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Todo (sobre) Portabella

Manuel J. Lombardo | 22 de abril de 2013 a las 8:37

Santos Zunzunegui se refiere a la extraterritorialidad de Pere Portabella (Figueras, 1929) tanto en su faceta pionera como productor independiente (Films 59) de un puñado de títulos clave de nuestro cine (El cochecito, de Marco Ferreri, Viridiana, de Luis Buñuel, Los golfos, de Carlos Saura, o, ya más recientemente, Tren de sombras, de José Luis Guerin) situados en los márgenes de la oficialidad, como en su inquebrantable voluntad como autor (de No compteu amb els dits, su primer filme, de 1967, a Mudanza, de 2008) por aproximarse al cine como territorio de permeabilidad y fricción, eso que se bautizara como cine expandido, a través del diálogo con otras disciplinas artísticas (la música, la poesía y la pintura fundamentalmente) y como objeto político de intervención sobre la realidad, como lo demuestra su trabajo en clandestinidad y, muy especialmente, esa monumental Informe General sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (1976) que ve al fin la luz para muchos de nosotros como uno de los filmes esenciales para entender, de forma compleja, la propia complejidad de la Transición.

A sus 84 años, Portabella es reivindicado hoy, sobre todo fuera de España, como uno de nuestros cineastas más singulares e importantes. Prestigiosos críticos (Rosenbaum), museos e instituciones artísticas de primer nivel (MOMA, Pompidou, Documenta de Kassel, MACBA) reconocen, celebran y estudian su relevancia y radical modernidad desde un país sin apenas tradición experimental, menor aún si esa búsqueda formal también va unida, como es su caso, a una vocación (de auténtica resistencia) política.

La edición de la integral de su filmografía por parte de Intermedio, una edición, conviene subrayarlo, de carácter internacional, con subtítulos en inglés y francés, viene a reivindicar por tanto ese necesario espacio de unidad, coherencia y visibilidad que la obra de Portabella merece, y no sólo para el público cinéfilo.

Recuperando aquella máxima godardiana de “hacer films políticos políticamente”, buscando nuevas formas para nuevas ideas, muy lejos de los modelos industriales dominantes, a través del collage o el ensayo cinematográfico, la trayectoria de Portabella traduce, como nos recordada Rubén Hernández en una monografía (Errata Naturae) dedicada al autor, “una posición de resistencia a través de la cual se puede pensar el contexto histórico, filosófico y cinematográfico que hace de ellas un referente imprescindible en las políticas contemporáneas de la narración fílmica”.

Tras ser apartado de la profesión tras el escándalo Viridiana en Cannes’61, Portabella iniciará a finales de los sesenta una fructífera relación creativa, de sesgo eminentemente conceptual, con el poeta Joan Brossa y el compositor Carles Santos en los cortos No compteu amb els dits y Acció Santos y los largometrajes Nocturno 29 (1968), cruce entre Antonioni, Buñuel y la relectura política de la estética publicitaria, Vampir-cuadecuc (1970), un experimental y doblemente vampírico making of del Drácula de Jess Franco, y Umbracle (1972), collage de imágenes y sonidos emancipados desde los que se articula la reflexión metacinematográfica sobre la censura, el cine militante y la estética underground.

Tras una serie de cortometrajes (1969-1973) en torno a Joan Miró y su proceso creativo y artesanal (Aidez L’Espagne, Miró l’altre, Miró-La forja, Miró-Tapís, Premios Nacionales), la política stricto senso ocupará su tiempo durante la Transición, de la que participa activamente, primero como uno de los redactores de la Constitución y luego como senador y miembro del parlamento catalán. Fruto del espíritu de aquellos días son El Sopar (1974), sobrecogedora crónica de la reunión clandestina de cinco ex-presos políticos, auténtico ejercicio de rehabilitación de la libertad a través de la palabra, e Informe General… (1976), que nos deja un gran, y por momentos, siniestro, fresco experimental que trasciende los límites del documental para hablar polifónicamente de un país en pleno proceso de cambio cuestionando desde la representación y la forma aquel espectáculo y sus protagonistas, entre los que aparecen Felipe González, Santiago Carrillo, Enrique Tierno Galván, Nicolás Redondo, Marcelino Camacho, Ramón Tamames y otros intérpretes de la Historia.

