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Reiniciar Almería

Iván Gómez | 23 de agosto de 2020 a las 12:40

RG260420- NIÑOS SALEN A LA CALLE - CORONAVIRUS - COVID-19 - SALIR PASEO MARITIMO RECINTO FERIAL RAMBLA

La Almería post COVID-19 debe avanzar hacia un nuevo modelo socioeconómico y productivo. La tragedia del coronavirus y todo lo vivido en estos tres meses de estado de alarma deben servir de aprendizaje acelerado en el diseño de la hoja de ruta para la reconstrucción de la provincia. Es innegociable una transformación, cambios impostergables en tiempos de conmoción y necesidad para salir más reforzados que nunca de una policrisis planetaria que ha permitido aflorar el lado más solidario y la enorme capacidad de resiliencia colectiva de los almerienses, pero que también ha sumido a cientos de familias en el fatalismo por la pérdida de seres queridos y la destrucción del empleo y el debilitamiento de las empresas que sustentan las economías domésticas.

A partir de ahora nada será igual en el camino hacia esa nueva anormalidad en la que se deben superar los errores del pasado y mantener las cosas que se han hecho bien hasta la fecha. Pero no puede salir a flote a cualquier precio y tampoco deben cogerse atajos como antaño en sostenibilidad y derechos de los trabajadores. La pandemia que nos ha tocado vivir es el argumento perfecto para intentar acelerar los cambios y proyectos que se han venido aparcando desde hace décadas en los 103 municipios almerienses. Urge recurrir a los verbos en infinitivo como reiniciar, resetear, reformular, reinventar, reforzar, reactivar o rescatar para trazar nuevas estrategias comunes con las que solventar la destrucción del empleo y preservar el maltrecho tejido empresarial sin pecar de cortoplacistas. Sólo hay sitio para proyectos estratégicos que sean viables económica y medioambientalmente.

Y para cocinar la receta de la reconstrucción de la Almería 5.0 son necesarios una decena de ingredientes que permitirán un avance socioeconómico a largo plazo para que la provincia no quede desconectada de la prosperidad en la salida de esta crisis. Desde que se decretara el estado de alarma los almerienses han vivido un eterno presente sin futuro, sin planes por la pandemia, pero la luz al final del túnel de la incidencia covídica permite abordar esos retos que contribuyan a avanzar hacia una provincia mejor de la que se enfrentó a esta tragedia. El coronavirus ha contribuido más que nunca a poner en valor la fortaleza del sector agroalimentario, a pesar de que los pequeños y medianos productores siguen lastrados por la baja rentabilidad de sus cosechas, y la capacidad de sacrificio del conjunto de la sociedad, sobre todo de los sanitarios que han trabajado hasta la extenuación y el único reconocimiento que exigen es poder revertir años de recortes en la sanidad con más plantillas y medios.

Y también ha evidenciado la necesidad acuciante de usar la tecnología disponible para digitalizar nuestras vidas y trabajos. El modelo productivo post COVID-19 debe cimentarse en la digitalización y no sólo del teletrabajo que ha venido para quedarse. A partir de ahora habrá nuevos paradigmas, con procesos estructurados y una flexibilidad que hasta hace poco nadie podía imaginar. Y también debe primar la solidaridad frente a los desequilibrios con los que menos tienen y, por supuesto, lo ecológico y sostenible. Los sectores eólico y fotovoltáico marcan la senda de la recuperación en verde de España y Almería es, sin duda, una de las provincias con mayor potencial en renovables. Volver a un modelo de crecimiento irresponsable y desorbitado como el de la especulación urbanística no deja de ser un tirita en una herida que se desangra a borbotones. El ocaso de la industria, un problema estructural de la provincia con menos ocupados en este sector de todo el país, requiere una respuesta decidida de las administraciones.

La resiliencia colectiva debe empujar a favorecer la convivencia con los inmigrantes, incluso como fórmula para plantar cara a la preocupante despoblación de los pueblos del interior. Hay que buscar fórmulas para compensar el envejecimiento de la población con oportunidades para los jóvenes en el ámbito rural, sin olvidar el papel que podrían jugar las infraestructuras verdes y nueva economía o la paulatina reconstrucción del ecosistema industrial. La economía circular y su itinerario hacia la excelencia medioambiental también implica el desbloqueo de proyectos fundamentales para la competitividad de las empresas almerienses. El AVE, el soterramiento, el cambiador de ancho en Granada o la autovía del Almanzora se eternizan en el tiempo y nada ayuda a incentivar un turismo lastrado por la incertidumbre. La provincia como destino seguro y por la singularidad de sus enclaves naturales merece unas comunicaciones de futuro y no las de principios del siglo pasado. Es el momento de reiniciar Almería.

1. Agricultura rentable

La batalla hoy está en los precios. El sector agroalimentario de la provincia ha logrado dar el salto hacia la innovación, calidad, sostenibilidad y seguridad para ser un referente internacional de éxito, pero tiene el problema estructural de la falta de rentabilidad. Los agricultores pequeños y medianos luchan por precios justos y razonables, pero se enfrentan a gigantes de bolsa y multinacionales que no acceden a sus reivinciaciones. Armonizar la distribución y comercialización de los productos para conseguir un reparto equitativo es ya obligado.

