Electoralismo

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

Nuevo negocio. En La Azotea de Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

La sorprendente decoración del negocio que abre este viernes en San Francisco

Imagine entrar en un lugar para comer o tomar algo y encontrarte con el balneario de la Caleta en su interior, andar solo unos pasos y poder almorzar sobre los arcos de las Puertas de Tierra o mirar al frente y encontrarte la fachada del Gran Teatro Falla. Pues desde este mismo viernes será posible gracias a la cuidada y sorprendente decoración que ha realizado Álvaro Ortega de “ArteVida, Factory”, una empresa dedicada al diseño y creación de espacios, ya sean restaurantes, parques Infantiles, teatro, carnaval o musicales…. para PA´QUI O PA´LLEVÁ, el nuevo negocio hostelero que abrirá en el número 6 de la calle San Francisco. Un take away, que dará la opción a poder comer en el propio local o comprar la comida para llevar. De ahí el nombre.

Se respira ilusión nada más entrar en el PA´QUI O PA´LLEVÁ. Será porque hoy mismo el Ayuntamiento ha dado el visto bueno para que el negocio pueda abrir. Vaya alivio que han debido sentir. Estoy seguro que visitar el nuevo negocio gaditano será sinónimo de sacar el móvil y fijar el objetivo en los muchos detalles que cuenta en su decoración. Hasta los amplios servicios están llenos de curiosidades: en el de señoras Paco Alba y el Capitán Veneno están inmortalizados en sendos cuadros y en el de caballeros más rostros conocidos de esta bendita ciudad.

Pero si la decoración ha llamado poderosamente la atención a todo aquel que ha tenido la oportunidad de verla, la comida que va a servirse no se queda atrás ni mucho menos: “Nos hemos comido mucho el coco a la hora de hacer la carta” me dicen con el brillo de la ilusión en los ojos. No quiere adelantarme mucho pero sus ganas por poder mostrar a todo el que quiera visitarlos a partir del viernes, hace que me anticipe dos platos: Las croquetas de ortiguillas y las de puerro con gambas es solo el comienzo de una cocina dispuesta a experimentar con los sabores de nuestra tierra. Y si queremos, lo podemos degustar en nuestra propia casa. Mucha suerte.

La fachada del PA´QUI O PA´LLEVÁ , en el número 6 de la calle San Francisco.
La balaustrada de lo que se supone que es parte del paseo de la Caleta es en realidad una barra en la que poder degustar los novedosos platos que se servirán.
En la pared que da a los servicios podemos ver una fachada idéntica al Gran Teatro Falla.
Almorzar o cenar sobre los arcos de las Puertas de Tierra es ya posible gracias a PA´QUI O PA´LLEVÁ.

@ManoloDevesa

Un hotel en la bocana. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

CIUDAD%20MAREn principio parece buena noticia que los espacios construidos en la punta de San Felipe, allá donde se situaba uno de los castillos que la ciudad perdió, no continúen abandonados por más tiempo. El uso para hotel que se pretende puede ser una alternativa razonable, a pesar de la ausencia de un plan turístico y hotelero para el conjunto de la ciudad, sin duda necesario frente a la abundancia de iniciativas y a las alertas de urbanistas y sociólogos sobre los peligros de la gentrificación, es decir, la ocupación de los centros históricos por parte del turismo de masas. La mala noticia es que dicha operación pase por demoler una de las arquitecturas más bellas que se han construido en la ciudad durante los últimos años del siglo XX, sin tener en cuenta que la misma puede resultar fácilmente reutilizable para la instalación hotelera propuesta. La construcción Ciudad del Mar fue levantada entre 1991 y 1994, según encargo de la Empresa Pública de Puertos de Andalucía, como edificio de servicios náuticos, que aspiraba albergar un centro de residencia y formación para deportistas de alto rendimiento que entonces vivían y entrenaban en Palma de Mallorca. Algunos opinan que el fracaso de estas instalaciones pudo deberse en buena parte a que el Ayuntamiento apostó por  el club deportivo Elcano, de gestión municipal.

