Pesadilla de medio siglo

Iván Gómez | 18 de enero de 2016 a las 11:06

Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. Canto a la esperanza del ilustre manco de Lepanto que dejó de creerse en Palomares. Los poco más de 1.700 vecinos de la pedanía almeriense de Cuevas se han cansado de esperar. Quieren pasar página porque llevan medio siglo anclados en un capítulo de la Guerra Fría, pero no lo consiguen, la contaminación nuclear sigue allí. Cincuenta años se cumplen hoy del accidente de dos aviones norteamericanos que aquel 17 de enero de 1966 los convirtió en el núcleo más radioactivo del país, algunos investigadores aseguran que incluso el de mayor contaminación por plutonio del planeta, superando los valores registrados en Chernóbil. Demasiado tiempo EL FAMOSO BAÑO DE MANUEL FRAGA CON EL ENBAJADOR DE EEUU EN ESPAÑA ENsufriendo las consecuencias de un episodio que ha marcado, siempre para mal, la imagen de su pueblo. Están más que hartos de que una localidad que podría haber sido conocida por sus sabrosas lechugas y sandías y por sus playas paradisiacas sólo haya quedado retratada desde entonces en el imaginario colectivo por las fotografías en blanco y negro de las cuatro malditas bombas, por la literatura que inspirara la Operación Flecha Rota y por el baño recogido en las cámaras del NODO del que fuera ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, junto al embajador de los Estados Unidos, Angier Biddle Duke, casi dos meses después del siniestro en pleno mes de marzo. Medio siglo de contaminación y convivencia con el plutonio es un intervalo tan considerable como para que ya no estén la mayoría de sus protagonistas. Primero falleció el diplomático norteamericano en 1995, después Francisco Simó Orts -más conocido como Paco el de la bomba- en 2003 sin llegar a cobrar la compensación económica que se le prometió por el hallazgo, también el que fuera director del Ciemat y uno de los que más trabajaron por la rehabilitación de los terrenos, Juan Antonio Rubio, en 2010 y, por último, aquel ministro y senador del célebre bañador meyba en 2012.

A raíz de aquel accidente, que podría haber arrasado medio país al tratarse de cuatro cabezas nucleares más destructivas que las que lanzaron sobre Hiroshima, la provincia logró ciertos mimos turísticos del régimen franquista, como la escuela de hostelería, así como el impulso al parador nacional y al aeropuerto, pero son incalculables los perjuicios y daños para la pedanía y el municipio en su conjunto. El anterior alcalde de Cuevas, Jesús Caicedo, el que rompiera la tregua de silencio para clamar alto y claro contra la inacción y desidia de las administraciones española y estadounidense, después de décadas sin presión popular marcadas por la indolencia y la censura a los afectados, argumentó en un escrito de principios de 2011 dirigido al embajador que “este suceso ha condicionado la vida normal de los ciudadanos de la pedanía y toda la comarca y los efectos adversos han provocado la merma importante en el desarrollo de sus principales actividades económicas, en especial agricultura y turismo, han transformado socialmente a los vecinos, han condicionado las futuras expectativas y han hecho de Palomares un pueblo estigmatizado, cansado, humillado y preso de la REUNIÓN ALCALDES CUELVAS DE ALMANZORA Y PALOMARES CON EMBAJADOR EE.UUdesconfianza”. Tirón de orejas con el que pretendía trasmitir a los gobiernos español y americano el sentir de la población después de 45 años -en aquel momento- de negociaciones, citas y reuniones, estudios radiológicos y exámenes médicos sin alcanzar un compromiso explícito de planes para la limpieza y traslado de los 50.000 metros cúbicos de tierra que quedan con concentraciones de plutonio por encima de los parámetros establecidos ni para rehabilitar las 40 hectáreas contaminadas. Si bien es cierto que desde el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, heredero de la Junta de Energía Nuclear, se había mantenido con el Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE) una comunicación fluida y continua desde que tomaran las riendas del seguimiento radiológico, con el envío de todos los informes y la cofinanciación de parte de las actividades, Cuevas ha estado al margen de los encuentros bilaterales y planes de futuro, como anteriormente ocurriera con la información oficial sobre la monitorización médica de sus vecinos hasta que finales de 1985 el Gobierno de Felipe González cambiara la política de oscurantismo que se había impuesto con Franco, bajo la presión del Pentágono, y desclasificara los primeros documentos. Desde ese momento el Ciemat cumplió con sus obligaciones, y procedió a caracterizar la contaminación de la zona y elevar propuesta del plan de extracción de las tierras afectadas y gestión de los residuos (mayo de 2010), pero la parálisis estadounidense preocupaba, así como algunos cables en los que parecían desentenderse de un problema que crearon con sus vuelos nucleares sobre la península. El consistorio y los vecinos, con el respaldo de los ecologistas y el liderazgo del incombustible Caicedo, llegaron entonces con sus mociones al Congreso y Senado y llamaron a cuantas puertas se les abrieron en Madrid y Washington en su intento de dar carpetazo al largo camino hacia la normalización radiológica de Palomares.

