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La freidora

Fernando Santiago Muñoz | 1 de julio de 2011 a las 10:27

El símbolo de Cádiz no es La Caleta, ni el Puente Carranza, ni las Torres de Sevillana, ni el Pirulí. No es la puesta de sol en San Sebastián , ni la Catedral, ni las Puertas de Tierra, ni las fortalezas militares, ni el Palacio de la Diputación, ni la Cárcel Real, ni los Pabellones Militares, ni la Torre Tavira ni las casas palacios , ni los sarcófagos fenicios ni las pinturas de Murillo ni los cuadros de Zurbarán. El símbolo de Cádiz no son sus tres mil años de historia, ni la burguesía comercial, ni la Constitución del 12 , ni los carnavales , ni la singular gracia que hay en esta tierra, ni los fenicios, ni los romanos, ni la Carrera de Indias, ni la Casa de Contratación, ni el Cantón. El símbolo de Cádiz es una freidora. Ahí mueren los gaditanos. Cuando se levanta una columna de humo y se huele el inconfundible aroma de la fritanga , aparecen decenas de miles de gaditanos. Tantos como cuando se ofrece comida gratis, actuaciones gratis, camisetas gratis o carteles gratis. Donde se ponga el alegre crepitar de una freidora que se quite el tres por cuatro, la falseta de un tango, los cantes de Enrique el Mellizo o las melodías de Merche y Andy&Lucas. Ese ritmo sincopado del aceite hirviendo donde un avezado camarero sumergirá una croqueta, un flamenquín o un secreto ibérico es lo que mueve a las masas de Cádiz. Se puede cerrar Delphi , Gadir Solar, Visteón o Tabacalera. Se puede trasladar CASA o reducir Navantia a su mínima expresión , se pueden retrasar las infraestructuras o recortar las actividades del Bicentenario, que si se enciende una freidora se acaban las penas. Antes los duelos con pan eran menos. Ahora los duelos se reducen por una bola empanada y frita en una elegante freidora. Por si fuera poco no es preciso que el aceite sea de primera: durante años en el Peñafiel había un aceite del tiempo de los fenicios y del color de un neumático usado y la freidora no paraba. Si encima a la freidora la acompañan en los coros alguna plancha donde dejar caer unos muergos o unas gambas, el asunto alcanza el nivel de los sublime en esta bendita tierra. No importa mucho si la freidora es de un mercado medieval o doceañista, si se usa bajo una carpa, bajo una lona, bajo un toldo o en el patio del Casino. Da igual si el operario que la maneja lleva madroñera, sombrero napoleónico, una gorra de béisbol o una cinta en el pelo. La freidora es la metáfora de la ciudad, el símbolo de un nuevo tiempo. Puesta en una feria del mar, en una gran regata, en una fiesta de Puntales o en un pregón de carnaval lo transforma todo en una actividad seguida por decenas de miles de gaditanos. Si es en una fiesta con pretensiones como la del Casino o en algún recinto de lo que queda de la burguesía, la freidora cumple su función como si estuviera en el Cerro del Moro o en Guillén Moreno, que la freidora no hace distingos sociales. En eso Cádiz es muy democrática. No se ha estudiado lo suficiente el giro dado por los gaditanos a sus costumbres pero es algo empírico que donde haya una freidora aparecerán las masas populares. Podría quitarse el logo de La Pepa 2012 y poner una freidora. Cádiz, la ciudad que fríe.

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1011401/la/freidora.html

Chino lavado

Fernando Santiago Muñoz | 15 de mayo de 2011 a las 12:38

Me parece mal que se quiera alterar o quitar el pavimento de chino lavado de San Juan de Dios. Y perfecto que Cádiz Ilustrada o cualquier asociación reclame con fuerza. La ciudad es de todos, no del Ayuntamiento. Y de la misma forma que se reclama cuando desaparecen placas, cañones de las esquinas, el cuadro de Los Mojosos, cuando se quieren poner chiringuitos en plazas públicas, destrozar La Caleta o cosas así, pues me parece fantástico que la gente reclame con fuerza. Es señal de que hay gente a la que le preocupa su ciudad.

LA CALETA

Fernando Santiago Muñoz | 5 de marzo de 2010 a las 16:47

Caleta de Cádiz Me adhiero a los postulados de la plataforma en defensa de La Caleta y para que sea declarada Monumento Natural o cualquiera de las figuras que contemple la legislación para presernvarla en su estado actual. Nunca me pareció bien la idea de ampliar el Muelle del Socorro. La agilidad de Luis Pizarro nos resolvió el conflicto. Tampoco me gusta la idea de ampliar el paseo Fernando Quiñones. En realidad dudo que centrar el Bicentenario en San Sebastián sea una idea acertada, pero eso es ya otro asunto. Me conformo conque el Bicentenario no deja una huella que afee este lugar único, un enclave ambiental e histórico en el centro de una ciudad.

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