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Casa Mediterránea. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 7 de diciembre de 2019

CASA MED 3Recuerdo ahora una remota conversación, durante la cual un amigo glosaba las suaves delicias del Mare Nostrum y yo contesté que prefería la infinitud del océano de mi niñez, él replicó: tú has visto demasiados mapas, desde las playas la línea azul del horizonte marino siempre resulta muy lejana. El arquitecto portugués Alvaro Siza comentaba que adora Cádiz pues la siente como una ciudad atlántica, y en efecto esta fortaleza marina huele y sabe a océano, pero las telúricas fronteras de las geografías litorales, muy al contrario de aquellas que dibujan las cartografías políticas, resultan fascinantemente imprecisas. Cádiz es océano, pero también puerta del Mediterráneo, Mark Twain sostenía que Cádiz y Tánger son las ciudades más antiguas del mundo pues se levantaron para custodiar el mar de Ulises, desde entonces ambas disfrutan una exquisita dualidad, como la representada por las Torres Mirador de Cádiz y los Alminares de Tánger, frente al azote de los húmedos vientos de poniente. Precisamente el modelo de ciudad compacta de arquitecturas prismáticas es una constante de las múltiples culturas que han florecido en las riberas mediterráneas. En su ensayo “Arquitecturas sin arquitectos” el autor Bernard Rudofsky (1905-1988), que fue profesor en Yale, se refiere a estas construcciones vernáculas que considera inmutables e inmejorables, contundente afirmación de este clásico desmitificador de la Historia de la Arquitectura.

 

Las tesis de Rudofsky inspiran al arquitecto italiano Gio Ponti y al catalán Jose Antonio Coderch la idea de cómo las raíces de la modernidad se encuentran en la arquitectura mediterránea, piensan que copiar el arte popular conduce al pastiche, pero extraer su esencia permite depurar la nueva arquitectura, basada en la verdad, modestia, alegría y belleza que se contienen en las auténticas arquitecturas del pasado. Ponti, Coderch y Alberto Sartoris se esfuerzan en divulgar esa idea que humaniza el estricto funcionalismo de la Bauhaus, y la difunden a través de la revista Domus que Ponti dirigía desde 1927. Ya en los años 50 los tres profesionales se conocen en Barcelona con motivo de la V Asamblea Nacional de Arquitectos, a partir de entonces Coderch se convierte en corresponsal de la revista donde comienza a publicar su propia arquitectura, y además las de Federico Correa, Alfonso Milá, Antonio Bonet, Josep Maria Sostres y Oriol Bohigas. De esta manera, a través de la revista Domus, arquitectos de España e Italia reinventan la casa mediterránea desde los principios de la modernidad y del ingenio de la arquitectura tradicional.

Desde el pasado 2 de octubre, el madrileño Museo ICO presenta la exposición Imaginando la casa mediterránea, Italia y España en los años 50. La muestra presenta la obra de quince arquitectos italianos y españoles, una colección de imágenes de excelentes fotógrafos como Casalli, Catalá Roca y Maspons, así como material del archivo Coderch donado por sus herederos al Museo Reina Sofía. En aquellos años, pese al clima de obscurantismo que envolvía España, este movimiento cultural introduce aires de modernización que se sirve de la tradición mediterránea como instrumento para la renovación de nuestra arquitectura, que así se incorpora al debate internacional. La muestra comisariada por Antonio Pizza permite conocer interesantes proyectos de esa época y ese entorno. El recorrido expositivo se cierra mediante la última vivienda construida por Rudofsky en Frigiliana (Málaga), cuyos planos fueron firmados por Coderch. Resulta atractiva la presencia de croquis, dibujos, proyectos, obras, revistas y una serie de vídeos tomados en hermosas obras, como la Casa Ugalde y la Casa Rovira, de Coderch.

Julio Malo de Molina

  • Lara Artero

    Muy bueno. Felicidades y ojalá escribieran mas personas aquí.

  • hartodetodo

    De las construcciones -sin arquitectos- vernáculas inmejorables y constatado que copiar lo popular conduce al pastiche, una vez extraída su esencia y depurada ésta por los que saben, hemos acabado empedrando de adosados y paralelepípedos la costa mediterránea. ¡¡ Eli, Eli!! ¿lema sabactani?

  • Diego Gadir

    Don Julio, le saludo con entusiasmo. La casa mediterránea… Casi “na”.
    D. Miguel Fisac cita a Lao Tsé: “La arquitectura no es cuatro paredes y un techo; arquitectura es el aire que queda dentro”.
    Y continúa Fisac diciendo que, para él, la arquitectura es un pedazo de aire humanizado. Y defiende que los únicos estilos que son originales de verdad son el Griego y el Gótico. El resto parte de la forma; son estilos formales.
    Don Julio, yo creo que el Mediterráneo ha dado lugar en el tiempo a una arquitectura que es un complemento de la naturaleza, mucho más que un refugio. Pensando en el concepto de Fisac, la arquitectura del Mediterráneo me parece un acotamiento humanizado de la luz, más que del aire mismo. Fundamentalmente, porque la luz es una activo humano esencial en toda la cuenca.
    La casa mediterránea es la habitación creada para domesticar la luz natural salvaje; para hacer un uso doméstico de la fiera lumínica; el recinto donde el hombre puede apartarse para sí un pedazo de luz propia de la cual hacer el uso material o psicológico que le venga en gana.
    Aparte de la piedra, la argamasa, la cal, la terracota… Es la luz el elemento fundacional de esta arquitectura. Por cierto, la única en que vierten sus peculiaridades tres continentes y muchas culturas vecinas.
    Hermosos el tema y su aproximación al mismo.
    Un abrazo.

  • Ciego

    Don Julio está en otros menesteres impropios de su edad…

  • Yomismo

    Ciego; jajajaja

  • Julio Malo de Molina

    Muchas gracias a Lara, hartodetodo y Diego Gadir por sus amables comentarios. A Harto debo conceder razón cuando deplora las malas arquitecturas modernas que jalonan nuestro litoral. Diego cita con acierto a Miguel Fisac: la casa mediterránea como espacio para domesticar la poderosa luz natural, la luz que acarició los cuerpos de la Ninfa Calypso y Ulises en la Isla de Malta, y a punto estuvo de frustrar el viaje a Itaca. Eso nos hubiera privado de los cantos de Homero, y del bello poema de Kavafis: “No fuerces la travesía, es preferible que dure muchos años”.

  • Diego Gadir

    Uno que iba “to” puesto… ¡Ciego como estaba! Tan ciego que le daba la mano al mismo dos o tres veces.
    Por cierto, ¿acaso existe alguna edad impropia?
    Os recomiendo un repasito a la transgresión de los interdictos en estudio de George Bataille. Estáis verde.
    Y lo peor es “el coro de grillos que canta a la luna”, en palabras de Edmon Rostand para Cyrano de Bergerac. Jajajaja.
    Don Julio, la cita de Kavafis me acerca a la memoria aquel razonamiento de Von Hofmannsthal muy de acuerdo con el artículo de hoy:”No termines nunca la casa pues cuando se concluye la casa llega la muerte”.


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