Efebocracia. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

La juventud es una enfermedad que se cura con el paso del tiempo. Vivimos en tiempos tan efímeros que todo caduca en un abrir y cerrar de ojos. El PP ha decidido jubilar a Teófila Martínez como candidata a la alcaldía de Cádiz por su edad cuando se da el caso del alcalde y candidato a la alcaldía de Málaga tiene cinco años más que ella , por no hablar de Manuela Carmena o Donald Trump, también mayores que la exalcaldesa. La juventud se ha convertido en una virtud política cosa inexplicable porque lo que denota es inexperiencia. Los 70 años de Teófila han pesado como una losa para que desde Génova se le enseñase la puerta de salida, con el consuelo de que se volverá a presentar al Congreso . En el caso del PP podríamos llamarlo el “síndrome Ciudadanos” : el temor a que un partido de reciente creación liderado por jóvenes termine por ganarle el pulso electoral con la consiguiente pérdida de poder y miles de criaturas que deberían ir a buscarse la vida en cualquier trabajo normal y corriente. El auge de Ciudadanos ha convertido en viejos a todos los del PP, como una foto antigua en sepia. Todo se ve rancio, añejo, viejuno . Sus líderes estáticos y engolados que llevan décadas en la vida pública con sus actitudes, y sus comentarios, todo parece sacado del baúl de la abuela, como de “Ochéntame otra vez” o el NO-DO. Así que el PP procede a colocar en puestos visibles a gente de la generación nacida en los 70 no vaya a ser que se pongan a discutir si son galgos o son podencos y al final se queden a dos velas con los Kennedy por delante. Al menos en la provincia, salvo en San Fernando y Algeciras, van a proceder a una fuerte renovación. Estos días hemos visto a las comitivas del PP visitando cofradías y junto al candidato del partido toda una pléyade de jóvenes adictos a las cámaras y con ganas de comerse el mundo. No he visto a José Manuel Cossi en estas visitas de políticos fervorosos y defensores de las tradiciones pero sí a alguno de Nuevas Generaciones que ya huele a nafatalina antes de llegar a ningún cargo y a todos los acompañantes con expectativas de ser incluidos en una lista y ,si por mano del demonio o de Ciudadanos llegan a gobernar la ciudad, ya se ven ya con su carguete y las prebendas aparejadas: coche oficial, secretaria, móvil, sueldo y los asesores que revolotean en torno a los jefes. Adolfo Vigo(este no tan joven), José María Caro, José Carlos Teruel iban junto a los clásicos que no se resisten a tomar el camino de Teófila, quizás porque volver a una mesa en Unicaja es insoportable .

Fernando Santiago

La indiscreción de Onda Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

El pasado miércoles los responsables de la emisión de la Semana Santa en Onda Cádiz se dejaron los micrófonos abiertos sin darse cuenta y empezaron a hablar mal del pregonero, de su pregón, de su indumentaria y hasta de sus hijas pequeñas y de cómo iban vestidas.

Denuncia en la Inspección de Trabajo al 061. En La Razón

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

Hay un riesgo: que un grupo de alumnos caiga en un limbo clandestino. Para sortearlo, CGT Andalucía, ha presentado una denuncia ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Cádiz por «vulneración de derechos laborales y fraude en la contratación» vinculada a la empresa Konecta BTO SL, encargada de gestionar la atención telefónica del servicio de emergencias 061 en la provincia gaditana. Los hechos están relacionados con un curso que impartió dicha entidad entre mayo y junio de 2017 en instalaciones de la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias (EPES), dependiente de la Consejería de Salud de la Junta, ubicadas en Puerto Real. Según consta en el escrito de CGT, al que ha tenido acceso LA RAZÓN, en la actividad formativa participaron empleados que formaban parte de la bolsa de trabajo y otros «en expectativas» de hacerlo. Todos se habrían quedado al término del curso sin «los correspondientes diplomas de capacitación y asistencia». Ello además de no haber recibido retribución alguna ni haber sido «dados de alta en la Seguridad Social», pese a que, «de estos cursos», la empresa «recibe supuestamente las preceptivas subvenciones», de acuerdo a lo trasladado por la organización sindical a la Inspección. Es más, en su chorreante denuncia, CGT menciona que un grupo de alumnos afectados ha pedido por escrito tanto a la empresa como a EPES que se expidan los certificados que reclaman sin que les hayan dado «respuesta alguna» ni se haya solucionado la «situación», lamenta la central sindical. Para sus miembros esto demuestra «la complicidad de la empresa pública con los atropellos a los derechos de los trabajadores» y el «consentimiento explícito» de ésta a que en sus «dependencias» se permita «trabajar sin dar de alta en la Seguridad Social».

