Memoria. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2019

MEMORIA 2Hace poco un buen amigo inglés me contaba que en su día votó a favor del abandono de Europa por parte del Reino Unido y ahora, pese a sentirse laborista, apoya el portazo que va a propinar al Continente el sector más duro del Partido Conservador.  Me explicaba que aún todas las familias británicas recuerdan la pérdida de uno o varios familiares a causa de las acciones alemanas en la Segunda Guerra Mundial, en especial durante los bombardeos a poblaciones civiles para forzar la rendición de “los fieros leones de Inglaterra” (Pablo Neruda). Tan inhumana práctica bélica se había empleado por primera vez durante la guerra civil española, la Luftwaffe nazi no solo bombardeó Guernica para forzar la rendición del gobierno vasco, también y muy especialmente los populosos centros de Madrid, Barcelona y Valencia, tres ciudades que resistieron casi tres años bajo las bombas.

 

Los españoles nacidos en la mitad del siglo XX escuchamos a los abuelos ecos de los horrores de una guerra fratricida, nuestros padres la habían vivido siendo niños o adolescentes y apenas hablaban, necesitaban recuperar la inocencia perdida. Mi abuelo materno fue oficial de caballería y había ocupado cargos de responsabilidad en el Alto Estado Mayor durante los dos años del gobierno conservador en la República. Poco antes del 18 de julio se despidió de mi abuela: “Josefina, voy a salvar a la patria”; su participación en el fracasado golpe de estado le costó la vida. Como mi abuela era ampurdanesa, ella y mi madre fueron desalojadas por el Casal Catalá de un Madrid asediado y bombardeado. Cuando llega a Barcelona, su cuñado que era un prestigioso médico le dijo: “Una sola noche Josefina, estamos en bandos contrarios”. Mi abuelo paterno era ingeniero y le pilló la sublevación militar veraneando en El Escorial. Le escuché decir que en el apacible frescor de la sierra nada presagiaba que todo iba a salir ardiendo. Regresó a Madrid, donde ocupó un empleo en la Comisaría de Abastos, había vivido muchos años en Londres donde forjó una ideología agnóstica y liberal; sin embargo, fue procesado y luego absuelto por razones que desconozco.

 

Cádiz cayó muy pronto en poder de los sublevados, tropas de mercenarios africanos tomaron la ciudad el 19 de julio de 1936. Una represión más preventiva que punitiva se cobró no menos de mil vidas en la capital, y hasta tres mil en el resto de la provincia. En la portada del Diario de Cádiz del sábado 19 de agosto de 1936, aparece un titular significativo: “Esta tarde se han verificado cuatro fusilamientos”, el texto añade: “A las seis de la tarde de hoy, en el segundo foso de los Glacis han sido fusilados Don Manuel Morales Domínguez, Comandante de Infantería, Don José de Barrasa y Muñoz de Bustillo, Capitán del Cuerpo Jurídico Militar, Don Manuel Cotorruelo Delgado, oficial del Cuerpo de Telégrafos, y Milagros Rendón Martel”. Masones los tres primeros, hija de comunista Milagros, embarazada. Se retiraron la venda para plantar cara a sus verdugos y aguantaron la descarga cogidos de la mano. El 15 de agosto, Badajoz fue portada en la prensa internacional por la masacre cometida tras la toma de la ciudad por los sublevados. En una entrevista de John Whitaker, corresponsal de “The New York Herald Tribune”, el coronel Yagüe confirma la acción: “Por supuesto que los hemos matado, ¿Iba yo a cargar con 4.000 rojos mientras mi columna tenía que avanzar a marcha forzada hasta Madrid?”.

 

Julio Malo de Molina.


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