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Oro perdido. Por Selina Orozco

Fernando Santiago Muñoz | 20 de mayo de 2018 a las 5:29

serviciodecorreo.esHace algún tiempo escuché a un amigo de mi padre, gaditano que vivía por su trabajo en América, y acababa de regresar a nuestra ciudad. Sostenía que durante su largo vuelo solo soñaba volver a ver los dorados reflejos de la cúpula del tambor de la Catedral, tal como se percibían en una luminosa primavera desde el Campo del Sur. Más tarde tuve que hacer de guía de un profesor inglés de historia del arte, la idea era mostrar la ciudad antigua y comenzamos por la Catedral, quedó sorprendido por el valor del monumento, comentó el dramatismo de la planta barroca, que se tensa en los cuerpos superiores al gusto neoclásico. Conté que que sus obras estuvieron detenidas largo tiempo, de manera que, iniciadas en 1721, se terminan de forma apresurada y tosca ya en 1838, casi ciento veinte años después. Un arquitecto militar como Juan Daura culmina el Templo mediante tambor de escasa altura y bóveda semiesférica. Pero al contemplar ese remate desde el mar de los vendavales, ambos convinimos en que ese brillo conseguido de forma sencilla, mediante azulejos, redimía una intervención que cualificaba el perfil de la ciudad.
 
En unas obras dirigidas por el arquitecto Juan Jiménez Mata hacía 1995, se sustituyen los azulejos originales de la cúpula por otros de reciente factura; poco después una granizada destruye buena parte del esmalte dorado de las nuevas teselas, de manera que la cúpula muta su color del amarillo dorado al rojo arcilla de los azulejos impostores ya desprovistos de su elegante terminación. La imagen de la ciudad al océano se transforma y realmente sorprende que nadie haya expresado desde entonces su malestar por tan inoportuna mutación. 
 
No dudo de la profesionalidad y los conocimientos del arquitecto y escritor Jiménez Mata. Su libro “La Catedral Nueva de Cádiz” de 1991 explica con rigor el proyecto de Vicente Azero, que incorpora los conceptos barrocos de Borromini y Guarini a la tradición española de la planta en cruz latina; así como el recurso a la repetición rítmica de la forma para resolver una planta compleja, en la cual destacan la posición de las torres, adelantadas al plano de la fachada, como en la arquitectura de las fortificaciones que a su vez tiene que ver con el propio carácter de la ciudad amurallada en la cual se inserta. Respeto su valía intelectual que no le exime de cometer errores. Como lo fue sustituir unos azulejos del siglo XIX por otros recientes que no ofrecían semejantes características de durabilidad. De hecho, las piezas originales aguantaron más de ciento cincuenta años, mientras que los nuevos azulejos del profesor Mata se quedaron sin esmalte a la primera granizada.
 
Todo el mundo puede errar, y para eso hay controles en temas de importancia. Como la Consejería de Cultura, que no aprobó la reposición de la linterna proyectada por Daura, pero consintió en la sustitución de la azulejería de la cúpula sin reparar el valor que su presencia representaba en la línea de cielo de nuestra ciudad. Cada vez que contemplo el desaguisado me pregunto cómo la gente habla de la pérgola de Santa Bárbara, o sobre la conveniencia o no de la demolición del Edificio Aduana, y nadie expresa su disgusto porque una intervención desafortunada ha deteriorado gravemente la fachada de la ciudad amurallada al océano en uno de sus puntos más emblemáticos. La Catedral de Cádiz ya no brilla al sol de la Bahía y nadie parece haberse dado cuenta.

