Con la venia

Talleres

Fernando Santiago Muñoz | 4 de agosto de 2020

Canalejas

Fernando Santiago Muñoz | 4 de agosto de 2020

Está pasando

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Ha muerto Gianni Campo

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Descanse en paz.

Accidente

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Cambios

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Modelo productivo. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Cuando alguien habla de cambiar el modelo productivo se muere un gatito. Escucho esa monserga desde hace 40 años, cuando empezó la crisis del sector naval en la Bahía de Cádiz : que si era un monocultivo industrial, que si no podíamos vivir del llamado “transformado metálico”, que si era preciso cambiar el modelo productivo. Entonces vivían de la construcción naval cerca de 20 mil personas en la comarca : los tres astilleros públicos, las contratas, la industria auxiliar (Talleres Cervera, Talleres Carpio, Talleres Faro), estaba también la Fábrica de San Carlos, Construcciones Aeronáuticas y Tabacalera. En el 82 se instaló en Puerto Real la General Motors de la mano del vicepresidente García Díez, diputado por Cádiz, que con el tiempo sería Delphi. La Ford en El Puerto, que luego sería Cádiz Electrónica. La reconversión industrial trajo la Zona de Urgente Industrialización, ZUR, con escaso éxito por lo que se vio. Varias huelgas generales, cierres de fábricas, traslados , cambios de gobierno y miles de proclamas para cambiar el modelo productivo nos condujo a mandar a nuestros jóvenes a Castellón o la construcción, donde se ganaba dinero fácil sin necesidad de formación. Cientos de miles de puestos de trabajo en lo que se llamaba “la cadena de valor” de la construcción, desde los albañiles a las tiendas de muebles. Pegó el petardazo en 2008 y todo el mundo pedía cambiar el modelo productivo. Entonces pisamos el acelerador del turismo: vengan hoteles, cruceros, vuelos de bajo coste (eso que los finos dicen “low cost”), apartamentos turísticos, Úber, Airbnb, bares de todo tipo, la nueva gastronomía, los chiringuitos chill out, las puestas de sol con música, los alemanes, los bilbaínos, los madrileños que venían a completar a los sevillanos y pacenses, nuestros visitantes habituales. Miles de personas trabajaban en un sector que como dijo con acierto el ministro de Consumo (lo único inteligente que le he oído , luego se arrepintió) no aporta valor añadido. Cualquiera podía ser camarero, los más intrépidos montaban un bar o una empresa de pimpis para enseñar la ciudad, había quien compraba casas para ponerlas en alquiler. No hacía falta formación, así que ahí encontró acomodo la juventud gaditana y española, esa que dicen que es la mejor preparada de la historia de España. Ha llegado la epidemia (“el maldito bicho” dice todo el mundo) y el sector se h apegado un pellejazo como el de la construcción. Al menos en los años 60 a los tuberos, los fresadores y los torneros les tenían años de aprendices , cuando los hacían fijos ganaban un dinero más que suficiente para vivir. Con el turismo les pagan un sueldo de miseria para unas jornadas de 12 horas con las que un tipo se hace millonario en los tres meses de verano. La gente vuelve a pedir que se cambie el modelo productivo. El problema está en la educación.

Fernando Santiago

Miércoles

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

La Trinidad del ascenso. Félix Sánchez Del Río

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

La Caleta. Foto Hans

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

El Chaquetilla y El Lavadora han vuelto

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Bahía Blanca

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Bajo el nuevo puente

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

La Privadilla

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Fuegos artificiales

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

Cerro del Moro

Fernando Santiago Muñoz | 3 de agosto de 2020

El nombre exacto. Por Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 2 de agosto de 2020

A veces pienso que el género tonto es el que más se lleva esta temporada, aquí y en cualquier parte del mundo. Tonto es el que hace tonterías, ya lo dijo la madre de Forrest Gump, así que no me malinterprete; y no solo es tonto el que las hace, sino el que las dice, e incluso el que las ve, que como decía Rafael Alberti –por si la madre de Forrest Gump no le parece una referencia oportuna o de suficiente calidad- «yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos».

El género tonto, universal, y por tanto, nada gramatical, se manifiesta en las circunstancias más inesperadas –en las esperadas también, para

que vamos a engañarnos- y suele ser especialmente usado solo o en compañía de actitudes que son reconocibles por todos, viejas amistades podríamos decir. Como ejemplos le podría dar, no un botón, sino la botonadura completa de un oficial de Elcano, pero tampoco se trata de eso. Es suficiente con que mire a su alrededor y reconozca el género en cuanto lo vea, en cuanto vea cómo alguien se empecina en mantener actitudes beligerantes sobre un asunto desde el más absoluto desconocimiento; en cuanto vea a los defensores de ideas fuera de contexto, de circunstancias y de consecuencias; en cuanto vea a los agredidos por el pensamiento del de enfrente; en cuanto vea a los que no hablan «ni muerto» con los que no siguen el único pensamiento único –que por supuesto es el suyo-; en cuanto escuche las expresiones «censura» o «libertad de expresión» usadas como antónimos en situaciones sinónimas; en cuanto vea ondear la bandera de la democracia en el mástil equivocado… en fin, en cuanto salga a la calle.

Nos hemos instalado en Tontilandia, el maravilloso mundo de la miopía, donde el horizonte nunca está más allá de nuestras narices. Podría haber usado el mito platónico de la caverna y así habérmelas dado de cultureta, pero después de haber echado mano de la madre de Forrest Gump, cualquier cosa podría haber sido usada en mi contra. Y tampoco es plan. Así que iré al grano, y me dejaré de rodeos estériles porque usted sabe igual de bien que yo que no sirven para nada.