Este periódico ha consultado también esos dos escritos a los que aludía el sindicato. Están rubricados por trece personas que dejan clara su demanda y que asistir al curso de «Teleoperador en la atención y gestión de llamadas de emergencias sanitarias» les supuso un «esfuerzo económico», al tener que sufragar gastos de desplazamiento, así como el coste del «material de escritorio» y del «temario»; junto a «una gran inversión de tiempo».

Los trece ratifican que su pelea pasa por que les proporcionen un certificado que «soporte la formación» que han superado «con el objeto de entrar en la bolsa de trabajo del servicio de gestión de llamadas de emergencias» y confirman que, tras habérselo planteado a «la docente y responsable de formación» por teléfono y vía email, ésta les ha respondido que «su empresa no va a expedirlos». Desde ahí, CGT argumenta en su denuncia que «al vulnerarse la legalidad vigente en materia de contratación y ante el fraude a la Seguridad Social por falta de alta, estos contratos se deben calificar como indefinidos a jornada completa». Puestas sus cartas boca arriba, la organización sindical pide a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social que lleve a cabo las acciones que considere necesarias para constatar la veracidad de lo que le han comunicado con un fin: que la sociedad señalada cumpla «la legalidad vigente». Para ello, el secretario general de CGT Andalucía, Miguel Montenegro, solicita que el órgano inspector le dé «audiencia», si lo cree conveniente, para poder aclarar o ampliar los hechos que han originado su rotundo movimiento, además de solicitarle «expresamente» que se aplique la Ley sobre infracciones y sanciones en el orden social (Lisos), dadas las «muy graves actuaciones empresariales» que, a su juicio, se han producido.

Manejo de «datos personales y privados»

Otra de las aristas que plantea CGT Andalucía en su denuncia ante la Inspección de Trabajo es que a los alumnos del polémico curso se les permitió el acceso a «la sala de coordinación de emergencia, donde se trabaja con datos personales y privados», pese a que «no se les reconoce el vínculo laboral» con la empresa gestora del servicio telefónico. Desde el sindicato recuerdan que se trata de «información sensible» que deber ser tratada con todas las garantías.

Paradojas

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

Hipocresía

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

Ingenuidad

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

Moderno aguaor

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

¿Debut y despedida? Por Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 2 de abril de 2018

Decía san Ignacio de Loyola que, en tiempos de tribulación lo mejor es no hacer mudanzas. Y lo decía, el hombre, convencido de que las grandes decisiones nunca hay que tomarlas en caliente, primero porque es cuando más queman; y segundo porque con el calentón es muy fácil equivocarse, precipitarse y estrellarse. No hace falta que lo diga el santo, ¿verdad?, aunque nunca está de más recordarlo y recordárselo a quienes, en plena ebullición, empiezan a cambiar los muebles de sitio como si poniendo el sofá en la otra esquina, el salón fuese a ganar metros o altura. Trampantojo se llamaba eso antes, o lo que es lo mismo, «ilusión óptica con que se engaña a una persona haciéndole creer que ve algo distinto a lo que en realidad ve». Un engañabobos, para entendernos todos.

Algo así como la nueva carrera oficial de la Semana Santa. Y ya lo sé. En este momento, dirá usted que me aplique el cuento del jesuita y que no me tire al precipicio criticando el sabor del bizcocho cuando está todavía en el horno. Pero, aun a riesgo de quemarme para siempre en las llamas del infierno cofrade, le diré que al nuevo trazado procesional le veo poco recorrido. Si yo fuera una entendida en la materia, le aplicaría a esto un DAFO y me quedaría tan tranquila, porque las debilidades y las amenazas son tan evidentes que ni las fortalezas, ni las oportunidades equilibran lo vivido en estos últimos días.