 

La arquitectura que ahora puede sucumbir es una de las mejores obras de dos de los más prestigiosos profesionales de Andalucía: José Antonio Carbajal y Rafael Otero; el primero obtuvo en 1999 el premio de arquitectura española y ambos han trabajado en interesantes proyectos, como la restauración del teatro Falla, han ganado concursos y obtenido múltiples distinciones. Ciudad del Mar es obra de exquisita pulcritud, elegante tejido de sólidas y airosas láminas de hormigón blanco, cual barco de piedra, hito de la imagen que ofrece la ciudad al mar, por eso se incluyó justificadamente en el inventario de Bienes del Patrimonio Inmueble de Andalucía y en consecuencia es edificio catalogado por el Plan General. Puede comprobarse que se encuentra en perfecto estado de conservación, por lo que no deja de sorprender que se pretenda demoler en lugar de completarse para su puesta en uso como hotel.

 

La Autoridad Portuaria de la bahía de Cádiz tramitó la instalación de un hotel en ese espacio mediante expediente denominado “Solicitud de parte con concurrencia de proyecto” que finalmente se adjudica a la sociedad Puerto América S.L. Tal vez en las condiciones de la licitación debió incluirse la obligatoriedad de cumplir el planeamiento que protege la estructura actual. No se hizo así y los promotores muestran ahora su proyecto que exige una demolición cuyo coste va a resultar muy elevado. La pieza existente está compuesta por losas y pantallas de hormigón armado de alta resistencia y considerable espesor, cimentada mediante pilotes con veinte metros de profundidad que atirantan el conjunto. No resulta posible el procedimiento de voladura controlada sino una operación compleja de tremendo impacto ambiental, por la polvareda tóxica que levantaría y la dificultosa gestión de los residuos. A juicio de varios especialistas consultados resultará mucho más cara la complicada demolición que la construcción del nuevo edificio lo cual podría hacer inviable una inversión que quizás no se ha valorado de forma realista. Es lógico que los promotores hoteleros manejen unas distribuciones para optimizar recursos susceptibles de implantarse en diversas situaciones pero la circunstancia de esta obra y su ubicación creo que exige una solución no estandarizada.

 

JULIO MALO DE MOLINA

Albita , cuartetera con perspectiva de género

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

Alameda

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

Abuela intrépida

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

Accidente

Fernando Santiago Muñoz | 12 de octubre de 2019

Desfile

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Pepe

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

“Valcárcel será lo que tenga que ser”

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Esta perla la dejó semanas atrás la delegada del Gobierno de Andalucía en la provincia, una especie de tautología que no quiere decir nada. Otra: “hemos hecho más en 4 meses que otros en 40 años”. Pues tendrá que dar explicaciones sobre las dos frases. No sé si en otros ámbitos el PP y Ciudadanos han hecho más en 4 meses que otros en 40 años pero en lo que respecta a las inversiones en la ciudad de Cádiz padecemos la misma maldición que teníamos con Susana Díaz. El hospital pasa un plan plurianual de inversiones sanitarias 2.020-2.030, una patá al balón para delante. Es lo mismo que decir que no se hará jamás. Ahora para Valcárcel nos anuncian otro plan plurianual de inversiones. Es decir, qué sabe nadie o Valcárcel será lo que tenga que ser. Será menester que los cargos públicos del PP se hagan una foto delante de Valcárcel.

Y el tal Cremades sin dimitir.

Turismo revolucionario

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Digo yo que todos estos bienintencionados activistas y políticos que van al Sàhara podrían ahorrarse y ahorrarnos el importe de sus viajes y ese dinero dedicarlo a otras medidas de solidaridad con el castigado pueblo saharaui.

