La última novela de Jesús Maeso en el blog XX minutos

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2018

“No hace falta acudir a las películas de Clint Eastwood o de John Wayne para conocer lo que ocurrió en los siglos XVIII y XIX en el sur, centro y oeste de los EE UU, donde planea una visión injusta de los acontecimientos que realmente acontecieron, y donde la España del destino civilizador ha sido relegada al olvido histórico“. Eso escribía recientemente en este blog el escritor e historiador Jesús Maeso cuando nos presentaba su nueva novela Comanche (Ediciones B, 2018).

Precisamente con ese afán ilustrador, pero también con la buena maña de narrador de grandes novelas de aventuras que Maeso lleva demostrando muchos años, regresa a las librerías con una novela ambientado en la Norteamérica española del siglo XVIII. En sus páginas, indios, dragones de cuera y masones se entremezclan para llevar al lector al salvaje Oeste español.

En la presentación que citaba más arriba, también decía que los españoles desconocían su papel en el territorio actual de EE UU por “esa mezcla explosiva que supone la ignorancia de nuestra propia historia y la insignificancia que nos han inoculado las potencias adversarias”, ¿la ficción histórica es el camino para derrotar esa mezcla?

J.L.Borges aseguraba que la historia no tiene rostro y que éste solo lo puede describir la narrativa y la imaginación, y que ese papel le corresponde a la novela histórica de calidad. Estoy totalmente de acuerdo, y así, la nefasta “leyenda negra” que nos invade irá perdiendo terreno.

Al final, quién sabe contar la historia, vence. Los EE UU crearon el western y la cultura española ha pasado de la exaltación franquista del imperio a volverse a creer la Leyenda Negra y el pesimismo del 98…

Somos unos pésimos contadores de nuestro pasado. Hemos carecido de un Giorgio Vassari que exaltó a sus compatriotas italianos narrando las glorias imperecederas de Italia desde los tiempos más remotos. Aquí la historia la utilizamos como arma arrojadiza contra nosotros mismos y hacemos presentismo histórico tachando, por ejemplo, a Isabel la Católica o a Felipe II como fascistas, auténtico disparate, pues ese concepto político no existía en sus siglos. Si nosotros nos despezamos a nosotros mismos, ¿qué no harán nuestros enemigos?

Desde hace unos años parece que autores, historiadores y divulgadores están intentando luchar contra la leyenda negra. Al hacerlo, ¿no se está cayendo en ocasiones en una “leyenda rosa o dorada” del papel español en el mundo?

Se corre ese peligro, efectivamente. Pero la novela histórica bien documentada y seria, está a salvo. Hoy se conocen muchos y muy variados documentos del pasado que ayudan al objetivismo. En mi novela Comanche, narro las bondades civilizadoras y pacíficas de los “dragones del rey o de cuera”, y también su violencia y crueldad en las campañas guerreras contra los fieros comanches. Precisamente el corte de cabelleras indias fue una costumbre inventada por este cuerpo ecuestre. La verdad por encima de todo. Hemos de conocernos en nuestra totalidad y aceptar nuestras luces y nuestras sombras.

Hablamos del desconocimiento y el olvido de los españoles, pero los estadounidenses están poniendo empeño en olvidar su pasado español. La eliminación del Día de la Hispanidad en Los Ángeles, la retirada del nombre de Junípero Serra, el olvido del papel español en su Guerra de Independencia… Me decía hace poco Alfredo Lara, que en las décadas de los 40 y 50, había novelas de autores anglosajones que exaltaban la herencia hispana… ¿A qué achaca esta agresividad actual hacia lo español en EE UU?

Siempre hemos tenido muy mala prensa en el mundo anglosajón, interesado en convertirse en el único adalid de Occidente. Craso error. Sin la ayuda de la España de Carlos III, Bernardo de Gálvez o el almirante Córdoba por mar, las 13 colonias primigenias jamás hubieran con seguido la Independencia. Y desde el Missouri hasta las costas de California, y desde Arkansas hasta Tejas, -que no lo olviden- pertenecían a la corona de España. Esta novela viene a hacer justicia a esa presencia hispana secular en los EE. UU.

Y así llegamos a Comanche, ¿cómo nace esta historia?

