Las murallas de Cádiz. Por Miguel Ángel García Agulló

Fernando Santiago Muñoz | 23 de mayo de 2019

E419F8259F3B4B3D9754B7A7C4255B714E7B135FA1514F7EB1102D666C437DF80E8B19139F5442DEBE973C2E7F10022BLos dos ilustres arquitectos-ingenieros artífices de las murallas, Cristóbal de Rojas en los comienzos del siglo XVII, e Ignacio Sala más de un siglo después, ya eran decididos partidarios de reforzar el pie de las mismas con escollera, del mayor tamaño posible; ello es un claro antecedente de lo que no hace mucho se ha hecho en el refuerzo de Santa Bárbara.

 

Ejemplos: en el plano de Cristóbal de Rojas Planta del reparo de la iglesia mayor de Cádiz que está adosada a la muralla del vendaval, del año 1608, del Archivo General de Simancas, se dibuja una escollera delante del muro, y se incluye una nota que dice …y después de hecha esta muralla en toda perficion se le pondra delante contra el agua trescientas peñas de piedra dura que tenga cada una ciento y cincuenta arrobas por lo menos puestas y enlaxadas con concierto… que quiebre alli la furia de las aguas y no hagan daño a la muralla nueva (sic).

 

En los planos de Ignacio Sala, también del Archivo General de Simancas, se mantiene la misma disposición constructiva. Véase Plano y Perfiles de la obra que se a executado a la parte del Norueste del Baluarte de la Candelaria hazta fin de Nobiembre de 1728 (sic), donde en planta y en perfil se representa claramente una escollera, también el Plano y Perfil que demuestran el estado en que se halla el día primero de Henero de 1738 el Recalzo de la Muralla de la Alameda… (sic). Y en la nota del mismo plano … Resto de esta Muralla mal fundada, que en parte se habrá de continuar el mismo Recalzo, y en otra parte se discurre podrá remediarse con una escollera. Escollera en ambos casos por encima de la bajamar.

 

Tanto Rojas como Sala tenían la convicción de que una escollera al pie del muro era una protección eficaz. Pero no sabían que las ciento cincuenta arrobas (unas cuatro toneladas) de peso de las piedras, eran muy insuficientes para los temporales que inciden en la muralla, de forma que las olas movían, arrastraban y rompían las grandes piedras, quedando deshecha la defensa. Eran escolleras naturales, de roca, no escolleras artificiales, de bloques de hormigón mucho mayores, como ahora.

 

Fue en 1950 cuando se formuló la relación entre la máxima altura de la ola que incide en una estructura y el tamaño de la escollera necesaria para que constituya una defensa estable. Lo hizo el ingeniero de caminos Ramón Iribarren (1900-1967), y la fórmula fue adoptada universalmente, por lo que a Iribarren se le ha llamado Padre de la Ingeniería Marítima.

 

Apunta Julio Camacho que el vertido de bloques en el pie de la muralla, como se ha hecho en Santa Bárbara, es para los responsables de Costas una actuación indiscutible. Para la opinión pública ha sido sin embargo muy discutida por su impacto visual, si bien este impacto se ha atenuado con el paso del tiempo al mimetizarse los bloques con el entorno marítimo. Se ha echado muy de menos una labor pedagógica previa de Costas, explicando entre otras cosas lo que aquí se reseña, y evitando confusiones tan grandes como la que llevó a la alcaldesa Teófila Martínez a decir, porque así le dijeron, que los bloques no se verían ni en la bajamar viva equinoccial, cuando en realidad dejan de verse solo desde media marea hasta pleamar.

 

Otra situación es la del Campo del Sur, donde la muralla se cubrió en el siglo pasado con un manto de bloques casi en toda su altura. Ahí sí puede aventurarse que cabría ir retirando bloques hasta dejar solo la protección del pie de aquella. De manera prudente, empezando por un pequeño tramo, y viendo qué reparaciones habría que hacer, aprendiendo del proceso.

 

Algunos arquitectos defienden la solución de dique sumergido paralelo a la muralla. No puede hablarse seriamente de esto sin hacer un diseño previo y una evaluación de su coste, sin duda muy elevado. Por otra parte, el impacto visual del dique, a la vista en bajamar, podría ser peor que el de los bloques del pie de la muralla.

 

Pocas murallas habrá en el mundo sometidas a una acción importante del oleaje marítimo, con su cimiento sumergido y sin ninguna protección adosada. Esto sería un tema para investigar.

 

Otra cuestión, al hilo de lo que se menciona en El Café del Correo citado: Si hay algún tramo de muralla rehecho en hormigón en el siglo XX que fuera necesario reconstruir por graves averías, cabría plantearse una reconstrucción histórica con los planos del ingeniero Ignacio Sala, con técnicas actuales, en lugar de hacer un nuevo muro de hormigón con un nuevo proyecto. En muchos lugares se han hecho reconstrucciones históricas, singularmente en Alemania (Berlín, Dresde, etc.) de numerosos edificios monumentales destruidos en la guerra. Sería una forma de iniciar un respetuoso proceso de rehabilitación integral de la muralla, tan necesario, en el que primara la protección del patrimonio, sin duda con mayores presupuestos.

 

Miguel Ángel García-Agulló, ingeniero de caminos, canales y puertos.


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