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Precaución con la belleza

Manuel J. Lombardo | 15 de octubre de 2012 a las 22:13

El pasado martes 9 de octubre fallecía a los 55 años Harris Savides (1957, Nueva York), posiblemente uno de los mejores y más personales directores de fotografía del cine contemporáneo, estrecho e influyente colaborador de cineastas como Gus Van Sant, Sofia Coppola (Somewhere), Jonathan Glazer (Reencarnación), David Fincher, James Gray (The Yards) o Noah Baumbach (Margot y la boda, Greenberg), todos ellos nombres clave para entender hoy el concepto de autoría en los márgenes de Hollywood.

Savides ejemplifica a la perfección el sincretismo y la versatilidad artesanal del nuevo director de fotografía, un profesional culto y sensible que ha pasado sin complejos ni jerarquías por la fotografía de moda, la publicidad, el videoclip (para Madonna, The Rolling Stones, R.E.M., Nine Inch Nails o Tom Waits, junto a la nueva generación de realizadores del género encabezada por Michel Gondry, Jake Scott o Mark Romanek) o el cine de autor, siempre en búsqueda de una nueva identidad lumínica, forzando los límites, inercias y clichés de la imagen comercial, seductora o narrativa hacia un renovado, simple y directo naturalismo (el propio Savides hablaba de “heightened reality”, algo así como “realidad exacerbada”) no necesariamente embellecedor ni ostentoso, muy alejado de los términos habituales de firma, brillantez, exhibicionismo o sofisticación esteticista que se le suelen atribuir como marca de estilo o excelencia a los grandes directores de fotografía: “siempre me preocupa, comentaba en una entrevista reciente, que las cosas parezcan demasiado bellas o demasiado fotográficas”.

Por supuesto, Savides se ha muerto sin ni tan siquiera una candidatura al Oscar.

El realismo “apagado”, “neblinoso” o “cremoso” de la fotografía de Savides, su gusto por “los negros que no fueran completamente negros”, su invisible aunque virtuoso trabajo con la cámara y el espacio (esencial en un título de sesgo minimalista como Gerry, basado en largas tomas de acompañamiento), su sutil pintura de las emociones a través de la modulación de la temperatura de color, en especial en sus colaboraciones con Gus Van Sant (Finding Forrester, Elephant, Last Days, Milk, Restless), con quien pudo experimentar con formatos en desuso (4:3)  o con una cámara flotante y siempre en movimiento, su preferencia por iluminar los espacios y no tanto a los personajes (como sucede en Reencarnación, de Glazer), su gusto por las texturas, los tonos atenuados o el grano visible de cierto cine norteamericano de los años setenta (en la tradición de Gordon Willis) y por la concepción narrativa visual de grandes autores europeos como Antonioni, Tarr, Akerman o Kieslowski, o su capacidad de riesgo para forzar el potencial expresivo de las nuevas cámaras de alta definición (véase su fascinante fotografía nocturna en The Yards o su trabajo con el color en penumbras en Zodiac), han hecho de su labor una referencia ineludible a la hora de trazar los senderos y las marcas visuales más estimulantes, nunca lo suficientemente valoradas, del cine norteamericano contemporáneo, casi siempre en los márgenes de las grandes producciones de Hollywood, aunque también, ocasionalmente, como ocurre en alguno de sus trabajos para Fincher (The Game) o Ridley Scott (American Gangster), en el epicentro mismo de la industria.

Savides colaboró también en el cine con Phil Joanou (Prisioneros del cielo), John Turturro (Illuminata) o Woody Allen (Si la cosa funciona), y entre sus trabajos publicitarios se cuentan algunos conocidos anuncios para las marcas Freixenet, Levi’s o BMW dirigidos por Martin Scorsese, John Hillcoat o Wong Kar wai. Su último trabajo en el cine ha sido The Blind ring, el nuevo filme de Sofia Coppola, aún pendiente de estreno.