La Semana Santa de Cádiz es lo que es, y no me siento obligada a dar más detalles. El perímetro de la ciudad es el que es y la Catedral está donde está. No sé si me explico, pero ni aplicando las técnicas de Marie Kondo vamos a rascar más metros ni vamos a abrir más balcones a la calle. Y Cádiz no está para experimentos –yo citando a Teófila Martínez, quién me lo iba a decir– mucho menos cuando estamos en tiempos no de tribulación, sino de análisis y revisión de lo que realmente aportan los desfiles procesionales a la ciudad. Porque no hace falta que le diga lo que el eufemismo está haciendo por la Semana Santa; puente vacacional, inauguración de la temporada de playas, beneficio para la hostelería, atracción turística… Lo que Antonio Burgos llama una «Semana Santa Sin» –yo citando a Antonio Burgos, quién me lo iba a decir– y que le diga la distancia, que cada vez es más larga, entre el mundo capillita y el resto de los mundos que están en este.

Lo del Caminito el pasado miércoles, no es más que una prueba del desapego social al mundo que representan las cofradías. No hay que tomarlo como un atentado a la fe ni como una falta de respeto a las imágenes, tampoco como una respuesta a lo ocurrido en Carnaval cuando algunas agrupaciones callejeras fueron víctimas de los cubos de agua que arrojó algún vecino. No tiene nada que ver. El asunto del «sabotaje cofrade» no es más que la respuesta gamberra a esto que le estoy contando, a la devaluación de la Semana Santa. Los vándalos reventando cerraduras, y los suevos y los alanos –ministros, candidatos, portavoces, alcalde, concejales– aprovechando para hacer campaña electoral entre los suyos, cualquier cosa menos lo que se supone que es esto. Un despropósito.

Tanto como las veces que algunas cofradías han recorrido la misma calle, por tener que completar una carrera oficial absurda, casi en redondo, con algunos momentos dignos de los hermanos Marx. Que se lo cuenten a las hermandades que vienen desde Extramuros o a las de la Merced, Santo Domingo o Santa María, que han hecho la plaza de San Juan de Dios como las mantas de Ramonet, no una ni dos, sino tres veces, con unos itinerarios imposibles que daban pie a la confusión «¿esta va de ida o de vuelta?» y al hartazgo del personal «¿otra vez Borriquita?», por no hablar de los problemas de overbooking o de overcrossing en algunos momentos como el Domingo de Ramos y el Miércoles Santo, o de la dispersión cofrade en mitad de la calle Novena, o del descontrol de las bandas de música y hasta del propio público que no sabía muy bien dónde asentar el campamento de sillas ultraligeras del Decathlon, ni por dónde podía llegar a su casa, si es que acaso había conseguido salir de ella.

Y sí, puede que el nuevo diseño de la carrera oficial haya dejado «imágenes para el recuerdo» y puede que Canalejas –el nuevo nombre es muy largo y usted me entiende igual» se esté postulando como la nueva Ancha, y puede, además, acabar para siempre con la estampa de los comepipas profesionales con carrito de niño chico dormido –la humedad es la humedad, y más enfrente del muelle–. Pero no creo que sea en esta ocasión.

El «carácter experimental» del que hablaba el Consejo de Hermandades cuando tomó la decisión del cambio en la carrera oficial es la prueba evidente de que el año que viene habrá nuevas mudanzas, o al menos, otros nuevos intentos de modificar y transformar el recorrido. Quizá la transformación debería ir también por otros derroteros, pero como dice el refrán «para quien no sabe a dónde quiere ir, todos los caminos sirven».

Qué se le va a hacer.

