Profeta en su ciudad

Iván Gómez | 27 de febrero de 2015 a las 12:56

Sin exotismos ni moderneces, sin esa elocuencia y verbosidad que caracteriza a los primeras espadas de grandes partidos en grandes ciudades, sin las estridencias de los compromisos insostenibles y las falsas promesas. Estaba alejado incluso de la retórica oficial de su partido, aunque siempre ha sido un militante disciplinado. Al abogado laboralista Martínez Cabrejas le bastó su honestidad, humildad y cercanía para convertirse en todo un referente 150226 Capilla ardiente Alcalde Santiago Martinez Cabrejas3político del socialismo la ciudad, el mejor reclamo que ha tenido en su historia el PSOE de Almería. Y es que Santi, como le llamaban los amigos y compañeros, ha sido el alcalde más querido por todos, el mejor pescador para el caladero de votos almeriense. Nacido en el municipio granadino de Padul en 1948 se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla, estancia que aprovechó para jugar al fútbol en el filial del Betis siendo un gran interior izquierdo. Muy al estilo de Cardeñosa, recuerda con cariño Paco Díaz Casimiro, otro alcalde de la Transición con el que compartió escaño en Sevilla. Le pegaba con una zurda prodigiosa. También su ideología era de la izquierda más pura, esa de estar siempre con los que más lo necesitan. Martínez Cabrejas era una persona con profundas convicciones, desde su juventud hasta el último suspiro. Nunca bajó la guardia en su lucha contra una larga enfermedad a la que finalmente ha ganado porque ya es eterno en el corazón de los almerienses.

Inició en su vuelta a la provincia, después de una etapa universitaria en la que participó activamente en movilizaciones y protestas contra el orden establecido, un periodo profesional centrado en lo laboral gracias a su desempeño en el sindicato UGT antes de dar el salto a la política. Se afilió al PSOE de la mano de históricos como Diego López y de su íntimo amigo Juan Rojas para pasar a primera línea de combate en las elecciones que llegaron con la Transición, las de 1979. No ganó su primer embite en las urnas, la UCD que encabezaba otro abogado, Fausto Romero-Miura, logró un escaño más en el plenario de la ciudad, pero su alianza con el PCE de José Guerrero, hoy vicerrector de la Universidad de Almería, y el PSA de 150226 Foto Cabrejas en tribuna.JPGLaudelino Gil, ya fallecido, lo convirtieron en el primer alcalde de la democracia. Casi nadie lo esperaba. Almería era la provincia andaluza en la que el partido de Adolfo Suárez tenía mayor implantación y apoyo popular. Aquellas eran sesiones ordinarias y extraordinarias destinadas a dotar a la ciudad de las infraestructuras que carecía que solían acabar con los 27 concejales de la corporación debatiendo en un bar. En ese momento se inició la leyenda de Cabrejas, el alcalde invencible, taimado y elástico tejedor de contactos a base de cariño, que supo con el tiempo ganarse incluso a sus rivales en las urnas. De hecho, Fausto Romero fue uno de sus mejores amigos en el incómodo mundo de la política, con el que compartía la afición de salir a pescar pese a sus diferencias ideológicas. El letrado aún recuerda que en los últimos años, a pesar de su enfermedad que creía haber superado, seguía haciendo certeros y profundos análisis políticos y económicos anticipándose incluso a la crisis y cuestionando, por encima de su gran sentido del socialismo, las decisiones de gobiernos como el de Zapatero. Después de tantos años enterrando dinero, como él decía con cierta resignación por las millonarias inversiones destinadas al abastecimiento de agua y a la red de alcantarillado, supo leer que la burbuja inmobiliaria acabaría explotando y dando pie a una profunda recesión.

En aquellas primeras legislaturas en los que Almería despertaba a la democracia todas las decisiones fueron logros. Estaba casi todo por hacer y era muy difícil errar. No había suministros tan básicos como el de luz y el agua y Martínez Cabrejas hizo lo posible por garantizar que esos servicios, y otros tantos, llegaran a los barrios sin distinción, quería acabar con la brecha, el tiempo de las desigualdades quedó atrás. Su mandato se revalidó en las dos elecciones posteriores e incluso tuvo escaño en el Parlamento de Andalucía dos legislaturas. Hijo del barrio de la plaza de Toros, se mantuvo alejado de cualquier protagonismo y acabó cediendo el puesto a Fernando Martínez, que había sido su concejal de Cultura. Años más tarde, en 1999, volvió a encabezar la lista socialista, los mismos que lo habían invitado a dar un paso atrás sabían que era sinónimo de victoria. Y así fue. Ganó en coalición 121217 Alcalde inauguracion Calle Santia-1013.jpgcon IU. Se habló entonces del equipo de Santiago, que este jueves quedó huérfano, un lema con el que resucitaban a un referente al que nunca llegó a gustar demasiado lo orgánico aunque estuviera al frente de la Agrupación Local unos años. Quiso que su mano derecha en la última legislatura, Juan Carlos Pérez Navas, accediera a la Alcaldía llegando incluso a plantearse cederle el sillón meses antes de terminar el mandato. Ya se veía fuera de la esfera municipal, quería retomar su faceta de abogado. Pero lo terminó para volver a dar un paso atrás en las siguientes elecciones, no sólo porque así lo entendiera el partido, sino porque además comprendió, como otros de los alcaldes y concejales de la Transición, que la política era un servicio público transitorio y ya había cumplido. De ahí que lo recuerden hoy por ser tremendamente generoso y demócrata, valores que lo caracterizaron siempre junto a su afecto y apego a los vecinos y la calle. De hecho, su mayor conquista siempre fue más allá de las urnas. Ganó cuatro elecciones y rindió a sus pies una ciudad que recientemente le ha dado su nombre a una calle y el escudo de oro de Almería. Con humanidad y cercanía consiguió lo que pocos logran, ser profeta en su ciudad.

 

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