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Sobrevivir en Sevilla (a propósito del SEFF’2012)

Manuel J. Lombardo | 12 de noviembre de 2012 a las 22:52

A falta de cifras oficiales, el SEFF’2012 se cierra con un balance positivo y la promesa de un futuro esperanzador a poco que se estabilicen definitivamente las condiciones de su gestión

La euforia siempre es mala consejera, y más aún después de que este SEFF se cerrara con la que ha sido su gala de clausura más amena, ligera y divertida, cortesía de La Suite, Álex O’Dogherty y La Banda de la María. José Luis Cienfuegos, curtido en mil batallas y conocedor del peligro y la falsedad de los halagos excesivos y las palmaditas en la espalda, debe saber que, si bien la programación y la respuesta de público han sido excelentes, la primera muy por encima de ediciones anteriores, con un puñado de títulos memorables (Gébo et l’ombre, La última vez que vi Macau, Tabu, Museum hours, Recoletos, À perdre la raison, A night too young, Leviathan), y la segunda más que satisfactoria con una semana de climatología desapacible, dispersión de salas y horarios ajustados, hay aspectos mejorables para hacer del SEFF el primer festival de España en su categoría y un festival de referencia a nivel europeo y mundial.

Como en tantas otras ediciones, se ha trabajado con más prisas y dificultades de lo aconsejable, empezando casi de cero en la configuración de una estructura y unos métodos no especialmente ágiles ni operativos, pero el buen hacer del equipo humano, mezcla de gente de confianza traída por el nuevo director con personal local con experiencia en ediciones anteriores, ha camuflado de sobra las carencias.

En lo que respecta a la programación, Cienfuegos se ha mantenido fiel a su rigurosa línea de autor desarrollada en Gijón con las lógicas concesiones al cine de las instituciones europeas y a ese otro público no especialmente festivalero (el que prefiere zombis y trash) que hay que ir captando poco a poco para la causa más exigente. Bien es cierto que entre una programación de títulos tan amplia, tal vez demasiado, no todos brillan a una misma altura de excelencia ni todos satisfacen por igual a espectadores y crítica, una crítica, lo comentaba Cienfuegos a su llegada a la ciudad, que es (y debe ser siempre) tan exigente y rigurosa como los criterios de selección, lo cual no habría de ser nunca un problema o un punto de conflicto sino un aliciente para generar debates, a ser posible públicos, sobre los caminos del cine europeo de hoy, que tal vez sean algunos más de los que se han visto por aquí esta semana.

A falta de las cifras definitivas de asistencia a las salas, eventos, seminarios, talleres y conciertos nocturnos, la sensación a pie de calle es que el SEFF ha crecido, se ha expandido y mejorado, superando con creces las expectativas del público, que sin duda ha notado un considerable aumento de la calidad media de los títulos, una mayor variedad de actividades y una voluntad de acercar más a los creadores.

Respecto al palmarés, nunca llueve a gusto de todos: si el de la Sección Oficial no creemos que sea el que le vaya a reportar al SEFF la mejor proyección posible en su apuesta por Eat, sleep, die y Boy eating the bird’s food, dos títulos que se encuentran a mi juicio en la zona media del espectro del cine europeo contemporáneo, cintas cuya estética y temática remiten a modelos sancionados hace ya más de una década, el de Eurodoc-No ficción, concedido ex-aequo a Leviathan y Mapa, resulta también algo difícil de entender a la vista de dos opciones tan alejadas en pretensiones y resultados. Mucho más coherente con el espíritu de su jurado, formado por estudiantes universitarios, me parece el premio Las Nuevas Olas para Arraianos, un título muy destacable que, entre otras cosas, confirma que entre la más joven cinefilia local hay ya plantada una semilla de sensibilidad para reconocer lo original y distinguir lo auténtico.

Que Haneke haya obtenido el Premio del Público por Amour se explica por sí solo, mientras que los premios Eurimages a Sister y Paradise: Faith tendrían que explicar, como mínimo, de dónde salen, ya que no consta jurado alguno acreditado en la documentación y el reglamento oficial.