 

Aspavientos de rectitud. Por Javier Marías

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

UN GRAVÍSIMO ATAQUE de rectitud recorre el mundo, y España en particular. Esto sería bueno en principio, dados los delirantes niveles de corrupción de nuestros políticos y de la sociedad, que hace cuatro días los reelegía a sabiendas, una y otra vez. Pero cuando la rectitud no es resultado de un convencimiento estrictamente personal, sino algo sobrevenido, impostado y narcisista, y además se da en forma de arrebatos o ataques, constituye uno de los mayores peligros que acechan a la humanidad. He dicho “narcisista” y es así, o así lo veo yo. Otros prefieren utilizar el neologismo “postureo”, viene a ser lo mismo. El exceso de rectitud afecta a todas las capas sociales y a todas las ideologías, derecha, centro, izquierda, populismo o demagogia; a los tertulianos, a muchos columnistas y actores y actrices, escritores, cantantes e historiadores, y sobre todo a individuos desconocidos que creen haber dejado de serlo gracias a las redes y a sus plataformas.

En la discusión de hace unas semanas sobre la “prisión permanente revisable” o más bien “cadena perpetua hasta nueva orden”, los partidos enfrentados en el Congreso escenificaron sus histriónicos alardes de rectitud. Los que defendían su mantenimiento se mostraban como dechados de compasión hacia las víctimas y sus familiares, a los que no tenían reparo en utilizar con obscenidad. Los que abogaban por derogarla representaban, con más exageración que convicción, la rectitud de quien cree en la redención de los pecadores por encima de cualquier cosa, de quien sostiene que nadie hay intrínsecamente malvado y que a todos se nos puede rehabilitar. Ambas posturas merecen tomarse en consideración, no digo que no. Lo que casi las invalidaba en ese debate era la forma aspaventosa y espúrea de presentarlas, la carrera por ver quién se alzaba con el trofeo a la rectitud.

El exceso se da en cuanto alguien aspira a que los demás adopten su código particular y comulguen con él

No muy distinto es lo sucedido con la muerte del niño almeriense Gabriel Cruz. En las televisiones —repugnantes la mayoría— se libraba una competición para dilucidar qué presentador u opinador estaba más indignado, desolado y dolido. Y qué decir de las reacciones tuiteras de la gente: sus comentarios no iban a llegarle a la presunta asesina, así que el único verdadero sentido de los insultos, exabruptos y maldiciones era la recompensa y autocomplacencia de quienes los proferían. También similar ha sido la reacción de muchos ante la muerte de un mantero en Lavapiés, en Madrid. Incluso después de deshacerse el malentendido (no: malintencionada tergiversación) de que la policía le había provocado un infarto al perseguirlo, la “virtud” mimética se apoderó de políticos y tertulianos, que decidieron que lo que quedaba bien, lo más recto, era continuar atribuyendo su muerte a la xenofobia y al capitalismo, en abstracto. Sí, claro, cualquier persona pobre, excluida, desempleada, es, en sentido amplio, víctima del sistema. Pero no se organizan incendios y disturbios por cada una que fallece, y a fe mía que son millares.

¿Cuándo el noble afán de rectitud se convierte en exceso siniestro? En mi opinión es muy fácil detectar la frontera, y lo habitual de estos tiempos es que grandes porciones de la población la traspasen inmediatamente, casi por sistema. La rectitud —el concepto que cada cual tenga de ella— debería atañer tan sólo a nuestro comportamiento individual, es decir, a nuestro propósito de no hacer esto o lo otro, de regirnos por unos principios o normas más bien intransferibles y ceñirnos a ellos en la medida de lo posible. El exceso se da en cuanto alguien no aspira tan sólo a eso, sino a que los demás adopten su código particular y comulguen con él, por las buenas o por las malas. Entonces el recto se convierte en censor, en prohibicionista, en inquisidor y en dictador. Ese recto en exceso no se conforma con no fumar ni beber ni drogarse, no ir de putas ni a los toros, no ver porno y proteger a los animales, sino que pretende que nadie fume ni beba ni se drogue, etc, y que cada represión suya sea aplaudida y ensalzada. Lo mismo que quienes antaño pretendían que todo el mundo fuera a la iglesia y nadie pudiera fornicar ni ver porno, etc. Es probable que López, Marqués de Comillas, no mereciera la estatua que desde hace siglo y pico tenía en una plaza de Barcelona, pero la alcaldesa Colau fue incapaz de enviar a unos operarios para retirarla sobriamente, sin más: su exhibicionismo la llevó a organizar una kermés con juglares, bailarines, títeres y batucadas, lo cual delata que no le importaba tanto la injusticia a la que ponía fin cuanto cosechar una ovación, escenificar su rectitud chirriante, y con jactancia decirse: “Pero hay que ver qué bien quedo, mecachis en la mar”.

