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El partido de mi vida por Juan Manzorro

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

EL TREN DEL GOL

        Por Juan Manzorro.

 

          Fue una tarde de primavera de 1973. Acababa de llegar a Cádiz desde Vejer y debuté en Carranza. En las gradas, quiero decir. Me recuerdo sentado en el viejo fondo norte de aquel estadio pequeño pero coqueto del que decían los aficionados rivales con un punto de maldad y una mijita de guasa que parecía un futbolín. En el césped estaban Bonilla, Cenitagoya, Julio Puig, Eloy, Machicha y otros obreros del futbol a los que yo miraba con ojos de niño y contemplaba como estrellas del balón hasta elevarlos a la categoría de dioses que estarán para siempre en el Olimpo del cadismo.

 

          Fue aquel día de mi ilusionado estreno en Carranza cuando escuché por primera vez el tren del gol. En un momento del partido, con el balón en el centro del campo, en la grada se inició una algarabía festiva que coincidió con el paso de un tren. En principio no entendí nada pero unos minutos después lo comprendí todo cuando el primer gol del Cádiz subió al viejo marcador de la añorada torre de preferencia. Alguien debió explicarme que cuando pasaba el tren siempre marcaba el Cádiz. ¿Seguro? ¡Seguro! Con el tiempo supe que no siempre era así, claro, pero aprendí que el tren del gol es una de las más fantásticas leyendas que se guardan en la memoria de aquel antiguo estadio  en el que en mi infancia disfruté tanto con los regates de Villalba, los lanzamientos de falta de Carvallo, los remates de cabeza de Baena y las paradas inverosímiles de los porteros Santamaría y Bocoya. Mis ojos de niño contemplaron en Junio de 1977 el partido frente al Tarrasa en el que el Cádiz alcanzó su primer ascenso a Primera División con Manuel de Diego en la Presidencia del club, Enrique Mateos en el banquillo, Ibáñez de gran capitán y Quino como ilustre veterano de tantas batallas balompédicas que me contaban en la radio mis venerados maestros del micrófono Juan Manuel Pedreño y Rodrigo Mateos. Cuando Agosto se agotaba en el calendario también ellos decían  en la radio que Cádiz coronaba el verano celebrando el Trofeo Carranza y narraban con singular maestría las filigranas de Pele, los cambios de ritmo de Cruyff, la elegancia de Beckenbauer conduciendo el balón, los remates de cabeza a la escuadra de Santillana, las paradas imposibles de Iríbar o la samba carioca del mítico Palmeiras de Pereira y Leivinha, el rey de las bicicletas. En los albores de la década de los ochenta el Cádiz ganó su primer Trofeo con un remate a gol del flamenco Dieguito “el de la margara” que le bailó por alegrías al entonces portero sevillista y luego madridista Paco Buyo que todavía está buscando el balón.

 

     Aquel Cádiz de mi primera juventud, en el que destacaban valores de la cantera como Juan José, Manolo López o Pepe Mejías junto a gaditanos de Argentina como Hugo Vaca, logró un ascenso memorable en Elche con Manuel de Irigoyen en el palco y Milosevic en el banquillo. Tras el Mundial de España-82 llegó a Carranza desde El Salvador Jorge Alberto González Barillas, catedrático en genialidades con un Máster en anarquía y sobresaliente cum laude en indisciplina. Por edad, por que no tengo ni idea de futbol o por las dos cosas, confieso que soy mas del chileno Carvallo – al que le pedí un autógrafo en mi infancia- que de Mágico -al que entrevisté en mis comienzos profesionales- aunque reconozco que con el salvadoreño comenzó la gloria de una prolongada época dorada en Primera División. Mágico se marchó. O quizá no. En realidad sigue en la memoria colectiva de esta ciudad de sus amores porque la distancia y el tiempo lo han convertido en un mito aunque yo soy de los que piensan que si viviera en Cádiz estaría sin trabajo o de encargado en una peña.

