Sobre El Rincón de Madueño y Obispado

Fernando Santiago Muñoz | 2 de julio de 2018

Ante todo me presento. Me llamo José Luis Madueño López. Puede que este apellido les suene a muchos, pues estuvo muy presente en las mentes gaditanas (y otras más de 5000 en todo el país), allá por Octubre del pasado año, cuando en un sólo mes, mi vida y la de mi familia, cambió por completo cuando nos arrebataron el local por el que tanto luchamos, pagamos (y deberíamos seguir pagando) y no se nos vio recompensado. Soy el hijo de esas personas que estuvieron día a día luchando por lo que, justamente, era suyo. Lo Nuestro, en definitiva. Estudiante de Historia en su cuarto año, con grandes expectativas de futuro (al menos eso era lo que tenía allá por Octubre de 2017), y con un gran sentimiento luchador, me han educado de la mejor forma para ello. Creyente incluso, o al menos eso pienso, ya que me siento tan aparte de una institución religiosa que tanto daño me hizo a mí mismo y a mi familia, que en muchos momentos me planteo si mi fe es tan fuerte como para seguir resistiendo esta injusticia. Y tan inconformista que, a día de hoy como pueden comprobar con esta carta, a 9 meses de nuestra singular tragedia, aún no me siento conforme con la situación que nos toca vivir a mi familia y a mí por algo a lo que nos vimos obligados, sin ninguna otra opción mas que la resignación.

Centrándonos en el tema de esta carta (que se me antoja extensa ya que no quiero dejarme nada por decir), les diré en principio dos fechas: 13 de Octubre de 2012 y 31 de Octubre de 2017. Inolvidables tanto una como la otra, pues, respectivamente, una significó la apertura de un nuevo sueño, y la otra el injusto cierre del mismo. Pero estas fechas sólo son significativas si sumamos los hasta 50 años por los que mi familia se desvivió por llevar adelante un negocio que sustentara nuestro “pan de cada día”. Pan, que nos arrebataron precisamente los que más repiten esta frase. Pan que ni siquiera hoy podemos comprar porque no tenemos ni un euro para ello. La situación creo que es más que conocida.

Ese 31 de Octubre tuvimos que dejar definitivamente el local de nuestra vida, un pequeño espacio que aunaba amistad, ambiente familiar, gaditanismo a rabiales y mucha, pero que mucha Historia. Nada de eso sirvió para que el Obispado de Cádiz, como dueño del espacio que ocupaba ese local, nos obligara a salir de allí con una mano delante y otra detrás. Eso daba lo mismo. Daba lo mismo que nos hubiéramos arrastrado durante meses para que nos diesen una explicación (o al menos para que allí dijese algo porque nadie sabe nada a menos que

cuánto se puede “pillar” de las propiedades que poseen y echar a las personas de su trabajo); daba igual que la familia de 4 personas que dependían de ese establecimiento se quedasen sin ingreso alguno. Había que echarlos sí o sí de allí. Algo que a día de hoy sigo sin comprender, ya que si se pasean por la Plaza “muerta” de Fragela, podrán comprobar que los establecimientos contiguos a lo que fue nuestro local, siguen abiertos y en vigencia. ¡Cuánto se puede hacer cuando se tiene dinero! Será por eso que nos echaron, los pobres no caben en el pensamiento de un Obispado destinado a recoger dinero a mansalva. De nada sirvió tampoco reunirse con quien procedió en su momento, ya que casi, y reitero casi, salimos amenazados para que fuésemos a hablar con nuestro “amigo el Kichi”… De nada sirvió tampoco colocar un cartel dándonos voz en la calle, pues al día siguiente “inexplicablemente” fue arrancado, y luego incluso fuimos, esta vez sí, amenazados con una demanda judicial por injurias al Obispo de Cádiz. Más injuria que la que vivimos nosotros por arrebatarnos, contra nuestra voluntad, lo que más nos importaba en este mundo, que era nuestro trabajo… De nada sirvió recalcarles el hecho de que mi padre es diabético y esta situación agravaba mucho más sus problemas de salud, como así ha ocurrido. A ellos les daba igual jugar con la salud de no sólo una, sino de muchas personas, pues psicológicamente a todos nos cayó este palo como una pesada avalancha. Tampoco sirvió de nada hacernos eco mediante las redes sociales y recibir un apoyo, realmente increíble, a través de hasta 5000 firmas por parte de tantas personas que se ponían en nuestro pellejo, y, además, de aquellos medios de comunicación (tanto a nivel local como nacional), que también nos dieron voz ante esta injusticia. De nada sirvió ofrecerles incluso el pago por adelantado de 6 meses de trabajo. La respuesta ante ello fue un NO rotundo. Ni tampoco incluso poder quedarnos allí, al menos, hasta conseguir los mayores ingresos del mes del Concurso de Carnaval y esa misma semana de fiesta. Ni tampoco seguir el mismo tiempo que los demás negocios. Nada, aquí no valía nada que nosotros quisiéramos, el destino estaba escrito y sellado para “El Rincón del Madueño”.