Hoy, no cabe duda, se encuentra un desmedido placer en escandalizarse y en indignarse, y cuando anda por medio el placer —en lo que sólo debería provocar consternación—, es preciso desconfiar. Lamento decirlo, pero, con las excepciones que quieran, veo una sociedad farisaica, encantada de sí misma y más preocupada por la figura que compone ante su propio espejo que por las infamias y calamidades del mundo ante las que se subleva supuestamente. Es como si, más que ocuparse y dolerse de ellas, en cada ocasión se preguntara: “¿Qué postura nos conviene ahora, para mejor presumir?”

Demagogia religiosa. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

Escena 1ª: Susana Díaz con su niño de dos años ante la imagen de la Esperanza de Triana con su marido (del que dijo en el Parlamento de Andalucía “¿qué quieren ustedes si me he casado con un tieso?”) y el hermano mayor de la cofradía delante de todas las cámaras de televisión. Igual en la recogida. Por supuesto el rostro del niño sin velar ya que es la misma madre quien convoca a los medios. Cabe suponer que en el futuro nadie reclamará la protección establecida por la Ley del Menor. La Presidenta-Madre hace unas declaraciones contando cómo su hijo sigue las tradiciones de su barrio y de su familia. Mater amantísima, ora pro nobis. Mater Dolorosa, ora pro nobis.

Escena 2ª Cuatro ministros del Gobierno de España presencian cómo una unidad del Ejército, la Legión, desfila con el Cristo de la Buena Muerte de Málaga al son de “Novios de la muerte”. Se ve que no había nada más importante en sus departamentos que asistir al acto católico-castrense. Lo bien que debe ir España cuando cuatro ministros no tienen otra cosa mejor que hacer. De manera paralela en todos los establecimientos militares la bandera de España ondea a media asta. Por todo el territorio cientos de militares desfilan en distintas procesiones volviendo a la tradicional colusión entre Iglesia y Estado que se ha dado desde siempre en España.

Escena 3ª El ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, dedica dos días enteros de su tiempo para visitar cofradías en Jerez, San Fernando y Cádiz con el acompañamiento de los candidatos y cargos públicos locales del PP ante la presencia de las cámaras.

Escena 4ª El alcalde de Cádiz procesiona “como gaditano y como hijo” en la penitencia del Nazareno según informa oficialmente el propio Ayuntamiento. Concejales del PSOE, PP y Ciudadanos lo hacen en la presidencia del cortejo. José María González, como el Caricato de Dos Hermanas ,“cofrade y ateo”. Un nivel ético e intelectual de gran altura, como pueden ustedes comprobar. París bien vale una misa así que toda mención a la laicidad queda aparcada por un puñado de votos.

Conclusión: volvemos a la España devota de Frascuelo y de María, a la del brazo incorrupto de Santa Teresa y Santiago Matamoros, esta vez ante las cámaras y para buscar el voto fácil y simplón en una actuación del más detestable populismo, lo haga el PSOE, el PP o Podemos. Todos a una para ganarse las simpatías de la población en eso que llaman religiosidad popular. Los pueblos más desarrollados de Europa carecen de ese concepto.

Fernando Santiago

¿Qué le ha hecho Pepe Blas a Pettenghi?

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

Del chaleco al chaqué

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

La plantilla del Cádiz se reúne ¡en Jerez!

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

Hubo un tiempo en que se obligaba a los jugadores a vivir en la ciudad. Ahora viven en Jerez, entrenan en Puerto Real y vienen una vez cada quince días a la ciudad que les da de comer. Hasta las fiestas las hacen en Jerez ya que el equipo de este pueblo comprovinciano está en la regional andaluza.