La Administración Obama no quería dar el paso por temor a un bombardeo de reclamaciones radioactivas desde otros países en los que se produjeron incidentes de menor calado, pero en los últimos años se intensificaron los contactos del más alto nivel logrando desbloquear una odisea y abordando los aspectos técnicos de la restauración y gestión de los residuos nucleares. La reciente firma de un convenio entre el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, dará pie a una comisión mixta de supervisión que coordinará los trabajos que, si bien siguen sin calendario, tienen fijado un plazo de entre 12 y 24 meses y una inversión de alrededor de 400 millones de euros. La pedanía de Palomares espera ansiosa ese despliegue sobre el terreno desde que a finales de febrero de 2011 se produjera la visita de un equipo La delegación en la zona 2 (5).JPGinteragencias de expertos norteamericanos, encabezada por el director del Departamento de Energía Glenn Podonsky, a la zona cero contaminada por el impacto contra el suelo de dos proyectiles termonucleares a consecuencia de la colisión de dos aeronaves de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, un bombardero B-52 y un avión nodriza KC-135 procedente de Morón de la Frontera, durante una maniobra de repostaje en vuelo en la mañana del 17 de enero de 1966. Será el mejor final a su persistente lucha contra los molinos de viento ‘yankis’ que habían conseguido que durante décadas, con el amparo del régimen franquista, reinara el silencio y las bombas fueran tabú dentro y fuera de la provincia. En la última década rompieron la tregua y se sucedieron las presiones para que el gigante americano complete los trabajos de remediación realizados en meses posteriores a la catástrofe, en los que invirtieron más de 80 millones de dólares de la época retirando casi 5.000 bidones con 1.400 toneladas de tierra y restos vegetales que transportaron al centro de Savannah River Facility en Carolina del Sur. En la operación conocida como Flecha Rota (Broken Arrow), consistente en localizar los proyectiles perdidos y después descontaminar la zona afectada de 25.000 metros cuadrados de suelo, participaron más de 740 personas, de las que 600 pertenecían al ejército de Estados Unidos, y se emplearon casi 100 vehículos, más de 20 máquinas pesadas y 33 navíos.

En Estados Unidos temen que si se llevan la tierra contaminada les lloverían reclamaciones radioactivas desde otros países en los que sucedieron tragedias similares generando un serio problema de opinión pública. Eso sí, no han dudado en exhibir las bombas recuperadas en Almería en el Museo Atómico Nacional de Albuquerque (Nuevo México) porque fue el segundo supuesto más grave de detonación accidental, por detrás del de la base aérea Thule en 1968, por el grave riesgo de crear un conflicto nuclear en plena Guerra Fría de los Estados Unidos y la antigua URSS. Allí luce la que no sufrió daño alguno al abrirse el paracaídas y también la que cayó al mar y recuperó el minisubmarino Alvin de la US Navy a cinco millas de la costa gracias a 1389380890_638006_1389381435_sumario_grandelas indicaciones de un pescador local vecino de Águilas llamado Francisco Simó, Paco el de la bomba desde entonces. El Comité Asesor para la Información y Participación Pública del CSN argumentó en el monográfico Palomares 1966-2013, en el camino de la normalización radiológica que hasta la fecha no se ha mostrado la existencia de morbilidad inducida y no hay ninguna evidencia de patologías causadas a raíz del accidente. No obstante, el Ciemat ha reconocido 119 positivos por plutonio en los 5.483 análisis médicos realizados hasta la fecha. Sin embargo, repiten que el nivel de radiación es insignificante y no hay ningún riesgo para la salud al estar la zona acotada y el acceso restringido, sobre todo tras la expropiación forzosa en 2007 de 30 hectáreas adicionales que se incorporaron a las diez iniciales de la zona cero al encontrar más plutonio y americio del esperado. En todo momento han planteado que “existiría peligro” si se remueve la tierra porque la contaminación está en el subsuelo. De ahí que rápidamente frenaran en seco, con la ocupación provisional de las fincas, las actividades agrícolas y de construcción que se empezaban a gestar a finales de 2001.

Los estudios epidemiológicos sobre mortalidad y morbilidad del doctor Pedro Antonio Martínez Pinilla demuestran que el riesgo relativo bruto de exposición a la radiación en Palomares de 4.15 mientras que en otra población de la provincia no sobrepasaría el 1. Los niveles de plutonio y americio detectados en el plancton de la costa cuevana son cinco veces superiores a los encontrados en otras muestras del Mediterráneo, según un estudio comparativo realizado por la Universitat Autónoma de Barcelona, si bien siguen dentro de los márgenes de seguridad de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. En base a otros informes, los ecologistas aseguran que en Palomares existe más radioactividad que en algunas zonas de Chernóbil y la población no es ajena a lo que cada cierto tiempo se publica. Entienden que ha llegado el momento de terminar con una Infografia Sevillapesadilla de medio siglo, la de una historia de la que nunca quisieron ser protagonistas. Después de cuarenta años de colaboración norteamericana con la financiación parcial hasta 2009 de las actividades de vigilancia a través de acuerdos por los que se ejecutó el Proyecto Indalo y el Plan de Investigación Energética y Medioambiental en Materia de Vigilancia Radiológica (PIEM-VR), el Plan de Rehabilitación de Palomares que presentó el Ciemat en mayo de 2010 para retirar los terrenos contaminados ha sido aceptado. La pedanía de Palomares dejará de ser un laboratorio a cielo abierto único en el mundo, dejando atrás uno de los episodios más oscuros y desconocidos de la historia de nuestro país. La contaminación heredada de la Guerra Fría tiene las horas contadas, pero nadie en Cuevas canta victoria. Hasta que no se lleven el último barril con la tierra radioactiva no habrá terminado su pesadilla de medio siglo.

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