Todos nuestros proyectos, deseos y sueños se esfumaron en sólo un mes, después de más de 50 años. Curioso cómo juega el tiempo en nuestra contra a veces. En un mes, mis expectativas de poder irme a estudiar fuera y continuar labrando mi futuro se desvanecieron, ya que dependo de una beca (como mi hermana)

familiar. No es justo que tuviera que readaptar mi plan de estudios por unos malditos intereses que a día de hoy desconozco como ya he dicho. Aunque ni yo ni nadie los entiende, pues ¿para qué tener otra de las muchas fincas vacías que ya posee este Obispado en Cádiz? En un mes, tuvimos que buscar todas las alternativas posibles ante tal situación. Se dijo, y mal difundido, que obtuvimos una buena respuesta por parte del Obispado. Falso. Lo único que obtuvimos fue la propuesta de cesión de otro local al que, de nuevo, había que invertir una suma de dinero que, en esos momentos, no disponíamos. Y tampoco queríamos. No queríamos seguir bajo el yugo del Obispado después de la jugada trapera que nos hicieron. Era cuestión de conciencia (y dinero claro está).

Gracias a los pocos ahorros que pudimos conseguir en un mes adicional (que, por supuesto, tuvimos que pagar con nuestra fianza), conseguimos tirar adelante poco a poco, pero claro, el dinero no es eterno y algún día tenía que llegar en el que nos viéramos sin nada absolutamente. Hoy ya estamos en esa desgraciada fase. Gracias a los asuntos sociales de nuestra ciudad, y a diversas asociaciones caritativas como Cruz Roja y, curiosamente, Cáritas (muy maltratada por cierto por este Obispado y que entendió nuestra situación de inmediato), hemos podido conseguir un cierto desahogo, pero desgraciadamente no sirven para lo que tenemos por delante.

No tienen ni idea de lo frustrante que es levantarse todos los días y no encontrar trabajo, o al menos eso intuyo en mi padre. Tuvimos todo el apoyo del mundo, lo agradecimos. Pero ¿y ahora? Ahora pocos han sido los amigos y familiares, a los que desde aquí les agradezco su infinita generosidad, que se han implicado para que no nos falte, aún, la comida. Y menos han sido los que han ayudado a buscarle un trabajo a mi padre. Y aún hoy, nadie ha aceptado a una persona de más de 50 años que todos los días se levanta buscando un trabajo en cualquier bar o restaurante. Nadie les obliga a aceptarlo, pero es que tampoco nosotros hemos buscado esta situación precisamente. Pero no me voy a meter en recriminarle a nadie tantas promesas hechas en los momentos que pasamos de mayor incertidumbre. Si no han querido aceptar a mi padre en sus trabajos, ellos se lo pierden.

Lo que yo quiero recalcar en esta carta, es que estoy harto de que salgan impunes los que más daño nos han hecho, y nosotros sigamos aquí sin recibir explicación alguna. Estoy harto de pensar que esta situación “es por algo”. Pues no, esta situación ha sido que no saben predicar con el ejemplo, perteneciendo precisamente a una Iglesia, en la que su máximo representante, el Papa Francisco, insta a cuidar de los más necesitados y a no centrarse tanto en los aspectos materiales. Estoy harto de seguir viendo noticias sobre personas que han sido echadas de su trabajo por parte de este Obispado de Cádiz, sin motivo alguno (¿de qué me sonará?). Tanto su injusticia como la nuestra tienen un mismo verdugo. Estoy harto de pensar que han quedado impunes y sigan en sus lujosos pisos, y nosotros tengamos que acudir a los servicios sociales (algo muy loable para quien lo haga claro está) y tengamos que mendigar por un trabajo, que ni llega ni se le espera. Estoy harto de pensar que yo, un estudiante, ha tenido que cambiar su futuro más inmediato porque a unos pocos se les antojó echar a una familia de un bar que ningún daño hizo. Y estoy harto, de esa gran hipocresía de este Obispado, que para organizar eventos para celebrar una efeméride sí tiene los medios necesarios y se ha dado prisa en hacerlo (mira que a mí me gustan estos eventos, pero esta vez mi conciencia y la justicia es la que prima por encima de todo), y para una familia que lo estaba pasando mal, no tuvo un ápice de indulgencia y no aceptaron ningún otro medio para evitar que nos tuviésemos que ir. Estoy harto de que siempre salgan ganando los que más tienen en este país. Y harto de que este Obispado posea tantas propiedades en nuestra ciudad. “Es que de algo tendrá que vivir”, dirán algunos. Bien viven ya de todas las donaciones que les hacen esas pobres personas que creen que beneficiando al Obispo van a tener una reserva en el Paraíso. Y harto estoy de pensar que ya no puedo hacer nada por remediar esta situación. Pues me niego a tal cosa, me niego a pensar que ya está todo hecho y, como dice el famoso estribillo, que “aquí no pasa y que esto es un cachondeo”.