2. Despoblación

A comienzos del siglo pasado, un 51% de los habitantes vivían en pueblos de interior. Y hoy el 75%, tres de cada cuatro, están afincados en las localidades del litoral, un éxodo asociado al empleo que genera grandes desequilibrios y deben contrarrestar el conjunto de las administraciones. La policrisis del coronavirus ha vuelto a poner el foco en la seguridad de la zonas rurales y sería un buen punto de partida para retomar el viraje de los ciudadanos hacia la Almería vaciada. Pero hacen falta tanto oportunidades como servicios.

3. Industria

La llama de la industria se apaga en la provincia. Fábricas y centros de producción, pujantes antaño en puestos de trabajo y riqueza, son hoy un desfigurado esqueleto por la inactividad y el paso del tiempo. El cierre de Cemex en Gádor y el futuro incierto de la térmica de Carboneras son claros ejemplos del ocaso de la industria, un parón que lastra el desarrollo de decenas de municipios. Apenas el 4,9% de los ocupados en la provincia pertenecen a las empresas del segmento industrial frente al 22,7% de la agricultura y casi el 68% de los servicios. Es la provincia del país con menor porcentaje de trabajadores, todo un reto al que enfrentarse.

4. Turismo seguro y sostenible

Es uno de los pilares de la economía en la provincia y tiene que enfrentarse al difícil reto del sobrevivir a la pandemia. Costa de Almería debe promocionarse como un destino seguro, adaptado a las nuevas pautas de viaje post-COVID19 y alejado de experiencias masivas vacacionales con una oferta única, singular y de calidad. El aumento de las medidas de seguridad por parte de las administraciones y la capacidad de adaptación de las empresas del sector serán claves en el nuevo modelo de turismo.

5. Energías renovables

El verde es el color de la recuperación de las provincias si han entendido el mensaje de la crisis planetaria del coronavirus. Almería tiene que avanzar hacia la sostenible con una hoja de ruta marcada por las energías renovables. El potencial fotovoltaico y eólico de una provincia emprendedora son argumentos más que suficientes para empezar a reorientar los patrones de producción económica.

6. Comunicaciones ferroviarias

Las infraestructuras de comunicación, con el AVE como emblema de la desidia y retraso en la ejecución, son fundamentales para que Almería pueda seguir creciendo. Durante las últimas dos décadas de cientos de compromisos y nulas partidas ha quedado claro que la inacción política condiciona el futuro de los territorios. La competitividad de los empresarios almerienses yel bienestar de la ciudadanía sufren la eternización de proyectos que ya deberían haber visto la luz hace años como el soterramiento de las vías del tren en la ciudad, el AVE a Murcia, el cambiador de ancho en Granada, la rehabilitación de la estación del ferrocarril, los nuevos accesos al puerto por carretera y el futuro enlace entre la A-7 y la A-92 entre la capital y Viator.

7. Déficit hídrico

La inestabilidad de los trasvases del Tajo y Negratín y la falta de avances en otras transferencias como la del embalse de Rules sitúa a la provincia en una encrucijada a pesar de ser un referente tanto en la optimización de los recursos hídricos como en la gestión del ciclo integral del agua. El futuro de la economía provincial, y de su principal sostén productivo que es el sector agrario, requiere de garantías de abastecimiento para los regadíos y no ayudan los errores mayúsuclos de la política como la desaladora de Villaricos que sigue sin uso después de ser destruida por una riada durante la gota fría de 2012.

8. Inmigración y convivencia

Los extranjeros de la provincia suponen ya un 20% del censo, el 22% de los afiliados a la Seguridad Social y un 20,5% de las prestaciones por desempleo. Cifras que evidencian su relevancia socioeconómica y los convierten en uno de los soportes del milagro agroalimentario. Sin embargo, las administraciones no han hecho los deberes y queda aún mucho camino por recorrer hacia una plena integración. Existen, además, colectivos vulnerables en asentamientos en condiciones de pobreza y exclusión crónica que son un atentado contra la imagen de una provincia avanzada y un lastre para su agricultura. Es hora de tomar medidas y favorecer una mejor convivencia y bienestar.

9. Sanidad de calidad

Los héroes de la bata blanca agradecen los reconocimientos de la sociedad en la nueva era post-COVID19, pero lo que realmente quieren es avanzar en recursos y plantillas de la sanidad pública en la provincia. En Almería la tasa de médicos por cada 10.000 habitantes se sitúa en 35 frente a la media regional de 44 y la nacional de 52,6. Ocurre algo similar con las enfermeras con 44 frente a los 47,7 andaluz y 62,2 de media estatal. Desde los colegios profesionales y sindicatos exigen una inversión para aumentar las plantillas y recuperar inversiones recortadas para que no se vuelva a producir un desborde asistencial como el sufrido en la pandemia. La salud debe ser lo primero.

10. Digitalización y teletrabajo

Cambios impostergables en tiempos de conmoción y necesidad. La pandemia ha empujado a la sociedad almeriense hacia una transformación digital sin precedentes con plenos telemáticos en las instituciones que pasarán a la historia y trámites online para la mayoría de servicios públicos. La app Salud Responde ha recibido 242.987 consultas durante los tres primeros meses del estado de alarma y las empresas han apostado por el teletrabajo como nunca antes. La Almería 5.0 ha llegado para quedarse.

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