Cuando ir al instituto es una pesadilla

Iván Gómez | 17 de septiembre de 2018 a las 10:43

LOCAL-EL PUCHE

Para educar a un niño hace falta la tribu entera. Este proverbio africano figura en el encabeza del plan de centro del IES Río Andarax, uno de los institutos más conflictivos en los últimos años de la provincia al soportar episodios de violencia entre los alumnos y también hacia los profesores. Ubicado entre las calle Mare Nostrum y Marie Curie del barrio de El Puche, a espaldas de la Avenida de la Tolerancia, es un centro bilingüe en el que cada curso conviven 276 estudiantes, en su mayoría marroquíes, gitanos y subsaharianos, con 39 docentes que imparten la ESO, dos líneas de FP básica y un ciclo formativo de grado medio. Además de ser uno de los institutos que más favorecen la paz y la integración, reconocido por la administración y sociedad, cuenta con un programa de apoyo lingüístico a inmigrantes, planes de compensación educativa y de refuerzo del alumnado con más dificultades y forma parte de la red de Escuelas Espacio de Paz y sus profesores aplican métodos y estrategias premiadas dentro y fuera de Almería. Sin embargo, la trayectoria educativa y servicios de referencia, unidos a los planes de convivencia, autoprotección y el del centro, no dejan de formar parte de un protocolo idílico que para cada vez más estudiantes y padres no se cumple en la práctica. La proporción de jóvenes que no quieren pasar por sus aulas va en aumento en los últimos años y un grupo de padres y madres de los jóvenes que hoy vuelven a clase se vienen movilizando desde marzo para evitar lo inevitable y es que cursen la Secundaria en su barrio, donde tienen plaza asignada y les corresponde por residencia. En su defensa alegan estos progenitores indignados que sus hijos hicieron Primaria en el colegio Ave María del Diezmo de Los Molinos para que cuando pasaran a la siguiente etapa educativa tuvieran la opción de matricularse en los IES Azcona, Albaida y Alhadra.

Conscientes de que aún solicitando plaza en otros centros iban a acabar en el de su barrio, presentaron escritos ante la Delegación de Educación para que estudiara su petición, pero no ha sido posible. Hoy comienzan las clases en el IES Río Andarax y reconocen con resignación que es una pesadilla para sus niños. “Allí hay una guerra a diario, ¿quién se responsabiliza si a mi hija le pasa algo? La situación es difícil, peor que antes, y hasta los LOCAL-EL PUCHEprofesores tienen miedo”, asegura el padre de una de las alumnas y presidente de la asociación de vecinos del barrio, Abderrahmane El Assali. Este vecino de El Puche cuenta las razones por las que no quiere llevar a su hija al centro arropado por otros padres y los menores a escasos metros del instituto, en la sede vecinal de la calle Victoria Camps. Allí insiste en el clima de inseguridad y pone como ejemplo al menor que perdió la vista de su ojo izquierdo tras la agresión por otros alumnos en el último curso. Minutos más tarde comparecen el padre y joven víctima y muestran el parte médico y fotografías de su ingreso hospitalario. Abderrahim El Arfaoui, padre del agredido, ni siquiera denunció los hechos por temor a represalias y lamenta las secuelas para toda la vida que tendrá su hijo por una agresión en este centro educativo calificado de difícil desempeño para el personal docente. La única lectura positiva para Abderrahim El Arfaoui es que este curso se ha matriculado en otro instituto, lejos del que tiene al lado de casa, todo una paradoja. Y es que la situación de angustia y desasosiego que genera ir a clases al Río Andarax no se puede atajar con palabras.

