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Sobrevivir al desierto

Iván Gómez | 6 de junio de 2017 a las 13:10

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Un desierto se caracteriza por las escasas precipitaciones del clima árido, más allá de los singulares paisajes, y con la tardía entrada en vigor del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) a finales de diciembre también será etiquetado por el serio déficit de posibilidades para el desarrollo de actividades socioeconómicas. El nuevo plan de gestión del paraje natural del desierto de Tabernas, así como el de Sierra Alhamilla y Karst en Yesos de Sorbas, deja en el aire en su afán de protección de la biodiversidad actividades tan tradicionales como la caza  y otras de reciente cuño como las pruebas deportivas que atraen cada año a cientos de visitantes. Así lo recoge la normativa, que fue publicada en el BOJA del 23 de diciembre, pese a los intentos por modificarla de los municipios afectados y de una nueva plataforma que representa a los más de mil cazadores de 11 sociedades y 52 Las Aneascotos que tendrán que buscar otras zonas cuando se abra la temporada en agosto. La cruzada contra la prohibición de la actividad cinegética en el desierto ha encontrado el oasis plenario y se han aprobado mociones en los ayuntamientos para que la Junta recapacite. Entienden que la caza  nunca fue ni será perjudicial para el medio natural, sino más bien lo contrario, por la contribución del colectivo a la conservación de los bebederos y comederos, así como de los caminos rurales y puntos de agua. Han velado siempre por el estado óptimo de conservación de terrenos abandonados, además de los ingresos que aportan a zonas de escasa capacidad para generar riqueza y empleo, por lo que han encontrado el amparo de todos los consistorios (Tabernas, Gérgal, Gádor, Santa Cruz y Alboloduy) a los que han tocado la puerta en su batalla contra la implementación de una normativa que ha vetado la actividad cinegética en las 11.448 hectáreas del paraje natural, salvo excepciones puntuales de caza  de  estado óptimo de conservación de terrenos abandonados, además de los ingresos que aportan a zonas de escasa capacidad para generar riqueza y empleo, por lo que han encontrado el amparo de todos los consistorios (Tabernas, Gérgal, Gádor, Santa Cruz y Alboloduy) a los que han tocado la puerta en su batalla contra la implementación de una normativa que ha vetado la actividad cinegética en las 11.448 hectáreas del paraje natural, salvo excepciones puntuales de caza  de gestión con batidas y recechos que autorice la Consejería de Medio Ambiente.

El delegado territorial, Antonio Martínez, se ha reunido con la plataforma y ha recibido las alegaciones de ayuntamientos con el objetivo de buscar una fórmula que permita revisar el decreto de caza . “No tenemos nada en contra de la actividad cinegética, pero la ley hay que cumplirla”, razona. Entre las propuestas que están sobre la mesa figura la del parque natural que promueve el alcalde de Tabernas, José Díaz. El primer edil considera que ayudaría a que la caza  sostenible sea compatible con la conservación, al igual que otras actividades deportivas en las que tienen gran interés y que han La Estación de Gérgalsufrido también el duro revés del PORN. El trail BTT que organiza esta localidad con la participación cada año de más de mil personas, la mayoría llegadas de medio país, no se volverá a realizar salvo que la Junta acepte la revisión del plan. La figura del parque natural sería beneficiosa para el desarrollo del turismo y la caza , fundamentales para la economía de estos pueblos, porque restringe las actividades a zona concretas y la prohibición no se aplica a toda la extensión como ocurre con los parajes naturales. El municipio de Gérgal sufre de lleno la condena del desierto. El 53% de su extensión se extiende por este término municipal de mil habitantes. El alcalde gergaleño, Miguel Guijarro, lamenta la falta de oportunidades de desarrollo de actividades socioeconómicas y es uno de los principales defensores de la cinegética en este paraje sin haber empuñado un arma ni tener licencia. Todo por el beneficio de su localidad. “Los cazadores han coexistido perfectamente con el desierto y tenemos que buscar la manera de que sigan haciéndolo”. Es más, recuerda los beneficios de la actividad en los cotos privados, antes terrenos abandonados a su suerte sin apenas conservación. Y no es su única crítica. Destaca las trabas que sufren para la creación de nuevos negocios por la dureza de las normas urbanísticas y por la falta de potencia eléctrica. Impedimentos en base a los planeamientos y catalogaciones que le hacen desconfiar de lo que conllevaría la figura de parque natural.

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