Sin baipás ni Mariana Pineda

Iván Gómez | 1 de febrero de 2019 a las 21:21

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Los trabajos para suprimir el paso a nivel en el barrio de El Puche, mediante una solución soterrada y adaptada a la futura llegada de la Alta Velocidad con Murcia, obligó a interrumpir el tráfico ferroviario de la capital almeriense, dejando como estación de origen y destino la de Huércal-Viator, a mediados de noviembre del pasado año. Una decisión controvertida, sobre todo por el precedente de la estación de Granada que ha permanecido más de tres años sin tráfico de trenes por unas obras que se han dilatado en el tiempo, que encontró un fuerte rechazo de la Mesa en Defensa del Ferrocarril y en los partidos de la oposición municipal que llegaron a aprobar una moción en pleno en la que exigían un baipás.

Tanto el entonces ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, como el equipo de gobierno municipal plantearon semanas antes de la adjudicación de las obras que una solución que no fuese la elegida tendría mayor coste y un retraso en la ejecución“Sería lo mismo que tirar dos años y medio de trabajo a la basura”, se atrevió a razonar De la Serna ante la resistencia al traslado a Huércal de la estación de cabecera. Y los argumentos han caído con el paso de los meses.

RG240119- DETONACION EXPLOSIVO GUERRA CIVIL OBRAS PUCHE - VIAS TREN - BOMBA TEDAX

El económico lo tumbó la Mesa del Ferrocarril, en la que están integrada más de 190 entidades, asociaciones y agentes económicos y sociales de Almería, al poner sobre la mesa los informes y propuestas de técnicos de Adif y Renfe que en alegaciones y cartas al Ministerio de Fomento le plantearon que se podría hacer un baipás con material reutilizado de 3.000 metros abaratando los costes de los trasbordos y arreglo de la estación de Huércal-Viator, que ha permanecido casi treinta años cerrada al público, además de evitar la media hora añadida a los viajes a Sevilla y Madrid, ya de por sí tediosos del país al rondar la siete horas de odisea.

También le hicieron ver que esta alternativa no retrasaría la tramitación de las obras porque solo contemplaba un desvío provisional del tráfico en el barrio. “No es cuestión de dinero, sino de tiempo”, replicó Íñigo de la Serna. Lo siguiente fue cuestionar el obstáculo que supondría este baipás en la circulación de la zona. “Implicaría la total ocupación de la calle Mariana Pineda dificultando la movilidad y aumentando costes de ejecución y los plazos”.

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Así que el baipás se desestimó y los trenes se quedaron en Huércal-Viator, a unos 6,5 kilómetros de su destino, mientras se realizan las obras con un plazo estimado de diez meses. Sin embargo, al mes siguiente de que se iniciaran los trabajos fue interrumpida la circulación en la calle Mariana Pineda, la que no se podría cortar para evitar un punto negro para la movilidad y acceso al sector 20 y Los Molinos desde la carretera de Sierra Alhamilla.

Un despropósito vinculado a la red de saneamiento y abastecimiento de la calle en entredicho que nadie había contemplado al proyectar y adjudicar esta actuación por 15,4 millones de euros en un tramo de 1.153 metros. No se puede completar la instalación del carril subterráneo sin desplazar las tuberías. La alternativa del baipás, la más barata y factible para la Mesa del Ferrocarril que planteó que se podía armar en 30 días, se aparcó por su afección al tráfico en la zona. Y en la actualidad la calle está cortada y los usuarios del tren tardan media hora más.

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