No trabajes tanto por Cádiz, que no hace falta

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

Javier Cano, único diputado de Ciudadanos por Cádiz, en el Congreso, se ha estrenado esta legislatura en el hemiciclo. Antes era letrado en la Diputación y tenía la compatibilidad para ejercer en su despacho privado de San Fernando. “A mí ser diputado me ha supuesto un quebranto económico”, reconoce. Pero explica que le compensa la intensa experiencia que está viviendo.

Cano es conocido por ser uno de los parlamentarios que más preguntas presenta a la Cámara. “Las preguntas llegan hasta Bruselas. Es un buen método para recibir información, pero también para reclamar sobre asuntos que pueden estar parados o llamar la atención sobre cosas que no tienen sentido”. Pone como ejemplo las cuestiones que ha presentado para saber por qué en Cádiz el Ministerio del Interior se está gastando el dinero en rehabilitar el antiguo edificio de la comisaría, aunque, a la vez, se esté buscando un suelo para construir una nueva en otro lugar.

“Las preguntas las hago en mi casa los fines de semana. Salen del BOE, de los medios de comunicación, pasan algunos controles internos y luego las dirigimos a los ministerios pertinentes”, detalla. Para él, estar en el Congreso “es un enorme privilegio porque estoy representando el poder legislativo en un momento especialmente importante”.

Pero Cano resalta también lo que no se ve y no que no se conoce. Por ejemplo que, en contra de lo que muchos pueden pensar, él pierde dinero siendo diputado. “Me supone un quebranto económico. Yo era letrado en la Diputación, un grupo A, con sueldo alto. Además, tenía una compatibilidad con mi despacho, que me permitía atenderlo por la tarde. Y aquí estamos cobrando unos 2.000 y pico. Te dan una dieta de alojamiento, pero, si te vas a un hotel o te alquilas un piso, te dura nada y menos. Así que yo estoy en un hostal”, relata. A Cano también le duele la distancia. “Yo soy muy hogareño. Aquí, como mínimo, estamos de martes a jueves, pero muchas semanas estamos más días”.

El diputado de Ciudadanos es especialmente feliz abordando temas de Defensa. Es algo que le vincula a su tierra, San Fernando, y a su familia. Por eso una bandera de España, regalada por el comandante general de Infantería de Marina, preside una de las paredes de su despacho. A su nombre completo, le sigue el lema: “Amigo de la Infantería de Marina”

Para hacer caja

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

El jefe de presa rebajado de categoría

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

Vuelven a la playa

Fernando Santiago Muñoz | 1 de abril de 2018

Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda

Fernando Santiago Muñoz | 31 de marzo de 2018

EN RADIO CÁDIZ, LA CARIDAD PUBLICITADA

El alcalde de Cádiz, José María González, ha donado el 40% de su sueldo de enero y febrero –la cantidad que excede del salario limitado recogido en el código ético de Por Cádiz Sí Se Puede- al comedor social gaditano de la Fundación Virgen de Valvanuz.

González ha repartido 2.622,94 euros a esta fundación, tal y como ha detallado Por Cádiz Sí Se Puede. La donación se invertirá en el centro de la calle Santiago en Cádiz donde voluntarios y voluntarias gestionan un comedor social, ropería y ayudas de emergencia para familias y personas en situación de dificultad con residencia en Cádiz.

En anteriores donaciones entidades como Calor en la Noche, los extrabajadores de Delphi, el centro Dora Reyes, la asociación de Reyes Magos, Autismo Cádiz, Princesa Rett o Adacca fueron algunos de los depositarios de esta donación periódica.

González se comprometió al inicio del mandato cobrar lo mismo que cobraba como profesor de secundaria, es decir, 1.977 euros. El regidor, sin sueldo del Ayuntamiento de Cádiz, ha cobrado como diputado provincial 6.576,94 euros entre los meses de enero y febrero, de los cuales ha donado el 40%.

Deshilachada

Fernando Santiago Muñoz | 31 de marzo de 2018

Palco de honor

Fernando Santiago Muñoz | 31 de marzo de 2018