Soy cherrista

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Estoy completamente de acuerdo con el concejal Cherra  la política no puede ser un medio de vida, tiene que ser un compromiso con los ciudadanos  y por unas ideas. Me cabe preguntarle si eso lo ha pensado ahora o ya lo pensaba hace 4 años cuando vino a para ser asesor en la ciudad, con el correspondiente estipendio a cargo del erario, porque lo podría haber puesto en pràctica en aquel momento.. Añado que se lo podría decir a aquellos compañeros suyos en el Equipo de Gobierno que no han conocido otra tirbutaciòn a la Seguridad Social que la política como es el caso de Martìn Viila (lleva así 7 años) o de Lola Cazalilla.  Irìa màs lejos aùn: seamos radicales en el cherrismo y apliquemos la norma con todas sus consecuencias. Todos los concejales con dedicación exclusiva que la abandonen y trabajen por su ciudad como activistas de sus vecinos. Ni uno solo con dedicación exclusiva. Si Cherra puede, todos pueden. Con la dificultad añadida de que Cherra va a trabajar en Sevilla y lleva dos delegaciones, Deporte y Hacienda. Así que apliquemos con intensidad, dedicación y firmeza a todos los concejales el mismo criterio. Dejemos al alcalde con la dedicación exclusiva y , puestos a ser generosos, con David Navarro y Eva Tubìo que si no la tuvieran no podrían ejercer porque son funcionarios del Ayuntamiento. El resto a trabajar por sus vecinos como un ejercicio de compromiso. Cherrismo. Incluyo a Mara Rodríguez en el paquete, por supuesto. Ya veremos si Cherra piensa lo mismo cuando se le acabe el contrato en la Olavide o cuando Juan Torres se jubile y no tenga allì asidero.

Digo màs: ni un solo asesor. Las plazas de 5 periodistas que salgan a concurso o a oposición y sean contratados como cualquier otro profesional al servicio del Ayuntamiento. Nos ahorraríamos cerca de 30 sueldos que se podrían emplear en otras cuestiones.

Paco Cano debe estar contando las horas por si dimite Cherra y puede meter la cabeza.

Flequi, amigo y maestro. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

 

No me acostumbro a la rutina de los tanatorios . Me pasó con José Pedro Pérez Llorca como ahora con Pepe Oneto,  orgullosos de su nacimiento llevaron a Cádiz y La Isla con orgullo. Con ambos compartimos noches inolvidables en el Museo del Prado, acompañados por otros periodistas y amigos gaditanos, de manera especial Hernán Cortés que nos ayudaba a comprender cuadros y exposiciones con sus atinados comentarios,  para quienes Pérez Llorca tenía la generosidad de abrir el museo fuera de su horario. Noches mágicas de las que este mismo periódico se hizo eco frente al cuadro “Defensa de Cádiz frente a los ingleses” de Zurbarán. Pepe Oneto debería haber nacido hace más de 250 años, cuando se creó San Fernando: estaba muy orgulloso de haber nacido en La Isla y orgulloso de ser gaditano. Como su amigo Enrique Montiel, no observaba diferencia entre nacer en un sitio y sentirse de ambos. El periodista era en Madrid el gaditano Pepe Oneto porque a pesar de llevar 50 años en la capital siempre alardeó de su  nacimiento. Tampoco me acostumbro a los obituarios, quizá alguna brizna de sangre gitana , se está convirtiendo en una costumbre escribir de  amigos muertos, del hueco  del recuerdo que retendré de ellos . He contado alguna vez que no creo en la otra vida por lo que procuro expresarle a mis amigos el cariño que les profeso en vida. No creo que Pepe Oneto vaya a leer esto, no creo en eso de “allá donde estés” ni otros tópicos por el estilo. Creo que el cielo consiste en el recuerdo de los seres queridos , Pepe los tenía, muchos y de muy alto nivel. Era un amigo leal que siempre estaba dispuesto a hacer un favor del tipo que sea, hasta una gestión con Enrique Cerezo para unas entradas de la final de Champions. Para mí fue  maestro y  amigo. En el periodismo tengo varios maestros, pocos a los que pueda considerar a la vez amigos. Pepe era uno de ellos. Y como no sería yo si no contase lo que vi el miércoles en San Fernando, aparte de la gran cantidad de paisanos que fueron a su funeral, hay que recordar la cantidad de amigos y compañeros llegados de Madrid para expresar su dolor, gente de ideas tan diversas como Antonio Casado, Pablo Sebastián, Miguel Ángel Aguilar, Paco Giménez Alemán o Chencho Arias, amigos de sus etapas en el diario Madrid, en Cambio 16, en Tiempo y en Antena 3. Es preciso recordar las sonoras ausencias : nadie del Gobierno de España, ni de la Junta de Andalucía, ni de la Diputación Provincial, ni del Ayuntamiento de Cádiz ni de las organizaciones de periodistas.

