Bidones por bicicletas

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

La leyenda del tiempo por Javi Osuna

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

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Aquí el enlace. Las fotos son de Mario Pacheco. En Los Fardos de Pericón.

Una cabezadita

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

Para vinagres

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

Hace 36 años

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

Cortadura

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

Peor es de robar

Fernando Santiago Muñoz | 22 de junio de 2019

Sobre David Navarro

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Excepcional Pedro Ingelmo

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Gracias, Miguel

MIGUEL, estudiante de un instituto público en una localidad que está hasta las narices de ser asociada a la precariedad, al contrabando, a esa Andalucía profunda que en el tópico vive de la nada, ha hecho algo más que hacer lo prácticamente imposible, algo más que ser perfecto en sus calificaciones. Miguel ha puesto la bandera de la enseñanza pública en la luna. Con sus exámenes perfectos, con una trayectoria académica de quitarse el sombrero ha callado a todos esos bocazas que claman acerca de lugares comunes sobre que los chavales de ahora son unos zoquetes, sobre que los chavales de ahora no se esfuerzan, sobre que los chavales de ahora no memorizan, sobre que a los chavales de ahora se les regala todo… Repetir hasta el infinito esta retahíla no la hace cierta, ni tampoco seguir con la vieja letanía del desastre de la Logse. Allá ellos con sus reyes godos , si es que los recuerdan.

Miguel es un producto total y absoluto de la enseñanza pública. Y en esto que empieza a asemejarse a una competición sin mucho sentido solemos ver cómo el ganador del año es a menudo un aplicado estudiante de un colegio privado. Los colegios privados merecen todo el respeto, sin duda, pero juegan con una ventaja. Trabajan para tener a los mejores. La enseñanza pública acoge a los mejores y a los peores. Un colegio privado (en bachillerato los concertados también lo son) no existe en una localidad como Barbate. Miguel ha estudiado con compañeros que forman parte de familias con escasos recursos económicos, con compañeros en los que el fracaso escolar es un porcentaje que hay que asumir. Es posible que haya aprendido mucho de todos ellos porque en el IES Trafalgar se trabaja en muchos niveles, como en tantos institutos de la provincia. Los profesionales de ese instituto que no han pedido participar en esta competición anual se han llevado el primer premio porque han reivindicado en un momento especialmente delicado la excelencia, máxima excelencia, de la enseñanza pública. La nota máxima de Miguel ha sido emocionante. Muchísimas gracias, Miguel, no sabes lo que has hecho por esta provincia.

Cazalilla se fue a Sevilla

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Likes. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

A todo el mundo le ha dado por hablar mal de las redes sociales, que si las fake news, que si el anonimato, que si los haters, que los niños a los 8 años ya ven porno, que la mayoría pasan horas y horas ante la pantalla sin leer, que han hundido la venta de periódicos, han destruido matrimonios, están creando una sociedad de tontos. Los pibes en Instagram, los viejos en Facebook, los que quieren contar algo rápido en Tuiter, los que no quieren dejar huellas en Telegram. Los grupos de wahtsapp que sirven igual para dar la brasa a los compañeros de trabajo que para poner a caer de un burro a los profesores del colegio de los niños. Un mundo nuevo que nos ha pillado por sorpresa a los que estamos en la edad provecta. Yo soy muy partidario. Como aquel episodio de Black Mirror donde todo el que bajaba de puntuación en la valoración de quienes le rodeaban iban perdiendo privilegios hasta terminar de indigente . Ahora todo se mide por los Likes, los me gusta, las pulsaciones de apoyo que da la gente en la seguridad de la casa sin el menor compromiso. De esta forma se ha fraguado una ola de entusiasmo colectivo con la idea del Trofeo Carranza Femenino, miles de apoyos en blogs, en las redes sociales, en los chats de cualquier digital deportivo o cadista, en los grupos feministas. Ha sido tal la sorpresa que se ha producido un abundamiento en el buenismo imperante.

Era una obviedad que el Carranza estaba por los suelos. Era inviable encontrar equipos de alto nivel dispuestos a venir al Trofeo porque en verano se hacen todo tipo de giras que dejan importantes sumas de dinero en los clubes. Ahora sería imposible ver al Palmeiras, al River, al Ajax, al Madrid y al Barça. Un año puede venir el Atleti, el Sevilla o el Betis, porque el presidente Vizcaíno tiene esas relaciones. Pero al final nos habíamos acostumbrado a ver al Cádiz con equipos de su nivel con lo que las gradas del estadio estaban medio vacías (y el palco lleno a rebosar). Vizcaíno se ha sacado una última carta de la manga : en la campaña de apoyo al fútbol femenino ha pensado que esa puede ser la salvación. Yo creo que aunque vinieran los mejores equipos de la Liga Iberdrola (Atleti, Barça, Real Sociedad)no llegaría a cubrirse ni la cuarta parte del aforo, aunque la foto de un equipo de mujeres con la gran copa de lo que un día se llamó “el trofeo de los trofeos” tendrá algún impacto. Los que estaban tan contentos, los que pulsaron el like, el me gusta, no irán . Quienes han escrito sentidos comentarios en las redes tendrán compromisos o se irán de camping.