 

     Del Cádiz se fueron al Barcelona Migueli y Juanito Mariana; al Real Madrid Manolín Bueno, Andrés y Juan José; al Valencia Botubot y al Atleti Quevedo y Quico, el jerezano que nos sigue haciendo sonreir cuando se pone fino en la radio o cuando recordamos aquel episodio en el que le dijo a un arbitro turco “te has comio un penalty, maricona”. Un entrenador de éxito como Victor Esparrago un día abandonó el banquillo como en su momento también llegaron y se fueron Domingo Balmanya, Manolo Cardo, Joanet o Paquito. Todos tuvieron luces y sombras, cosecharon triunfos y fracasos. La vida misma. El Trofeo Carranza -ese del que dice su añejo himno “por el mundo siempre avanza con gaditano sabor”- quedó anclado en la historia, su mejor época se fue para no volver. El año pasado fue femenino. Bien… eeeee,si bien, me parece bien. En el vaporcito de El Puerto ya no hay croqueteo de las autoridades. ¿Que digo croqueteo? Lo que tampoco hay ya es vaporcito. La Banda de Infantería de Marina no toca en el descanso de la Final y tampoco desfilan las majorettes en el centro del campo. Esto si que es un verdadero drama.

 

 

      El vetusto estadio fue modernizado. Cayó la torre de Preferencia a la que nunca más podrá cantar un cuplé el eterno Juan Carlos Aragon. Soterraron la vía y el tren ya no presagia los goles, derribaron la pasarela situada junto al Fondo Norte en la que los chavales tiesos veiamos el futbol solo cuando el balón rodaba por una parte del campo y dinamitaron la Fabrica de cervezas próxima al Fondo Sur hasta donde alguna vez debió llegar Mané galopando por su banda con el balón cosido al pie.       El viejo estadio ya solo existe en la nostalgia de la ciudad que le vió nacer en los años cincuenta por obra y gracia del Alcalde José León de Carranza. Aquel vetusto campo de futbol pequeño y coqueto se ha convertido en un estadio moderno de lujosa Tribuna, palcos privados y visera “ostentorea”, como hubiera dicho Jesús Gil y Gil y tal y tal. Macarty ya no “anima” al arbitro en la grada. Se marchó un mal día junto a Alfonso Vargas, el masajista Rovira, el míster Ramón Blanco o el recordado Presidente del Balón de Cádiz, Pedro Fernández, que una tarde saltó a la banda desde banco de pista de preferencia para darle con el paraguas en la cabeza a un linier. El Cádiz malvivió muchas temporadas en Segunda B y ahora sueña con volver a la Liga de las estrellas, pero los aficionados de ayer, de hoy y de siempre no hemos olvidado el sonido inconfundible del tren del gol. Lo recreamos en la memoria cada tarde de Domingo con la ilusión de que marque el Cádiz. Aunque pase el tren en el descanso.

 

Juan Manzorro Burguillos.

 

Abril 2020

Recomendaciones para cuando acabe el apocalipsis. Tokyo. FSM

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

El principal problema para ir a Tokyo es lo lejos que está. Cada vez me da más pereza esos destinos lejanos con diferentes horarios. Tardo una semana o diez días en habituarme a los horarios nuevos y cuando ya lo he hecho, hay que volver ,y otro tanto al llegar.  Dicho lo anterior, Tokyo es una ciudad espectacular y Japón un país muy interesante. Aconsejable para el que no haya ido. Por supesto todo es diferente. No verá usted papeleras por las calles porque nolas necesitan: cuando tienen una lata vacía o un envoltorio  que tirar, se lo guardan y lo echan a la basura en su casa. Si a alguien le da por ponerse a fumar en la calle, le caerá una multa. Todos respetan las colas, no hay ningún ejemplo del listo de turno que se quiere colar o de los empujones tradicionales en España. No gritan, puede uno estar en un restaurante hablando tranquilamente con sus acompañantes sin necesidad de alzar la voz para hacerse oír porque los demás comensales hablan bajo. Aparte de esa disciplina social, ellos inventaron lo que ahora se llama “distanciamiento social”: allí no se dan besos ni abrazos, ni siquiera se dan la mano. Depende del grado de inclinación del cuerpo puede significar un mero saludo o una petición de disculpas. Otra característica de Japón es que no hay inmigrantes. Allí simplemente no admiten a nadie de fuera, lo que supone un estancamiento de la economía por la baja tasa de natalidad. Gente cumplidora y trabajadora, un país admirable con un respeto reverencial a la tradición y a las personas mayores. Se come bien para el que le guste la comida japonesa. No se vayan ustedes a creer que están todo el día con el sushi, ellos son mucho más del rame, las sopas esas llenas de tropezones. Con un tazón tienen suficiente para el almuerzo. A mí el pescado crudo no me gusta, lo siento. Ni aquí ni allí. No se pierdan ustedes el mercado de pescado de Tsukiji , impresionante, el más grande del mundo. El barrio de Shibuya es el más famoso y animado, imprescindible recorrer de día y de noche, tanto para el famoso cruce como para comer como para ver el ambiente. El parque Yoyogui, el pulmón de la ciudad, donde me perdí haciendo running, cosa que no me había pasado nunca. El barrio de Shinjuku con sus rascacielos, el de Ginza con sus tiendas de moda, el de Akihabara y su electrónica, el palacio imperial, los grandes miradores de los altos edificios,  alguno de los grandes templos que hay en la ciudad. En general los hoteles son limpios a precio razonable, la comida es buena y barata con el pero de que es  muy diferente a la occidental. Recomendable si se tiene tiempo ir a Kyoto, la antigua capital, donde es fácil ver a geishas paseando. Provéanse ustedes de un bono de ferrocarril y cojan un tren bala, en un plis plas estarán en Kyoto que tampoco les defraudará. Ahora hay vuelos baratos con Turkish , Emirates o Qatar Airlines.