En lo que respecta a los homenajes y retrospectivas, el ciclo dedicado a Agnès Varda ha resultado gozoso e impecable y nos ha permitido escuchar de cerca a una de las voces más importantes del cine moderno europeo, mientras que el de Gonzalo García Pelayo se ha visto algo descuidado en la calidad y las condiciones de proyección, lo cual no parece haber sido obstáculo para que el público haya descubierto y celebrado al fin la valía y la vigencia de un cineasta singular e irrepetible.

Pros y contras de mudarse al centro

Manuel J. Lombardo | 28 de agosto de 2012 a las 10:45

Revelado ya por Diario de Sevilla que el SEFF2012 trasladará el grueso de sus proyecciones ordinarias a las salas del centro de la ciudad, concretamente a los cines Alameda (UCC), Avenida (UCC) y Plaza de Armas (Cinesa), recuperando así los espacios que ya protagonizaron algunas ediciones del extinto Festival de Cine y Deporte y abandonando el ala Norte de los cines Nervión Plaza (Cinesur) después de ocho ediciones europeas, toca analizar los pros y los contras de esta importante decisión.

Por un lado, la operación busca indudablemente captar al público joven y consumidor de cultura alternativa cerca de sus propios espacios naturales, a saber, en el entorno de la siempre controvertida Alameda de Hércules, intentado repetir para Sevilla un esquema de rejuvenecimiento similar al que Cienfuegos había puesto en marcha con éxito en Gijón.

En su apuesta por la creación y la educación de un nuevo público cinéfilo, algo muy necesario a la vista de la deserción permanente de las salas, incluso las de V.O., a lo largo del año, el gesto resulta de una lógica aplastante, aunque a la propia organización se le planteen ahora nuevas dificultades de gestión y producción como consecuencia de la dispersión de los espacios y, sobre todo, de las condiciones, no especialmente a la última salvo en el caso de Plaza de Armas, de sus instalaciones, infraestructura y equipamiento.

Por otro, y salvo error de apreciación, el SEFF no sólo vive de ese supuesto público joven, cinéfilo y universitario que ha llenado las salas en ediciones anteriores, siempre a precios muy populares, demasiado incluso, y que puede desplazarse por la ciudad con cierta facilidad gracias a las distintas opciones de transporte público. El festival también ha fidelizado año a año a un público adulto, maduro, veterano incluso, que tendrá ahora más dificultades o que se lo pensará dos veces antes de acercarse a las nuevas sedes en zonas de acceso más restringido que el despejado y bien comunicado Nervión Plaza.

Así las cosas, la apuesta de Cienfuegos, una apuesta que siempre ha estado en la mente, nos consta, de anteriores directores del evento, puede ser entendida como un paso adelante en lo que respecta al proyecto de construcción a medio y largo plazo de un nuevo entorno aparentemente más proclive a la cultura o a la cinefilia, unida, por supuesto, con otras actividades como conciertos, encuentros, exposiciones o simples trasnoches de temática festivalera; pero también como un paso atrás si consideramos que el anterior espacio ya estaba hecho a unas dinámicas y rutinas de público, horarios y funcionamiento con unas condiciones de proyección, comodidad y aforo que, a todas luces, no pueden ofrecer las nuevas sedes.

Se trata, en definitiva, de empezar de nuevo y probar un nuevo camino, con los riesgos que ello conlleva en una ciudad tan inmovilista y comodona como Sevilla. Lo ideal sería que este impulso no sólo sirviera para remontar la espantada general del público en estas mismas salas, crear un nuevo marco de encuentro, más agradable y distendido, para el disfrute cultural y, por qué no, animar a los empresarios cinematográficos a asumir de una vez por todas la necesaria renovación de sus instalaciones en un tiempo de crisis profunda en el sector.

Por otro lado, sobra decirlo, y rompiendo la tendencia inmobiliaria, el Centro es más barato que Nervión.