Fernando Santiago

Un árbol en el carril bici

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Calle San Isidro

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Telegrafía

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

San Carlos

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

En La Viña. Foto de Hans.

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Alite e Ybarra. Por Diego Gadir

Fernando Santiago Muñoz | 21 de junio de 2019

Entre dos mares

Pintura sobre fotografía

 

 

Sala La Revuelta.

Siete Revueltas, 33 . Sevilla

Junio-Julio de 2019

 

 

Por Diego Gadir

 

 

 

El título de esta nueva exposición de Alite e Ybarra suena a magacín veraniego. No hace justicia poética a la profunda belleza de las obras de arte que atesora. Pero… ¿Quién soy yo para enmendar la plana a tíos hechos y derechos que se revelan capaces y capataces en su actividad creativa?

Simplemente, creo que el título debería ser capaz de anticipar y pregonar al menos una buena parte del espléndido aura de belleza y misterio que adoba esta exposición. Y, en el fondo, no deja de suponer un reclamo, toda vez que en una ciudad interior, como es Sevilla, y en época veraniega, “Entre dos mares” puede evocar la vivencia de una travesía refrescante, como así resulta.

 

De Juan ALITE, pintor de Almansa, no sé más que la apreciación de ser un pintor peculiar que ha expuesto en tres o cuatro ocasiones. También, que es amigo de mi amigo Humberto. Y en este caso, los amigos de mis amigos resultan ser unos perfectos desconocidos. Todo llegará. Por el momento, este particular me libera de todo límite referencial.

 

Respecto a Humberto YBARRA… quiero recalcar que es un amigo “cum laude”. Lo es desde mucho antes de la glaciación, la última, la de 2008 en adelante, cuando el arte y helarse eran lo mismo. Entonces, yo quemaba obras en la chimenea, para calentarme, como Picasso en los cuarentaitantos del siglo XX. No es cierto… en mi caso. Pero queda legendario. En realidad, yo entonces tenía los mejores amigos del mundo, muy pocos, que me daban el calor que no me procuraban los lienzos quemados en el hogar ni los “colchones” institucionales que a tantos aliviaron la debacle- . Rosa, mi hijo y mis padres estuvieron también ahí.

 

Un día por entonces, descubrí, para mi asombro y dicha, que Humberto Ybarra, además de capacidad empática y sensibilidad, tenía ojo de artista. Consabida era y es su certera vista de coleccionista: Mauri, Benítez Reyes, Pérez Aguilera, Cortijo, su tía Fernanda Osborne… El ojo clínico para el arte es un sello familiar. Su madre, Teresa Coello de Portugal, y la propia tía Fernanda siempre se quedaban lo mejor de lo mejor. Los hermanos y primos de Humberto heredaron el famoso “ojo”, amén del buen talante.

 

Como fotógrafo, Humberto es un alma deshuesada. Un alma tan etérea que, en ocasiones, nos hace pensar que esas fotos suyas nacen como las flores… Que ni tan siquiera acude en persona, esas mañanas brumosas, a las estribaciones de la Bahía de Cádiz a mirar a través del cristalino de su cámara. Se nos antoja que esas fotografías han surgido por un sortilegio quántico que obedece solo al control remoto de su deseo. A ver, quiero decir que Humberto “desaparece” detrás de sus fotos por pura humildad, por una decidida disipación en el estar, en el figurar, en el firmar. Que no busca un protagonismo creador… Que no lo necesita.

 

Cuando Humberto expone sus fotografías propias, la impresión recibida por el espectador está muy lejos de aquélla cuando cohabita creativamente con Juan Alite. Es otra cosa. Ni mejor ni peor. El resultado es diferente.

A solas, Ybarra es ascetismo estético. Silenciosa mirada, sobre todo. En la estela de un cineasta neorrealista cuando retrata el despoblado paisaje y busca el fomento de una compasión ante la implacable tiranía del tiempo. No en vano, una de las cosas que más le jode es eso de tener que morirse.

