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Fantasía submarina

Manuel J. Lombardo | 18 de junio de 2012 a las 22:17

Versus recupera en DVD la versión de 1916 de la popular novela de Jules Verne ‘20.000 Leguas de viaje submarino’, la primera en mostrar auténticas imágenes submarinas

La desbordante y visionaria imaginación de Jules Verne (1828-1905), paradigma del escritor de éxito en pleno apogeo de la literatura popular de masas en el último tercio del siglo XIX, excitó y alimentó numerosos títulos del primer cine mudo, que descubrió pronto su potencial para la fabulación fantástica, la aventura iniciática y la ciencia ficción una vez superada una primera etapa de asombro y coqueteo con la reproducción de la realidad documental del mundo visible.

Le debemos al gran Méliès las primeras adaptaciones importantes del universo verniano a la pantalla, que se inauguraban con aquel fundacional Le voyage dans la lune (1902) que sentaría las bases no sólo de una nueva vertiente del cine de atracciones, sino de toda una poderosa imaginería recreada en estudio que, a mitad de camino entre la ingenuidad teatral y la exploración de los trucos y efectos propios de la máquina moderna, iba a modelar una peculiar poética del fantástico que abrió las puertas de lo que poco más tarde el cine narrativo iba a consolidar como uno de sus géneros más importantes y seductores.

Méliès fue también el primero en adaptar 20.000 Leguas de viaje submarino, publicada por entregas entre 1869 y 1870, “una de las novelas más bellas de toda la historia de la literatura”, en palabras de Fernando Savater, en una versión de 1907 en la que el mago dispuso todo su arsenal de transparencias, filtros, superposiciones y dispositivos para recrear en su estudio de Montreuil el efecto de filmación submarina indispensable para insuflar credibilidad ambiental al relato de las aventuras del misterioso, maldito y obstinado Capitán Nemo y su nave Nautilus.

Nueve años más tarde, ya en Hollywood, el por entonces pequeño estudio Universal, con Carl Laemmle al frente, iba a producir el primer largometraje sobre la misma novela, un filme escrito y dirigido por el pionero Stuart Paton que pasaría a la historia, así se publicitó en su estreno, por el ser el primero en mostrar auténticas imágenes submarinas filmadas gracias a los sistemas creados por los hermanos George y Ernest Williamson, a los que los títulos de crédito iniciales del filme agradecen explícitamente, con su aparición incluida, los hallazgos técnicos que hicieron posible trabajar bajo el agua para conseguir unas imágenes de insólita, luminosa y silenciosa belleza, un auténtico fogonazo documental con vida propia (y corales, peces y tiburones de verdad) que se cuela en el seno de una narración aún balbuciente que integraba peripecias procedentes de 20.000 Leguas… y La isla misteriosa (1875), en la que Verne hizo reaparecer a Nemo, en una farragosa trama de aventuras y venganza que se abría paso entre una puesta en escena no demasiado generosa en momentos estéticamente destacables (apenas hay planos cortos, soluciones de montaje o movimientos de cámara) a pesar del enorme esfuerzo de producción (un presupuesto de 200.000 $, publicitado también como el más alto de su tiempo, por encima incluso de los filmes de Griffith) y del rodaje en exteriores naturales en las Bahamas.

Con todo, esta versión casi centenaria materializa ya de forma poderosa la iconografía del submarino ovoide y su ventana (metáfora tal vez del propio cine) a la inmensidad subacuática, la caracterización del Capitán Nemo (Allen Holubar) como un exótico, desterrado y desafiante explorador, el pulpo gigante o los intrépidos submarinistas en escafandras luchando contra la corriente, imágenes que, en todo caso, quedarían definitivamente forjadas en el imaginario popular gracias a la versión de 1954 en Technicolor y Cinemascope dirigida por Richard Fleisher para Disney y protagonizada por James Mason y Kirk Douglas.

http://youtu.be/dPe5DH0aprQ

Para Jules Verne, los Viajes Extraordinarios se convirtieron en el vehículo idóneo para unir el progreso humano y el papel clave que podía representar la ciencia en el progreso. En este sentido hay que entender el submarino Nautilus, de la misma forma que la cápsula espacial de Viaje a la luna o el globo de La vuelta al mundo en 80 días, como celebraciones de esa Era de la Máquina, de la modernidad en definitiva, como esperanza en un futuro en el que la aventura y el viaje hacia lo desconocido podrían ser también una promesa de avance para la humanidad.