Puerto y ciudad

Fernando Santiago Muñoz | 20 de mayo de 2018 a las 4:17

Abogados

Fernando Santiago Muñoz | 20 de mayo de 2018 a las 2:29

Mentidero

Fernando Santiago Muñoz | 20 de mayo de 2018 a las 1:48

Plano

Fernando Santiago Muñoz | 20 de mayo de 2018 a las 1:28

Primarias

Fernando Santiago Muñoz | 20 de mayo de 2018 a las 0:46

La red clientelar

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 7:34

El Cuervo. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 6:36

CORBUjoven1_FotorLe Corbusier es el seudónimo adoptado por quien posiblemente sea el arquitecto más influyente y significativo del siglo XX. Charles-Édouard Jeanneret escoge ese nombre como variación fonética de la palabra “cuervo” (corbeau, en francés), a su vez adaptación del apellido Lecorbésier de su bisabuela. Nació en 1887 en La Chaux-de-Fonds, ciudad del cantón suizo francófono Neuchâtel. Mucho se ha escrito acerca de este personaje, referente del llamado Movimiento Moderno, maduración de las vanguardias que conducen al primer estilo arquitectónico realmente auténtico desde el gótico. Sus orígenes resultan menos conocidos, por eso recomiendo visitar su ciudad natal donde hace poco se ha restaurado una de sus primeras piezas, la casa familiar que es sede de la “Association Maison Blanche”, dedicada al estudio de su obra en ese edificio aún ecléctico inspirado por sus maestros. Por una parte Charles L’Eplattenier, profesor de la Escuela de Artes de su ciudad y artista de formación clasicista; fue él quien le aconseja estudiar pintura y arquitectura. Por eso se traslada en 1909 a Viena donde conoce a Josef Hoffmann, uno de los mejores del estilo “Secession”, que pretende ser moderno pero no rompe con el lenguaje tradicional.

 

Seguir las huellas de Le Corbusier permite conocer la Confederación Helvética, que tuvo su origen el 1 de agosto de 1291, mediante el “Pacto de Grütli”, por el cual las tribus montañeras sellaron un acuerdo de convivencia que con el tiempo dio lugar al Código de Obligaciones, peculiar constitución ancestral de “hombres libres” que ha mantenido la unidad pacífica de un Estado plurinacional y pluricultural, el cual jamás ha participado en guerra alguna. Un suizo nunca entenderá qué es un monarca o un jefe de estado ni de gobierno, pues en su larga historia no ha conocido nada parecido a semejantes autoridades. En la actualidad, la Asamblea Confederal de los 26 cantones elige siete ministros, con la peculiaridad de no reconocer jerarquía entre ellos, solo para asuntos de protocolo existe un turno anual. Los temas que afectan al conjunto del Estado se resuelven en referéndum, de los cuales se convocan no menos de cuatro por año, con varias cuestiones por consulta, un sistema de democracia directa.

 

Recuerdo una portada de “Paris Match” con la foto de Le Corbusier adentrándose en la mar, así daba noticia de su muerte en las aguas el 27 de agosto de 1965, cerca del “Cabanon”, casa mínima de 12 metros cuadrados que había construido para las vacaciones en el Mediterráneo con su esposa. Ya era un mito de la cultura; a través de sus obras y escritos había propuesto una nueva arquitectura, tectónica, racional y funcional. Basada en principios diferentes a los viejos estilos retóricos, entre ellos una forma de entender la casa como “máquina de habitar”; y también sus conocidos cinco puntos: la planta libre, la fachada permeable, la ventana longitudinal, el edificio sobre pilotís, y la azotea plana y ajardinada. Se trataba de una aplicación del hormigón armado que había aprendido de los maestros que encuentra cuando en la segunda década del siglo recorre Europa, en particular: Tony Garnier en Paris y Peter Berens en Berlin. Ese pequeño gran arquitecto que fue Luis Lacasa sostuvo que a Le Corbusier se le tenía por padre de la modernidad porque además de arquitecto era periodista. No acertaba el autor del Pabellón de la República Española en la Expo parisina de 1937; la arquitectura contemporánea no se puede entender sin conocer las aportaciones del arquitecto suizo.

Carga y descarga

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 6:33

Lyon, coraje y corazón. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 5:47

En 1986 yo estaba más tieso que la mojama. Me había casado hacía poco ,mi hija era muy pequeña y mi mujer no trabajaba. El Atleti de Luis Aragonés y Arteche llegó a la final de la Recopa y a mi padre se le antojó ir. Tanto me insistió que incluso hice planes de coger el coche desde Cádiz y colarme en Lyon tras hacer cerca de dos mil kilómetros. Él se iba a ir en avión a Ginebra y se cogió un buen hotel en el centro, menudo era el Capitán. Yo, como dije, estaba pegao a la pared y por más cuentas que hice no me salieron los números así es que, con gran pesar de mi corazón, no pude ir. Luego me alegré tras ver el baño que le pegó el Dinamo de Kiev de Oleg Blokhin al Atleti pero siempre tuve la espinita clavada de no haber acompañado a mi padre . Por entonces no era habitual ver al Atleti jugar finales europeas así que aquello era una experiencia singular, hasta que llegó Hamburgo 2010 donde una nutrida delegación gaditana pudimos disfrutar del triunfo del Atleti y del inicio de un ciclo histórico.

