Antes del Colegio San Martín. En Respira Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 17 de mayo de 2018

Hace unos años cerró sus puertas definitivamente el colegio Pio XII, sito en la plazuela de San Martín. Muchas gaditanas pasaron por sus aulas, y todas pueden hablarte de la historia vivida entre sus muros, desde que en 1872, las Hijas de la Caridad recibieran el edificio para la labor educativa. Se conservan archivos de estudiantes, historias y leyendas en la memoria del Cádiz del siglo XX.

Pero…algunas veces… los gaditanos de a pie, se preguntaron de dónde venía ese hermoso patio porticado que no es común en una institución educativa. Aquí en algunas líneas vamos a intentar desentrañar el misterio.

Tenemos que remontarnos al año 1772. Desde 1717 Cádiz gozaba de la primacía comercial con América tras el traslado de la Casa de Contratación a la ciudad. Muchos comerciantes se instalaban en nuestra ciudad. Como sabéis desde 1680, en la misma plazuela estaba situada la Casa del Almirante de la flota de Indias, siendo el corazón del barrio del Pópulo uno de los sitios señeros para la actividad comercial. En este contexto llega a Cádiz la familia Picardo, encabezada por Don Benito Picardo. Este hombre consolidará en el número 326 de la plazuela de San Martín, hoy el número 1, su domicilio y su casa comercial.

¿Y quién era Benito Picardo?… pues un genovés, que hasta principios del siglo XIX no obtendrá la carta de naturaleza hispana para poder comerciar como un español. Esta familia será una de las más notables del Cádiz dieciochesco. Los nombres de Benito Picardo pasarán de padre a hijo sucesivamente hasta finales del XIX. Fueron regidores de la ciudad, directores del Monte de Piedad, pertenecieron a la Junta del Directiva del Casino, y el primero también fue caballero comendador de la orden de Carlos III. Uno de los herederos, Benito Picardo y Arado, será muy conocido en todo el territorio español al hacer una donación de 100.000 libras esterlinas a Fernando VII en 1823. Otro de ellos, Benito Picardo y Picardo, llegará a ser el 4º mayor contribuyente de la provincia.

Éste último deja en testamento 23 fincas urbanas en Cádiz, tres en Puerto Real, cinco en San Fernando más terrenos en Puntales.

El responsable de la donación a las hijas de la Caridad, será otro regidor de la ciudad, con el mismo nombre pero con el apellido también Paul, Benito Picardo y Paul, que se emparentará luego con la familia de los Blázquez, familia conocida por sus asuntos bodegueros y por su incursión en la política nacional (senador Agustín Blázquez y Blázquez) y local (alcalde Agustín Blázquez y Paul). También es importante antes de dar por concluida esta breve reseña sobre la familia Picardo, recordar que uno de sus descendientes será emparentado en el siglo XX con la familia Carranza, heredando entre otras cosas, la Casa Palacio de los Mora, nos referimos a Alvaro Picardo, que todavía es recordado en la finca con el nombre de la bodega.

Esperando que este pequeño resumen de la burguesía gaditana del dieciocho, reduzcan las dudas que nos puedan surgir ante este edificio,  hoy por desgracia, menos visible que otrora.

  • Briseida

    Se olvida de un heredero de la última generación, Don Benito Picardo O’Leari, gran impulsor de muchos temas gaditanos en los años 60.

  • Briseida

    Perdón O’Leary y su hermano Rafael que tiene una calle con su nombre en Cádiz.


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