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Celebrar a Langlois, celebrar el cine

Manuel J. Lombardo | 5 de junio de 2014 a las 15:31

Langlois latas

La Cinématèque Française celebra el centenario del nacimiento de su fundador con una gran exposición que recupera su legado para la Historia del Cine y la cinefilia moderna

Tiene algo de paradójico que la actual Cinématèque Française, integrada ya como institución de prestigio en el seno de la cultura oficial francesa, celebre con fastos, eventos, exposiciones y publicaciones el centenario del nacimiento de quien fuera su creador e impulsor casi único. Es la misma institución que, tras los acontecimientos y las revueltas de abril y mayo 1968, que empezaron precisamente con su airada reivindicación y defensa como director de la institución ante los planes de relevo y burocratización de Malraux, le dio la patada simbólica que acabaría por apartarlo poco a poco de su criatura, verdadera casa del cine mundial, pieza esencial para entender el concepto de cinefilia y la importancia de las filmotecas (nacidas muchas al impulso de la FIAF creada por él mismo) en la labor de recuperación, preservación y transmisión del legado cinematográfico como patrimonio esencial de la cultura de nuestro tiempo.

Puede decirse que Henri Langlois (Izmir, Turquía, 1914 – París, 1977) montó aquella Cinématèque (fundada en 1936) con sus propias manos y medios, ayudado por algunos colegas como Georges Franju, por su compañera Mary Meerson, por viejas glorias como Marie Epstein o Musidora y generosos mecenas y colaboradores (como la historiadora alemana Lotte Eisner) que entendieron y compartieron, mucho antes del desembarco de la política cultural, sus peajes y sus gestores, el enorme valor de su gran proyecto visionario de situar al cine en el epicentro mismo del siglo XX, pero también en la tradición de la Historia del Arte, más allá del fetichismo o la memorabilia que habían alumbrado hasta entonces la mayoría de sus discursos.

Chabrol y Godard 1968Padre incuestionable de la cinefilia moderna, patriarca y valedor del nuevo cine de los jóvenes y valientes (de la nouvelle vague a Warhol o Garrel), erudito conocedor del periodo mudo y las vanguardias (de Griffith a Chaplin, de Murnau a Epstein, de Linder a Vigo, de Gance a Buñuel, de Stiller a Dreyer), amante del cine clásico americano y sus estrellas, precursor de la teoría de los autores, auténtico descubridor de perlas ocultas o perdidas en los sótanos y desvanes de medio mundo, Langlois no sólo concentró en su figura (grande, de ojos saltones, pelo desaliñado y grasiento y encanto arrollador) una suerte de santuario para los amantes del cine, que acudían a sus sesiones como quien acude a misa, sino que proyectó además, a partir de un peculiar y fructífero sentido de la poesía y el caos (a la manera de un Aby Warburg y su Atlas Mnemosyne), toda una estructura simbólica sin la que no se entiende hoy el devenir de la Historia del Cine, su relación con la crítica y algunos perfiles de la nueva cinefilia digital.

Cartel expo 1No es de extrañar así que la exposición que, desde el pasado día 9 de abril y hasta el próximo 3 de agosto, se celebra en la nueva sede parisina de la Cinématèque y que comisaría Dominique Païni, lleve por título El Museo Imaginario de Henri Langlois, ya que es precisamente ése el espíritu, transversal y en permanente diálogo, que presidió su trabajo incansable desde los años treinta hasta su muerte: recuperar y conservar el cine perdido u olvidado, exhibirlo y darlo a ver en las mejores condiciones posibles y lejos de toda censura, programar como un auténtico ejercicio crítico y de resistencia, con sentido del diálogo de las formas (en un modelo del que sin duda son deudoras las Histoire(s) du cinéma de Godard), acompañarlo de presentaciones, debates, publicaciones o exposiciones permanentes, como aquel Musée du Cinéma inaugurado en el Palace Chaillot en 1972 al que dedicó sus últimas fuerzas, y que sería finalmente desmantelado tras un incendio en 1998 después de años de abandono paulatino.

El recorrido por este hermoso museo imaginario se organiza ahora en cuatro grandes senderos: Langlois programador, donde se muestra, a través de extractos de películas, su peculiar método de aproximación al cine para establecer relaciones con la historia de las formas artísticas. Langlois explorador nos descubre su faceta de descubridor de nuevos talentos, su apuesta por la juventud apasionada dispuesta a hacer cine a toda costa, contra todas las circunstancias, también su gusto por un cine no necesariamente narrativo, sino por aquel que experimenta más allá de las convenciones. En Langlois artista podemos descubrir su pasión por la pintura y su amistad con Matisse, Chagall, Calder, Picasso o Léger a través de una selección de sus obras confrontadas a sus gustos cinéfilos. Ya por último, en Langlois arquitecto se pone de manifiesto que su museo imaginario era también un museo real, en un modelo expositivo y conceptual sin el que no entienden hoy todos esos espacios dedicados a la memoria del cine de medio mundo.