La editorial Ocho y Medio editó en 2004 el libro Nuevos directores de Fotografía en el que puede leerse una amplia entrevista con Savides en la que explica sus principios estéticos y su modo de trabajo. El volumen incluye también a otros grandes cinematographers de su generación como Lance Acord, Darius Khondji, Jean-Yves Escoffier, John Mathieson o Seamus McGarvey.

http://youtu.be/tDI-Ozd5JuE

 

 Gus Van Sant (Gerry, Elephant, Last Days, Milk, Restless)

 

David Fincher (The Game, Zodiac)

 

Noah Baumbach (Margot and the wedding, Greenberg)

 

Jonathan Glazer (Birth)

 

James Gray (The Yards)

 

Ridley Scott (American Gangster)

 

Sofia Coppola (Somewhere)

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B A N D A S  S O N O R A S

Arbitrage – Cliff Martinez – Milan Records – 70 min. – 15 euros

No teníamos abandonada a la música de cine, era la música de cine la que nos había abandonado a nosotros. Por suerte, Cliff Martinez nos reconcilia puntualmente con este vicio con su set electrónico, sus texturas flotantes, sus ritmos pautados o, como en este caso, al servicio de un thriller moral sobre los pocos escrúpulos de los poderosos cuando le tocan el bolsillo, con unas guitarras pedaleadas que nos sumergen en atmósferas sugerentes, por encima incluso de las imágenes a las que acompañan.

 

Cosmopolis – Howard Shore & Metric – Howe Records – 42 min. – 16 euros

A estas alturas de la película, parece evidente que el cine de Cronenberg saca lo mejor de Howard Shore, que se aleja con él del confort de los lugares comunes para escarbar en zonas de alto riesgo sonoro. Aquí, en alianza con el grupo Metric, Shore reviste su partitura de electrónica para abrazar texturas, ritmos y modos cronenbergianos ya presentes en Crash y eXistenZ como componentes de una atmósfera del Apocalipsis del capitalismo en sordina tan turbadora, vírica y adictiva como la generosa materia visual y verbal de esta nueva obra maestra del director canadiense.

 

Frankenweenie – Danny Elfman – Walt Disney – 56 min. – 15 euros

Frankenweenie confirma el paulatino agotamiento de la marca Burton, una fórmula de la que Danny Elfman ha sido cómplice y factótum esencial desde los días de Las aventuras de Pee Wee. La ligereza de otros tiempos ha dado paso a un sinfonismo plomizo que, aun siendo paródico y autorreferencial, y siempre demasiado pegado a las imágenes, pesa como una losa en su escucha fuera de la película, sin otra forma que la de la sucesión de fragmentos con demasiada hormona orquestal y mucho déjà vu.

 

Bel Ami – Rachel Portman y Lakshman Joseph De Saram – Varèse – 48 min. – 18 euros

Al sinfonismo neoclásico y romántico de Rachel Portman siempre parecen sentarle bien el costume drama, demasiado bien, podría decirse. En su score para esta mortecina adaptación de un relato de Maupassant, firmado al alimón junto al compositor de Sri Lanka L. Joseph de Saram, vuelve a desplegar su inconfundible sello melódico, sus elegantes valses y su académico sentido de la orquestación para poner una nota de fatalismo a la historia de un arribista mucho menos trágico en pantalla que sobre el papel.

 

Vibraciones e interferencias (digitales)

Manuel J. Lombardo | 14 de mayo de 2012 a las 21:59

Cameo recopila once piezas audiovisuales surgidas de la plataforma Störung, que acaba de celebrar la séptima edición de su Festival de Música Electrónica Experimental y Artes Visuales

En su imprescindible ensayo Después del cine, Àngel Quintana nos recuerda que, desde mediados de los años sesenta del pasado siglo, la alianza entre la informática y el arte, especialmente desde las experiencias pioneras de John Whitney y de exposiciones como Cybernetic Serendipity (Londres, 1968), proyectaron el llamado arte cibernético a una nueva relación con las vanguardias históricas de los años 20 y 30 (Eggeling, Ruttman, Fischinger) a partir de la exploración del potencial abstracto y musical de una nueva modalidad de imágenes sintéticas.