 

Su virtud frente al escenario a fotografiar es la paciencia: que se acomode la bruma; la nube justa; el ave rara, irrepetible… Así surgieron los cielos de Dreyer. Y una capacidad enorme para comprender los ritmos de la naturaleza. Esa ciencia que aventa los campos de Hopper o esmerila los vidrios de Zóbel. Y todo esto batido con una fe en la sagrada esencia del paisaje. La suya es la fotografía de un creyente que recibe una revelación silenciosa, la de la belleza de las cosas creadas. Dios suele revelarse susurrante más en el milagro del arte que en el mecano del pensamiento. Cuando Wittgenstein cita a Dios en Skjolden, el silencio es desesperante…

 

En el trabajo de Humberto siempre aparece un algo sublime por invocación suya. Una humedad de aluminio… Una alusión luminosa. Pero siempre hay una trascendencia en el paisaje. Mirar, mira su ojo… pero disparar, no dispara su ego. Como digo, parece que no dispara nadie. O, al menos, que dispara alguien que no se impone sino con su sensibilidad observadora -más que imaginativa-, en la órbita de un Néstor Almendros.

 

No hay mucho desbarre emocional en la fotografía de Humberto, si bien sabe degradar y acuciar allí donde su obra tiene la necesidad. Él es un hombre calculador y sensato. No le veo abriendo la espita de la expresividad forzada. No le intuyo en deriva libre al tremendismo. Se revela el amor como base de su mirada a los lugares y a los seres queridos que retrata. Pero se trata de una declaración discreta, el más sincero de los modos. Rebosa equilibrio y positividad… Salud espiritual.

 

No es hiperrealista la fotografía de Humberto. Hay mucha atmośfera presencial que la luz espolvorea, y hasta esfumato, ese desdibujamiento de las formas bajo el aliento de la naturaleza, que es un reflejo del de su mirada. Cuando ejerce de conversador, de mero amigo, su mirada vahea un sereno factor que le sirve bien cuando fotografía. Me recuerda a Diego Velázquez, tal como lo describen algunos historiadores, flemático hasta la exasperación y sabiendo ironizar con finura.

 

Junto a Juan Alite, la cosa cambia. El Néstor Almendros vira hacia un André Derain o un Vlaminck. El gesto caldea la serenidad de las bajamares fotográficas de Humberto, y hace balancear las barquitas impertérritas enmedio de las olas del color. El silencio se incendia de matices como si el papel fotográfico se viera invadido por un sarpullido ardiente. Con Alite, amanece la colorida expresión. Las manos del pintor logran teñir de emoción la mirada desapasionada del fotógrafo. Surge el gesto; incluso se aventura el signo; se conforma la cultura. Se avanza hasta más allá de la modernidad. Se invoca a Roland Barthes . A Mimmo Paladino. A Berger. A Barceló.

 

Humberto ha extendido sus paisajes con barcas sobre las mesas del espacio virginal. Los extiende y, luego, discretamente se retira a la estancia de la expectación. Alite recibe la generosa entrega de Ybarra, su invitación a zambullir su mente entre los pliegues de la espuma o en el cristal sereno de la bajamar. Alite lleva la mejor parte. Al menos, la más grata. Crear es destruir. Y el pintor es capaz de derrumbar la religiosa calma de las orillas. Sabe cómo “mancillar “ la blanca paz de los encuadres. La soledad, en sus manos, se hace sonora y colorada. El agua, en sus agujas, se borda como un mantón. Se policroma, por sus pinceles, la tarde de inquietudes. Sobrevienen viejos signos perdidos. Semiótica inescrutable para el placer de mirar. También hay vestigios de culturas por venir. Y todo para no aprender. Solo mirar. Yo, de mí mismo, soy barquero… gracias a Alite y a Humberto.

 

Soberbia exposición.

Está malito

Fernando Santiago Muñoz | 20 de junio de 2019

David Navarro

Fernando Santiago Muñoz | 20 de junio de 2019

Poesía municipal

Fernando Santiago Muñoz | 20 de junio de 2019

Como estableció Euclides, la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. El Equipo de Gobierno anuncia su organización en medio de un galimatías sin precedentes de coordinadores de áreas y nombres extravagantes. Resultado : descienden Martín Vila y Eva Tubío , sube Demetrio , baja en competencias David Navarro. Hay un delegado de Servicios Municipales ( Martín) y una delegada de Servicios Comunes (Tubío) cuya diferencia desconozco . Una delegada de “feminismos”, en plural y de una cosa rara que se llama LGTBIQ+, vaya usted a saber qué es eso.

La Ministra concejala de Fiestas, con su pareja concursando dentro de dos años. Se desconocen las funciones de una delegación denominada “bienestar animal”. Lo de David Navarro, para resumir, es policía y limpieza. Y el alcalde que se delega a sí mismo.