Despilfarro e incompetencia. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 12 de julio de 2019

 

Al parecer el famoso autor de carnaval Manuel López Cañamaque era conductor de tranvías. Cuentan que una vez iba a los mandos y al bajar la Cuesta de las Calesas se rompieron los frenos por lo que se puso a gritar “¡El que no sepa nadar que salte!”. Eso vamos a tener que hacer los ciudadanos de la Bahía de Cádiz con el tranvía Cádiz-Chiclana (no sé si todavía podemos llamarlo así) que va a costar 250 millones de euros después de 15 años de obras y ahora es posible que haya que devolver a la Unión Europea 190 por no haber terminado la obra a tiempo, una más de las muchas irregularidades que han aquejado a esta infraestructura desde sus inicios. Comenzó sin un estudio sobre la demanda de viajeros entre las tres ciudades que enlaza ya que parece ser más rápido el autobús, no se llegó a un acuerdo con RENFE para que operase la línea ni con ADIF para que circulase por el canal ferroviario entre San Fernando y Cádiz, no se hizo una lista de expropiaciones lo que terminó con la obra en varios pleitos, no se tuvo en cuenta las subestaciones eléctricas necesarias. Es el primer tranvía del mundo que va por la calle y por una vía férrea de ancho ibérico por lo que ha necesitado que CAF  los hiciese  bitensión y con dos alturas para subir (una desde la calle y otra desde el andén). Una locura desde el principio hasta el final. Lo advirtió Roger Senserrich hace cinco años en Politikon pero nadie hizo caso. Van pasando los delegados, los consejeros, y todo sigue igual. Consejeros del PSOE (varios) de Izquierda Unida y del PP pero el proyecto sigue atascado sin saberse a ciencia cierta cuándo terminará, si será un Chiclana-San Fernando o un Cádiz-Chiclana, si se llegará a un acuerdo con RENFE y ADIF o no. Es una de las mayores vergüenzas de la historia, Nadie recuerda la plataforma reservada para el tranvía que se hizo en el puente de la Constitución y que hasta la fecha ni tiene uso ni está previsto, a pesar de lo cual multiplicó el precio de la infraestructura hasta los 500 millones de los 290 previstos. La ligereza con la que se maneja el dinero público en España “lo del común lo del ningún” o aquella famosa frase atribuida a Carmen Calvo cuando era ministra con Zapatero “el dinero público no es de nadie” en lugar de decir lo contrario: como es de todos, es sagrado, hay que cuidar hasta el último euro. Luego nos extrañamos de que haya gente que pretenda no pagar impuestos si quienes nos gobiernan actúan con este desparpajo. Estaremos como Santa Marta: tendremos tren pero no tranvía.

Fernando Santiago


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