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Se fue el caimán

Fernando Santiago Muñoz | 16 de junio de 2019

El poder de lo simbólico

Corporación 2019

Esto es un blog personal y voy a escribir un artículo donde se refleja mi opinión sobre los últimos acontecimientos políticos en B-CV. Tengo algo que decir, me ampara la legislación vigente y me lo piden muchas horas de silencio, miedo y frustración. Pero insisto: es mi opinión, tan respetable como otras, que seguro las habrá en el sentido contrario. Ofrezco este blog para todo aquel que quiera expresar la suya libremente, sea cual sea.

Corporación 2015-2019

El primer round ha terminado: PSOE e IU han llegado a un acuerdo para gobernar en coalición el Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas los próximos cuatro años. Hay quien está decepcionado, porque piensa que es más de lo mismo y que el mandato del pueblo era el cambio. A mí me parece que era la opción más lógica, dados los resultados y, sobre todo, la historia de este pueblo desde 1983, con especial incidencia en la última legislatura.
Ya escribí que si tuviera que haber votado, lo habría hecho por la opción de  abstenerse y dejar que gobernara la lista más votada. No obstante, entiendo (entre otras cosas porque los escuché en vivo y en directo) los argumentos de la mayoría de los miembros de la asamblea local de IU, partidarios de entrar en el gobierno de coalición y que se puede resumir en aquella vieja frase de que la política la haces o te la hacen.
En la anterior legislatura, a IU le hicieron la política y ahora no estaban dispuestos a repetir la situación. Hay que esperar a como se desarrollan los acuerdos a los que han llegado, pero me llama la atención que uno de ellos es la creación de una concejalía de Memoria Histórica;  al igual que me llamó la atención que la oferta del PP y AxSí Andalucía excluyera la memoria histórica. En ese sentido, en Facebook se pudo leer: “Con esas premisas formaríamos un equipo de gobierno de los tres partidos (PP, AxSí e IU) basándonos en los programas electorales de los tres partidos. Que coincidíamos en que eran compatibles, y dejando claro que no incluíamos en el acuerdo los temas puramente ideológicos, como pudieran ser tema aborto, memoria histórica, o similares”. 
Parece claro que, al igual que ha pasado en muchos otros municipios de España, la memoria histórica ha unido al PSOE e IU (en otros casos, Unidas Podemos) y ha posibilitado la formación de gobiernos de izquierda en los ayuntamientos. VOX, para posibilitar que se aprueben los presupuestos de la Junta de Andalucía, ha impuesto serias cortapisas a la aplicación de la ley de Memoria Histórica y Democrática. Sobre esto, dice Carey Robin en La mente reaccionaria: “Esta es la tarea del populismo de derechas: apelar a la masa sin perturbar el poder de las élites o, por decirlo de manera precisa, aprovechar la energía de la masa para reforzar o restaurar el poder de las élites”. 
 
 
 
Es una opinión muy personal, en un blog personal,  ya lo sé, pero lo de intentar llegar a un consenso o hacer un referéndum sobre el lugar en el que debe estar el monolito de los sucesos que los anarquistas de la CNT Andalucía pusieron en la Alameda es una forma de que parezca que algo cambia para que no cambie nada. Creo que sigue siendo “reforzar o restaurar el poder de las élites”.
Lo siento, pero me trae a la memoria la famosa maldición de Casas Viejas, aquella que formuló Francisco Ascaso en 1933 al asignarle a toda la clase política la mayor de las responsabilidades: “Los espectros de los campesinos caídos en Casas Viejas rondarán eternamente alrededor de todos los políticos”. En nombre de la historia, de los 86 años transcurridos y de la sensatez y la dignidad, parece que ha llegado el momento de que apartemos a los sucesos de la política con letra minúscula y los situemos para siempre junto a la política con letra mayúscula, al lado del pueblo, donde ocurrieron y persistieron, acoplados a la gente que en sus carnes y en las de sus familiares han sufrido toda la represión posterior, y ligados, pegados, unidos y anexados a esta tierra que  hace 86 años sufrió el más mediático escarmiento y el pesado peso del poder.
Una vez, en un pleno, escuché que mientras siguiera el mismo alcalde, el monolito no volvería a la Alameda. A lo mejor se están dando las condiciones precisas para su restitución, al menos a medio o largo plazo.
Entiendo, aunque no lo comparta, a los que piensan que hay cosas más importantes que las cuestiones de memoria histórica, o democrática, como se llama ahora. Y no entiendo ni comparto a los que piensan que estas cosas, como la caca, cuanto más se mueven, más huelen.
El monolito es una metáfora de muchas cosas, entre otras, del poder de lo pequeño, de lo simbólico, de lo icónico, de tanto tiempo como ha estado viviendo este pueblo con la contradicción de no querer recordar pero no poder olvidar. Su restitución es otro paso más en ese largo camino que se inició en 1983 y podría formar parte de la recién inaugurada ruta de los sucesos de Casas Viejas.
Por encima de todo, tengo claro que estamos en un Estado de derecho y que la ley 2/2017, de 28 de marzo, de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, dice en su artículo 3, apartado c, lo siguiente: “El derecho a la reparación plena, efectiva, rápida y proporcional a la gravedad de la violación y al daño sufrido, que supone la aplicación de medidas individuales y colectivas, la reparación moral, así como las de restitución, indemnización, rehabilitación y satisfacción”. La restitución del monolito a la Alameda  encaja de pleno en este  artículo, y más cuando en otro apartado se establece que esta ley abarca desde la Segunda República hasta la transición democrática.
En un artículo reciente, Josep Ramoneda escribió sobre el líder del PSOE a nivel nacional: “Sánchez […] tiene que configurar una agenda que devuelva a la izquierda el horizonte emancipatorio perdido y crear un espacio propio (con un amplio espectro de aliados) con capacidad de incidencia y presión. Un lugar de encuentro para los que se resisten a la contrarreforma de la derecha”. Me parece que el acuerdo entre PSOE e IU en B-CV puede ser “un lugar de encuentro” para los que pensábamos que era posible en este pueblo un cambio desde la izquierda. Abierta la caja de pandora, queda siempre la esperanza, que es lo último que se pierde.
Dos son para mí las aportaciones de los estadounidenses a la democracia moderna; la alternancia como base de la democracia con la limitación a dos de los mandatos públicos y el pacto tácito sobre el periodo de gracia de los cien días. No sé si la crispación y la división en la que está la política de este pueblo permitirá ambas, pero hay que intentarlo, porque, como nos ocurre con el pasado, estamos condenados a aceptarlo, ya que no tenemos otro.


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