“Con el mundo a cuestas” en El País

Fernando Santiago Muñoz | 22 de julio de 2019

EL INFIERNO DE LAS PORTEADORAS DE EL TARAJAL
Porteadoras en el paso fronterizo del Tarajal, en Ceuta.
Porteadoras en el paso fronterizo del Tarajal, en Ceuta. Joaquín Sanchez Quino

Cargar más de 80 kilos a las espaldas o en un carrito de la compra por un puñado de euros o unos cientos de dírhams. Dormir al raso entre cartones con pañales puestos para no perder el sitio en una cola interminable. Soportar vejaciones y un trato y unas condiciones de semiesclavitud. Sobornos, incertidumbre y avalanchas desesperadas para llegar a cruzar la frontera a tiempo. En definitiva, jugarse el tipo para sobrevivir en un entorno que viola los derechos humanos. Así es la vida las porteadoras de El Tarajal, de las miles de mujeres de nacionalidad marroquí de entre 35 y 60 años que cruzan a diario la frontera de Ceuta cargadas de mercancía.

El documental Con el mundo a cuestas, elaborado por el departamento de producciones audiovisuales de la Diputación de Cádiz a iniciativa de la Asociación Pro Derechos Humanos y presentado en el Palacio de la Prensa de Madrid este jueves, da visibilidad al infierno que sufre el eslabón más débil de la cadena de un negocio millonario. En la cinta, de unos 33 minutos de duración, se muestran duras imágenes sobre esta actividad acompañadas de testimonios de las propias porteadoras, expertos, abogados, activistas, periodistas y cuerpos de seguridad que muestran el riesgo que corren las 30.000 personas cruzan cada día la frontera.

“Hemos tenido dificultades para llevarlo a cabo por las dificultades que hay para ejercer el periodismo en Marruecos. Hemos tenido hasta que salir corriendo porque venía la policía a por nosotros”, cuenta Fernando Santiago, director del documental. “Las porteadoras no querían aparecer en cámara porque sus familias las ponen trabas al no querer problemas con la germandería marroquí. Los tumultos tienen que ver con los sobornos a estos policías, es algo que ha provocado la muerte de personas”, añade.

El 15 de enero del año pasado se registraron los últimos fallecimientos. Dos porteadoras perdieron la vida justo cuando trataban de entrar en Ceuta y se sumaron a otras cuatro mujeres que habían muerto en los meses anteriores. La Asociación Pro Derechos Humanos defiende que las medidas adoptadas recientemente, como la implantación del carrito para portar los fardos, son solo una lavada de cara.

“Es menos brusco, pero arrastran por pendientes 100 kilos de mercancía. Se siguen vulnerando los derechos humanos. Hay un desamparo absoluto de su situación por parte del gobierno ceutí y de Tetuán”, dice Cristina Fuentes, una de las personas que dio pie al documental. La situación es tan denigrante que a las porteadoras ni siquiera se las reconoce como tal en la sociedad marroquí. Su estatus se ve maquillado. “Su familia justifica que son empleadas domésticas para justificar tanto viaje a Ceuta. En Marruecos la actividad es considerada como ilegal”, cuenta Cristina.

El contrabando, escondido en territorio español bajo la etiqueta de comercio atípico, nace de las particularidades de territorios como Ceuta o Melilla. La Unión Europa les concedió un régimen particular y no tienen aduana comercial. El negocio es sencillo: las mujeres salen de Marruecos, entran en Ceuta, cargan su mercancía en los polígonos de El Tarajal y regresan a su país antes de que caiga la noche sin saber siquiera qué llevan encima.

“Nunca se sabe lo que llevan. Por la noche llega esa mercancía al puerto de Ceuta, y se la llevan al barrio del Príncipe o al propio polígono. Ahí los convierten en fardos que entre dos personas cargan en el carrito de las porteadoras”, explica Cristina. “Sabemos que llevan productos perecederos, mortadela, queso de bola… También cargan artículos de electrónica, ropa tanto usada como nueva, productos de higiene del hogar y personal, y ártículos como mantas”.

En función del paso que permita la germandería marroquí y de qué mercancía lleven cobran más o menos. Un fardo de mantas son 50 céntimos; uno de abrigos en pleno invierno puede ascender a 60 euros. Pero todo depende de lo dura que este la frontera. Cuanto menos mercancía pase, más sube el precio; si entra mucha, se devalúa. Ellas se llevan únicamente una comisión.

Un negocio de cientos de millones de euros entre los comerciantes marroquís y el polígono de El Tarajal que condena a un infierno permanente a miles de mujeres que aspiran a vivir en un entorno que respete y garantice sus derechos.

  • Un tal Iván

    Ceuta y Melilla sí que tienen aduana reconocida por la UE. Lo que ocurre es que Marruecos no la reconoce. Eso convierte a las personas en mulos de carga al evadir los controles fronterizos por considerarse lo que llevan encima como “enseres personales”.

  • JOSELETE

    Aunque Marruecos no reconozca a Ceuta y Melilla como ciudades españolas y, por tanto, tampoco reconozcan sus fronteras en lo que ellos consideran territorio del reino marroquí, sí deberían reconocer que esas mujeres, tratadas como mulas de carga en el siglo XXI, son marroquíes y deberían apostar por su dignificación. Desconozco si ese trato vejatorio se repite en otras zonas de Marruecos que nada tienen que ver con las colonias españolas en el norte de África y sus fronteras.
    Igualmente, desconozco si la UE ha intervenido en alguna ocasión para intentar resolver ese drama humano.

  • JOSELETE

    Dos veces cita el periodista a la “germandería” marroquí en vez de gendarmería marroquí.

  • JOSELETE

    Errata: “tampoco reconozca sus fronteras…”


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