Así es que este año no tenía más remedio que ir, por mucho que a la mayoría de mis colegas ya les sabe a poco una final de la Europa League. La gente se ha acostumbrado al jamón de pata negra y no se acuerdan de cuando comíamos mortadela. Yo tenía una deuda pendiente con mi propia biografía y con la memoria de mi viejo. No creo en la existencia de otra vida así que no puedo imaginarme a mi padre tomándose un Jhonny Walker disfrutando de los goles de Griezmann , del empuje de Gabi o de la jerarquía de Godín, a Simeone como si fuera el Sabio de Hortaleza. Creo que el cielo es la memoria de los seres queridos y en la mía estará siempre mi padre unido al Atleti, a aquellos partidos en el viejo Calderón con lluvia y con frío, a los recuerdos que me contaba del Metropolitano cuando se sembraba ajo en la portería o cuando mi abuela le pagó un carnet en la Gradona, el Tendido de los Sastres. Así que la victoria del miércoles fue una manera de venganza de aquel lejano día de hace 32 años. La ribera del Ródano ha visto cerrarse un ciclo, el de un viejo atlético que no pudo ver ganar a su equipo en una final. Su nieta pudo disfrutar del Niño Torres levantando la copa aunque, como él decía, El Niño era Enriquito Collar.

El esfuerzo de ofrecer donativos

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 1:31

Alberto Cortez por Fernando Fernández

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 0:39

Hipotecas

Fernando Santiago Muñoz | 19 de mayo de 2018 a las 0:27

Vivir con modestia

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 17:56

Pues la verdad es que me parece fantástica la opinión del alcalde y que la haya manifestado públicamente. Las dos cosas. Espero que no cambie en el futuro como ha hecho el propio Pablo Iglesias. Creo que se puede vivir en Bahía Blanca y ser un buen alcalde pero lo que no se puede es alardear de modestia y vivir como un marajá.Menos aún hacerlo gracias a la política. Si alguien fruto de su esfuerzo y su trabajo tiene unos ingresos que le permitan vivir mejor que la media, no pasa nada. El problema ha sido el alarde constante de Pablo Iglesias contra el Ibex, la casta y a favor de los okupas y los desahuciados. La política le ha proporcionado un extraordinario bienestar.

Espero que José María González mantenga su punto de vista hasta el final.

La casta

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 12:46

El Beato. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 7:34

 

Ahora que están a punto de terminar las obras del colegio mayor, sería el momento para que la universidad le cambiase el nombre. La peor de las denominaciones posibles para un centro dependiente de una universidad es Beato Diego, el mayor reaccionario de la historia española, que ya es decir. Hay miles de posibilidades para nominar a un colegio mayor y vincularlo con la ciencia, la ilustración, el pensamiento y la razón. Lo peor es el casticismo incendiario de quien quería prohibir el teatro, mandar a la hoguera a cualquier disidente con unas prédicas cerriles e intransigentes que hicieron retroceder a España. Mientras en Francia triunfaba la Ilustración y la ciudad de Cádiz era ejemplo de cosmopolitismo, a finales del siglo XVIII, un monje capuchino nacido en la ciudad recorría España clamando contra cualquiera que osara pensar o defender el uso de la razón. Mientras en Cádiz se hablaban 20 idiomas, había una comedia francesa, una ópera en italiano, circulaban libros e ideas y se preparaba el ambiente para hacer posible lo que sería la primera constitución española, un personaje con el nombre de la ciudad iba de pueblo en pueblo repitiendo soflamas contra la razón que , no lo olvidemos, es lo contrario a la fe.

Allá cada quien si desea ir a rezar a la capilla del Beato o a ponerle flores a la estatua de la Alameda. Incluso allá el que quiera sacar en procesión su imagen siempre y cuando no molesten a quienes pasamos por completo . Pero la universidad es el espacio de la ciencia, de las ideas, del saber. No puede exaltar a un energúmeno que, según dicen, hizo tres milagros en la ciudad y eso le llevó a convertirse en Beato. Digo más: la universidad no debería tener una capilla, ni en el colegio mayor ni en ningún lado. No digo que llamemos a Rita Maestre para que reviente una misa pero sí creo que no se debe mezclar la religión y el saber. Ni Beato ni capilla. Ya hay una capilla a él dedicada y suficientes iglesias en la ciudad para que den cobijo a la cofradía del Caído o para que aquel universitario que quiera rezar pueda hacerlo. Que triunfe la ciencia y la razón de una vez y se orille el fanatismo.El director que quiere atraer a los millenials para que se alojen en el centro debería pensar que el peor reclamo posible es el nombre de un reaccionario furibundo. Vamos a tener que reeditar el libro de Vázquez de Sola y repartirlo entre quienes gobiernan la universidad por si no saben muy bien de quién hablamos.

Fernando Santiago

Contento con una miseria

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 5:58

Como Ramoní

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 3:23

El poder del dinero

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 3:22

La primera vez que jugó el Atleti en Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 18 de mayo de 2018 a las 2:21