Crónicas asociales. Desesperanza.FSM

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Todavía me tengo que enterar de las fases sanchistas, que es un lío gordo. Me he quedado con la copla de que el sábado ya podremos salir a correr, por ahora, que Simón dice que a ver qué pasa, que luego nos amontonamos, no empujen, cojones. ¿El 11 abren las terrazas de los bares? Lo digo para ir reservando,  que se presupone una avalancha. En el Bebo, en el Terraza y en el Labra, para que vea Di María que soy un tipo aplicado. Pregunta del millón ¿cuándo se va a poder jugar al fútbol? Segunda pregunta: ¿cuándo van a poder vernir los madrileños? Igual algún amable lector más aplicado y con mejor comprensión es capaz de dilucidar estos enigmas . Por cierto, ayer Pedro Sánchez habló de la provincia de Cádiz.

Entre tanto diré que yo desconfío mucho de que tras la epidemia (sigo resistiéndome a usar pandemia) salgamos mejores personas. La mayoría de los que aplauden mirarán para otro lado cuando haya recortes en la Sanidad, por decir algo. El ejemplo del domingo con los padres abusando me parece un ejemplo claro. Los que sean solidarios y cumplidores lo seguirán siendo y los que no lo sean, no van a cambiar. Al principio creí que esta crisis nos iba a hacer que prestáramos más atención a los datos y menos a los prejuicios  pero ya me he dado cuenta de que no. Cuando un dato no confirma la idea previa de cada cual, se busca otro o se dice  el famoso “no me lo creo” con lo que todo queda zanjado. Sí espero que haya un mayor respeto para algunas profesiones como los sanitarios y los científicos, igual a nuestros gobernantes les parece oportuno dedicar más dinero a la investigación y a la Sanidad. No me olvido de policías, guardias civiles, transportistas, militares , cajeros y reponedores, claro. También espero que la Unión Europea se destape como un lugar donde existe la solidaridad con los países y sectores afectados. Espero que los políticos piensen que es importante ser útiles a los ciudadanos y no a sí mismos. Pero la verdad es que no espero nada. Seguiremos con la mezquindad política de costumbre y con el egoísmo ciudadano habitual. Los que piden ayuda al Estado seguirán  sin pagar impuestos y  todo volverá a la normalidad.

Recomendación del día: iba a citar a otros autores cubanos pero para mí, perdonen si resulto pedante, el primero es Alejo Carpentier. Quizás porque estuve en su casa, quizás porque “La ciudad de las columnas” me supuso el descubrimiento de La Habana como una ciudad soñada,pero Carpentier vino antes que tantos otros escritores cubanos y americanos, con él y otros de su generación llegó lo real maravilloso antes que el realismo mágico.Sus libros de música, “Los pasos perdidos”, “Ecue yamba ó”, pero la obra cumbre es “El siglo de las luces”, la llegada a América de la Ilustración. Una primera edición me regalaron en Cuba en 1984. Empiecen ustedes por ahí, y antes de  García Márquez, por “Pedro Páramo” como bien le dijo Álbaro Mutis a su amigo colombiano. Antes Komala que Macondo.

