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La armonía que nace del ruido

Manuel J. Lombardo | 3 de diciembre de 2012 a las 23:09

En apenas unos años han visto la luz dos hermosos libros sobre el proceso de trabajo de Robert Bresson (1901-1999), el más depurado y esencial de los cineastas modernos, artífice de un método personal, riguroso e inimitable que ha creado más escuela en el cine contemporáneo de lo que él mismo o sus exégetas nunca hubieran imaginado.

El primero, La joven, aparecía en 2008 (El Aleph), y en él la actriz y escritora Anne Wiazemsky novelaba el recuerdo, preciso, en ocasiones torturado, del rodaje de Au hazard Balthasar (1966), en el que la por entonces joven aspirante a actriz, futura musa y amante de Godard, moldeaba su cuerpo, sus gestos y su mirada aún adolescentes bajo la mano firme de un Bresson implacable, perfeccionista y secretamente enamorado.

El segundo, Sombras de un sueño, acaba de aparecer en la editorial Contra que dirige Didac Aparicio, otrora responsable del exquisito e imprescindible sello de DVD Intermedio y hoy al mando de una nueva aventura empeñada en legitimar la literatura sobre temas de la cultura popular a golpe de originalidad, buen criterio y mejor gusto.

Sombras de un sueño, escrito por el ensayista Paul Guth (1910-1997) y publicado originalmente en Francia en 1945 (traducido ahora por Javier Bassas), no es otra cosa, pero qué gran cosa, que el diario del rodaje de Las damas del Bois de Boulogne, el filme de Bresson que, con diálogos de Jean Cocteau y protagonizado por María Casares y Paul Bernard, adaptaba un pasaje de Jacques el fatalista, de Denis Diderot.

Un diario, anotado entre el 10 de abril de 1944 y el 10 de febrero de 1945, preciso y detallado, objetivo y aparentemente distanciado, en el que un profano Guth (“abandoné mi butaca del Cine Palace para ir a ver lo que sucede detrás de la pantalla”) va dando cuenta de su propio descubrimiento del proceso de creación de una película, una película realizada en el marco altamente profesionalizado de los estudios del cine clásico francés que, sin embargo, iba a apuntalar ya los primeros destellos de la modernidad, cada vez más depurada, singular y cinematográfica, del Bresson de Diario de un cura rural, Un condenado a muerte se ha escapado, Pickpocket o Mouchette.

Percibimos en estas páginas como Guth va construyendo desde su capacidad de observación, digamos, no contaminada, el mejor correlato posible para descifrar las claves de ese misterio (el oficio) que hace del caos de un rodaje, del ir y venir de técnicos, ayudantes, maquilladores, productores, actores, figurantes, músicos o perros a tantos francos la hora, del lento proceso de preparación de un plano, de las discusiones, dudas, temores, recelos y hastíos de unos y otros, de las esperas, los parones obligados y los accidentes, un proceso que finalmente encuentra su emoción, su forma definitiva, fluida y autónoma, aparentemente ajena a toda idea de construcción previa, en una “película de intimidad trágica, con una tonalidad ligeramente florida, poco habitual en el cine, una película de rostros” (Cocteau), una película que va “del blanco puro al negro puro a través de una gama muy amplia de grises” (Bresson).

Como señala Gonzalo de Lucas en el prólogo que acompaña la edición, y siguiendo una idea también esbozada por Alain Bergala, “aprender a ver películas, justamente, pasa por reconocer esta otra historia, más secreta y privada, y casi siempre más tensa y contradictoria, que es la experiencia de un trabajo”, un trabajo que aquí se nos da a ver (a leer) sin la necesidad de convertirlo en un circo celebratorio y festivo (a la manera de La noche americana, de Truffaut), sino más bien a ras de tierra, en el día a día, persona a persona, sin jerarquías ni deslumbramientos, con el eco de las bombas alemanas y las alarmas sobre París resonando de fondo, con la distancia descriptiva justa y precisa que no enfatiza ni promociona el mundo del cine a la manera del reportaje periodístico al uso, sino que describe y ahonda en su materia y en su estética, en ocasiones con una prosa metafórica y lírica del altísimos vuelos (“el cine, purificado cada vez justo antes de empezar a rodar, va saltando de silencio en silencio, de soledad en soledad. Sus tumultos, sus muchedumbres, sus luces: sombras de un sueño”; “travellings agitados: ¿podría alguien trazar el calendario de una película a partir del polvo que se ve en la espalda del director?; “el camarógrafo la empuja [la cámara] contra sí, la incrusta en su carne, la acoge en su pecho. Sueña con convertirse en la cámara misma y captar imágenes por los poros de su piel”), en la construcción de ese “puente entre el trabajo y el arte”, en la modulación de esa “armonía que nace del ruido”.

Sombras de un sueño. Diario de rodaje de ‘Las damas del Bois de Boulogne’ de Robert Bresson – Paul Guth – Contra – 242 págs. – 19,90 euros