Aquellas primeras tentativas han ido dando paso, con la progresiva sinergia entre la industria tecnológica y la del entretenimiento, a una cada vez más dominante tendencia a la creación de universos de apariencia fotorrealista que han terminado por imponer su estética de simulación y mímesis en el panorama audiovisual contemporáneo, dejando el potencial creativo más radical o disidente en los márgenes del digital art, cuyo ámbito de experimentación ha atravesado fronteras, lenguajes y formatos para integrarse cómoda y naturalmente con el desarrollo de la música electrónica.

La plataforma multidisciplinar Störung, surgida en Barcelona en 2006, es uno de los laboratorios de referencia de estas nuevas tendencias. Coincidiendo con la séptima edición de su Festival de Música Electrónica Experimental y Artes Visuales, se pone en circulación un DVD-Libro con once piezas producidas o exhibidas en su entorno, once heterogéneas muestras de hibridación músico-visual, piezas que trascienden las fronteras perceptivas entre lo orgánico y lo digital y que se alinean junto a otros proyectos similares como nuestro querido Festival Zemos98, el veterano Sónar, el Laboratorio de Electrónica Visual de Gijón o publicaciones de referencia como WarpVision: The videos (1989-2004), DVD en el que se recogían trabajos de Chris Cunningham, David Slade, Douglas Hart o Alex Ruthefort para grupos o artistas de la electrónica más vanguardista como Aphex Twin, Autechre, Plaid o Squarepusher, por no hablar de los espectáculos multimedia de Alva Noto y Ryuichi Sakamoto, que llevan ya también bastantes años en el mismo asunto.

El DVD de Störung se abre con Gradualism #1, del prestigioso y referencial colectivo británico D-Fuse, una muestra de abstracción digital que parece nacer del ruido de las líneas horizontales generadas por las propias texturas, modulaciones y patrones rítmicos del sonido. 26_071_auda parte en su caso del componente visual, creado por del dúo japonés Dextro&AM [AEM]*, para trazar humeantes imágenes que se difuminan en espiral sobre las que se incorpora y ajusta una música de Dextro que incide en las interferencias y los sonidos robóticos sometidos a un tratamiento subacuático.

En Malabia bla bla, los argentinos Sergio Brauer y Sergio Subero trabajan a partir de las texturas analógicas del Super8 casero, rememorando la vanguardia experimental y matérica de Man Ray o Hans Richter, cuyos cortos alteraban la propia superficie del celuloide, junto a los sonidos apagados creados por Alain Courtis. Hydro-Organic Machine Study, de Paul Prudence & Francisco López, se inspira en una serie de estudios científicos sobre las propiedades del agua, creando imágenes de hipnótico y fantasmagórico carácter fotorrealista presididas por la incidencia cenital de la luz sobre los volúmenes y las formas cambiantes de una suerte de medusa virtual. Black flame, de Kim Cascone, opera a partir de las texturas en negativo de imágenes nocturnas que acompañan el paseo por el bosque de un chico encapuchado iluminado por una linterna; mientras que Matter States, de XX+XY Visual and Sound Art Project, “es una pieza abstracta que se centra en crear experiencias de inmersión perceptiva y de escucha profunda” a partir de unas manchas grisáceas que se desplazan como una lenta nube de ceniza al ritmo de unos sonidos graves y metálicos que se ensucian y saturan paulatinamente. Shapes 3.0, de Aleix Fernández & Asferico, se aproxima a la figuración, el color y las superficies brillantes a partir de una escultura roja que parpadea, gira sobre sí misma y se despliega sobre un fondo negro hasta convertirse en líneas, cintas y nuevas figuras que se mueven en espiral.

