Uno de los grandes. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2019

Cuando preparábamos un capítulo dedicado al carnaval en la serie documental “La vuelta a Cádiz en 80 mundos” Javi Osuna nos sugirió el de Montevideo, forjado a partir de un grupo de gaditanos que se habían quedado en Uruguay sin dinero y sacaron durante el carnaval la comparsa “La gaditana que se va” en los primeros años del siglo XX. Con tal motivo estuvimos en la gran fiesta montevideana y allí vimos actuar a Araka la Kana (que traducido resulta, más o menos, “que viene la policía”), conocimos a su autor, Catusa Silva, supimos la experiencia de este grupo en la defensa de la democracia durante la dictadura de Bordaberry. Nunca fue la comparsa más premiada en el concurso uruguayo pero se ganó fama por hablar claro hasta el punto de que la conocían como La Bruta.

En 2006 Javi Osuna vino a verme con Juan Carlos Aragón para que yo le diera discos, libretos y copia del material grabado en Uruguay porque quería sacar una comparsa inspirada en aquella fiesta lejana y hermana. Le facilitamos el material que pedía y le sugerimos que hiciera algo relacionado con Araka la Kana, porque yo veía cierta similitud entre el espíritu de Juan Carlos y el de la murga uruguaya. Así lo hizo y fue uno de sus innumerables éxitos.

Siempre admiré al Juan Carlos chirigotero, me parece una de las cumbres del carnaval Los Yesterday al nivel de Los Cubatas, Los Enteraos y Los Borrachos. Juan Carlos exhibió un estilo rompedor, completamente desinhibido , siempre a contrapelo de modas y de tendencias. La mayoría de sus repertorios eran un escupitajo a la cara de lo políticamente correcto, aunque algunos fueran crípticos u oscuros, según él mismo comentaba. Cuando se pasó a la comparsa me pareció una pérdida grande porque tuvo que amoldar su estilo a lo que se espera de esta modalidad, con sus voces aflautadas y sus chicos guapos puestos en las esquinas de la agrupación. La chirigota perdió un genio, la comparsa ganó un gran autor. Dicho lo anterior, su extraordinaria fama se debe al éxito de sus comparsas, con las que siempre intentaba sorprender, da lo mismo si chapurreasen italiano o si hablase mal de quien fuera menester. Esa era su principal cualidad, que cuidaba hasta el mínimo detalle: le gustaba el malditismo, ir contracorriente, por mucho esfuerzo que eso supusiese. Alguna vez discutimos en las páginas de este periódico, pero siempre admiré su valentía y el afán por no acomodarse , no agachar la cabeza ante nada ni ante nadie. Le hice una entrevista hace poco para la televisión, a partir de la cual bromeábamos mucho sobre la alopecia que a los dos nos aquejaba, que él pretendía solucionar con alguna visita a Svenson o a Turquía, según me dijo, algo que ya no podrá ser. Su inseparable gorra formaba ya parte de su identidad.

La ciudad pierde uno de sus mejores músicos, un poeta original y radical, en el sentido de ir a la raíz de los asuntos. Los que no creemos en la existencia de un cielo pensamos que la otra vida consiste en los recuerdos que dejamos en la tierra. Él deja una obra extensa y original que será recordada durante generaciones. Cádiz es hoy un poco peor que ayer, aunque es seguro que una frase así no la hubiera dicho él nunca o se hubiera reído de poder escucharla. Oh yeah.

Fernando Santiago


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