En 2017, el Pleno Municipal de nuestra ciudad aprobó, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía –en cumplimiento de la ley- la retirada del nombre de Ramón de Carranza a una avenida de la ciudad, acuerdo que se llevó a la práctica en diciembre de ese mismo año, no con demasiada polémica quizá porque todo el mundo llamaba -y llama- Canalejas a esa zona. Cabría, por tanto, en cualquier cabeza normal pensar que si se retira el nombre a la calle, tarde o temprano habría que hacer lo mismo con el estadio de fútbol. De hecho, el Cádiz C.F. inició por aquellas fechas el registro de la marca «Estadio Carranza» en la Oficina Española de Patentes y Marcas, aun sabiendo que la propiedad de las instalaciones la ostenta el Ayuntamiento y que, por tanto, a él le corresponde el cambio de nomenclatura. Dicho esto, era cuestión de tiempo que el consistorio planteara la retirada del nombre «Ramón de Carranza» y aprobara la alternativa, como ha hecho recientemente con el Teatro del Parque –que debe ser el único teatro del mundo que tiene el nombre antes de que se construya- sin que nadie ni nada pueda oponerse de manera legal.

La ocasión unas veces la pintan más calva que otras, y el ascenso a la Primera Divisióny la polvareda que levantan las pataletas, parecían la situación más idónea para proceder al cambio. Nada que objetar, por supuesto; entre otras cosas porque a mí personalmente me da igual cómo se llama o se deje de llamar el estadio. Ahora bien, lo que ya no me da tan igual es el despliegue de tonterías –el género, ya sabe- en torno al hecho. ¿Por qué tiene que ser participativo –participativo, dice- el proceso de selección de nombre? ¿Por qué hay una comisión encargada de la elección de los nombres? ¿Por qué está ahí el Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras? –y voy a más ¿quién se colegia en eso?-, ¿por qué están representadas las Brigadas Amarillas y no otros colectivos?, ¿qué pinta la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía eligiendo nombre para un estadio?

En fin. Son preguntas que me hago, y que me hacen aún más tonta todavía. Lo del mundo asambleario, los procesos participativos y las mesas de lo que sea, eran la gran apuesta del Ayuntamiento del cambio. Nada sirvió para nada, bueno sí, para marear la aguja y perder el norte. Para que todos los caminos nos lleven al mismo punto de no retorno, el lugar donde las cosas parecen, pero no son.

Verá, está muy bien que el pueblo se entretenga con cualquier cosa. Lo hicieron los reyes déspotas, los ilustrados y hasta los gobiernos democráticos, arrojando despojos desde la palestra pública. Pero lo que no está bien es que nos hagan perder el tiempo y la cordura. Si ya tienen pensado el nombre para el estadio, póngalo y santas pascuas. Dejen en paz a la gente que bastante tiene con lo que tiene encima. Busquen el nombre exacto de las cosas. ¡Ay, no! Que para eso tienen que invocar a la inteligencia.

 

De qué se trata que me opongo. Botellón.FSM

Fernando Santiago Muñoz | 2 de agosto de 2020

El principal legado de Alfonso Perales en las instituciones por las que pasó (presidencia de la Diputación, Consejería de Gobernación de la Junta, Congreso de los Diputados) puede decirse que fue la Ley Antibotellón. Es todo un logro despues de 20 años dedicados a la política de manera profesional. Dicho lo cual lo que consiguió esta ley fue echar a los chavales del centro de las ciudades a los llamados “polígonos de copas”, al extrarradio donde pudieran comportarse como animales sin que nadie les prestara atención. De vez en cuando una pelea, alguna vez heridos e incluso algún muerto, alguna redada buscando droga y poco más. Junto a discotecas enormes con música atronadora, concentraciones de chavales con bolsas de plástico donde transportaban la bebida comprada horas antes. Algún coche con la música a todo volumen, los chicos y las chicas haciendo sus necesidades en cada rincón y al día siguiente toneladas de desperdicios. Debe ser el signo de los tiempos. A mí me obligaba mi padre a estar en casa a las 10 de la noche hasta los 18 años. A esa hora  los chavales no han empezado a salir todavía. Los  sábados cuando salgo para jugar al fútbol los veo de vuelta de la Punta de San Felipe en grupos, las chicas superarregladas, algunas con los zapatos de tacones vertiginosos en la mano porque no aguantan más, algunos con grandes borracheras. Seguramente no se podrá impedir, así que fíjense ustedes si les pedimos que vayan a estos sitios con mascarillas, se mean pero de la risa. Y la medida estrella de la Junta: adelantar el cierre de las discotecas de las 7 a las 5 de la mañana: se abrieron los montes y parieron un ratón.

Esta mañana a las 8 un grupo de chavales terminaba su jornada en la Alameda, la mayoría todavía bebían cerveza, dos chicas meando en el jardín, ninguno con mascarilla, por supuesto. Este tipo de comportamientos no debemos acharlo a los poderes públicos. No se puede poner un policía en cada esquina como dice hoy José Pacheco. La responsabilidad del comportamiento de la mayoría de los jóvenes es de la educación que han recibido de sus padres. Si son irresponsables es porque sus padres han mirado para otro lado. Ya lo eran cuando se pasaban las noches bebiendo, ahora hacen lo mismo y queremos que se pongan mascarillas. Dicen que es la generación mejor preparada de la historia de España. Pues vaya.

Carreras

Fernando Santiago Muñoz | 2 de agosto de 2020

Calle Libertad

Fernando Santiago Muñoz | 2 de agosto de 2020