Laptop-Condensored 2:29, del alemán Andy Guhl, propone una interacción de sonido e imagen en vivo realizada mediante ondas ópticas y acústicas por componentes recuperados de la imagen electrónica más primitiva, mientras que Rhizoid, de Hugo Olhim y Simon Whetham, trabaja su idea de abstracción a partir del musgo y los sonidos naturales recogidos en la isla de Madeira sometidos a una mirada microscópica y desenfocada. Fuerza Natural II,  de Elufo & Asférico, “está basada en el análisis sonoro de una gráfica sísmica original de un terremoto, en la que cada línea fue convertida en un oscilador de ondas senoidales que varía su frecuencia durante los 90 segundos que dura el terremoto”; y Untitled 09, la pieza que cierra el DVD, de los argentinos Diego Alberti y Federico Monti, rememora el código de Matrix en su flujo de líneas y puntos verdes que varían sobre la modulación del volumen, la textura y el timbre del sonido.

El libro de 64 páginas que acompaña la edición diseñada por Aleix Artigal incluye fichas y textos descriptivos o programáticos de cada una de las piezas, así como la biografía de sus creadores visuales y sonoros y un par de textos más de Álex Gámez, comisario y coordinador del proyecto. También una selección de fotografías de Miguel Ángel Ruíz tomadas durante las sesiones en vivo de varias ediciones del Festival Störung.

Störung: Sound and Visual Art – DVD + Book (64 págs.: incluye fichas, biografías y fotos) – 19,95 euros

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Y ahora, un par de bandas sonoras y un par de documentales recién editados para la semana:

Dark Shadows – Danny Elfman – WaterTower Records – 52 min. – 16 euros

Después de celebrar el 25º aniversario de su colaboración con una lujosa music box para coleccionistas, Burton y Elfman suman su película número 14, con Frankenweenie a las puertas, para consolidar aún más si cabe ese distintivo sonido que, en ocasiones, y ésta es una de ellas, amenaza con saturar por exceso de reconocimiento. Elfman oscurece el tono general y muscula la escritura orquestal con ayuda de los habituales coros (aquí demoniacos), apuntando algunos guiños al Kilar del Dracula de Coppola y densificando la materia temático-dramática hasta el límite.

 

Emma – David Cordero & Carles Guajardo – Foehn Records – 28 min. – 12 euros

En la que es su primera incursión en el cine, el gaditano David Cordero (Úrsula) sigue fiel a sus sugerentes y etéreos paisajes sonoros, suspendidos en una intemporalidad de timbres agradables (aquí con presencia del piano de Carles Guajardo y el violín de Cristina Gámez) deudores de ese minimalismo slowcore que tan buenas migas ha hecho con cierto cine independiente. Miniaturas de cámara hilvanadas con texturas digitales que funcionan mucho mejor de forma autónoma que en la propia película, lastrada por una excesiva verbalización y poca inversión visual.

 

Pina – Wim Wenders – Avalon – DVD/Blu-Ray – 15’95/19’95 euros

Es una lástima que nuestras televisiones todavía no vengan equipadas con 3D. No se disfrutará así de la misma forma el verdadero espectáculo que propone Wenders, a saber, introducirnos entre los cuerpos de los bailarines, dentro de las coreografías de la gran Pina Bausch. Más allá de La consagración de la Primavera, donde podemos percibir el potencial creativo de esta nueva tecnología en su tratamiento dinámico del espacio, el resto de números se mueven entre el culturalismo acomplejado y un cierto mal gusto descontextualizador. Un ortodoxo making of y una entrevista son los únicos extras.

 

Mercado de futuros – Mercedes Álvarez – Cameo – 12,95 euros.

El segundo ensayo documental de Mercedes Álvarez (El cielo gira) conectaba con cierto espíritu de los tiempos indignados en lo que respecta a la crisis del capitalismo, los espejismos y las desigualdades de esta sociedad de la opulencia que se desmorona ante nuestros ojos. Una convención inmobiliaria, una casa desmantelada, una sala de inversiones financieras, un pastor que resiste en plena ciudad y un viejo no-vendedor en un mercadillo funcionan como símbolos de un dispar retrato humano sobre la pérdida de la memoria al que tal vez le falte poda de montaje y le sobren interludios poéticos.