Cine de verano. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 20 de julio de 2019

MEM AFRICA 4_FotorEscenarios de las noches estivales de nuestra infancia, aquellos espacios bajo las estrellas suavizados por las brisas eran lugares de encuentro y esparcimiento, pero antes que nada cines y las películas eran lo importante; tiempos en los cuales la informática aún era ciencia ficción y apenas se veía televisión. Recuerdo una noche al comienzo de los años sesenta, los chavales esperábamos una colorida película de vaqueros e indios protagonizada por alguien parecido a John Wayne; cuando la gran pantalla nos mostró “Calabuch” del español Luis García Berlanga. Una cinta en blanco y negro rodada en Peñíscola hacia 1953 con actores y figurantes españoles. La decepción distrajo a varios amigos, pero a otros nos atrapó el encanto de la narración, un científico americano escapado de investigaciones militares que acaba por idear un cohete pirotécnico mediante el cual el pueblo de Calabuch vence de forma espectacular en un concurso de fuegos artificiales. Ahora pienso que nos seducía el ajeno mundo de los americanos, cuando lo mejor que tenemos los españoles es ser como nosotros mismos.

 

En 1973, Cuadernos para el Diálogo edita el libro “Cine español: algunos materiales por derribo”, en el cual sus autores, Carlos y David Pérez Merinero, denuncian que nuestro cine es un mercado cautivo controlado por las distribuidoras americanas, incapaz de amortizarse en el mercado interior y sin mercado exterior. Resulta paradójico que mientras las películas americanas se proyectan dobladas en España, las españolas son obligadas a exhibirse en Estados Unidos siempre en versión original con subtítulos. Casi medio siglo después, la situación persiste pues los yanquis resultan proteccionistas en su economía interior, pero liberales en el exterior. Otros países europeos protegen a su industria cinematográfica de forma más eficaz, como en Francia donde la República realiza fuertes inversiones para favorecer el desarrollo de un cine propio

 

Estas reflexiones no pueden eludir la irresistible fascinación de algunas películas americanas que compatibilizan su carácter comercial con el placer cinéfilo, como “Memorias de Africa” (1985) de Sydney Pollack, un director peculiar que se maneja en diferentes registros con profesionalidad y elegancia. Esta obra utiliza una bella historia,”Out of África” de la escritora danesa Karen Blixen, con dos actores estupendos: Meryl Streep y Robert Redford. Emociona desde su comienzo: “Yo tenía una granja en África al pie de las colinas de Ngong”, para dar entrada a la música de Jonh Barry. Dos escenas impresionan de forma especial. Karen propone a su amante, el aventurero Denys Finch Hatton, que se instale en su casa, a lo cual él se resiste acogiéndose a la libertad amorosa a la manera del socialista utópico Charles Fourier (1772-1837). En otra, el Barón Hans Blixen visita a su esposa para comunicarle la muerte de su amante por accidente con su avioneta. Cómo no citar a John Huston (1906-1987), con películas tan emocionantes como “El Halcón Maltés” (1941) o “La Reina de África” (1951), con Humphrey Bogart en dos momentos muy diferentes de su atractiva trayectoria. El seductor encanto de “La noche de la iguana” (1964) con tres intérpretes de enorme talla: Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Kerr, mediante la cual hasta mejora la pieza dramática de Tennessee Willians. Especial interés presentan dos obras, ya casi al final de su carrera. “Fat City” (Ciudad Dorada,1972), sobre el mundo del boxeo, en la cual Huston demuestra estar enamorado de los perdedores. “Sangre Sabia” (1979), es la historia de un combatiente en Vietnam que se hace predicador pese a su apasionado ateísmo.

Julio Malo de Molina

  • Ciudadano

    Julio, ayer me dejaste a cuadros.

  • Gustavo

    Foto: ¿El Sr. Malo (el Robert Redford de Cádiz) y “Ese rayo no es Lalia si no yo”(la comepipas) sesteando?

  • Ciudadano

    Así me gusta que mis Ciudadanos seamos muchos.

  • Julio Malo de Molina

    Gracias Ciudadano, gracias Gustavo, nada más saludable que el sentido del humor. Y sí, parece mis camisas interesan más que mis artículos; y desde luego a Robert Redford me parezco en nuestra ya provecta edad, cuando ya uno se da cuenta del enorme valor de la risa y de la tolerancia. Mientras sepamos sonreír aún nos mantendremos muy sanos, en cuerpo y alma.

  • JOSELETE

    Cines de verano, refugio mágico de los primeros amores. Ya lo cantaba Rocío Jurado: “¡Qué no daría yo por escaparme a un cine de verano donde alguien me diese el primer beso de amor! Entrañables cines donde, en la década de los sesenta, no todos podían acudir.
    Aquella magia deseada de las noches de verano me recuerda al libro “Cine o sardina” de Guillermo Cabrera Infante. “En mi pueblo (refiere el escritor cubano), cuando éramos niños, mi madre nos preguntaba a mi hermano y a mí si preferíamos ir al cine o a comer con una frase festiva: ¿cine o sardina? Nunca escogimos la sardina. La vida se puede concebir sin sardinas, nunca sin cine”.

