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Ya lo pensaré mañana. Por Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 5 de julio de 2020

Ahora que, de pronto, está tan de moda ‘Lo que el viento se llevó’, y no solo por su fallida retirada de HBO y la romería que se montó en torno al asunto, me viene a la cabeza la escena final de la película –tan diferente a la del libro- y, sobre todo, la épica frase con la que Rhet Buttler despide a Scarlett, ya sabe, lo de «francamente, querida, eso me importa un bledo» –sí, el puritano doblaje español- que todos y todas alguna vez hemos querido decirle a más de uno y una. Pero poco se habla de la estupendísima sentencia con la que ella remata la escena, tal vez porque el heteropatriarcado ha invisibilizado la imagen de

la mujer en el cine, o quizá porque la genialidad no es apta para todos los públicos. El caso es que la señorita Escarlata, lejos de rasgarse las vestiduras o de mesarse los cabellos –que son actitudes jeremíacas que le pegaban mucho-, se vuelve y en un gesto soberbio dice «ahora no puedo pensar en ello. Me volvería loca. Ya lo pensaré mañana».

Inaugura así lo que los modernos –que ya no lo son tanto- llaman la procrastinación, o lo que es lo mismo, el arte de dejar para mañana lo que se podría hacer hoy. Un arte que dominamos como nadie por estas latitudes, acostumbrados ya a dejarlo todo para cuando sea, cuando se pueda, cuando, cuando, cuando… Le dimos la espalda al refranero y a todas sus sentencias lapidarias sobre el que madruga y el no dejes para mañana… y así nos va.

En el festival de la procrastinación se ha visto ya de todo. Y la pandemia ha sido un refuerzo anímico para los que tenían que tomar las decisiones. Como en octubre habrá un rebrote -¿en octubre?- para qué vamos a sofocarnos antes de tiempo… que vuelvan los niños, y las niñas, al colegio como sea; que la Selectividad se haga como sea –por cierto, la media de bachillerato ha subido tanto que a ver cómo se quedan las notas de corte-; que los hoteles abran como sea, que los cruceros vengan como sea… total, que cuando llegue octubre, que nos quiten lo contagiado, o lo que sea.

Quitarnos, nos van a quitar. Esa es la verdad más absoluta. Ya lo avisa el presidente Sánchez y, en este caso el que avisa puede ser traidor o no, da lo mismo, porque tendrá que subir los impuestos, llevar a cabo una reforma fiscal, y subir el IVA, aunque esto no lo ha llegado a aclarar por si acaso las encuestas. Tampoco ha dejado claro si bajará el sueldo a los funcionarios –decir que no está en sus previsiones es tanto como decir que lo tiene en cartera-, ni si los ERTEs se prorrogarán hasta diciembre. Ya se lo dije, lo interesante del final de ‘Lo que el viento se llevó’ es la frase de Scarlett.

Algo así es lo que dijo Domingo Villero, el concejal no adscrito, sobre los presupuestos municipales que se aprobaron el pasado viernes. Cuando todo parecía que su voto era la llave para sacar adelante unos presupuestos ralos y raros, cuando el equipo de gobierno ponía sobre la mesa su segundo presupuesto –en cinco años, no está mal, sobre todo si conjugamos el verbo procrastinar en todos los tiempos posibles- a pecho descubierto y en solitario, después de recibir la negativa o la indiferencia de los otros partidos políticos, Villero lo tuvo claro: «el viernes decidiré mi sentido del voto», una frase que, para la posteridad, podría tener hasta su gracia, pero que para la urgencia y la necesidad de esta ciudad resultaba un tanto arriesgada. El voto de algo tan importante como son los presupuestos municipales no puede –o no debe- decidirse de esta manera. Y sobre todo, no puede y no debe verbalizarse de esa manera.

El presupuesto local aprobado el pasado viernes llega ya en fase terminal a la ciudad. Es lo que pasa cuando el cuento de la Lechera –lo he dicho mil veces- se convierte en el manual de estilo de nuestros gobernantes. Y aunque es cierto que nada ni nadie podía imaginar lo que era capaz de hacer un virus, también es cierto que manteníamos unos presupuestos aprobados en 2018, que el borrador de estos se suponía que estaba listo en octubre del 2019 y que tiempo -¿será por tiempo?- habían tenido antes de que llegara el coronavirus. Pero procrastinando, procrastinando el proyecto presentado sigue estando, como dijo la portavoz del equipo de Gobierno «lastrado por la herencia recibida, tras 20 años de gestión centrada en un derroche que hoy nos dificulta tanto la operatividad como el cambio que Cádiz necesita». Lo de heredar es terrible, y dura mucho, y eso que, según aseguró el concejal de Economía y Hacienda, «estos presupuestos son los mejores presupuesto que Cádiz puede tener para conquistar su futuro». Me lo apunto –que la memoria es frágil- para que, cuando conquistemos el futuro, sepamos a quién agradecerlo.

Con lo fácil –y sensato- que habría sido decir que son los únicos presupuestos posibles para unos momentos tan desastrosos como los que estamos viviendo, aunque citar a Camus «Hay épocas en las que toda indiferencia es criminal porque la equidistancia es pasar de puntillas, formar parte de un silencio cómplice y al final el miedo a tomar partido termina provocando monstruos» es digno de Scarlett.

Ya se lo dije al principio, de pronto se ha puesto de moda ‘Lo que el viento se llevó’. Esperemos que no se lleve también estos presupuestos.

 

  • JMV

    La procrastina es un arte, solucionemos el mundo pero hoy no mejor lo hacemos mañana. Además aquí en Cádiz, da votos.
    Lo del presupuesto en la ciudad, ya es harina de otro costal, los que llegaron al grito de bajar las tasas por ser de las más altas del país lo que realmente hacen es subirlas sin contemplaciones, pasan de lo público no se vende a basar su proyecto de inversión en el enésimo intento de enajenación de la tribuna del Carranza, del grito de menos aparcamientos de pago a promocionarlos sin contemplaciones e incluso aumentar las zonas azules, naranjas y del color que sea si con eso recaudan más…ya lo hicieron en 2015 sabíamos que los ingresos que aparecían en él eran más propios de un guionista de ciencia ficción que de un economista medianamente serio….pero como la chapuza les proporcionó más votos, habrán considerado en repetirla nuevamente, venderlos como los presupuestos más sociales de la historia de la ciudad, grandes inversiones también todo muy al estilo 2015, imagino que tras estos presupuestos ya no habrá nadie que dude de los grandes gestores que manejan los mandos del municipio con la complicidad de la intervención municipal, ya se vislumbra una mayoría absoluta aplastante.


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