En Cádiz se piensa mucho en ti. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 13 de septiembre de 2019

 

Un conocido chiringuito de La Barrosa se ha traído a sus camareras desde Madrid porque, según se ve, el acento de la Villa y Corte debe gustar más. Incluso las ha alojado a todas en un apartamento de Chiclana. Chiringuito, por cierto, que ha aparecido  citado de manera reiterada en periódicos y revistas como si hubiera inventado el modelo gracias a algo tan extravagante como camas balinesas. Eso sí, cuando llega la dolorosa el estoque hasta la bola, como tiene que ser, aunque el vaso ya no esté en tecnicolor. Se ve que a los turistas les gusta eso de “lor dos”, el laísmo , “¿qué me dices?”, pichi es el chulo que pasea del Portillo a la Arganzuela. Dicen algunos  hosteleros de Cádiz que no han encontrado camareros para la temporada de verano lo que resulta sorprendente porque  la provincia tiene más de un 30% de desempleo. Igual alguien puede preguntarse si el problema estriba en que por un contrato de media jornada con horarios de 12 horas no es fácil encontrar gente disponible. Por mucho que el gobierno obligase a firmar la entrada y la salida, la hostelería es el Chernobyl de la economía, es la principal fuente de empleo de España y, de manera especial, de las zonas turísticas gaditanas, pero vive al margen de la legislación , un territorio comanche al que están condenados quienes no tienen otra cosa, .

Donde se ponga un camarero de Cádiz que se quiten los demás, de manera especial el camarero sieso gaditano que lo resuelve todo con un “caballero” cada dos palabras. Debe ser que el camarero sieso de Cádiz se está perdiendo y es una pena, aquel que te traía  la tapa de menudo fría y la cerveza caliente, que cuando pedías las especialidad de la casa ya no había,  al que se le olvidaban los picos, que usaba los calcetines especiales para camareros que vendía el Peña. Cádiz no se va a diferenciar de la Costa del Sol o de la Plaza Mayor si dejamos al camarero malage a un lado, si no cultivamos los endemismos, tan nuestro como los cañones de las esquinas, como el Nazareno a memes entre sus hermanos, como los cadistas magiquistas que han tenido que aprenderse a toda prisa el “me han dicho que el amarillo”, como ese rayo verde que al parecer  lo ha visto una sola persona en Cádiz,  como las terrazas de las plazas, como las caballas de antes y la ensaladilla de ahora. Al final el lenguaje de los camareros será igual en todos lados . En Madrid todos los camareros americanos y en Cádiz de la capital. Importamos camareros y exportamos corbetas, vanguardia del mundo, emporio del orbe.

Fernando Santiago


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