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Simbolismo. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 30 de septiembre de 2020

 

Julio Anguita tuvo un enfrentamiento con el obispo de Córdoba en su época de alcalde lo que le llevó a recordar al prelado: usted no es mi obispo pero yo sí soy su alcalde. José María González lo entendió al poco de tomar posesión, cuando fue a Eutimio a comprarse un traje con su pareja y subió el momento a las redes sociales como muestra de que era el alcalde de todos , para lo que a veces hace falta una vestimenta formal. Había tomado posesión en mangas de camisa lo que no le impidió días después casar a unos amigos en traje. Comprendí que la concesión de la medalla de la ciudad a la Virgen del Rosario tenía que ver con esa misma idea de representar a todos, le hubieran votado o no lo que comporta alguna renuncia. Las propias limitaciones de sus competencias le impiden hacer la revolución o resolver los problemas de Siria, Bielorusia o Palestina, quizás por eso de vez en cuando el alcalde busca algún gesto simbólico, desde poner la pancarta de las fronteras abiertas de Europa o quitarle el nombre a la Avenida Juan Carlos I, ahí le sale el espíritu de Lev Davidovich Bronstein , un pequeño masaje al espíritu revolucionario para seguir con la limpieza viaria, las terrazas, la playa, aquello que María Romay llamó “temas chungos” que al final son el 99% de la actividad cotidiana de un Ayuntamiento. Hay poco espacio para la épica, para la revolución permanente, para la IV Internacional , los asuntos importantes dejan paso a los urgentes, más prosaicos pero necesarios . Hay un ámbito en el que converge la competencia municipal y el simbolismo : el nomenclátor. Es algo de una fuerte carga simbólica que no cuesta dinero en el que se puede dejar el anticapitalismo que anima al Núcleo Motor o como sea que se llame los que mandan dentro del Equipo de Gobierno. Se quita el nombre de una calle y se pone otro, todo al ritmo pausado habitual del concejal de Memoria Histórica. Hay veces que al arrojar el agua sucia se tira al bebé. En el espíritu legalista de aplicar a rajatabla pero por fases las leyes de Memoria Democrática en un momento se decide afrontar el Estadio, no se sabe el porqué del momento ni siquiera el motivo por el cual el procedimiento es distinto de otros cambios. Quizás porque el alcalde sabía que el asunto era tan polémico que iba a causar división. En lugar de ceder la competencia al Cádiz , aplicar la norma con rapidez o dejarlo para otro momento, ha conseguido dividir al cadismo, dirigirse a una minoría en lugar de a toda la ciudad, dejando de lado la empatía y la inclusión, palabra tan del gusto en Adelante. Ser inclusivo sirve para los sin techo, las diferentes tendencias sexuales, los discriminados por raza o sexo, que a los que piensan diferente.

Fernando Santiago


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