Buenrollismo de Podemos

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Qué sería de nosotros sin el PSOE

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Soy el único de Cádiz que no tiene foto con Robinson

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Cosecha de hoy

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

El partido de mi vida por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

CON MI PAPÁ DE LA MANO

Como a tanta gente, para mí el fútbol está ligado a mi padre. El primer partido que recuerdo haber visto en directo fue en sus rodillas, 1964 en La Rosaleda. Mi padre era amigo de muchos jugadores del Málaga (Garay,Chuzo, Otiñano, Ben Barek, Velázquez). No sé quién jugaba aquel día, sé que entré acompañado por el portero del equipo, Américo. No se me olvidarán sus manos grandes y duras como palas, o igual es que yo era muy pequeño. Cuando nos fuimos a vivir a Madrid mi padre se alquiló un piso justo frente al Manzanares, desde el que se podía ver una de las porterías. Se hizo socio con mi madre y cuando ella murió heredé el carnet. Tardes de domingo en la grada del Calderón, lloviera o nevara, con frío o con calor, con unas almohadillas rojas que servían para lanzarlas al campo cuando algún árbitro se pasaba , cosa habitual. Aprendí rápido que si quería obtener un permiso o algo de dinero de mi padre debía esperar a que ganase el Atleti para pedírselo. He visto con él ganar ligas al Atleti en La Romareda y la Nova Creu Alta, he ido al Helmántico, El Plantío, el Benito Villamarín, el Sánchez Pizjuán, El Arcángel, el Carranza y Chapín. Todavía me escuece el recuerdo de la final de la Recopa contra el Dinamo de Kiev (perdimos 3-0 contra aquel apabullante equipo de Oleg Blokhin)al que no pude ir porque no tenía dinero. Con el paso del tiempo, cuando se hizo mayor, no pudo acompañarnos a ver al Atleti a Lisboa (mejor para él), Stamford Bridge, Bucarest , Hamburgo, Anfield o Montecarlo. No se llevó el disgusto de la final de Milán ni pudo alegrarse de la venganza poética por ganar en Lyon la Europa League. Lo primero que yo hacía nada más terminar cada partido mientras estuvo vivo era llamarle para comentar . En mayo de 2013 fuimos juntos al Bernabeu (la última vez que he pisado ese infausto lugar) para ver cómo se rompía una racha de 12 años sin ganarle a los vikingos, nos llevamos la Copa del Rey con goles de Diego Costa y Miranda. Había huelga de metro , no hubo manera de coger un taxi, así que le acompañé a su casa a pie, aunque estaba ya en un precario estado de salud no protestó en ningún momento. En la primavera de 2014 al Atleti le tocó en cuartos de final de la Champions el Barcelona. Nosotros fuimos al Nou Camp, donde nos trataron como ganado, él se libró, no sé si hubiera sabido callarse ante el atropello de los Mossos. En el partido de vuelta le invité a venir con nosotros, como hacía los últimos años. Me daba un placer extraordinario invitar a mi padre al fútbol, después de tantos años en los que él me llevaba a mí. El hombre era ya muy mayor por lo que tuve que ir a recogerlo a su casa para llevarlo al estadio, desde la Puerta de Toledo a Pirámides, al llegar al Paseo de los Melancólicos (“Manzanares , cuánto te quiero”) había una multitud de aficionados con bengalas y cánticos como nunca había visto . La electricidad en el ambiente presagiaba una noche épica. Le costó la misma vida subir hasta la localidad. A la salida del Calderón me preguntó “¿ha jugado Rifé? “Comprendí que era el último partido al que iría con mi padre, 50 años después del primero. Poco a poco le acompañé a su casa, desde el taxi le vi entrar en el portal y pensé que cerraba un ciclo de mi vida. Ni que decir tiene que eliminamos a aquel Barça arrogante del Tiki taka . Si la patria de un hombre es la infancia, la mía va unida al Atleti y a mi padre, igual algún día mi hija, a la que he procurado transmitir la misma pasión, escribe algo sobre mí con el club de nuestras vidas. Fue mi padre un hombre tan estricto en casa como emotivo cuando llegaban los domingos con el Atleti, “las rayas rojiblancas son nuestra forma de ser” . En estos meses grises no tenemos fútbol los fines de semana, lo que no impide recordar aquellas tardes de domingo , Carrusel Deportivo (gol en Las Gaunas , minuto de juego y resultado), marcador simultáneo Dardo, humo de puros, pipas, bocadillos de tortilla en el descanso, Estudio Estadio, Ufarte, Luis Gárate, Irureta y Alberto, la puerta 2 del Estadio, la pradera de San Isidro, mi abuela diciendo “abrigaos bien que allí hace humedad”, eres de España el coloso, donde acuden a millares los que gustan del fútbol de emoción, mi primo, los vecinos de localidad. Las tardes en la grada del viejo Calderón , aquel lejano día en La Rosaleda cuando mi padre me llevó a conocer a los que gustan del fútbol de emoción.

Fernando Santiago

El Casino siempre hace caja

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Calle de Cádiz

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Albita se aburre

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Declaración del estado de guerra

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020

Ya huele a feria

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2020