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Recomendaciones para cuando acabe el apocalipsis. Rumanía. FSM

Fernando Santiago Muñoz | 1 de junio de 2020

Fuimos a Bucarest para ver la final de la Liga Europa que jugó el Atleti contra el Athletic de Bilbao(por cierto, ganamos con dos goles excelentes de Falcao). No me atraía nada la ciudad y mis expectativas se confirmaron. No le vi el más mínimo interés, por mucho que digan que es el París del Este de Europa. La ciudad ni es bonita, ni tiene lugares donde ir, ni tiene ambiente, ni buenos restaurantes. Por si fuera poco, fuimos vía Francfurt, llegamos al aeropuerto por la noche,  cuando entramos en el hotel resultó que la agencia se había equivocado y nos había dado ese mismo hotel pero en una   ciudad a cientos de kilómetros. Nos tuvimos que poner a buscar hotel a las tantas de la madrugada y resolver el alojamiento definitivo el día después. Con una planta hotelera, como dicen los finos, más bien escasa y las dos aficiones concentradas, resultó una epopeya encontrar habitación. Todo se resolvió y como los duelos con pan son menos, la victoria lo arregla todo. Tuvimos que soportar todo el día a la ruidosa afición del Bilbao con lo de “A lo loco” porque les entrenaba Marcelo Bielsa. Cuando marcó Falcao el segundo no se volvió a oír a ningún aficionado vasco decir ni pío, y eso que estábamos sentados justo al lado de esos tres gordos famosos de la chapela. Al final son los jugadores los que animan a la afición y los vascos aquel día no anduvieron muy finos, sobre todo Amorebieta, al que jubilaron en aquel partido.

A mí Bucarest me sonaba a Nicolau Ceaucescu, el amigo de Carrillo, el que parecía un dirigente comunista diferente que resultó ser un sátrapa sanguinario al que dieron caza y muerte  los ciudadanos en cuanto pudieron. El edificio más llamativo de la ciudad es el Palacio del Parlamento, uno de los edificios adminsitrativos más grandes del mundo (dicen que el segundo después del Pentágono, vaya usted a saber) construido en su día por los Ceacescu con esa megalomanía propia de todas las dictaduras. Por supuesto tiene algún templo ortodoxo, una catedral, su arco del triunfo y poco más.  Rumanía tiene paisajes espectaculares en el Mar Negro, en el delta del Danubio, las hermosas ciudades de Brasov y Sibiu y sobre todo el castillo del Conde Drácula  en Bram con Transilvania. Esa parte , a mi modesto entender, es lo que merece la pena.


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