“No tenemos ningún problema con la dirección, ni con los profesores, ni con el personal, sólo estamos en contra de llevar a nuestros hijos porque hay muchos alumnos que no quieren estudiar y van allí a molestar y amenazar al resto y así es imposible mantener el nivel educativo de jóvenes que han demostrado tener un talento educativo considerable”, añade El Assali. “Si quiero que mi hijo tenga estudios y una buena preparación me tienen que dejar elegir a qué centro llevarlo porque aquí hoy no puede”, afirma Mhammed Badi. En su improvisada asamblea, a sólo unos días del inicio de curso, aseguran que hay estudiantes en el instituto con entorno complicados que generan situaciones de abuso. Es más, explican que hay personas que captan a los jóvenes para que se inicien en el menudeo y otros encargos. Estos padres lamentan que haya estudiantes sin interés en ir a clase, con el único propósito de molestar, y asegura que su actitud rebelde desemboca en situaciones de amenazas y violencias al resto. “Si no nos escuchan tendremos que movilizarnos”, repite una y otra vez Abdessalam Sabri. Más allá de la inseguridad y el lastre al nivel educativo, en sus escritos a Educación exponen que sus hijos han convivido con compañeros que ahora van a otros institutos, lo que no beneficia su integración. “Llevan desde pequeñas con sus compañeros y ahora con 12 años los demás se van a otro centro y los nuestros al de El Puche”, añade El Assali.

Los menores también se muestran contrariados y sólos, sin padres ni madres, se plantaron en la Delegación de Educación para pedirle la oportunidad de estudiar en otro instituto. Pero su petición no ha sido atendida. Desde el sindicato Ustea quieren evitar que se desprestigie la labor encomiable de los profesores del centro educativo, de este barrio con alrededor de 9.000 residentes, y asegura que lo que necesita este instituto son inversiones para LOCAL-EL PUCHEunas instalaciones más dignas y para que se puedan tener más docentes y clases de apoyo avanzando en el nivel y la calidad educativa. “Para mejorar la seguridad se tiene que reducir la ratio de las clases y no expulsar a los alumnos porque el problema no es la violencia, estoy convencido de que otros institutos de la capital son más difíciles de llevar para sus profesores”, añade. Destaca la libre elección de centro por parte de la plantilla docente, lo que demuestra su implicación y capacidad de sacrificio. Eso sí, a veces hay errores con el código, como ocurrió a una profesora el pasado curso y en el actual logró arreglarlo al ser interina. Critica que hay mobiliario e instalaciones deterioradas, si bien en los últimos meses Educación ha destinado 585.798 euros a la ampliación de un instituto que se creó en 1981 como centro de Primaria. El Puche, como zona necesitada de transformación social, precisa un plan especial de actuación de las administraciones y sus centros educativos, con niños con graves problemas socioeconómicos, son el fiel reflejo de las carencias que se traducen en absentismo, apatía y falta de expectativas escolares, lastrando el nivel educativo.

Los sindicatos reclaman más docentes y clases de apoyo

“No hay tantas agresiones, el problema va mucho más allá de la conflictividad”, asegura uno de los portavoces de Ustea, José Carlos Molina. Entiende que este centro requiere de un trato especial por la situación socioeconómica y cultural de sus alumnos. El sindicalista que bien conoce el instituto de El Puche señala que reclaman más clases y docentes de apoyo para que se pueda ir avanzando en calidad educativa y a la hora de cambiar la dinámica LOCAL-EL PUCHEa veces conflictiva de alumnos y padres. Otra de las peticiones de Ustea es que se baje la ratio por clase y la mejora de unas instalaciones que no están a la altura de las que tienen otros centros. Para José Carlos Molina también es necesario impartir una formación específica a los docentes por las dificultades que tiene la práctica diaria. “No se pueden cargar las tintas en los alumnos con más problemas ni la solución son las expulsiones, a veces bastante hacen con ir a clase, debe ser la administración la que los integre en el sistema”. En este sentido, el portavoz de Enseñanza de Ustea en Almería ha querido poner en valor el esfuerzo y sacrificio de los docentes que eligen el centro libremente porque demuestran una “vocación admirable por su trabajo y son ejemplo para todos los profesores”. Molina asegura que se involucran el triple que en cualquier otro instituto y lamenta que se desacredite su trabajo al ponerse el foco en la violencia.

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