Fernando Santiago

Puerta del Mar inventó la zona base

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Sin servicios públicos y sin aparcamientos en Virgen de las Angustias

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Campo del Sur

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Zona peatonal

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Calle Viva vanguardia del proletariado

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

Lapsus

Fernando Santiago Muñoz | 11 de octubre de 2019

La muerte de Lou Grant. Por Juanjo Téllez en El Diario.es

Fernando Santiago Muñoz | 10 de octubre de 2019

Muere el periodista Pepe Oneto, cronista referente de la Transición

Muere el periodista Pepe Oneto, cronista referente de la Transición EFE

 

Cuando le conté a la simpar Maruja Torres que me  hice periodista por la serie Lou Grant, me miró de arriba abajo con perplejidad y preguntó ojiplática: pero, niño, ¿tú que edad tienes? Ella era más de Humprey Bogart en Mientras la ciudad duerme, pero ambos estereotipos televisivos y cinematográficos nos reconciliaban con lo que creíamos que debía ser este oficio, canalla y sin bridas: en el serial protagonizado por Edward Asner aparecía una señora Pynchon, propietaria de “Los Angeles Tribune”, que emulaba a la señora Graham que convirtió al periódico local The Washington Post en un influyente rotativo estatal. Y esta última no lo logró tanto por salir a bolsa e incrementar su cuenta de resultados sino porque nunca dejó el bosque comercial tapara los árboles de la prensa. Así nos lo relata Steven Spielberg, con Meryl Streep y Tom Hanks en un largo sobre lo ocurrido poco antes de que Robert Redford y Dustin Hoffman tumbaran a Richard Nixon por el escándalo Watergate, desde esas mismas planchas. Antes, en una especie de wikileaks analógico, se difundieron los papeles del Pentágono, el célebre informe MacNamara que muchos terminamos comprando de saldo en Galerías Preciados y que contenía el mayor alegato contra la política estadounidense en Indochina desde los tiempos de Eisenhower.

Aquí, al otro lado del mundo, bajo la libertad de prensa de Manuel Fraga, que era un hermoso nombre de llamar a la censura, también teníamos nuestros propios héroes de las linotipias, desde Manu Leguineche, que nos contó Vietnam en su hermoso román paladino, a Manuel Vázquez Montalbán que al fin de su carrera terminó entrevistando a un fantasma sin rostro, el señor de los espejos llamado Subcomandante Marcos.

Quienes alimentamos la vocación del periodismo durante el tardofranquismo, nos nutrimos de algunos de esos héroes particulares de los medios patrios, los que nos enseñaron a leer entre líneas y a informar entre resquicios, cuando los periódicos eran dinamitados o los compañeros dormían en Carabanchel. En aquel pulso formidable, buscábamos nuestros propios símbolos antes de que apareciera en los quioscos el canon de “El País”; desde el controvertido diario “Pueblo”, que fabricaba reporteros a corto plazo y académicos a la larga, al “Informaciones”, “La Vanguardia” –que venía a ser nuestra particular BBC en papel- o aquellos imbatibles semanarios como “Triunfo”, “Cuadernos para el diálogo” o “Cambio16”, cuyo legendario director José Oneto acaba de fallecer por una incomprensible septicemia.

Comprendan que es como si se me hubiera muerto Lou Grant, como cuando la palmó el padre de Carvalho en el aeropuerto de Bangkog o Manu como un eremita en Guadalajara. Falto de creencias, lo único que se me ocurrió entonar como réquiem fue ver el primer capítulo de Lou Grant que está colgado en el Canal Nostalgia: los reporteros se enfrentan a un tipo que les utiliza como rehenes a cambio de que den su versión de una noticia. Se comprometen a ello, pero es una trampa, porque lo que no pueden permitir es que la libertad de prensa sea secuestrada a punta de pistola. La señora Pynchon –incomensurable Nancy Marchand—les ordena que apenas vaya una llamada en portada de dicha noticia porque a los lectores del periódico no les interesa o que ocurra dentro del mismo, sino cualquier otra cosa que pueda afectarles a sus vidas.

