Begin the beguine. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 13 de julio de 2019

MAMEN PALYA_Fotor“Volver a empezar”, del director José Luis Garci, fue la primera película española que obtuvo un Oscar a la mejor producción en lengua no inglesa. Estrenada en 1982, relata el regreso a Gijón de un exilado, profesor en la Universidad de Berkeley, que acababa de recibir el Premio Nobel de Literatura. En su Asturias natal recupera el amor de su juventud, Elena y Antonio vuelven a los lugares que él hubo de abandonar tras nuestra guerra civil, incluyendo El Molinón, estadio del Sporting de Gijón, equipo en él cual había jugado. La guerra y el exilio han sido temas recurrentes de nuestro cine desde el momento en que finaliza la dictadura, lo cual representa a su vez una reflexión acerca de la recuperación del tiempo perdido, que este mismo director trata en otra de sus más conocidas películas, “Asignatura pendiente” (1977). El tema de Coole Porter, que da título a la película, es su compañía musical junto al Canon de Johann Pachelbel, mostrando la importancia de la música en el cinematógrafo, desde sus mismísimos orígenes, ya el cine mudo se exhibía acompañado de instrumentos musicales.

 

Entre las muchas películas que indagan en la búsqueda de los tiempos perdidos, resultan particularmente entrañables dos cintas producidas en los años 70. En “Verano del 42″ (1971) de Robert Mulligan, basada en las memorias de Herman Raucher, un adolescente recuerda sus vacaciones cuando la Segunda Guerra Mundial se encontraba en plena escalada, mediante un bello romance con una mujer cuyo marido muere en el frente. En 1976 Jaime Camino rueda “Las largas vacaciones del 36″ que fue el primer relato cinematográfico de nuestra guerra civil sin el control de la censura franquista. La rebelión militar de aquel verano sorprende algunas familias catalanas en su lugar de veraneo, el prolongado conflicto que inesperadamente se desencadena representa para la chavalería un extenso e inexplicable estío. Ya en 1984 se rueda “Las bicicletas son para el verano”, de Jaime Chávarri, basada en la obra dramática de Fernando Fernán Gómez, vivencias de una familia de clase media en el Madrid sitiado y bombardeado a lo largo de casi tres años, durante ese episodio que Albert Einstein califica como “La gesta mas heroica de la historia de la humanidad”.

 

Volver a empezar, recuperar el tiempo perdido, revivir una infancia feliz e insolente, sentimientos que hacen tan atractivas las narraciones que revisan nuestro pasado reciente. En la mecánica cuántica el tiempo va tanto hacia delante como hacia atrás, experimentos realizados en Estados Unidos calculan las posibilidades de conseguir información sobre el futuro al igual que sobre el pasado. Pero ésta es una ciencia aún compleja de entender y que según los especialistas no puede explicarse mediante un lenguaje convencional sino a través de paradojas. Se dice que el verano es la estación más cinematográfica de todo el año, tal vez porque el tiempo libre permite a la gente entregarse a esas ensoñaciones que muchas veces conducen a disfrutar los manjares de la añoranza. Para quienes vivimos la cándida adolescencia en Cádiz, esta época se repartía entre la playa y los cines de verano. Pasear ahora por la extensa franja oceánica desde la Playita de las Mujeres hasta Cortadura, los pies descalzos sobre la fina arena dorada, el incesante rumor de la marejada y el olor salobre del océano, representa también un viaje al pasado. Una joven amiga con un atrevido dos piezas, y el comentario de mi padre: mira Julito, más allá Nueva York.

 

Julio Malo de Molina.


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