No digo que tengamos que tener un trato especial dentro de ese gran grupo de personas que a día de hoy necesitamos de recursos sociales, puesto que peores, por desgracia, los habrán. Pero díganme si no es justo que pida responsabilidades, díganme si no es justo que, a día de hoy, sigan abierto los demás establecimientos y, “El Rincón del Madueño”, esté cerrado y desolado.

Con esta carta sólo pretendo hacerles ver el infierno al que nos han destinado estas…personas por llamarlas de algún modo (que bien podrían ser unos demonios con sotana). Es un escrito obligado ya que nuestra situación comienza a ser, aún más, insostenible. Esto no es más que el lamento a gritos de un hijo de trabajadores que quiere responsabilidades y que quiere justicia contra aquellos que nos han hecho sufrir, y nos lo están haciendo pasar muy mal, sobre todo psicológicamente, es casi una tortura diaria. Esto no se lo deseo ni a mi peor enemigo. No pido más que eso, justicia y responsabilidad. Me da igual no conseguir ningún beneficio de esto, tampoco lo busco, pero sí que busco (si llegan a leerlo) que en sus “benditas” conciencias retengan por siempre el sufrimiento de una familia a la que han destinado al más negro abismo y que, ante todo, lucha por salir adelante cada día.

José Luis Madueño López

  • Franz de Copenhague

    No me extrañaría nada que a los que han echado de Cáritas haya sido por ayudar a esta familia.

  • Lope de Lepe

    Por sus obras los conoceréis.

  • Caitano

    Sabiendo que el contrato se le acababa en 2017, quizá arriesgó mucho el señor Madueño al hacer esa gran reforma años antes: debería de haber preguntado antes al Obispado si le prorrogaría el alquiler, para hacer esa obra o no.En caso negativo, haber invertido ese dinero en un traspaso de otro local.

  • carabreca

    Tienes razón, caitano. Tener negocios con el obispado es sumamente arriesgado. Madueño seguramente pensó que era gente normal.

  • Joselete

    Con la Iglesia hemos topado.

  • pedrogeuve

    Hay algo que me estoy perdiendo, estoy seguro

  • Felix García

    Quien es el militar con tanto mando en el Obispado? Tendrá algo que ver? Preguntaron por aquí en alguna que otra ocasión.

  • El Apóstata

    Caitano se te ve el PPlumero. Ademas, seguro que acierto eres hasta del Opus Dei.

  • El Apóstata

    La culpa no es del sr. Madueño, más bien del administrador de la finca. Ya que cuando uno hace una reforma se le pide permiso a ella. Si le hubieran dicho que no le prorrogaría el contrato, hubiera seguido como ultramarinos. Esto es una mala leche tanto del administrador de la finca, como del obispado.
    Por otro lado darle un consejo a la familia Madueño. Abandona la iglesia y has apostasía, el cielo no existe ni el infierno. Abandona esta iglesia inquisitorial, porque si os pasara algo la culpa es de la iglesia que os ha condenado a esta situación.

  • Jesús Martinez

    Cómo pregunta Felix García, quien es el dichoso militar que está en el Obispado? Alguien lo sabe? Tiene poder de decisión en cuanto al patrimonio de la Iglesia, y toma decisiones como la que hoy se recoge en este blog?

  • Antonio

    Cualquier día, despiden a los que venden los pirulines delante de las procesiones.


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