Con la venia

Periodismo

Fernando Santiago Muñoz | 29 de noviembre de 2020

Uvas

Fernando Santiago Muñoz | 29 de noviembre de 2020

Construcción del Colegio del Campo

Fernando Santiago Muñoz | 29 de noviembre de 2020

San José

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Térmica

Fernando Santiago Muñoz | 29 de noviembre de 2020

Vendaval

Fernando Santiago Muñoz | 29 de noviembre de 2020

Selección

Fernando Santiago Muñoz | 29 de noviembre de 2020

Estos han traído el temporal

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Hartos de Maradona

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Julio, colegazo. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Lo conocí en el año 81, ambos recién llegados a la Diputación, él para poner en marcha el servicio de urbanismo. Desde el primer momento suscitó mi curiosidad ese tipo tan divertido con aspecto extravagante rematado por unas gafas estilo John Lennon. De nuestras conversaciones saqué la impresión que tuve a lo largo de nuestra amistad: un hombre cosmopolita, cariñoso, militante comunista en su juventud(lo que imprime carácter, como el sacerdocio), con grandes relaciones en su profesión y   una agitada vida personal: tenía por costumbre llamar “princesa” a todas las mujeres para no cometer errores. Como decano del Colegio de Arquitectos contribuyó a dar lustre a su profesión . Juntos pusimos en marcha el concurso que terminó con el anticuado uso del escudo heráldico de la Diputación para cambiarlo por un moderno logotipo que todavía perdura. Me parece notable su edificio de viviendas sociales de Cortadura , que él llamaba “rascacielos tumbado”. Con el tiempo aprecié su exquisita prosa que denotaba su gran cultura, siempre le decía “Julio, escribes mucho mejor que hablas”, sobre todo cuando empezó a perder el oído por lo que subía el tono de la voz , lo que le dificultaba participar en las tertulias televisivas que compartimos muchos años. Sus artículos semanales en La Voz me parecieron siempre deliciosos, él decía que le daba más satisfacción que yo lo subiera a mi blog a que lo publicara el periódico, por los debates que se formaban en los que participaba con deportividad. Quedarán para la historia de la ciudad las jornadas sobre La Ciudad y el Mar y la Guía de Arquitectura que hizo con Juan Jiménez Mata, un libro canónico que vendió miles de ejemplares, corolario del cual fue “Un paseo por Cádiz” donde dio rienda suelta a su extraordinaria capacidad para escribir. Fue iniciativa suya que pusiéramos en marcha el libro “Las torres de la luz” sobre esa maravilla de la ingeniería que son las torres que posee Sevillana-Endesa en Puntales y el Bajo de la Cabezuela. También colaboró con un libro de relatos sobre fútbol que escribimos 20 amigos donde cada uno dimos salida a nuestra creatividad gracias a la Fundación Cajasol. Julio, que se hizo más radical con el paso de los años, decía sobre la experiencia comunista “lo intentamos en el siglo XX y salió mal, lo volveremos a intentar en el siglo XXI” La última vez que le vi, me dio el abrazo de siempre con la frase de costumbre “ Tenemos que quedar, colegazo”. Decía Julio que si el cielo existe es estar con los amigos, hoy el mundo está más lejos del paraíso. Cabría poner en su epitafio como a Teletusa, la bailarina a la que Alberti dedicó unos versos: que la tierra te sea leve como leve le fuiste tú a la tierra.

Fernando Santiago

Ayudar a los amigos

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Tubío

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Doñana

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Balneario

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Botadura del Numancia

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Parque

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Selección para hoy

Fernando Santiago Muñoz | 28 de noviembre de 2020

Baculazo

Fernando Santiago Muñoz | 27 de noviembre de 2020

Julio en la presentación de “Del Balon enamorado”

Fernando Santiago Muñoz | 27 de noviembre de 2020

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La foto es de Eulogio García

Julio Malo De Molina visto por Carmen Morillo en ondacadiz.es

Fernando Santiago Muñoz | 27 de noviembre de 2020

ARQUITECTO CULTO, INTELIGENTE Y APASIONADO

Un amigo me decía esta mañana que Julio Malo de Molina era uno de los últimos ilustrados de Cádiz. Sí, era muy culto, inteligente pero, por encima de todo, extremadamente apasionado. Su entusiasmo por la vida, los viajes, por amar y sentirse amado, su alegría desbocada prevalecían sobre el ejercicio de una profesión, la de arquitecto, que compaginaba con otras múltiples facetas de las que también era un maestro: la literatura, el diseño gráfico, la tertulia…En la Asociación de la Prensa de Cádiz acudíamos siempre a él para regalar a nuestros visitantes un paseo guiado por el centro histórico…Todos se iban prendados de la ciudad en la que Julio vivía por amor a sus edificios, a sus calles, a su historia y a su gente.

Le conocí de niña cuando, amiga de su hermano Enrique, esperaba ansiosa la espectacular llegada de su familia, afincada en Madrid, para veranear en el chalé con piscina que tenían en lo que hoy es Comisaría. Nos reencontramos cuando yo empezaba mi vida como periodista y él era ya un prestigioso arquitecto de izquierdas, comprometido y combativo, que luchaba junto a otros compañeros para salvar a Cádiz de la voracidad constructiva que pretendía edificar el istmo con San Fernando, seguir rellenando la Bahía o demoler joyas arquitectónicas. No siempre tuvo éxito. Intentó, por ejemplo, la catalogación y protección de la escasa arquitectura y ornamentación modernista que había sobrevivido en la ciudad.

Los edificios que diseñó estaban llenos de luz y de espacios para la convivencia aunque, algunos, como las viviendas sociales de Chiclana eran demasiado modernos para la época y la mentalidad de quienes debían habitarlos. Sus guías de Cádiz y Tetuán son libros imprescindibles.

Ser el primer decano del Colegio de Arquitectos no es un valor en sí mismo porque lo importante es que el organismo profesional brilló como nunca, implicándose en la vida de la ciudad y opinando, como voz autorizada, en aquellos asuntos urbanísticos que generaban disensos políticos y sociales.

Julio tenía un alma femenina, posiblemente heredada de su madre, que conectaba estrechamente con las mujeres. Tal vez, su lado coqueto, lenguaraz, divertido y polifacético, su ambición relegada, ayudó a que los sucesivos dirigentes políticos que ha tenido la ciudad no le tomasen en serio ni aceptasen los consejos que regalaba. Una pena porque, de haber sido de otra manera, hoy tendríamos una ciudad mejor, más moderna y próspera.

Julio, te has ido antes de tiempo pero tu recuerdo es para mí un regalo, siempre alegrará la vida de quienes tuvimos la suerte de conocerte y tratarte.

por
Carmen Morillo