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El sentido de la vida. Por Enric González

Fernando Santiago Muñoz | 9 de noviembre de 2013

ALBERT CAMUS no le veía ningún sentido a la vida. Y, sin embargo, admitía que el corazón humano se confortaba con casi cualquier cosa. Tenía razón. ¿Quieren pruebas? No hay que buscar demasiado lejos. Basta con leer la prensa. Miren, por ejemplo, lo de Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno llevaba algún tiempo proclamando la buena nueva de la recuperación económica, y sus palmeros Montoro y De Guindos le hacían un lolailo entusiasta con las palabras milagro y fenómeno. Pero Rajoy decidió volver un momento a nuestro sistema solar y dijo que no daría por terminada la crisis mientras los parados se contaran por millones. Eso fue loable y, desde luego, reconfortante. Admitir la realidad es el primer paso para mejorarla.

Ahora llegamos al absurdo. ¿De verdad la crisis durará mientras haya millones de parados? En ese caso, la crisis será eterna, porque en España siempre hay millones de parados. En 2005 (¿recuerdan?, primera legislatura de Zapatero, economía en pleno calentón, supuestamente a punto de superar a Italia y Francia, con la construcción pagando lo que fuera para reclutar mano de obra) sólo algunos meses se logró bajar de dos millones. Y las previsiones, incluidas las del Gobierno, indican que el desempleo seguirá altísimo durante años. ¿Qué quería decir Rajoy? ¿Que la vida es pura crisis? ¿Que nada tiene sentido? Otra ilustración la encontramos en la bajada de tipos de interés. Objetivamente, es una buena noticia. Aunque los ciudadanos apenas notarán el cambio y los bancos seguirán sin dar crédito, es posible que el euro se devalúe un poco y eso ayude a las exportaciones extracomunitarias, que en España no llegan al 40% del total pero crecen a buen ritmo. Algo es algo. Esa es la parte reconfortante.

Entonces aparece el gobernador del BCE, Mario Draghi, y sugiere que más vale prevenir para que la rápida caída de la inflación no degenere en deflación, ese fenómeno (descenso generalizado de los precios) que Keynes definió con sólo dos palabras: «Lo peor». Luego subraya que la débil recuperación europea puede verse comprometida en los próximos meses. Vaya. Justo cuando España tenía el milagro a punto. A todo esto, los bancos acumulan préstamos del BCE por unos 800.000 millones. Pagaban el dinero al 0,50%, y ahora lo harán al 0,25%. Como seguirán recibiendo pasta casi gratuita al menos hasta 2015, y en España seguirán comprando deuda pública con una rentabilidad siempre superior al 3%, su negocio está asegurado. Sin necesidad de conceder créditos. Eso sí es reconfortante. Para ellos

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