La copia que podemos disfrutar ahora procede de una restauración efectuada en 2010, con tres tintados distintos para las escenas de interior (ocres), submarinas (azules) y para el escenográfico episodio final en la India (blanco y negro), y viene acompañada por una nueva banda sonora de ecos herrmannianos.

http://youtu.be/bddMqFECcD4

20.000 Leguas de viaje submarino (1916) – Stuart Paton – Versus – 96 min. – 11,95 euros

Méliès, intelectual y artesano

Manuel J. Lombardo | 28 de mayo de 2012 a las 22:19

Divisa edita en España la edición definitiva de la obra de George Méliès (1861-1938), un pack de 6 DVD con los 199 títulos que se conservan de su filmografía

Sin aniversario ni efeméride oficial de por medio, 2012 se ha convertido en un inopinado y festivo Año Méliès gracias al homenaje tridimensional de Scorsese a su figura mítica y crepuscular en La Invención de Hugo, a la reciente restauración de la copia original coloreada de Le voyage dans la lune (1902), ahora con una nueva banda sonora electro-vintage a cargo del dúo francés Air y, muy especialmente, a la aparición en España de la que, hasta la fecha, podemos considerar como edición definitiva de su legado cinematográfico: una caja con 6 DVD y un libreto de 80 páginas (con textos de Norman McLaren, John Frazer, Serge Bromberg y Eric Lange y una detallada lista de los títulos incluidos con fecha, duración, género y datos sobre el formato, la música o el comentario) editada por el sello Divisa a partir de los materiales de la edición internacional Arte/Lobster, que incluye no sólo los 199 cortometrajes que se conservan (algunos incompletos) de su vasta filmografía (más de 500 títulos) producida entre 1896 y 1913, sino también jugosos extras como Le grand Méliès, el filme dirigido por Georges Franju en 1953 que ha inspirado a Scorsese, el espléndido documental La magia de Méliès (1997, Jacques Mény) y un par de cortos de nuestro Segundo de Chomón (Las rosas mágicas y Excursión a la luna), el más aventajado discípulo mélièsiano.

http://youtu.be/seGrUNrioQk

Nos encontramos con cerca de 900 minutos de material que recorre sus primeros trabajos, noticiarios, reconstrucciones históricas, vistas y escenas documentales realizadas en la estela de los Lumière, hasta su última película para la Star Films, El viaje de la familia Bourrichon (1913), sin olvidarnos de algunos de sus grandes títulos fundacionales del género fantástico como El viaje a la luna, El hombre de la cabeza de goma, El viaje a través de lo imposible o Los enredos del diablo: un generosísimo y variado metraje que confirma no sólo a uno de los grandes inventores y pioneros de la Historia del cine, “un intelectual y un artesano a la vez, un vanguardista, un experimental y un independiente que siempre pensó en el gran público”, en palabras del animador Norman McLaren, sino que alumbra de primera mano todos esos ingenios, trucos, gadgets y hallazgos que él supo trasladar de la tradición teatral espectacular a la técnica de la nueva máquina cinematográfica.

Como explican Bromberg y Lange en las notas del librero, esta recuperación historiográfica es fruto de un trabajo de más de 25 años de búsqueda en Filmotecas públicas y en archivos privados de todo el mundo de los negativos o las copias conservadas en las mejores condiciones posibles, fusionando incluso algunas de distinta procedencia con el fin de restituir el metraje original. Esta labor arqueológica viene a hacer justicia en muchos casos a una obra deteriorada, incompleta o perdida, sobre todo desde que el propio Méliès, en un gesto de desencanto y desesperación, quemara en 1923 buena parte de su archivo en el mismo jardín de su casa de Montreuil en el que había construido el estudio en el que rodó la mayor parte de sus películas.

De igual forma, la edición ha dado prioridad a todas aquellas versiones coloreadas (a mano) que se conservan, aunque muchas de ellas han tenido que ser completadas con material en blanco y negro para conseguir todo su metraje. Siempre a partir de los materiales más próximos al 35mm, se han equilibrado, etalonado y estabilizado las imágenes gracias a los más avanzados procesos digitales de limpieza y restauración de imagen, intentando también reconstruir y unificar la velocidad de proyección que, contra la creencia común y como señalan Bromberg y Lange, “elimina esa impresión de película acelerada y grotesca que no existía en absoluto en los comienzos del cine”.

Como gran novedad, esta edición incluye también algunos comentarios en off que recuperan, a partir de documentos y catálogos de la época, la experiencia original de los explicaores que narraron los filmes en sus proyecciones públicas, así como aproximaciones o reconstrucciones bastante fidedignas de los acompañamientos musicales de la época, ya fueran para piano o para pequeña orquesta.

Más un hombre del XIX que del XX, Méliès fue tanto un pionero del cine como el último de los maestros del espectáculo de la pantomima. Desde el Teatro Robert-Houdin, buscó incansable nuevas soluciones para su universo de trucos, desapariciones, transformaciones, fantasmagorías y féeries, en esa prodigiosa nueva máquina descubierta un 28 de diciembre en un café del Boulevard des Capucines. Méliès sintetizó la magia y la ciencia en la encrucijada de un siglo que abrazaba la modernidad como esperanza de progreso, integrando el melodrama, el music-hall, el café-concert y el circo en las nuevas formas de espectáculo popular que se imponían como nuevo entretenimiento para las masas en su tiempo de ocio. Su gusto por lo espectacular y lo imaginario, por lo irracional y lo antinaturalista, por los cuentos de Perrault y la iconografía de Doré, se integraron y desplegaron en una abigarrada, barroca y fascinante estética de atracciones que, lejos de agotar su potencial en la primera década del siglo XX, aún permanece vigente bajo diversas formas y modelos cinematográficos.

George Méliès. El primer mago del cine – 6 DVD + Libro (80 págs.: textos de McLaren, Frazer, Bromberg y Lange) – Divisa Home Video – 896 min. – 39,95 euros