  • Plaza Mina

    A propósito de Guillermo Cabrera Infante, los homosexuales encarcelados y perseguidos en Cuba te mandan recuerdos, Rosyta la Pastelera.

  • Especial

    Bonitos relatos y magníficos recuerdos para los que ya vivimos de aquellos recuerdos inolvidables: Las películas eran todas de un valor imborrable de la memoria.

  • Benjamin Garzón

    Interesante, no sabía de la “trama” de los Americanos para con el cine Español. Hay películas y actores y directores muy buenos en Europa y que pasan desconocidos para el público Español. LOS Americanos parece que tienen el monopolio del cine, aunque no hace mucho leí que el cine hindú

  • Ciudadano

    A ver nostálgicos, aún podéis disfrutar de esos anocheceres bajo el cielo gaditano con una buena película sentados al aire libre y un buen papelón de chocos. No hay nada más que ir a la playa victoria, allí tenéis una pantalla de cine. Julio, no hace falta tu artículo para sacar recuerdos.

  • gadita

    Pues se nota que el señor Malo de Molina es de first class…las pelis de los cines de verano de Cádiz eran más de Buds Spencer, pelis italianas que dejaban a Benny Hill en pañales, espaguetis westerns…

  • carabreca

    Las películas españolas deberían subtitularse incluso en España. No hay quién entienda lo que farfullan la mayoría de actores y actrices españoles.

  • gadita

    Cierto carabreca, no hace mucho vi una de Mario Casas y te juro que no le entendía la mitad de lo que decía.

  • Diego Gadir

    Amigo don Julio, por supuesto que necesitamos artículos como éste, que nos arracimen en la concordia, en medio de este circo político discordante hasta la exasperación. Por otro lado, síntoma de sanidad democrática… Debate.
    El cine es, junto a la música y el teatro, ágape fraterno para el estómago civil del alma. El cine de verano de hoy no es exactamente el de los setenta del pasado siglo. Tiene más calidad, como las playas, los bares, los mercados… Tal vez, tenga menos espíritu colectivo… y menos excepcionalidad. Ahora, ir al cine de verano no supone una aventura… Es una opción más.
    En los años setenta, era la gran opción. Nos gustaba aquella platea de sillas de tubo o de tijeras, alineadas sobre un piso regado de albero o cemento recalentado. Ya el olor que subía desde el suelo era fecundo, era genuino de los cines de verano. También, el trasiego de la gente acomodándose, estridente en cualquier comparación con la sala de cine tradicional, que impone un respeto y un silencio… Otros adobos venían de la fritanga y la garrapiñada.
    En la explanada del cine al aire libre, antes y después de la película, se alza la voz a sabiendas de no haber un techo que coarte el regocijo de la espera. Se espera la proyección con más alborozo que escalofríos; incluso la más mediocre, la cinta B, la C, aquella peli que no alcanzó la más mínima gloria. Aquella otra que solo estuvo un día en el cartel. Cine malo de solemnidad, tal vez redimido por su buena dosis de humor o por ese humor trascendido de lo tan mal hecho, del desastre. Erotismo burdo, también.
    Al empezar la película, la pantalla era el único astro, como el suelo lunar en esas fotos que hicieron los astronautas en la misma luna, donde la cámara no recoge el fulgor de las estrellas en el fondo de pez del universo. Pues así… Ya solo refulgía la pantalla. Esa piscina vertical atiborrada de luz y de sueños, donde la gente es casi igual que en la vida misma, aunque ignorante -o casi- de que el verdadero neorrealismo puede estar al otro lado, aquí mismo, del lado nuestro, del lado más prosaico, desilusionante, maniqueo, desconfiado y hasta tenebroso, y todo con la garantía del sistema. No hay película que lo iguale. A pesar de todo… La vida es bella. The End.
    Se le quiere… Al cine y a usted.

  • Julio Malo de Molina

    Gracias Diego, bienvenido a ésta su entrada, que ya lo dije, sus comentarios enriquecen mis modestos artículos, mediante amena erudición bien narrada. Entrañable tema éste de los cines de verano, “En el cine de mi infancia siempre huele a pis, y a jazmín. Y a brisa de verano”, se escucha en la última peli de Almodovar, una cinta de sabor autobiográfico: “Dolor y Gloria”. La verdad es que en mi texto paso de los cines de verano al cine como industria, y hasta ciertas pelis que me apasionan, pero como diría Moustache, un entrañable personaje de Billy Wilder en Irma la Dulce….”eso es otra historia”.

  • Gala

    Muere Rutger Hauer, el replicante eterno de ‘Blade Runner’


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