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Villa Malaparte. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 19 de septiembre de 2020

CASA%20MALAPARTE_FotorA modo de almenara que corona un peligroso acantilado en Punta Masullo al oriente de la isla de Capri con vistas al golfo de Salerno, se trata de una casa moderna que prolonga la altura de un enclave testimonial, obra del arquitecto racionalista Adalberto Libera se construye entre 1938 y 1943, en medio de una controvertida colaboración con su peculiar propietario. El escritor Curzio Erich Suckert (Prato 1898, Roma 1957) eligió el seudónimo Malaparte, “porque Napoleón se llamaba Bonaparte y terminó mal”. Militante fascista en su juventud, diplomático, corresponsal de guerra, luego entusiasta comunista, se declara maoísta tras la escisión chino-soviética. Sus novelas y relatos, como “La Piel y Sangre”, superan la complejidad de su biografía, no existe vida real tan apasionante como las historias de los buenos narradores. La casa estuvo abandonada durante mucho tiempo tras la muerte del escritor, quien la dejó en herencia a la República Popular de China; el legado fue impugnado por su familia, finalmente su sobrino nieto Nicolo Rositani rehabilita la obra que actualmente gestiona la Fundación Malaparte, centro cultural y lugar de encuentros para arquitectos a la vez que acrópolis de la isla; es preciso atravesarla para llegar a la casa cuya larga escalinata de acceso le confiere un carácter sagrado.

 

Villa Malaparte parece pensada para un rito, la idea del escritor era poseer una casa que acogiera sus deseos de soledad y de amor, en un ensayo explica que con ella se construía a sí mismo, sería su propio retrato en piedra. La casa de Punta Masullo, como la Casa de la Cascada (Frank Lloyd Wright, Pensilvania 1939), parecen enclaves imposibles, el final de un viaje. Se trata de un paralepípedo de albañilería roja entallada por una gran escalera que conduce a una extensa terraza al mar. El exterior no desvela su interior y no existe comunicación entre la residencia y el solárium superior. El interior se desarrolla en tres planos progresivamente mas pequeños. El plano de la residencia, el más amplio, alcanza el borde de la punta, con la sala de estudio en voladizo sobre el abismo. En los atardeceres de invierno el sol crepuscular confunde su propia luz con la llama del hogar de la chimenea.

 

La casa de Adalberto Libera y Curzio Malaparte fue escenario de la película “Le Mépris” (El desprecio, 1963) de Jean-Luc Godard, basada en una novela de Alberto Moravia, protagonizada por Brigitte Bardot y Michael Piccoli con la aparición del director Fritz Lang interpretándose a sí mismo. Godard fue el más valiente director de la “nouvelle vague” francesa, movimiento que junto al neorrealismo italiano pretende renovar el panorama cinematográfico que imponía la industria americana, con contenidos sociales y recursos más accesibles. En esta cinta, que se rueda cuando la casa aún resultaba poco conocida, es precisamente ésta, junto a la excelente música de George Delerue, las que producen una sensación hipnótica más allá del argumento y de los diálogos. La magia de Villa Malaparte y la fascinación del mar envueltos por una música embriagadora consiguen la seducción cinematográfica a la cual también contribuye la salvaje belleza de la Bardot. En la película de Godard la casa aparece como un elemento ilusorio, pues hasta que no la visita en 1973 el arquitecto Francesco Venezia, resultaba una obra casi olvidada, los sucesivos textos de éste revelan el misterio de la Casa Malaparte descrita como pieza en la cual el acertado uso de la mirada al horizonte provoca sensaciones y suscita emociones.

Julio Malo de Molina


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