Con la venia » Archivo » AQUELLA GLORIOSA FINAL

AQUELLA GLORIOSA FINAL

Fernando Santiago Muñoz | 19 de septiembre de 2012

Magnífico artículo de Pedro Ingelmo en el Diario

Cuando vale el hueco

Los goles de Falcao al Athletic y al Chelsea parecían sacados de los indefendibles lances de un futbolín

CUANDO en la pasada Supercopa europea el balón llegó a las botas de Falcao, situado al noreste del área, exactamente en la misma posición en la que hizo gol al Athletic en la final de la uefa, supe que iba dentro. Era un lance mimético, un deja vu, pero eso no lo sabía Cech, que no vio salir el balón de los pies del colombiano y, cuando entró en su radar, ya era tarde para interceptarlo. Siendo Falcao quien es se trata de una jugada indefendible. Nada podría haber hecho la cobertura del Chelsea por evitarlo. Me recordó a una jugada prohibida del futbolín, el hueco. Me he criado en los futbolines de madera madrileños, aquellos en los que los pies de los jugadores son tacos. Al futbolín madrileño se juega de forma pausada gracias a ese taco, que permite el control de la pelota. El que mejor juega es el que domina el latigazo: parada, control de la bola, amago y trallazo. Bien, en esos futbolines el extremo derecho, a poca pericia que haya, tiene un lugar por el cual pasa la bola sin que, se sitúen en la posición que se sitúen los defensas y el portero, pueda ser detenida. La jugada estaba prohibida entre contendientes que conocieran la existencia del hueco, pero si por el billar cercano a la Facultad venía algún novato compañero de Andalucía, donde los jugadores del futbolín son de hierro, se pasaba la tarde pagando los pierdepagas. Al venirme a Andalucía fui pagado con la misma moneda. El experto jugador de futbolín de madera que yo era perdía y perdía partidas en el frenético y ruidoso ir y venir de la bola de las canchas andaluzas. Conocí verdaderos virtuosos de un juego que me parecía anárquico y en el que en los despoblados centros del campo no se pillaba una y, para colmo, se impedía a los centrocampistas marcar goles. Nada de creación, todo contraataque. Bumba, bumba. Quien sabe jugar a uno no sabe jugar al otro. De hecho, parecen juegos distintos. Esa impresión tuve en aquella gloriosa final en la que Chelsea y Atlético parecían entregados a juegos distintos. Y, además, je je, los del Chelsea no sabían que había hueco.

Etiquetas: ,


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber