El partido del becario deportivo

Fonsi Loaiza | 13 de junio de 2015 a las 13:05

POR @FONSILOAIZA

Los becarios son la prueba más evidente del triunfo del neoliberalismo y del sálvese quien pueda reinante en nuestros cerebritos capitalistas y neuronas individualistas. Pagar por trabajar. Callar por miedo al paro eterno. Los becarios son la fuerza de trabajo explotada y gratuita por y para los oligopolios de la comunicación.

El becario deportivo llega a la redacción y no sabe qué tipo de partido se va a encontrar. Ha vivido la previa como si fuera la Champions. En los días previos ha visto Primera Plana de Billy Wilder, ha leído el los cínicos no sirven para este oficio de Kapuscinski, se sabe de pe a pa el libro de estilo y ha memorizado todos los deportes que habrá en verano.

Su cuerpo es un zoológico, se entremezclan mariposas en la barriga y pajaritos en la cabeza. Es su Champions particular, la que había soñado desde que era niño y para la que se había preparado a conciencia desde que tenía uso de razón.

—Siéntate por ahí de momento —le dice el jefe, el maestro por el que ha elegido estar allí.

Él se sienta y no abre la boca. Sabe que no existe para los demás y que no va a rascar bola. Sin embargo, piensa que igual puede impresionar. Propone un tema que conoce, y tiene la suerte de que lo más seguro es que se lo publiquen. Se lleva tres noches sin dormir, dos se las pasa enteras en la redacción y el artículo se acaba publicando.

El artículo ha gustado y llegan algunos enhorabuenas. No se podía haber comenzando mejor. Minuto 5 de partido e inicio soñado.

No ha descansado y cree que descansará trabajando. Llega el fin de semana y decide ir a la redacción.

—¿Qué haces por aquí? No hace falta que vengas— le replican.

(Todavía no sabe que esa maldita frase será la que más veces escuchará a lo largo de su estancia)

El becario no entiende porque le hacen esa pregunta y sonríe. Vive en una nube en la que sólo existe su compromiso con el periodismo y con la vida que había soñado: aprender y poder trabajar en lo que no considera un trabajo sino una devoción.

Van pasando los días y cada vez se siente más solo, pero no desiste en su intento. Llega por la mañana y se va por la noche, lee todo lo que cae en sus manos. Lucha. Quiere cantares de gesta y en la vieja redacción sólo se escuchan baladas tristes.

Minuto 45 y empieza a estar cansado de estar descansado y de no tener nada entre manos. Ayuda en lo poco que le piden. Se indigna con lo que ve. Una becaria se ha ido antes de tiempo porque para no hacer nada lo mejor es irse a otro sitio.

—Lo mejor que podríamos hacer es unirnos. Hacer nuevos medios. Escribir en nuestros blogs—, comenta en una conversación entre becarios enfadados.

Los diarios tradicionales han demostrado que solo tienen intereses. Son pesados como el Titanic en tiempos ligeros y están a la deriva como barquitos de papel en el nuevo océano periodístico que se abre con redes sociales, blogs y nuevos medios cooperativos.

—Pasan de los becarios y de la gente y la gente pasará de su mierdas— opina abiertamente.

No quiere contagiarse de baladas tristes y piensa que el deporte femenino es un tema que hace falta reivindicar y por el que merece la pena luchar.

Es por ahí por donde encuentra un hueco para publicar casi todos los días. Siente la adrenalina del día a día y del no parar. Lo da todo y muere por lo que hace. Llegan felicitaciones de todo tipo y de todos sitios (las que menos del lugar en el que está). Está orgulloso de su trabajo, pero no muestra alegría sino desapego hacia la maquinaria de la empresa.

Cuando compañeros de la profesión, amigos y familiares le dicen cómo se lo está currando y que no le dejarían escapar, él sabe perfectamente que el partido está perdido. Le habían censurado un artículo, no había cobrado por nada, le habían reñido, se había saltado jerarquías y había reclamado al defensor del lector.

—A ver si te sustituye una becaria que esté buena—
—Se ha creído que es la polla en vinagre—
—No habíamos tenido nunca antes problemas con ningún becario—, fue de las últimas frases que escuchó antes de marcharse.

Llegó el último día. Era su cumpleaños, el becario no quiso dar más problemas y se fue sin despedirse. Las personas con las que se trabaja no tienen la culpa y les agradecerá todas las innumerables enseñanzas, pero con los medios tradicionales hay que ser combatiente y no agradecido.

Como escribe el gran Pascual Serrano en La prensa ha muerto: ¡viva la prensa! De cómo la crisis trae medios más libres: “Los periodistas de los grandes medios son como los albañiles en la construcción, solo se limitan a poner los ladrillos sin poder elegir el lugar ni la calidad de los materiales”. Serrano se ríe cuando un periodista dice que a él nunca le censuraron. “Probablemente lo contrataron porque sabían que no hacía falta censurarle nada”, explica.

Las empresas tradicionales de opresión, parte de la estafa denominada crisis, se han encargado de eliminar el espíritu crítico a todos los jóvenes becarios que saben que triunfa el servil o el que encuentra un enchufe.

Ramón Lobo da un consejo a los jóvenes becarios: “Lo mejor que os puede pasar es que os echen cuanto antes”. No merece la pena jugar el campeonato de la sumisión. Hace falta rebeldía, salirse del rebaño, saber que todo está perdido y que hay que empezar el partido de nuevo para que entre todos tomemos la bastilla informativa que merece el deporte. Como explica Luis García Montero: “Tener un trabajo no es tener un oficio”. Por eso o intentamos cambiar el periodismo de los medios tradicionales o nos cambiará a nosotros.

  • McGovern 2011

    Lo cierto es que a juzgar por lo que se puede leer en este artículo y por lo poco que sé de los becarios da la sensación de que los becarios están muy infravalorados hoy en día. Sin lugar a dudas la frase del sabio poeta Luis Garcia Montero, refleja perfectamente esta visión del trabajo del becario.
    Yo también estoy de acuerdo en que hay que cambiar el periodismo de los medios tradicionales en especial el de RTVE por el bien de este oficio.