Pasarán trece años hasta Puente de Varsovia (1989), nuevo “film-zombi” en el que se conjugan la filmación de músicas y arquitecturas con una reflexión sobre el cine y la cultura en la exultante Barcelona pre-olímpica, título al que seguiría otro largo período de inactividad apenas regateada con algunos cortos inscritos en proyectos colectivos (No al no, Lectura Brossa, Plan hidrológico) y una nueva colaboración con Santos (La tempesta). Con El silencio antes de  Bach (2007), Portabella regresa a la primera línea de atención crítica a través del eco de la figura del gran compositor de Leipzig, con una sucesión de cuadros en movimiento que oscilan entre la abstracción y la ficción, entre el documento y la metáfora, un filme que, en palabras de Eugenio Trías, “puede iluminar la mente y también serenar el ánimo, conseguir que se disipe en la lejanía el eco de un griterío de voces encarnizadas que apremian y golpean”.

Mudanza (2008) parece prolongar un mismo camino conceptual para proponerse como un perfecto epílogo-summa, mostrando el proceso de desmantelamiento y empaquetado de muebles, cuadros y objetos en la que fuera la casa natal de Federico García Lorca en la granadina Huerta de San Vicente. Portabella documenta este proceso, ritual y minucioso, para trabajar alegóricamente sobre el vacío que poco a poco va imponiendo un sentido en el que podemos palpar el paso del tiempo, la memoria viva de una casa cargada de significado para la Historia de España.

Pere Portabella. Obra completa – Intermedio – Digipack – 7DVD – 22 títulos – 869 min. – 49,95 euros

España lejos de España

Manuel J. Lombardo | 10 de abril de 2012 a las 6:56

La edición de un nuevo libro sobre el cine español de la Transición coincide con un ciclo en el Anthology Film Archives de Nueva York

El cine y la Transición política en España (1975-1982). Manuel Palacio (ed.). Biblioteca Nueva. 270 págs. 16 euros

Gracias a Twitter, nuestro nuevo amigo y confidente, descubrimos el ciclo que la prestigiosa Anthology Film Archives de Nueva York que fundara y dirige Jonas Mekas dedica esta semana al cine español de la Transición, Spanish cinema of the early post-Franco era (1975-1983), en el que podrán verse algunos títulos esenciales y sobradamente conocidos de aquel periodo como El Sur, de Erice, El desencanto, de Chávarri, Arrebato, de Zulueta, El diputado y El pico, de Eloy de la Iglesia, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y Laberinto de pasiones, de Almodóvar, junto a otros no tan difundidos o apreciados como El anacoreta, de Juan Esterlich, Ocaña, retrato intermitente (foto de apertura), de Ventura Pons, y Manuela, de Gonzalo García Pelayo, cineasta al que algún día habrá que reivindicar en su justa importancia como una de las rarezas más gozosas, irregulares, iconoclastas y libres del cine español de aquellos y otros tiempos.

Comisariado por el profesor universitario Gerard Dapena, este pequeño ciclo (necesariamente incompleto: el público neoyorquino ya conoce y valora a Pere Portabella, Paulino Viota o Basilio Martín Patino mejor incluso que nosotros) viene a recordarnos las circunstancias sociales, políticas y culturales de un país en proceso de transformación que precisamente dio sus mejores y más valientes frutos creativos cuando más inestable y confusa era su situación, aviso para navegantes de estas procelosas aguas de la cultura oficial que se abren hoy ante los recortes y las restricciones que sólo pueden afectar a la creación ya previamente institucionalizada en sus formas y modelos.

Y es que buena parte de aquellos títulos y buena parte de su vigor, su aire de época o su radicalidad lingüística nacieron de una urgencia, una necesidad de libertad y unas circunstancias precarias que nada tienen que ver con ese cine de calidad que sólo quiere hacer industria, un cine adocenado y encorsetado en modelos viables que dicta su propia sentencia de muerte desde sus estructuras de producto que quiere contentar a todos y no molestar a nadie.

