaños al asunto, muestra un coraje inusual y tiene el apoyo de un amplísimo sector de las bases con un poder orgánico que se asienta cada día. Pérez no procede de familia alguna, más bien al contrario: está enfrentada a familias que se resisten a dejar de ser principalísimas en el partido. Siendo como es, su principal rival es ella misma.

El PP de Sevilla está sufriendo la crisis propia de un cambio de casa reinante. El antiguo régimen se resiste a abandonar sus posiciones y el nuevo régimen no ve la hora de confeccionar unas listas en las que quede reflejado el resultado del congreso: unos han ganado y otros han perdido. Pero la pérdida más dolorosa, la que provoca mayor angustia, es la de perder el medio de vida cuando se ha hecho de la política la única vía de subsistencia. Las opciones de paz entre los dos regímenes son escasas, nulas, inexistentes. Virginia Pérez, a lo Agustina de Aragón de la derecha sevillana, está dispuesta a fajarse como artillera frente a la evidente presión –un asedio en toda regla– que ejercen los perdedores del congreso. El PP de Sevilla tendría que estar rearmándose en torno al candidato de la capital, Beltrán Pérez, para hacer frente a Ciudadanos, que subirá en las urnas en 2019 y que sería su socio natural en un gobierno de coalición. Pero los enfrentamientos internos tiene a unos pensando en cómo atacar los cimientos del partido para provocar la imposición de una gestora, y a otros preparando el cañón para defender la fortaleza.

Este PP de Sevilla es irreconocible porque desde hace un año no dejan de pasar cosas insólitas, empezando por la pérdida de la Alcaldía (60.000 votos menos en sólo cuatro años), la celebración de un congreso donde ganan los críticos y la irrupción de la figura de una presidenta enérgica que, por el momento, mantiene una relación fluida con el que los ha criado, enseñado y forjado a casi todos: Arenas. El enfrentamiento de la presidenta, nadie se engañe nunca, es contra el círculo que rodea al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. El equipo del ministro quiere recuperar el control del partido como sea. Y la presidenta, lo ha dicho en un comité ejecutivo extraordinario, está dispuesta a usar el cañón. Como Agustina. En el PP de Sevilla no existe hoy la aburrida y añorada paz de otros tiempos, cuando el dedo de Javié iba señalando quién debía ocupar la presidencia cada cuatro años. Y todos, absolutamente todos los de entonces, asentían, le llevaban la maleta, aguantaban las broncas y complacían sus deseos. El antiguo régimen se ha encontrado ahora con un grupo de treintañeros y cuarentañeros que fueron compañeros de aulas y rivales universitarios de la presidenta andaluza (¿verdad Susana Díaz?) y que han tomado la decisión de no querer ser devorados como los hijos de Saturno por unos padres que llevaban dos generaciones a la sombra.

Hoy hay un rostro nuevo, el de la presidenta Virginia Pérez, que además goza de la ventaja del momento político y social actual, muy favorable hacia el perfil de la mujer luchadora. Tendrá una trayectoria garantizada mientras no meta la pata y, por supuesto, se coloque bien para evitar el impacto del retroceso de todo cañón tras un disparo. Bernardo Bueno, por cierto, está hoy de alcaide del Alcázar. Dentro de una fortaleza que solo abandona para pasar las vacaciones en La Antilla.