Méliès, intelectual y artesano

Manuel J. Lombardo | 28 de mayo de 2012 a las 22:19

Divisa edita en España la edición definitiva de la obra de George Méliès (1861-1938), un pack de 6 DVD con los 199 títulos que se conservan de su filmografía

Sin aniversario ni efeméride oficial de por medio, 2012 se ha convertido en un inopinado y festivo Año Méliès gracias al homenaje tridimensional de Scorsese a su figura mítica y crepuscular en La Invención de Hugo, a la reciente restauración de la copia original coloreada de Le voyage dans la lune (1902), ahora con una nueva banda sonora electro-vintage a cargo del dúo francés Air y, muy especialmente, a la aparición en España de la que, hasta la fecha, podemos considerar como edición definitiva de su legado cinematográfico: una caja con 6 DVD y un libreto de 80 páginas (con textos de Norman McLaren, John Frazer, Serge Bromberg y Eric Lange y una detallada lista de los títulos incluidos con fecha, duración, género y datos sobre el formato, la música o el comentario) editada por el sello Divisa a partir de los materiales de la edición internacional Arte/Lobster, que incluye no sólo los 199 cortometrajes que se conservan (algunos incompletos) de su vasta filmografía (más de 500 títulos) producida entre 1896 y 1913, sino también jugosos extras como Le grand Méliès, el filme dirigido por Georges Franju en 1953 que ha inspirado a Scorsese, el espléndido documental La magia de Méliès (1997, Jacques Mény) y un par de cortos de nuestro Segundo de Chomón (Las rosas mágicas y Excursión a la luna), el más aventajado discípulo mélièsiano.

http://youtu.be/seGrUNrioQk

Nos encontramos con cerca de 900 minutos de material que recorre sus primeros trabajos, noticiarios, reconstrucciones históricas, vistas y escenas documentales realizadas en la estela de los Lumière, hasta su última película para la Star Films, El viaje de la familia Bourrichon (1913), sin olvidarnos de algunos de sus grandes títulos fundacionales del género fantástico como El viaje a la luna, El hombre de la cabeza de goma, El viaje a través de lo imposible o Los enredos del diablo: un generosísimo y variado metraje que confirma no sólo a uno de los grandes inventores y pioneros de la Historia del cine, “un intelectual y un artesano a la vez, un vanguardista, un experimental y un independiente que siempre pensó en el gran público”, en palabras del animador Norman McLaren, sino que alumbra de primera mano todos esos ingenios, trucos, gadgets y hallazgos que él supo trasladar de la tradición teatral espectacular a la técnica de la nueva máquina cinematográfica.

Como explican Bromberg y Lange en las notas del librero, esta recuperación historiográfica es fruto de un trabajo de más de 25 años de búsqueda en Filmotecas públicas y en archivos privados de todo el mundo de los negativos o las copias conservadas en las mejores condiciones posibles, fusionando incluso algunas de distinta procedencia con el fin de restituir el metraje original. Esta labor arqueológica viene a hacer justicia en muchos casos a una obra deteriorada, incompleta o perdida, sobre todo desde que el propio Méliès, en un gesto de desencanto y desesperación, quemara en 1923 buena parte de su archivo en el mismo jardín de su casa de Montreuil en el que había construido el estudio en el que rodó la mayor parte de sus películas.

De igual forma, la edición ha dado prioridad a todas aquellas versiones coloreadas (a mano) que se conservan, aunque muchas de ellas han tenido que ser completadas con material en blanco y negro para conseguir todo su metraje. Siempre a partir de los materiales más próximos al 35mm, se han equilibrado, etalonado y estabilizado las imágenes gracias a los más avanzados procesos digitales de limpieza y restauración de imagen, intentando también reconstruir y unificar la velocidad de proyección que, contra la creencia común y como señalan Bromberg y Lange, “elimina esa impresión de película acelerada y grotesca que no existía en absoluto en los comienzos del cine”.

Como gran novedad, esta edición incluye también algunos comentarios en off que recuperan, a partir de documentos y catálogos de la época, la experiencia original de los explicaores que narraron los filmes en sus proyecciones públicas, así como aproximaciones o reconstrucciones bastante fidedignas de los acompañamientos musicales de la época, ya fueran para piano o para pequeña orquesta.

Más un hombre del XIX que del XX, Méliès fue tanto un pionero del cine como el último de los maestros del espectáculo de la pantomima. Desde el Teatro Robert-Houdin, buscó incansable nuevas soluciones para su universo de trucos, desapariciones, transformaciones, fantasmagorías y féeries, en esa prodigiosa nueva máquina descubierta un 28 de diciembre en un café del Boulevard des Capucines. Méliès sintetizó la magia y la ciencia en la encrucijada de un siglo que abrazaba la modernidad como esperanza de progreso, integrando el melodrama, el music-hall, el café-concert y el circo en las nuevas formas de espectáculo popular que se imponían como nuevo entretenimiento para las masas en su tiempo de ocio. Su gusto por lo espectacular y lo imaginario, por lo irracional y lo antinaturalista, por los cuentos de Perrault y la iconografía de Doré, se integraron y desplegaron en una abigarrada, barroca y fascinante estética de atracciones que, lejos de agotar su potencial en la primera década del siglo XX, aún permanece vigente bajo diversas formas y modelos cinematográficos.

George Méliès. El primer mago del cine – 6 DVD + Libro (80 págs.: textos de McLaren, Frazer, Bromberg y Lange) – Divisa Home Video – 896 min. – 39,95 euros