Resulta muy oportuno para refrescar la memoria y poner un poco de orden a aquel tiempo el libro que también acaba de editarse, El cine y la transición política en España (1975-1982), una publicación nacida de dos seminarios celebrados en la Universidad Carlos III de Madrid y coordinada por Manuel Palacio que pone en pie la circunstancias, el contexto, las figuras, vías creativas y derivas de un cine nacido de la necesidad de emanciparse de un pasado oscuro, de coger aire del exterior para respirar en casa y de la voluntad de retratar o fabular esa realidad escondida o silenciada por el régimen franquista.

Un libro colectivo y multidisciplinar que asume nuevos y variados enfoques, de la historiografía clásica (con el texto seminal de Julio Pérez Perucha y Vicente Ponce publicado en 1985: Algunas instrucciones para evitar naufragios metodológicos y rastrear la transición democrática en el cine español) a los hoy inevitables Estudios Culturales (y su preocupación por la “afectividad, la sexualidad y la etnicidad” en algunos títulos emblemáticos), con el fin de recorrer las Escrituras (Portabella y su cine de “modificación política”, Almodóvar en el seno de la “cultura progre y la movida madrileña”, El desencanto entre la “memoria histórica y el psicoanálisis” o una nueva interpretación de Arrebato a la luz de los estudios de género y el estrellato), las Representaciones (la comedia sentimental, el cine erótico clasificado S, el cine de mujeres y feminista de Pilar Miró, Cecilia Bartolomé o Josefina Molina) y las Memorias (la figura de Franco, la Guerra Civil como tema recurrente, la reapropiación del archivo histórico en nuevas plataformas como Youtube) de un cine de transición y en transición, de una “breve pero apasionante Edad de oro del cine español”.

 

Y ahora, por el mismo precio, cuatro recomendaciones sonoras para la semana:

 

Take Shelter – David Wingo – Milan Music – 46 min. – 18 euros

Sumamos al tejano David Wingo, líder de la banda de rock fronterizo Ola Podrida y colaborador de David Gordon Green (George Washington, All the real girls), a nuestra más selecta lista de nuevos compositores a seguir de cerca. Su música para Take shelter, el segundo largo de Jeff Nichols, rememora texturas sintéticas y modos propios de un Cliff Martinez para dibujar un paisaje del extrañamiento y la amenaza del fin del mundo con aires de electrónica vintage, atmósferas densas y una precisa integración orgánica de las cuerdas que intensifica el núcleo dramático del filme.

 

The Lorax – John Powell – Varèse Sarabande – 46 min. – 18 euros

El británico John Powell suma y sigue un nuevo título a su imparable carrera como compositor de referencia de la nueva era de la animación digital tridimensional, de la saga de Shrek a las entregas de Happy feet. The Lorax sigue de cerca a uno de sus mejores trabajos, Horton hears a who!, con su habitual arsenal multicolor que remezcla todo lo que se le ponga por delante en una nueva superficie sonora brillantemente producida: el pop, el rock, el jazz, el lounge, los ritmos latinos y, cómo no, la música de cine sinfónica y coral de toda la vida.

 

Ben-Hur (complete edition) – 5 CD – Miklós Rózsa – FSM – 366 min. – 50 euros

Buenas fechas estas para dar cuenta de la que parece ser la edición definitiva de una de las bandas sonoras míticas del viejo Hollywood: cinco compactos y seis horas de música que incluyen, sobra decirlo, todo el material compuesto por Rózsa y ejecutado por la orquesta y coros de la MGM convenientemente restaurado, junto con los descartes, pruebas de grabación y versiones discográficas alternativas (Savina y Kloss). Para todos los detalles está el ensayo de 28 páginas de Jeff Bond. Coleccionistas apúrense, sólo se han imprimido 4.000 copias.

 

Jane Eyre – Bernard Herrmann – Naxos – Adriano/Slovak Radio Symphony Orchestra – 67 min. – 6’99 euros

Poco a poco, el económico y siempre estimulante sello Naxos ha ido absorbiendo referencias del catálogo de Marco Polo, su serie más selecta y cara. Así, con nueva portada, reaparece ahora a razonable precio el score completo de Herrmann para la Jane Eyre de 1943 dirigida por Robert Stevenson, quintaesencia musical del carácter romántico, brumoso y victoriano que distingue al compositor norteamericano. Si bien el sonido de la Slovak Radio Symphony Orchestra con Adriano al frente podría ser más brillante y matizado, esta es la grabación de referencia.