Al tomar posesión como académico correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, constaté el gran amor que en estados como Nuevo Méjico, Tejas y California se le tenía a su ascendencia española. Pero en cambio ignoraban las grandes gestas de los conquistadores y colonizadores, como Juan Bautista de Anza, fundador de San Francisco, donde posee una estatua ecuestre. Era hora de divulgar esa imprescindible huella hispana en aquella parte de los EE UU.

¿Los dragones presidiarios son nuestro séptimo de caballería?

Algo así, y mucho me temo que el uniforme de ese cuerpo americano sea una copia casi exacta del de los “Dragones”, un formidable cuerpo de caballería que contuvo a las tribus indias en la frontera de Nueva España durante siglos con un valor indómito, defendiendo un territorio que iba desde Nueva Orleans hasta San Francisco, o sea varias Españas juntas. Y lo hicieron con un orden, una valentía y una dedicación encomiables, que concluyó con la célebre “paz de Anza”. O sea, convivencia pacífica entre españoles e indios, que se rompió con la llegada de los americanos.

En su novela también nos traslada a Alaska y muestra otra historia olvidada… Sin los españoles, ¿dónde estarían Alaska y California?

La presencia española en Alaska obedece al intento de los rusos-poseedores de Alaska-de instalarse en los puertos de la Alta California. Allí la labor de contención de los “dragones”, y la empresa colonizadora del gobernador Anza- oriundo de Hernani- contuvieron a los súbditos de Catalina la Grande. Alaska pudo ser española, pero no contentamos con comerciar desde una isla y el norte californiano, hubiera sido ruso indudablemente, de no intervenir los “dragones del rey”.

[ENTREVISTA A BORJA CARDELÚS:  “Sin la intervención de España, EE UU no se habría podido independizar cuando lo hizo y California quizá sería rusa”]

Siempre me ha dicho que escribe novelas de aventuras más que novelas históricas, ¿eso es porque la historia es una gran aventura?

Ciertamente. Jacinto Antón, gran crítico literario de Babelia, dijo de mis novelas que eran poli-novelas, en tanto en cuanto poseían en sí mismas: aventura, misterio, novela negra, historia y narrativa psicológica de personajes. Estoy muy contento con esa definición. Yo escribo para mis lectores sean felices y no deseen dejar el libro, aparte de que se enorgullezcan de la riquísima historia de su nación: España, que está muy por encima de Inglaterra, por ejemplo, nuestro gran denostador. Se lee para recibir placer, no para devanarse los sesos.

Confiese, ¿a usted le gusta el western?

Cada cual es hijo de su época y yo lo soy. Soy un producto del cine de “matiné” de los años 50 y 60 y del cine de verano, en el que el western era parte crucial, como lo soy del Capitán Trueno y El Jabato, y también de Julio Verne, Emilio Salgari o Alejandro Dumas. Y eso, créame, imprime carácter en tu forma de escribir.

En su trayectoria novelística, nos ha acostumbrado a cambiar de espacio y tiempo constantemente. ¿No tiene una zona de confort literaria?

Amo tanto la historia y la literatura que cualquier época me complace para recrearla y evocarla, con un léxico hermoso y estético. Es tal la riqueza de nuestro pasado y de nuestro lenguaje, que en todo él encuentro un pasaje digno de novelar. Salto de Tartessos a Roma, y de aquí a la Comanchería, como del papado de Aviñón a las Cortes de Cádiz. La aventura histórica de España fue espectacular, pues con el descubrimiento del Nuevo Mundo cambiamos el destino de la Humanidad, a pesar de los ingleses.

Esta historia de indios y dragones, ¿solo da para una novela? ¿O se ha dejado guardado algo para el futuro?

De este inconmensurable episodio se pueden escribir cien novelas. Puede que vuelva, pues he dejado a mi capitán de dragones y a mi princesa de Alaska aguardando en Monterrey otras aventuras. Ahora he vuelto a Roma. Al concluirla, tal vez regrese a la Frontera que dio a luz a hombres tan indómitos y honorables, a los que habíamos olvidado ingratamente en el polvo del tiempo.

  • Gadir

    Todo un lujo tenerlo en Cádiz.

  • P. Franz de Copenhague

    Extraordinario escritor, habrá que recomendarle el libro a algunos dirigentes eruditos de Podemos, como dice en su columna J.J. León. Fernando, además de gustarle el western es del Real Madrid.


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