Entonces comprendí por qué me gustaba Lou Grant, y Haro Tecglen y José Oneto, porque solían pensar en sus lectores antes que en sus propias incumbencias. Oneto publicó un reportaje en que Maruja Torres llegó a camuflarse como gitana de chabolas, a imagen y semejanza de Gunter Walraff, pero antes de que este escribiese “Cabeza de turco”.  También le insistió a Enrique Montiel para que escribiera el primer gran libro biográfico sobre Camarón de la Isla. Y transitó hacia “Tiempo” y los platós televisivos con las impecables camisas cuya leyenda cuenta que fue el pago de un empresario textil que no podía sastisfacerle una deuda en efectivo. La gente se quedaba con su flequillo. Yo, que crecí con sus llamativos titulares, prefería quedarme con su olfato, el de aquella generación que encaró la transición democrática desde la convicción de que la libertad podía terminarse al día siguiente y para publicar una noticia contundente no habría un mañana.

Tendría sus cosas, seguro, y a él le sabría mal el género del panegírico. Pero el periodista isleño sabía reírse sin violencia y es el tipo más liberal que he conocido en este país, a años luz de su amigo Antonio Garrigues Walker y, por supuesto, de Pablo Casado. Oneto le siguió la pista al 23-F, barruntando que España estaba desde entonces bajo libertad vigilada. Quizá lo esté todavía. Y quizá todo haya ido languideciendo porque el periodismo que ellos representaban ya no interesa demasiado, empezando por no pocos editores de lo mismo. En los últimos cuarenta años, entre tribuletes sobrecogedores y sindicatos del crimen, varias generaciones de plumillas y foteros, redactores de radio, de televisión o de lo que les echen, han ido destapando pufos y guerras sucias, cloacas y complots, trincalinas o fake news, driblando mordazas y eludiendo pesebres en la medida de sus posibilidades. Pero no han generado la misma mitología de entonces. Ahora parece más válido que nunca aquel viejo chiste profesional: “Si, soy periodista pero mi madre cree que trabajo en una güisquería”.

Entre todos lo matamos y Lou Grant se fue muriendo solo. Ojalá sepamos resucitarlo y que no la espiche de nuevo en el olvido, porque sus discípulos tal vez no le hicimos honor a su escuela y hemos terminado ejerciendo a menudo como simples cascarrabias de columna y tertulia, apóstoles del pensamiento unívoco, todo lo contrario a lo que fueron los padres fundadores de nuestra libertad de prensa. El Sigmund Freud de la costumbre, la crisis, ya saben, nos obligó a matarlos. Y a matar lo que fuimos.

Pero no nos pongamos estupendos. Lou Grant nos dio una última lección de este oficio cuando los productores decidieron cancelar la serie después de la tocata y fuga de algunos anunciantes porque su protagonista, el sindicalista de izquierdas Asner, hizo campaña en contra de la estrategia de la Casa Blanca en la cruenta guerra de El Salvador. ¿Cuántos periodistas de este país han visto como sus convicciones progresistas les costaban descalabrar su carrera cuando el compromiso conservador de otros les ayudaba por el contrario a subir el escalafón?

No se si Pepe Oneto tenía más de conservador que de progresista, ni me importa demasiado; pero a periodista no le ganaba nadie. Y, en algún limbo de los gacetilleros, se estará tomando ahora un lingotazo de whisky con Lou Grant, con Humprey Bogart o con cualquiera de aquellos que repiten para sus adentros el mantra de que es preferible un país sin gobierno pero con periódicos que uno con gobierno pero sin periódicos. Oneto conoció de cerca todos los poderes, incluyendo al cuarto, pero sabía perfectamente que en la España de Larra, de Bonafux y de Chaves Nogales, el periodismo nunca iba a serlo.