Hitler, Chiquito y Karlos Puest. Por Oscar Cantero

Fernando Santiago Muñoz | 8 de febrero de 2014

En  Universo Gaditano.

Hace ya unos cuantos meses, cuando los rigores ambientales del verano se encontraban en su apogeo, encontré por casualidad, mientras rebuscaba en mi correo electrónico, el mensaje de un amigo que me invitaba a seguir las últimas peripecias de Karlos Puest, un gaditano que se ha convertido en uno de los últimos y más pujantes fenómenos sociales de la red, al menos en lo que a el universo gaditano se refiere. Para aquellos que anden un poco desorientados, el citado personaje es poseedor de un video blog de opinión en Youtube, en el cual se dedica a ‘analizar’, fundamentalmente, la gestión del Consistorio en la ciudad, aunque también siente cierta ‘debilidad’ por el Gobierno Central, el Diario de Cádiz, las cofradías y la Iglesia en general.

Amparándose en un extraño concepto de la Libertad, en general y de la de expresión en concreto, Puest denuncia públicamente (con razón en muchas ocasiones), la negligencia de las administraciones con Cádiz  (dejando un poco de lado a la Junta), aunque lo hace con unos descomunales y crecientes niveles de agresividad verbal, sobrepasando todos los límites tolerables en el desempeño de su labor crítica y llegando a incitar, (aunque lo haya negado taxativamente en una entrevista) a la violencia física con expresiones como “Maná de hijos de puta”, “Me cago en vuestros muertos”, “Os voy a pegar un guantazo”, “Perros cabrones”, “Teófila, me cago en tu puta cara”, “Os vamos a dar cachetás hasta en el carné de identidad”  o “Hay que llevar al paredón”.  Todo ello, por supuesto, adornado con sus correspondientes aspavientos, cortes de mangas o puñetazos en la mesa, en lo que parece una imitación, adaptada a los tiempos, del estilo expresivo de  Hitler, quien también se escudaba en la defensa del trabajador y la adoctrinada y deprimida clase obrera en sus primeros mítines tabernarios, en los que utilizaba para referirse a la clase dirigente del momento calificativos como “sucios bastardos”, “malditos”  o “basura”.

Nuestro ‘iluminado’ municipal tampoco parece si quiera plantearse que existan, o al menos que esté dispuesto a tolerar otras opiniones que diverjan de la suya; “eso es lo que hay”. En su deriva ultra populista de los últimos meses, él mismo se ha arrogado la potestad de juzgar y condenar causas judiciales cuya instrucción está aún en sus fases iniciales: “El nota de Salesianos guarrón y abusón que está en la calle”. Y como gurú de la demoscopia que también parece ser, se ha atrevido incluso a poner cifras al nivel de apoyo del que goza entre los gaditanos, que cifra en torno al 70-80%. No podía faltar una imagen corporativa gráfica presidiendo  su canal, al igual que ondeaba la esvástica en las tribunas hace 80 años.

En la infinita autocomplacencia que muestra al escucharse a sí mismo en las diferentes entrevistas que ha ‘concedido’, es capaz de afirmar sin vacilación que simplemente está expresando opiniones y que la vehemencia con la que lo hace es un recurso estilístico usado por grandes literatos españoles (habrá que tenerlo en cuenta para el Cervantes).

Karlos Puest alcanzó el cénit de ‘Su Lucha’ el pasado agosto,  cuando prestaba declaración (sin estar detenido) en Comisaría, a raíz de una denuncia por injurias y calumnias presentada por José Blas Fernández, Teniente de Alcaldesa del Ayuntamiento de Cádiz y presidente del Colegio Oficial de Graduados Sociales, entre otros. A su salida, le esperaba un grupúsculo de seguidores que según sus propias palabras se habían concentrado en la puerta de manera “espontánea para mostrarle su apoyo”. Casualmente, la gran mayoría de aquellos defensores congregados, llevaban en ese momento un silbato encima para poder entonar mejor los ‘improvisados’ cánticos, que más adelante serían aumentados en volumen por la también ‘improvisada’ aparición de un megáfono. Como mandan los cánones, después de los abrazos y los gestos de triunfos, no podía faltar la arenga a sus fieles (como las SS de antaño), en la que incluso llegó a jactarse de que lo habían soltado antes por la presión que habían ejercido desde fuera y por temor a que fueran a asaltar la Comisaría. Aunque esto último, en honor a la verdad, sonó a chanza más que a otro temerario intento de azuzar a la gente contra la autoridad.

Independientemente de cualquiera de los disparates verbales que le han llevado a convertirse en alguien conocido, la realidad es que he tenido la oportunidad de ver a un Karlos Puest diferente en varias declaraciones o entrevistas a medios de comunicación. He conocido una figura alejada del energúmeno (con perdón) que suele mostrar en sus vídeos; he observado una persona con una excelente capacidad de expresión, locuaz, coherente y cargado de razones en muchas de sus reivindicaciones; alguien capaz de argumentar, en lugar de insultar. Quizás por esto me invade la duda de si su manera de producirse no será fruto de una impostura adoptada ante la cámara como parte de un personaje, cuyo éxito pueda acabar por fagocitar a la persona que le da vida.

Por eso creo que es una lástima que una voz crítica, cuyos vídeos y comentarios podrían haber llegado a ejercer una influencia muy positiva sobre la ciudadanía, se desperdicie de esta manera, perdiéndose en el infinito estercolero del insulto y la falta de respeto. Nunca he conocido ningún fuego que se apague con fuego y no creo que en este caso sea diferente. La falta de consideración de la clase dirigente para con su pueblo no puede ni debe atacarse desde la agresividad ni la difamación. Karlos Puest puede adolecer de falta de tacto, diplomacia y muchas otras cosas, pero en absoluto de inteligencia. Y por eso, precisamente, debería darse cuenta de que a pesar de que su número de seguidores aumenta exponencialmente, la mayoría de los comentarios que rodean sus creaciones, en los últimos tiempos, se centran más en sus formas que en el fondo. Da la sensación (yo no estoy en la cabeza de los demás ni puedo dar cifras) de que hoy en día la gente, cuando ve los vídeos de Karlos Puest, fundamentalmente buscan el momento en el que llegue la andanada de improperios de turno y no se fijan en el mensaje de fondo o en la reivindicación que el autor pretende transmitir. Viene a ser lo mismo que acabó ocurriéndole (salvando las distancias) a Chiquito de la Calzada, cuyos gestos, expresiones y movimientos son mucho más recordados que sus chistes, cuyo contenido, para la gran mayoría siempre fue lo de menos.

Habrá personas que estén de acuerdo con mis palabras, otras a las que les sean indiferentes y por supuesto también existirán posturas radicalmente opuestas. A estas últimas sólo les pido respeto en su crítica, porque al fin y al cabo “simplemente estoy expresando mis opiniones”; aunque para algunos la falta de insultos pueda restarle atractivo.

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